Lane y Irwin esperan a GODOT
“Waiting for Godot” llega a Studio 54
El drama existencialista “Esperando a Godot” llegó
recientemente al Studio 54 de Nueva York en una nueva producción con Nathan
Lane en el papel de Estragon y Bill Irwin como Vladimir. Los que conocen la
famosa obra de Samuel Beckett ya saben que el que esperan, ese Godot, nunca
llega durante la obra lo cual no les importa ni a los dos que esperan ni a los
espectadores que, en la ausencia de Godot, gozan de una producción llena de
emoción y asombro aunque de veras no pasa nada en la obra. Otras versiones de “Waiting for Godot”
a veces frustran, otras veces erran el tiro pero raras veces entretienen; la
presente versión, dirigida animosa y espiritosamente por Anthony Page, es
absolutamente deliciosa, debido en gran parte a las interpretaciones de Lane y
Irwin.
La historia alegórica
tiene lugar en un paisaje infructuoso, junto a un camino ceñido de piedras
peñascosas donde sólo hay un árbol despojado de hojas. Es aquí donde Estragon,
también llamado Gogo y Vladimir, apodado Didi, esperan a Godot, un ser que
nunca llega; no se sabe, sin embargo, si de veras tienen cita con Godot y por
qué quieren verlo tanto. Mientras esperan, llega un terrateniente llamado Pozzo
(John Goodman) quien lleva a su esclavo Lucky (John Glover) atado por una
cuerda y quien lo critica y lo maltrata mientras camina. Pozzo se sienta a
comer pollo, una comida que no quiere compartir con los que esperan; después de
comer, sólo les echa los pocos huesos que quedan. Al fin del primer acto, llega
un muchachito quien anuncia que Godot no llegará hoy, sino mañana; también les
informa que Godot pega frecuentemente a su hermano. No cambia mucho en el
segundo acto. Han crecido unas hojas en el solitario árbol. Didi y Gogo repiten
sus conversaciones, se preguntan por qué están esperando y siguen esperando,
aparentemente en vano. Llegan Pozzo y Lucky de nuevo, pero Pozzo inexplicablemente
se ha vuelto ciego y Lucky, mudo. Llega el muchachito de nuevo, pero no se sabe
si es el mismo muchacho u otro. Esta vez el chico les dice que Godot
sencillamente no vendrá.
Beckett, siendo
partidario del existencialismo, usa a sus personajes como símbolos del ser
humano quien vive su vida diaria inútilmente. Su vida, o, mejor dicho, la vida
que viven, no tiene significado alguno lo cual se ve muy claramente en esta
producción gracias a la clara visión del director. El Sr. Page también les da a
sus dos actores, Lane y Irwin, rienda suelta para interpretar a sus personajes
libremente, usando toda la destreza cómica que tienen a su alcance para
enriquecer su interpretación; por eso, abundan las situaciones risibles, sobre
todo en el segundo acto cuando los dos actores muestran su pericia para la
comedia física. Goodman y Glover también exhiben gran talento para la comedia
en sus respectivos papeles.
Los diseñadores Santo
Loquasto (escenografía), Jane Greenwood (vestuario) y Peter Kaczorowski
(iluminación) han creado un ambiente perfecto para el universo en el cual
habitan los seres creados por el dramaturgo.
“Waiting for Godot” en cartelera en el Studio 54, 254 de la calle
cincuenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones hasta el cinco de julio con el
siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a
las dos. Boletos: $36.50 a $116.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la
taquilla del Studio 54.
*photo credit: Joan Marcus
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Jubilosa “9 to 5” ofrece horas de diversión
La frivolidad de la película en las tablas de NY
“9 to 5” ha llegado a Broadway... y la obra, basada en
la película de 20th Century Fox, es una delicia. Con libro de Patricia Resnick,
música y letra de Dolly Parton y la interpretación de las tres actrices Allison
Janney, Stephanie J. Bock y Megan Hilty (en el papel que interpretó la Señorita
Parton en la película) será un placer ver esta “9 to 5” en
cualquier hora del día o de la noche.
El libro de Resnick sigue con relativa exactitud el guión de la
película al narrar la historia de tres empleadas de una compañía (las Señoritas
Janney, Bock y Hilty) quienes, hartas de ser tratadas como niñas tontas por su
patrón Franklin Hart Jr. (Marc Kudish), se vengan de él por secuestrarlo y
encerrarlo como rehén en su propia casa sin pensar en las consecuencias de sus
acciones. Es 1979 y las mujeres no tenían los mismos derechos en el trabajo que
los hombres; así Violet Newstead (Janney) nunca recibe una promoción; Doralee (Hilty)
es víctima del acosamiento sexual del patrón (Kudish) y la nueva secretaria
(Bock) es insultada constantemente por el jefe. Mientras él está encarcelado en
su alcoba, encadenado por encima de su cama, las mujeres efectúan una serie de
cambios que hacen felices a los empleados, ganan igualdad para las mujeres,
aumentan los dividendos de la compañía y provocan grandes carcajadas.
Los que conocen la película seguramente reconocerán sus escenas
favoritas y sólo el espectador totalmente empedernido no la encontrará
absolutamente encantadora. Para decir la verdad, el libro no fue escrito por
Shakespeare, querido público, pero en estos días de infortunio monetario,
deudas y bancarrotas, hay que apreciar la nostalgia presentada en “9
to 5” y gozar de las muchas complacencias musicales de la
obra.
Las deleitosas melodías y letra de Dolly Parton son divertidas y
baladíes, apropiadas al tema de la obra. Hay la plañidera balada estilo country “Backwards Barbie,” entonada
con gusto por la Señorita Hilty, la conocida “9 to 5” que abre la obra, el divertida trío de
canciones “The Dance of
Death” “Cowgirl’s Revenge” y “Potion Notion” vocalizadas respectivamente por Block,
Hilty y Janney, (quienes afinan también el himno al cambio llamado “Shine Like the Sun”). La melodía
más poderosa es la emocionante “Get
Out and Stay Out” vocalizada apasionadamente por Bock. Las demás
canciones, evocadores de otras canciones del repertorio de Parton, son
moduladas capazmente por los miembros del talentoso elenco. La agitada y angular
coreografía de Andy Blankenbuehler está al mismo nivel de la música.
Las
Señorita Janney, Hilty y Bock son afables heroínas y el papel de cada mujer le
sienta perfectamente. La escultural Janney capta la esencia de la mujer con
cerebro, la voluptuosa Hilty tiene el look
y los atributos físicos para el papel de la vampiresa con capacidad y Bock es
estupenda como la inocente pero audaz divorciada. El Sr. Kudish es el ideal
mujeriego, un hombre quien se cree galán pero quien es, en realidad, un ogro misógino.
En papeles secundarios, Andy Karl se destaca en el papel de Joe, amante de
Violet y Kathy Fitzgerald es comiquísima como Roz.
La escenografía de Scott Pask, vestuario de William Ivey Long, iluminación
de Jules Fisher y Ken Possner y sonido de John Shivers crea un ambiente afinado
para la atractiva producción. La rigurosa y energética dirección es de Joe
Mantello.
La amablemente entretenida “9 to 5” en cartelera en
el Marquis Theatre, 1535 Broadway, Nueva York. Funciones: lunes a sábado, a las
ocho; sábado a las dos. Desde el cinco de mayo: martes, a las siete; miércoles
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos:
$66.50 a $126.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212. 307.4100 o al
800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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Las poderosas pasiones de “Deseo bajo los olmos”
“Desire Under the Elms” chisporrotea en Broadway
Las pasiones escondidas brotan de las entrañas
del ser humano y salen a la superficie en la producción de “Desire Under the
Elms” que estrenó recientemente en el St. James Theatre de Nueva
York. Con un elenco estelar de tres grandes actores de cine y teatro, la producción
se destaca más por la calidad de la
actuación que por su fidelidad a la obra de O’Neill. La presente
producción, dirigida por Robert Falls quien ha tomado ciertas libertades con el
texto, se presenta en un solo acto de una hora y cuarenta minutos, cambia el
lugar de una granja en Nueva Inglaterra a una cantera cuyo paisaje rebosa de
piedras de todos tamaños y omite una escena decisiva en la cual los vecinos se
burlan del padre quien no se da cuenta de la relación ilícita entre su nueva
esposa y su hijo. No está presente ni uno de los olmos simbólicos que generalmente
empequeñen los personajes y acentúan el trabajo arduo de su rutina diaria. A
pesar de los cambios, sin embargo, “Deseo bajo los olmos” mantiene
ambiente de deseos ocultos y pasiones necesario para estimular el drama.
Eben Cabot (Pablo
Schreiber) espera heredar el terreno que antiguamente pertenecía a su madre,
pero cuando su padre, Ephraim (Brian Dennehy) vuelve de una larga ausencia con
su tercera esposa, una mujer mucho más joven que él y de casi la misma edad que
Eben, el codicioso Eben se da cuenta de que su herencia está en peligro. Desde
el mero principio, la bella pero igualmente ambiciosa Annie (Carla Gugino) deja
saber que ella, siendo la esposa legítima de Ephraim, piensa tomar posesión de
la propiedad lo cual provoca el resentimiento y la ira de Eben. Tan seguro es
el hijo de su herencia que ya había pagado dinero a sus dos hermanos Peter (Boris
McGiver) y Simeon (Daniel Stewart Sherman) por su parte de la herencia, dinero
que Eben había robado de su propio padre. Estos dos hermanos, hartos de
trabajar como bestias, huyen con el dinero a California en busca de oro.
Ira, celos y animosidad
incitan la pasión de los dos amantes cuya relación impetuosa produce un hijo,
un hijo que, según Annie, lo engendró su esposo, asegurándo de esta manera, su propia
herencia. Abbie, pensando que el hijo estorbará la relación entre ella y su
amante, mata al niño, pero al saber que ella ha matado al niño y no a su esposo
Ephraim (su propio padre), Eben se la entrega a la policía local aunque
confiesa que la ama desenfrenadamente y, por eso, comparte la culpa y la
responsabilidad del crimen.
El excelente Shrieber
y la magnífica Gugino seguramente comparten cierta química sexual y sus escenas
rebosan de tensión y sensualidad; los dos actores son la razón principal para
ver esta reposición del clásico americano. Dennehy fanfarronea y truena en la
mayoría de sus escenas y su papel llega a tener menos importancia que el de los
dos principales que actúan con él. El elemento principal de la escenografía de
Walt Spangler es la casa de familia, pero el levantamiento y abajamiento de la
casa por una serie de cuerdas gruesas estorba la acción y quita la atención de
lo que está pasando en la obra mientras los espectadores fijan su atención en
la casa voladora. Además, las piedras que cuelgan de lo alto parecen fuera de
lugar; lástima que no las haya reemplazado con esos olmos.
“Desire Under the
Elms” en cartelera
en el St. James Theatre, 246 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York.
Funciones hasta el cinco de julio con el siguiente horario: martes, a las
siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo,
a las tres. Boletos: $32 a $117, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o
al www.Telecharge.com.
*photo credit: Liz Lauren
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“Accent on Youth”... un “acento” mal puesto
El “acento” está en la juventud, no en la comedia
“Accent on Youth” de Samson Raphaelson, escrita en 1934 y situada
en la misma época, tiene una decoración atractiva (escenografía de John Lee
Beatty), un vestuario elegantemente ataviado del período (de Jane Greenwood),
llamativa iluminación de Brian McDevitt, pero poco más. El equipo técnico, que
incluye música original y sonido de Obadiah Eaves, ofrece el entretenimiento
que los demás elementos de la producción no logran crear porque, en realidad,
las atracciones de “Acento en la
Juventud” son exclusivamente visuales.
La endeble... pero
algo antojadiza... obra de Raphaelson se concentra en el personaje principal,
Steven Gaye (el perennemente insubstancial David Hyde Pierce), un exitoso
dramaturgo en Nueva York, quien, a los cuarenta años de edad, decide que ya es
demasiado viejo para enamorarse. Su obra más reciente, después de diez y nueve
éxitos teatrales, trata de probar su teoría que el público no aceptará la
relación entre un hombre maduro y una mujer joven. Se enamora, sin embargo, de
su secretaria, Linda Brown (Mary Catherine Garrison), y ella, de él, aunque
ella es mucho más joven que el dramaturgo. Pasan unos meses, la secretaria es
ahora la actriz principal en la obra que ha escrito Gaye y aunque un galán
Dickie Reynolds (David Furr) tiene intereses románticos en la Señorita Brown,
ella se da cuenta de que el dramaturgo es su verdadero amor.
Aunque la palabra
clave del título es la juventud, la
obra muestra su verdadera edad...y es francamente pasada de moda. De veras, “Accent
on Youth” es, en su mayor parte, nada más que ligeramente
divertida. El único personaje cómico creado por el Sr. Raphaelson es Flogdell
(Charles Kimbrough), el mayordomo del dramaturgo Gaye. El Sr. Kimbrough da la
única interpretación memorable de la obra desde que el Sr. Hyde Pierce parece
modelar cada personaje que interpreta sobre la que lo hizo famoso en la
televisión. La Señorita Garrison es inconsistente como la secretaria y débil como
la actriz.
A fin de cuentas, el
problema principal de “Accent on Youth” es el
texto. Hay muy poca comedia en una obra cuyo énfasis no está en la comedia. “Accent
on Youth” en cartelera en el Samuel J. Friedman Theatre del
Manhattan Theatre Club, 261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York.
Funciones hasta el veinte y ocho de junio con el siguiente horario: martes, a
las siete; miércoles a viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho;
domingo, a las dos y las siete. Comenzando el cuatro de mayo: martes, a las
siete; miércoles, a las dos y las ocho; jueves y viernes, a las ocho; sábado, a
las dos y las ocho; domingo, a las dos. (Cambio de horario, miércoles, 20 de mayo,
a la una. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles al 212.239.6200, al
800.432.7250, al www.Telecharge.com o
en la taquilla del Samuel J. Friedman Theatre.
*photo credit: Joan Marcus
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“The Norman Conquests” conquista Broadway
Trilogía de Alan Acykbourn llega
a Estados Unidos
Si uno quiere, puede pasar todo un día en la
grata compañía de Norman y los demás personajes creados por el dramaturgo Alan
Acykbourn en su deleitosa trilogía “Las Conquistas de Norman.”
Además de Norman y su esposa Ruth, hay el hermano de ella, Reg, y su
esposa Sarah; hay también la solterona Annie, hermana de Reg y Ruth, y su
pretendiente tímido Tom, el veterinario de la aldea. Las tres obras, “Table
Manners,” “Living Together” y “Round
and Round the Garden” pasan simultáneamente en tres cuartos
diferentes de la mansión donde Annie vive con su madre enferma; es así para que
el espectador sepa lo que los otros personajes están haciendo en otra parte de
la casa en ese mismo momento.
Al llegar Reg ((Paul
Ritter) y la mandona Sarah (Amanda Root),
Annie (Jessica Hynes) está pensando pasar un fin de semana
románticamente sórdido, no con su pretendiente, Tom (Ben Miles) sino con su
cuñado Norman (Stephen Mangan) con quien tuvo relaciones durante las fiestas
navideñas. Desafortunadamente para Annie pero afortunadamente para los
espectadores, Annie cancela sus planes cuando los demás familiares aprenden con
quien ella iba a salir. Al llegar Ruth (Amelia Bullmore), esposa del
donjuanesco Norman, la sopa familiar ya está preparada y las carcajadas
comienzan.
“Table Manners,” la primera obra, tiene lugar
en el comedor y sirve para presentar a los personajes. Durante esta obra, Sarah
se esfuerza a saber con quien está viajando Annie y cuando lo aprende, ella
hace todo lo posible para que Annie cancele sus planes. Llega Ruth, pero los
otros no entienden por qué ha llegado; es sólo en una de las otras obras que se
sabe que es Sarah quien la hizo llegar. Sus planes con Annie cancelados, Norman
trata de seducir a Sarah quien acepta los coqueteos de su cuñado. Lo más
entretenido de esta obra es la cena en la cual no hay ni suficiente comida ni
suficientes sillas; por eso, Tom tiene que sentarse en una sillita muy bajo lo
cual provoca comentarios sarcásticos e hilarantes de parte de Norman. El fin de
la obra, cuando Annie rompe platos enfrente de su pretendiente Tom, ofrece
risas teñidas de lágrimas por la soledad y la frustración que ella siente.
“Living Together,” ubicada en la sala y “Round
and Round the Garden,” situada en el jardín,
presentan la misma situación durante el mismo período de tiempo, desde el
sábado por la noche hasta el lunes por la mañana. De esta manera se llega a
conocer a los personajes más profundamente, se puede entender sus motivos y es
posible ver lo que hacen cuando no están en plena vista del público en una de
las otras obras. El público aprende por qué ha llegado Ruth, a quien o a
quienes piensa conquistar Norman y si Norman de veras hace lo que hace para
“hacer felices” a sus conquistas entre otros detalles. Todo lo que
pasa en una obra muestra lo que incita a cada uno a hacer o decir lo que hacen.
Abundan las
situaciones burlescos...hay una escena cuando Ruth trata de abrir una meridiana
que es divertidísima, una escena cuando Norman trata de esconderse debajo de
dicha meridiana, otra cuando Norman trata de aleccionar al desdichado Tom en el
arte de conquistar a las mujeres y una escena en la cual Tom malentiende unos
consejos que Ruth le da y trata de seducirla. Abundan también muchos otros
episodios que son absolutamente divertidísimos. Gracias a los textos de
Aykbourn, la fina dirección de Matthew Warchus y a los esfuerzos del experto
conjunto de seis talentosos actores, uno llega a conocer los personajes a
fondo. Además, se puede entender lo que hay tras la apariencia de cada uno de
los seis seres muy humanos...no muy diferentes de los vecinos que viven al
lado.
La producción se
presenta en el Circle In The Square, un teatro circular en el cual cada
personaje se acerca a los demás; esto crea la familiaridad que requiere cada
obra. Por encima del escenario circular cuelga un panorama del mismo tamaño que
representa el paisaje donde pasa la acción con sus jardines, sus casas, un
campo de cricket, un puerto con sus
barcos a vela y, en el mero centro, la residencia donde pasa la acción. El
escenógrafo Rob Howell, quien también diseñó el vestuario al estilo de los
sesenta, creó una sala, un comedor y un jardín dignos de cualquier vivienda
inglesa. La iluminación es de David Howe, música de Gary Gershon y sonido de
Simon Baker.
“The Norman
Conquests” conquista
por una variedad de razones pero los seis espectaculares actores del
maravilloso elenco (Stephen Mangan, Jessica Hynes, Ben Miles, Amelia
Bullmore, Amanda Root y Paul
Ritter) merecen la mayor parte de la
gloria. Al fin y al cabo, son ellos, Warchus y Acykbourn quienes son
responsables por el éxito de “The Norman Conquests” y
por la manera en la cual la trilogía está conquistando Nueva York.
“The Norman
Conquests” en
cartelera en el Circle In The Square Theatre, 235 de la calle cincuenta oeste,
New York. Funciones varían desde el once de abril al veinte y cinco de julio.
Boletos individuales: $107-$112 o boletos para la trilogía: $255, disponibles
al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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Chris D’Arienzo, quien escribió el libro de la obra musical
“Rock of Ages,” sabía, con toda seguridad, que su musical iba a cautivar
a los espectadores de cierta demografía... a los de los veinte y pico años a
los de los cuarenta y pico. ¿Cómo iba a saber el Sr.
D’Arienzo, sin embargo, que la obra, por estrepitosa, ruidosa y
estridente que sea la música, podría atraer a un público más comprensiva...
porque en una función reciente, además de los de los treinta y pico años, había
personas de la tercera edad, gente mayor, unos adolescentes, y unos niños
también. Lo más extraordinario es que “Rock of Ages” les encantó a
todos. Las canciones, todas aquellas de los ochenta prestan a la concepción de
la obra. El dramaturgo y la directora Kristin Hanggi usan las canciones para
promover la acción, al estilo de las musicales de rockola. Las canciones emocionantes, cantadas con
fervor por los miembros del elenco joven y vigoroso, evocan el ambiente de esa
época musical y se entretejen unas a las otras para hilvanar una historia de
esperanza, poder y egoísmo. Hay un narrador Lonny, (Mitchell Jarvis) quien nos
guía por la historia de Drew, (Constantine Maroulis), quien quiere ser cantante
profesional, y Sherrie (Amy Spanger) quien ha venido a la gran ciudad en busca
de fama y fortuna como actriz de cine. Los se encuentran en un bar famoso de
Hollywood mientras el alcalde corrupto, llamado sencillamente Mayor (Andre
Ward) ha decidido demoler toda la zona histórica del sunset strip, incluyendo
el bar en cuestión, para que un negociante alemán Hertz (Paul Schoeffler) y su
hijo Franz (Wesley Taylor) puedan convertir los terrenos en condominios lucrativos.
Un conocido cantante Stacee Jaxx (James Carpinello), aunque contratado para
preservar el barrio, no hace más que causar problemas para todos y para los
jóvenes enamorados. Las canciones incluyen conocidas melodías del período,
composiciones como “Waiting for a Girl like You,” “More than
Words,””Shadows of the Night,” “Can’t Fight this
Feeling” y “The Final Countdown,” entre otras, que los
espectadores de todas edades aplauden fervorosamente. Los conjuntos y cantantes
cuyas melodías se escuchan durante la obra son REO Speedwagon, Twisted Sister,
Extreme y Quiet Riot, Europe, Foreigner, Styx, Joan Jett y Pat Benatar, entre
otros. Las canciones...y hay más de treinta...son ejecutadas apasionadamente
por Angel Reed, Katherine Tokarz, Andre Ward, Savannah Wise y Jeremy
Woodard.
Las melodías son cantadas fuertemente por todos los
principales y los bailes (coreografía de Kelly Devine), ejecutados diestramente
por los bailarines del energético elenco, son sensuales y evocativos de los
estilos de esa década. Escenografía de Beowolf Boritt, vestuario de Gregory
Gale e iluminación de Jason Lyons recuerdan los conciertos de música rock que muchos de los presentes
seguramente recuerdan... y con mucho cariño.
La divertidísima “Rock of Ages” en cartelera en el Brooks Atkinson Theatre, 256 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones: lunes, a las ocho; martes, a las siete; miércoles, a las ocho; viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $26.50 a $99.00, disponibles por Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o en la taquilla del Brooks Atkinson.
*photo credit: Joan Marcus
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“Mary Stuart” reina en Broadway
Dos mujeres, dos reinas, un exitazo
Los amantes del drama serio, actuado
perfectamente y montado con una sencillez asombrosa quisieran acudir cuanto
antes al Teatro Broadhurst para conseguir boletos antes de que toda la ciudad
de Nueva York sepa que la producción de “Mary Stuart” es todo un
exitazo. La obra de Friedrich Schiller, en una nueva versión de Peter Oswald,
alardea la interpretación de dos grandes actrices del teatro inglés, Janet
McTeer en el papel de María Estuardo y Harriet Walter en el papel de la Reina
Isabel Primera de Inglaterra. La obra, aclamada en su temporada en el Donmar
Warehouse de Londres, seguramente encontrará nueva aclamación en Nueva York.
La obra explora la
relación entre María, Reina de Escocia y la Reina Isabel de Inglaterra, su
prima y rival. María, católica, salió de Escocia después de un golpe
protestante y huye a Inglaterra en busca de ayuda de su prima. Isabel, por su
parte, sabe que María, siendo su prima, podrá subir al trono de Inglaterra. Ha
estado encarcelada diecinueve años por culpa de su prima Isabel quien desconfía
de ella y de su poder; sus consejeros le aconsejan que firme la sentencia de
muerte para María pero Isabel, al mismo tiempo, teme que si la firma, perderá
popularidad entre sus partidarios. En el momento de firmar, la Reina Isabel
vacila, pero después firma sin decirle al Señor Davison (Robert Stanton) lo que
ella quiere que él haga con el documento.
Schiller inventa un
encuentro entre las dos Reinas...ellas nunca se conocían... y es en esta escena
que el destino de las dos mujeres se fija irrevocablemente. María goza de la
pequeña libertad que le han dado, goza de la frescura de la lluvia al aire
libre, mientras Isabel, amparada de la lluvia, se esconde del agua refrescante.
Aunque María buscaba una reunión con Isabel para pedirle perdón a fin de que
ésta le dé su libertad, cuando ve que Isabel ha sido endurecida, ella cambia de
actitud. Harta de postrarse frente a su rival, María la reprueba y parece
crecer frente a los ojos de los presentes, empequeñeciendo y humillando a
Isabel y, de esta manera, determinando su propio destino. La Reina de Escocia
se enfrenta con su propia muerte con dignidad, en paz con si misma y con su
Dios mientras Isabel, abandonada por sus consejeros y sus favoritos, afronta un
futuro inseguro.
La Señorita McTeer da
una interpretación indefectible de la reina, mostrando la profunda culpa que
siente por haber conspirado a matar a su esposo, su humildad frente a Isabel y,
después, su valor al calumniarla y su fuerza al subir al patíbulo. Al
confesarse y recibir el sacramento clandestinamente, María está lista a gozar
del Paraíso de la vida eterna, libre de pecado lo cual se ve incandescentemente
en la cara de la gloriosa actriz. La Señorita Walter, por su parte, sobresale
en el papel de la glacial Isabel y logra mostrar la indecisión y la duda que se
esconde tras su firmeza superficial. El tino de la actriz se revela más
claramente en la escena en la cual muestra la indecisión que siente al firmar
el documento que asegura la muerte de su prima.
Chandler Williams
como Mortimer, Nicholas Woodeson en el papel de Burleigh, Brian Murray como el
Conde de Shrewsbury y John Benjamin Hickey en el papel del Conde de Leicester
se distinguen entre un elenco de actores excelentes. La dirección Phyllidia
Lloyd guía la producción diestramente.
La escenografía
sencilla de Anthony Ward, bañada en la negrura de la desesperación, refleja la
condición de ambas mujeres y subraya el yugo con el cual el destino las ata.
Ward ha diseñado el aguacero celestial que parece purificar a María y darle
nueva fuerza. El Sr. Ward también diseña el vestuario, vistiendo a las dos
reinas en ropa del período pero a los hombres en trajes modernos para mostrar
cómo la influencia que ellas tuvieron en la historia mundial perdura hasta hoy.
Iluminación de Hugh Vanstone y sonido de Paul Arditti contribuyen mucho al
realce de la obra.
Las maquinaciones
regales y la traición de “Mary Stuart” en
cartelera en el Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste,
Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos; domingo, a las tres; comenzando el veinte y siete de abril: martes, a las
siete. Boletos: $64 a $99; después del veinte de abril: $69.50 a $116.50,
disponibles al 212.239.6200, 800.432.7250 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“Joe Turner’s Come and Gone”
Obra de August Wilson llega de nuevo a Nueva York
Joe Turner’s Come and Gone, la segunda de las diez obras del
fallecido dramaturgo August Wilson cuyas obras narran la historia de los de su
raza durante el siglo diecinueve, regresó recientemente a Broadway. Lo más
notable de la obra es su accesibilidad; la obra capta el espíritu de la
migración de los africanos americanos del sur al norte de los Estados Unidos
por describir la vida de un grupo de personas en una casa de huéspedes en
Pittsburgh. La acción gira alrededor de la llegada del forastero amenazador
Herald Loomis (Chad L. Coleman) y su hija Zonia (Amari Rose Leigh) a la casa de
huéspedes cuyos dueños son el desconfiado Seth Holley (Ernie Hudson) y su
esposa materna Bertha (Latanya Richardson Jackson).
Los residentes
incluyen a Jeremy (Andre Holland), un mujeriego quien primero se interesa en la
bella Mattie Campbell (Marsha Stephanie Blake), cuyo esposo la dejó después de
que se murieron sus dos hijos y después, gira su atención a la vivaracha Molly
Cunningham (Aunjanue Ellis), con quien él huye en busca de una vida
impresionante. El personaje quien une el pasado con el presente y ata a los
personajes con su “canto” es Bynum (Roger Robinson), el conjurador,
quien es responsable por unir a los personajes a la persona o la vida que
desean.
Una noche, Loomis, en
un ataque místico, confiesa que ve los huesos de los eslavos cruzando el
océano; es Bynum quien lo tranquiliza y les explica sus acciones a los demás.
Cuando Bynum comienza a cantar una balada acerca del nefasto terrateniente
blanco llamado Joe Turner, Loomis reacciona violentamente desde que había sido
el esclavo de Turner por unos siete años; durante ese período, su esposa Martha
desapareció de su casa. Loomis la ha estado buscando desde el momento cuando
Turner le dio su libertad. Bynum contrata a Rutherford Selig a encontrar al
hombre resplandeciente que busca y Loomis lo contrata para encontrar a su
esposa Martha. Cuando Selig vuelve con Martha, los dos hombres encuentran lo
que buscan. Bynum encuentra a su hombre radiante y Loomis no solo encuentra a
su esposa sino su propia libertad, su “canto” también.
Los actores del
elenco son uniformemente fuertes. El Sr. Coleman tiene el vigor necesario para
interpretar al hombre quien aprende en el curso del drama lo que tiene que
hacer para ser libre; su Loomis es el símbolo de los morenos quienes fueron
maltratados por los blancos en la historia de nuestro país. Ernie Hudson es
especialmente eficaz como el propietario de la casa de huéspedes, y Roger
Robinson es dinámico como el hechicero Bynum. Latanya Richardson Jackson es una
cariñosa Bertha, Marsha Stephanie Blake es suficientemente ingenua en el papel
de Mattie y Aunjanue Ellis es creíble en el papel de la vivaracha Molly
Cunningham. La astuta dirección es de Bartlett Sher; el Sr. Sher ha podido
conectar a los del elenco con el libro de Wilson.
El equipo técnico
ayuda mucho a ubicar el drama en la época apropiada. Catherine Zuber
(vestuario) y Brian MacDevitt (iluminación), juntos con el escenógrafo Michael
Yeargan merecen elogios por sus diseños evocadores.
Joe Turner’s Come and Gone
de August Wilson, en
cartelera en el Teatro Belasco, 111 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva
York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos;
domingo, a las tres. Boletos: $46.50 a $96.50, disponibles al 212.239.6200, al
800.432.7250 o al Telecharge.com.
*photo credit: T. Charles Erickson
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“Blithe Spirit”… jocosa y hilarante en Broadway
Comedia de 1941 contiende favorablemente con obras contemporáneas
La deliciosa comedia, “Blithe Spirit,”,
actualmente en cartelera en el Teatro Shubert de Nueva York, no muestra seña
alguna de su avanzada edad; al contrario, la obra jovial, escrita en 1941 por
Noel Coward, presenta a la indomable Angela Lansbury en otro papel inolvidable.
La presente producción de “El espíritu burlón” está
compitiendo favorablemente con las comedias modernas que están en cartelera hoy
en día y, lo que es más notable, es una de las comedias más deleitosas de la
presente temporada.
En esta “Blithe
Spirit,”
los momentos tiernos se aprecian tanto como los risibles, debido
en gran parte a la animosa dirección de Michael Blakemore y los talentos de un
elenco de primera que mantiene un equilibrio seductor entre los varios enredos
que presenta la obra y crean una frescura que parece oportuna y nueva.
La intriga se
desarrolla alrededor del autor británico Charles Condomine (un gallardo Rupert
Everett), casado desde hace cierto tiempo con la sesuda Ruth (Jayne Atkinson),
su segunda esposa y una señora honrada, invita a una famosa médium a conjurar
un espíritu como parte de una investigación para un libro que está escribiendo.
Sin saberlo, la Madama Arcati conjura el espíritu de la primera esposa Elvira
(Christine Ebersole) quien murió inoportunamente hace algún tiempo. Desde este
momento, la vida de Charles se complica grandemente desde que sólo él es capaz
de ver y oír a la bella pero difunta Elvira lo cual provoca grandes problemas
para él y sublimes carcajadas de parte del público.
El libro del Coward
está repleto de su característica charla amena y sofisticada, su sarcasmo
mordaz y penetrante de la sociedad del día, la gentileza de la alta sociedad
londinense y la ingeniosidad de sus personajes. Además, abundan las situaciones
hilarantes provocadas por las relaciones de los varios personajes y la
confusión que se presenta por la presencia de la de la no tan invisible Elvira.
Para gozar
completamente del lenguaje rico y lujoso que emplea el dramaturgo y de la
gracia de las situaciones que él crea, es imprescindible tener un experto
elenco y en la presente producción, los capaces actores se salen con la suya en
cada aspecto. Angela Lansbury es una delicia en el papel de la Madama Arcati.
La diestra Señorita Lansbury da una interpretación amaneradamente hilarante de
la médium; cuando Lansbury comienza a girar al compás de una música que sólo
ella puede oír, es difícil contener la risa. La Señorita Ebersole es igualmente
deliciosa como Elvira; Ebersole logra ocasionar unas fuertes carcajadas sin
decir ni una palabra y sus comentarios, perceptibles sólo al Sr. Colombine, son
irresistiblemente deleitosos y provocan confusión y risotadas. La Señorita
Atkinson tira en el blanco en el papel de la primera esposa, una mujer muy
cómoda hasta que aparece su rival inmaterial. Hay que alabar especialmente a
Susan Louise O’Connor en el papel de la criada Edith quien va y viene con
ferocidad chistosa. Deborah Rush y Simon Jones son apropiadamente presuntuosos
y altaneros como los Señores Bradford quienes estuvieron presentes durante la
sesión de espiritistas.
El salón creado por
el escenógrafo Peter J. Davison es acogedor y agradable y la entera producción
(vestuario de Peter Pakledinaz, e iluminación de Brian MacDevitt y entremeses
cantados por la Señorita Ebersole) es primorosamente pulida y llega a crear un
ambiente representativo de la alta sociedad de la época de Noel Coward.
“Blithe Spirit” actualmente en cartelera en el Sam S. Shubert
Theatre, 225 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones:
martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos; domingo, a las tres. Boletos: $31.50 a $116.50, disponibles al
Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.
*photo credit: Robert J. Saferstein
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“reasons to be pretty” de Neil LaBute
La fuerza de la palabra en el día de hoy
Hay varias razones para ver la obra “reasons
to be pretty,” (“razones para ser
hermosa”) la obra de Neil LaBute que estrenó
recientemente en el Lyceum Theatre de Nueva York: la fina actuación de un cuarteto
de expertos actores, la exploración
perspicaz de varios aspectos de la sociedad contemporánea y la precisión
con la cual el dramaturgo examina los seres que pueblan sus obras. Los actos
crueles y el lenguaje brutal e improcedente que los acompañan, elementos
básicos de la obra de LaBute, reflejan el ambiente del mundo de conflictos
entre los sexos en el cual sus personajes radican...un mundo poblado de jóvenes
quienes buscan su camino, su razón de ser y un amor y quienes se desvían
frecuentemente de este camino.
La acción gira por
una frase dejada caer por el desafortunado Greg (el maravilloso Thomas Sadoski)
acerca de su novia Steph (Marin Ireland quien ataca su papel con ferocidad);
parece que cuando Greg estaba en casa de su compañero Kent (Steven Pasquale)
con quien trabaja en una fábrica, comentó que su novia no era tan bonita como
una nueva empleada en el trabajo. Hubiera sido un comentario inofensivo si
Carly (Piper Peralbo), la esposa de Kent quien traba con los dos hombres, no lo
hubiera oído y no se lo hubiera dicho a Steph, quien se ofrende de inmediato.
Todo esto pasó antes del primer telón; por eso, en la primera escena, un cuadro
lleno de hostilidad, blasfemias (la mayoría de las cuales son pronunciada por
la ofendida novia) ira y violencia, Steph rechaza la disculpa de su novio quien
insiste en que lo que dijo no tiene importancia y que la ama con todo el
corazón. En el curso de la obra, la agraviada Steph rompe con su novio,
comienza a vestirse más garbosamente y comienza a vivir una vida nueva, una
vida en la cual puede sentirse hermosa. Por su parte, Greg, después de muchas
tentativas para reconciliarse con su ex novia, decide que lo único que puede
hacer es desearle mucha suerte a la mujer quien, en sus ojos, siempre era
bella.
LaBute examina no
solo la relación entre Greg y Steph sino también la de Carly, cuyo chisme causó
el pleito entre sus amigos, y su esposo Kent quien seguía engañándole
frecuentemente a su esposa mientras ella creía que era un hombre fiel. En un
acto de celos o de desesperación, Greg vengarse de su amigo al decirle a Carly
que debe regresar inmediatamente a casa donde encontraría a su esposo en brazos
de su última conquista.
Lo que pasa en “reasons
to be pretty” no es ni muy agradable ni muy hermoso, pero el espectador en busca de una obra escrita sagazmente
y actuada finamente que trata de la generación de hoy en día, ésta es la obra
que ver.
“reasons to be
pretty” en
cartelera en el Lyceum Theatre, 149 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva
York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles
y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $31.50 a $111.50,
disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.
*photo credit: Robert J. Saferstein
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“Hair” perdura triunfantemente tras las generaciones,
Haciendo amor, evitando la guerra y causando júbilo
“Hair” regresa triunfante a Broadway sin perder ni
una pizca de la energía, el fervor ni el asombro que cautivó a los espectadores
cuando estrenó en 1967. La maravillosa obra ha perdurado tras las generaciones
y sigue siendo una de las experiencias teatrales más memorables para los
amantes del teatro. Presentada primero en el Parque Central el verano de 2007
como parte de los Conciertos en el Parque de Joe’s Pub y montada en el
verano de 2007 no como un concierto sino en una producción completa en el Teatro
Delacorte. La producción, que estrenó recientemente en el Al Hirschfeld
Theatre, lleva el espíritu del Parque Central a los confines de un teatro
legítimo con exuberancia, energía y pericia. Aunque trata de una tribu de
jóvenes durante la guerra de Vietnam, la obra teje un encanto perdurable,
debido principalmente a la experta dirección de Diane Paulus quien monta la
obra de Gerome Ragni y James Rado con comprensión, fogosidad y sentimiento. Por
su extraordinaria dirección, “Hair” habla y canta a
todas las generaciones que diariamente está agotando localidades en el Teatro
Hirschfeld.
Los sesenta en la
historia de nuestro país...con su amor libre y su sexo aún más libre, las
drogas, la rebeldía y la incertidumbre... vuelven a vivir en la obra, que, aunque
las actitudes frente al sexo han cambiado, parece muy oportuna en la obra...
sobre todo en una época en la cual tantos americanos no están de acuerdo con la
política externa de los Estados Unidos ni de la guerra en la cual tantos
jóvenes están sufriendo y muriendo. “Hair” presenta el
dilema de un joven de la clase media en los Estados Unidos quien, por el
sistema de conscripción de aquel entonces, será enviado posiblemente a Vietnam.
Este joven, Claude, (Gavin Creel), aunque pertenece al tribu de amigos que
incluyen sus amantes Sheila (Caissie Levy) y Berger (Will Swenson), lucha con
la idea de quemar su tarjeta de conscripción. ¿Luchará en la guerra o
participará en el Be-In junto al
fuego donde los otros están quemando sus tarjetas? La respuesta ocurre en un
emocionante desenlace frente a un cuadro vivo en la cual el joven vacila por
última vez ante su futuro inseguro.
La partitura, música
de Galt Macdermot, letra de los Señores Ragni y Rado, incluye unas de las
melodías más populares del cancionero de Broadway. En un período en el cual las
musicales de Broadway ya no llegan a tener éxito universal, las melodías
presentadas en “Hair” encontraron su público tan pronto como la
obra debutó Off Broadway y siguen siendo populares hoy en día. Aquí, las canciones
son interpretadas briosamente por los varios miembros del elenco. Desde los
primeros acordes de “Acuarius,” entonada con fuerza y propósito
por Sasha Allen en el papel de Dionne, hasta la emocionante versión de “Let the Sun Shine In,” las melodías de “Hair”
atraviesan las décadas y hablan al corazón de cada persona quien las
escucha.
El elenco parece
perfecto para sus propios papeles y las canciones que entonan. El energético
Sr. Swenson, junto con los demás miembros del elenco, entona “Donna” y “Going Down” muy capazmente.
La Señorita Levy entona una maravillosa “I
Believe in Love” y una bella versión de la balada “Easy to be Hard;” la popularísima “Good Morning Starshine” es
cantada potentemente por la misma cantante. “Black
Boys” entonada por las
de la tribu y“White Boys” vocalizada
poderosamente por la Señorita Allen y varias chicas de la tribu, alaba
chistosamente las delicias del sexo masculino. El destacado Sr. Creel luce sus
muchos talentos vocales en “Manchester,
England,” “I Got Life,” “Where Do I Go,” y “Ain’t Got No.”
Darius Nichols como Hud, Bryce Ryness como Woof y los demás miembros del elenco
joven... aunque probablemente no habían nacido cuando la obra estrenó en los
sesenta... captan sus papeles impecablemente.
El escenógrafo Scott
Pask ubica su obra en un espacio libre con muchas puertas y tantos niveles. El
vestuario de Michael McDonald capta el ambiente y el aspecto de los sesenta. La
iluminación de Kevin Adams se es una de los verdaderos encantos de la
producción que se extiende hasta a los pasillos del teatro. Acme Sound Partners
competentemente maneja el sonido de la producción. La coreógrafa Karole
Armitage respeta los movimientos del pasado mientras incorporando lo mejor de
la coreografía moderna.
“Hair,” en cartelera en el Al
Hirschfeld Theatre, 302 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York.
Funciones: martes, a las siete; miércoles a viernes, a las ocho; sábados, a las
dos y las ocho; domingos, a las dos y las siete y media; domingo, 12 y 19 de
abril, a las tres. Boletos: $37 a $122.
*photo credit: Joan Marcus
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Una poderosa Irena’s Vow...
Y la extraordinaria actriz que la realiza
En realidad, hay dos extraordinarias mujeres
en el centro de la obra “Irene’s Vow” de
Dan Gordon: la fenomenal Irena Gut Opdyke, una polaca católica quien amparó a
doce judíos por dos años durante la ocupación alemana de Polonia... y la
extraordinaria actriz Tovah Feldshuh quien la interpreta. Dos extraordinarias
mujeres: la primera por sus acciones para salvarles la vida a las cuatro almas
bajo su protección y la segunda por sus estudios, sus viajes y todo el trabajo
que ha hecho para afinar su interpretación.
La joven Irena Gut
(Tovah Feldshuh), quien había estudiado para ser enfermera, fue capturada y
violada por los rusos durante la ocupación rusa y alemana de Polonia. Los rusos
la obligaron a trabajar para ellos en una unidad médica; se escapó de allí y
después fue capturado por los alemanes quienes la forzaron a trabajar en una
cadena de montaje donde un comandante alemán la escogió para vigilar el trabajo
de unos judíos quienes trabajaban de sastres. Al ser nombrada ama de casa de la
villa del mismo comandante y saber que todos los judíos iban a ser
exterminados, ella decidió esconder a los trabajadores hebreos en el sótano de
la villa lo cual le ponía la vida en peligro constantemente. Las fiestas dadas
por el comandante para los miembros del servicio secreto alemán, el nacimiento
del hijo de una de las hebreas mientras escondida en la villa, el chisme de que
ella protegía a los judíos y el momento cuando el comandante supo que sí había
judíos en su casa aumentaban el peligro que corrían ella y los que estaban bajo
su protección.
El libro del Sr.
Gordon tiene la forma de una conferencia dada por la Señora Irena en una
escuela americana en 1988. Entonces, mientras ella se dirige a los alumnos,
ella vive de nuevo escenas de su pasado, en Polonia desde mil novecientos
treinta y nueve hasta mil novecientos cuarenta y cinco. La impactante y
emocionante escena final pasa en Jerusalén en 1988 cuando, reunida con el
pequeño quien nació bajo su amparo, ahora un hombre adulto, fue reconocida por
el alcalde quien le rindió un homenaje bien merecido.
No se puede alabar
suficientemente el talento y la dedicación de la Señorita Feldshuh en realizar
este proyecto. La excelente actriz, además de interpretar a la valiente Irena,
también encarna a varias personas quienes habitaban su mundo. El elenco
secundario no tiene ni el tino ni la experiencia de la actriz principal y
algunas de las interpretaciones son superficiales. El libro del Sr. Gordon
presenta las etapas de la vida de la protagonista con sentimentalidad y
entendimiento; solo falla en las pocas escenas cómicas que tienen el objeto de
aligerar el tono. La dirección enfocada es de Michael Parva.
“Irena’s Vow” en cartelera en el Walter Kerr Theatre, 219 de
la calle cuarenta y ocho oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingos, a las
tres. Boletos: $$41 a $98, disponibles al Telecharge.com o al
212.239.6200.
*photo credit: Carol Rosegg
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Un Rey que no quiere...pero tiene que... morir
“Exit the King” de Ionesco, hilarante, en Broadway
Una de las obras más divertidas y más
jubilosas de la presente temporada en Broadway tiene, por sujeto, la muerte de
un rey, un rey muy especial quien tiene más de cuatrocientos años de edad. En
otras situaciones, la muerte del ser humano no es razón para celebrar, pero en
la producción de “El rey se muere” de Eugene Ionesco, actualmente en
cartelera en el Ethel Barrymore Theatre, la muerte es una verdadera
celebración, sobre todo por la actuación extraordinaria de Geoffrey Rush en el papel
del Rey Berenger, un hombre quien, como los demás seres humanos, se enfrenta
con la inevitabilidad de su propia muerte. Ionesco, cuyas obras pertenecen al teatro del absurdo, describe el rito de
tránsito con humor y sensibilidad y la presente producción, adaptada por el Sr.
Rush y Neil Armfield quien también dirige expertamente, realza lo cómico y lo
trágico de la muerte del ser humano y la fragilidad de su vida.
Al principio de la
obra, el Rey Berenger no sabe que morirá dentro de muy poco. Sus dos esposas
tienen diferentes ideas acerca de cómo decirle que va a morir; la primera, la
imperiosa Reina Margarita (Susan Sarandon) quiere decírselo cuánto antes pero
la segunda, la más joven, más apasionada y más ilusionada Reina María (Lauren
Ambrose) todavía vive con la esperanza de que su Rey vivirá más tiempo y no
quiere decirle que su muerte es inminente. Vigilándolo todo está el Guardia
(Brian Huchison) vestido totalmente de armadura, quien anuncia las idas y
venidas de los personajes y repite sus decretos y sus pronunciaciones seca y
lánguidamente. También presentes están el Médico bufo (William Sadler), un
charlatán quien ya no puede hacer nada para curar al Rey y Julieta (la
deliciosa Andrea Martin), sirvienta a pesar de sí y enfermera desventurada quien
sigue los órdenes que le dan de muy mala gana.
Al entrar el Rey,
maquillado exageradamente, caminando como si estuviera flotando en el aire
mismo, es evidente que ya no está dispuesto a morir... según él, no ha tenido
tiempo para preparar su salida y no ha sistematizado los asuntos de su reino.
Margarita le recuerda que hay caos por todas partes, que sólo hay unos cuantos
ciudadanos...todos viejos... y que mucho territorio se está hundiendo en la
nada...todo por culpa de él. Margarita también le recuerda constantemente que
morirá en una hora veintidós minutos y después en noventa minutos, o sea, al
fin de la obra. Poco a poco Berenger se da cuenta de que su muerte es segura y
con la ayuda de unas palabras consoladoras de parte de Margarita está dispuesto
a dejar su vida y su imperio.
Las Señoritas
Sarandon y Ambrose son asombrosas en los papeles de las dos Reinas; aquélla,
desabrida y cortante, hace resaltar la exageradas emociones de ésta. La
Señorita Martin, en el papel de Julieta, crea un personaje inolvidable que
provoca carcajadas cada vez que entra en la escena. El Sr. Rush es un verdadero
tesoro, digno de la ovación delirante que recibe al hacer su reverencia final
frente a los espectadores; dueño de si mismo y de su personaje, adepto en la comedia
física que requiere su papel, Rush triunfa en el papel del Rey moribundo.
Dale Ferguson ha
diseñado un paisaje agotado, parte carpa, parte alcázar en el cual casi se
puede ver la fisura en la pared, símbolo del reino deshecho, de la cual hablan
los personajes periódicamente. Ferguson también ha diseñado chistosamente el
antojadizo vestuario, colas regales sumamente largas y unas pijamas extremadas
para el Rey. Iluminación de Damien Cooper y sonido de Russell Goldsmith añaden
mucho al gozo de la producción. John Rodgers ha escrito la música de otro mundo
y las tocadas reales, interpretadas por los trompeteros Shane Endsley y Scott
Harrell.
La delirante y
entretenida “Exit the King” en cartelera en el Ethel Barrymore
Theatre, 243 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el
catorce de junio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a
sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres
(domingo, siete de junio, a las siete). Boletos: $66.50 a $116.50, disponibles
al www.telecharge.com, al
212.239.6200, o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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No me impresionó mucho “Impressionism”
Joan Allen y Jeremy Irons juntos en obra de Michael Jacobs
Las ocho escenas de la obra “Impressionism”
pasan en el presente, en la galería de la protagonista Katherine
Keenan, en el pasado, en el mismo lugar en 2007, en las memorias de Katherine,
primero, en 1966 cuando tenía seis años y se separaban sus padres, y después,
en 1990, en el desván del pintor Palmer Wilson cuando ella tenía treinta años y
en las memorias del fotógrafo Thomas Buckle quien desde hace dos años trabaja
en la galería con Katherine. Las varias escenas tienen por objeto definir a los
personajes y la relación entre ellos, pero los varios segmentos del libro del
Sr. Jacobs a veces parecen desconectados, y, algunos parecen ajenos a la
totalidad de la obra.
Los dos protagonistas
gozar de los placeres sencillos de la vida; él, de un cafecito especial, ella,
de un pastel hecho una vez a la semana...pero no es hasta la última escena que los
dos hacen una verdadera conexión. Para decir la verdad, parece que la
propietaria está conectada más a los cuatro cuadros que hay en la galería que a
ningún otro ser humano. Por eso, no quiere vender ninguno de ellos aún cuando
hay la oportunidad. Unos clientes entran: la primera, una mujer rica, llamada
Julia Davidson (Marsha Mason, maravillosa como siempre), quiere comprar una
litografía mostrando el retrato de una madre y su hija; tal vez porque no tiene
buena relación con su propia hija; aunque la señora está dispuesta a pagar
mucho dinero, Katherine no se lo quiere vender, acaso por la relación entre
ella y su propia madre, una relación que se presencia en dos de los episodios
intercalados. Una pareja de jóvenes, Ben
Joplin (Aaron Lazar) y Nicole Halladay (Margarita Levieva), enseñan a la
protagonista a apreciar un cuadro que nunca había visto de la misma
manera.
Las memorias de
Katherine carecen de emoción pero las del fotógrafo Thomas lo llevan a la
lejana Tanzania donde él fotografió a un muchacho con ojos expresivos, quien
falleció de una enfermedad tropical. Las varias pinturas y litografías cuelgan
bellamente, pero entre ellas, Thomas prefiere la sirena pintada por Marc
Chagall; es sólo en los últimos momentos de la obra que se sabe por qué.
El Sr. Irons y la
Señorita Allen hacen lo que pueden con los papeles ideados por el Sr. Jacobs,
pero no tienen mucho que hacer por las debilidades del texto. Los otros actores
del elenco lo pasen mejor en los papeles secundarios que son mejor desarrollados
que los de los dos protagonistas. Además de los arriba mencionados actores,
André de Shields es capaz en los papeles de Chiambuane, el cacique de Tanzania,
y del pastelero quien recibe un regalo muy especial del fotógrafo.
Lo más recomendable
de la producción es la puesta en escena que alardea escenografía de Scott Pask
con gloriosas proyecciones de Elaine J. McCarthy, iluminación ambiental de
Natasha Katz, vestuario de de Catherine Zuber y música original de Bob James.
La dirección es de Jack O’Brien
“Impressionism” de Michael Jacobs en cartelera en el Gerald
Schoenfeld Theatre, 236 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York.
Funciones hasta el cinco de julio con el siguiente horario: martes a sábado, a
las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a
$116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“God of Carnage” de Yasmina Reza...
Un verdadero homenaje al Dios de la Risa
Yasmina Reza lo ha hecho de nuevo; la experta
dramaturga ha escrito una obra grácil, un ligero malvavisco literario, en el
cual analiza la naturaleza humana y sus debilidades mientras nos hace reír...a
carcajadas. La briosa comedia negra, actualmente en cartelera en el Bernard B.
Jacobs Theatre de Broadway, alardea no sólo un libreto astutamente abreviado,
traducido sagazmente por Christopher Hampton, sino también un experto elenco de
cuatro actores de primera, Jeff Daniels, Hope Davis, James Gandolfini y Marcia
Gay Harden y la astuta dirección de Matthew Warchus quien maneja a sus actores
tan melifluamente para que logran sacar toda la sustancia y las sorpresas del
texto.
Michael y Veronica
(James Gandolfini y Marcia Gay Harden) han invitado a Alan y Annette (Jeff
Daniels y Hope Davis) a su suntuosa casa (creda en tonos de carmín
ensangrentado por el escenógrafo Mark Thompson quien también diseño el
vestuario de moda) en Brooklyn para averiguar los detalles de una altercación
en la cual el hijo de éstos pegó al hijo de aquéllos con un palo, rompiéndole
dos dientes y, según su madre, deformándole
la cara. Ellos deciden redactar y
firmar un contrato acerca de los detalles para su seguro. Al principio, la
conversación es cordial y amena; los anfitriones sirven espresso y un pastel hecho en casa. Los invitados discuten los
libros de arte sobre una mesita y otras trivialidades. Pronto, la apariencia de
civilidad desaparece, librando la bestia...o sea, el dios del sacrificio... escondida en cada uno de los seres humanos
Los cuatro comienzan a perder los estribos y a insultarse los unos a los otros;
primero cada esposa ampara a su esposo y viceversa, pero pronto las esposas
juntan meriendas en contra de los esposos y ellos, en contra de ellas. Dejan el
café y comienzan a tomar ron.
Al fin del altercado
y de la obra, no se ha resuelto nada y uno de los cuatro comenta que no se sabe
nada. Ni lo sabe él no lo sabemos nosotros, pero no importa, porque la obra
está llena de momentos deliciosamente hilarantes. Annette (Davis) se enferma,
tal vez del pastel que la anfitriona le había servido y vomita copiosamente;
más tarde, ella echa dos ramos de tulipanes por todas partes, partiendo cada
flor en pedacitos pequeños. Michael (Gandolfini) dejó la mascota de su hija en
la calle, sacrificándola por decir a su propio dios de la violencia. Alan (Daniels), un abogado prestigioso,
devora un pedazo de pastel tras otro mientras habla incesantemente por celular
de un medicamento que puede o no ser peligroso... la misma medicina que la
madre de Michael está tomando. Veronica (Harden) se enfurece exageradamente
cuando Annette se marea y vomita sobre uno de sus libros preciosos, un tomo
original que su esposo Michael trata de secar con un secador de pelo antes de
rociar un perfume muy fuerte sobre el ejemplar. Los varios incidentes parecen
ser mucho más ridículos debido al gran talento de los actores y a la fina dirección
del Sr. Warchus.
“God of Carnage” es maná para los teatreros en busca de una
buena comedia, expertamente interpretada y lujosamente montada. “God
of Carnage” en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre, 242 de
la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones hasta el diecinueve de
julio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las
ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a
$116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“West Side Story” vuelve triunfante a NY
Clásica musical tiene marcado sabor latino
“West Side Story,” la monumental musical con
libro de Arthur Laurents, música de Leonard Bernstein, letra de Stephen
Sondheim y coreografía de Jerome Robbins (elaborada aquí por Joey McKneely),
volvió recientemente a Broadway en una nueva versión exitosa que seguramente
permanecerá mucho tiempo en cartelera. La producción más reciente luce un
marcado sabor latino ya que algunas de las canciones son cantadas en español y
gran parte del diálogo es hablado en el mismo idioma lo cual refleja más el
espíritu de los que pueblan el paisaje neoyorquino de “West Side Story,”
conocido en español como “Amor sin barreras.”
La obra, adaptada
libremente por el drama “Romeo y
Julieta” de William Shakespeare, narra la historia de dos amantes
desafortunados, Tony (Matt Cavenaugh) y María (Josefina Scaglione) que se
enamoran a primera vista en los tiempos turbulentos de los años cincuenta en
las calles de Nueva York. Ella, hermana del jefe de la pandilla puertorriqueña llamada
los sharks, y él, antiguo jefe de la
pandilla rival llamada los jets, se
esfuerzan a realizar su amor a pesar de que pertenezcan a dos razas distintas,
o, mejor dicho, dos mundos diferentes. La obra no sólo muestra la hostilidad y
el racismo inherente en los años cincuenta, aspectos que el coreógrafo Robbins
expresó tan astutamente en sus bailes audaces pero también expresa el deseo de
algo mejor, de encontrar un lugar propicio, donde un amor puro e inocente
podría florecer, lo cual se refleja en la canción “Somewhere.”
Lin-Manuel Miranda ha
hecho una experta traducción de la letra de dos de las canciones “A Boy like That” y “I Feel Pretty” y del
diálogo hablado por los miembros de la pandilla puertorriqueña lo cual añade
cierto nivel de autenticidad al libreto, sobre todo por el uso de algunos
modismos contenidos en el diálogo que
indiscutiblemente caracterizan el lenguaje hablado por los jóvenes latinos de
la época. Hay que alabar al Señor Miranda por la fidelidad de su traducción al
libro original y por la claridad y la precisión de su trabajo. Es menester
también loar a los actores del elenco por su impecable pronunciación y la
sutileza de su expresión y acentuación.
Los miembros del
elenco son indiscutiblemente de primera. Matt Cavenaugh combina la inocencia y
la pasión de un joven enamorado con la ansiedad de alguien quien quiere ser
leal a sus amigos y a su raza. Josefina Scaglione es toda una revelación en el
papel de María; la actriz argentina, quien está haciendo su debut en Nueva York
en el papel de la joven puertorriqueña quien llega a la gran ciudad y se enreda
de inmediato en la lucha callejera, luce una voz de cristal y capta
perfectamente el deseo que siente hacia su Tony. Karen Olivo es apasionada en
el papel de la voluble Anita. Olivo, una experta cantante y bailarina, es
inolvidable en el papel que crearon Chita Rivera en el teatro y Rita Moreno en
el cine; la actriz comparte un momento memorable con la Señorita Scaglione en
el dueto “A Boy like That” que
las dos entonan bellamente en español. Como los miembros de las dos pandillas,
George Akram, Cody Green, Curtis Holbrook, Joshua Buscher, Tro Shaw, y Joey
Haro Lee Sellars son versados actores y energéticos y capaces bailarines
quienes ejecutan diestramente la conocida coreografía de la obra. Lee Stellars
como el policía Krupke, Steve Bassett como el Lugarteniente Schrank y Greg
Vinkler como el almacenista competentemente interpretan a los pocos adultos en
el mundo adolescente presentado en West Side Story” que James Youmans (escenografía), David C.
Woolard (vestuario), Howell Binkley (iluminación) y Dan Moses Schreier (sonido)
han recreado. Arthur Laurents dirige diestramente y la dirección musical es de
Patrick Vaccariello.
La rica partitura
incluye las conocidas canciones “Maria”
“Tonight” “I Have a Love” y “Something’s Coming” entre otras melodías que son
cantadas exquisitamente por los varios miembros del talentoso elenco.
La extraordinaria “West
Side Story” en cartelera en el Palace Theatre, 1564 Broadway,
Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos. Comenzando el veinticuatro de marzo: mnartes, a las dos; miércoles a
sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres.
Boletos: $46.50 a $121.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o
al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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Jane Fonda, poderosamente frágil, en “33 Variations”
“33 variaciones” de
Moisés Kaufman
Jane Fonda vuelve a las tablas de Broadway
después de una ausencia de casi cuarenta y cinco años; su anticipado regreso, si
no es un triunfo incondicional, le está ganando los aplausos del público y los
elogios de los críticos. En “33 Variations,”
la conocida actriz, quien ganó fama en los setenta por su trabajo en
películas de la talla de Klute y Coming Home (cintas por las cuales ganó
el Oscar), tiene un papel que le sienta como el proverbial guante y lo
interpreta con estilo, aplomo y gran presencia.
En “33
Variaciones,” Fonda es
Katherine Brandt, musicóloga, especialista en las obras de Beethoven, quien
está dedicando su vida y su carrera al estudio de las 33 Variaciones que el compositor hizo del vals del maestro Anton
Diabelli. Para aclarar sus dudas acerca del desarrollo de estas variaciones,
ella viaja a Bonn, Alemania para estudiar los croquis del compositor en unos
archivos mantenidos por Gertrude Ladenburger (Susan Kellermann), la archivera
con quien Brandt desarrolla una amistad. La obra fluye de escenas en el
presente que describen la pesquisa de la musicóloga a unas escenas en 1819 y
1823 que muestran al maestro Beethoven (Zach Grenier) mientras compone las
variaciones y sus interacciones con su mayordomo Anton Schindler (Erik Steele)
y con Diabelli (Don Amendolia).
Además, la obra de
Kaufman explora la tensa relación entre Brandt y su hija Clara (Samantha Mathis)
quien se preocupa más y más por su madre cuando se empeora la enfermedad de que
ésta está padeciendo... la enfermedad conocida como ALS que pronto le quitaría la fuerza y la vida. Cuando la hija
viaja a Bonn con Mike (Colin Hanks), su novio a quien había conocido cuando él
era el enfermero de su madre, las dos mujeres principian a entenderse y
quererse por primera vez en su vida. Las varias variaciones y los muchos
episodios del libro de Kaufman se ejecutan al compás de la bella música de Beethoven, tocada por Diane Walsh
sentada en el Steinway, lo cual añade
mucho a la gloriosa producción.
Kaufman, quien
también dirige, ha escrito una obra melodiosa, ingeniosa y cautivadora que
parece haber sido escrita expresivamente para la Señorita Fonda quien se distingue
más en el segundo acto que en el primero, cuando la enfermedad comienza a
destruir su cuerpo pero no su espíritu. Hanks y la Señorita Mathis son creíbles
como los amantes. El Señor Grenier retrata perfectamente al agresivo y
torturado Beethoven.
La gloriosa
producción alardea la exquisita escenografía de Derek McLane cuyos archivos y
paneles, cubiertos de las notas musicales de las treinta y tres variaciones, atraviesan siglos y distancias
garbosamente. El vestuario de Janice Pytel, la iluminación es de David Lander y
el sonido es de André J. Pluess. Jeff Sugg ha diseñado las extraordinarias
proyecciones que definen la obra.
“33 Variations” de Moises Kaufman, en cartelera en el Eugene
O’Neill Theatre, 230 de la calle cuarenta y nueve oeste, Nueva York.
Funciones hasta el veinticuatro de mayo con el siguiente horario: martes a las
siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a dos; domingo, a
las tres. Boletos: $67 a $117, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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Unos “Guys” que no se relacionan con sus
“Dolls”
“Guys and Dolls” vuelve a Nueva York
La producción de “Guys and Dolls” que
estrenó recientemente en el remodelado Nederlander Theatre de Nueva York no es
mala; al contrario, la versión de la exitosa musical de Frank Loesser (música y
letra) y Abe Burrows y Jo Swerling (libro), dirigida por Des McAnuff, tiene
unos momentos celestiales, debidos en gran parte a la maravillosa partitura del
Sr. Loesser y las orquestaciones de Bruce Coughlin, al coreógrafo Sergio
Trujillo y su cuerpo de baile, al vestuario multicolor de Paul Tazewell y al
trío de principales que incluye a Craig Bierko (Sky Masterson), Kate Jennings
Grant (Sarah Brown) y Miss Adelaide (Lauren Graham).
“GUYS AND DOLLS” es la quintaesencial “comedia” musical
americana (ahora se refiere a obras de este género no como comedias sino como obras)
en la cual las fuerzas del bien compiten con las del mal… en este caso,
son unos misioneros del Ejército de la Salvación que se esfuerzan a salvarles
el alma a unos apostadores endurecidos en el mero centro de Manhattan. Los
graciosos apostadores, capitaneados por el afable pero inconstante Nathan
Detroit, incluyen a Nicely-Nicely (Gentilmente-Gentilmente) Johnson, Benny
Calle del Sur, Harry el “Caballo,” “Gran” Jule y
“Herrumbroso” Charlie. Éstos sólo piensan en encontrar un lugar
para el acostumbrado juego de dardos, organizado semanalmente por Detroit,
mientras Sarah Brown, directora de la Misión Salva-un-Alma, trata de llenar su
misión de un tropel de pecadores… si no logra su meta, cerrarán la Misión
definitivamente. Cuando se añaden a la deliciosa mixtura un viaje a la
Habana… una bailarina llamada Adelaida, la del catarro perpetuo,
enamorada de Nathan… un matrimonio aplazado indefinidamente… un
amor naciente entre la Señorita Brown y Sky Masterson… y una reunión para
rezar asistido por un coro de cantantes, estilo “gospel,” el
resultado es una obra que le da una apuesta segura para una diversión muy
grande.
La partidura de
Loesser brinda unas melodías conocidas que incluyen la emocionante “Sit Down You’re Rocking the
Boat,” la romántica I’ve Never Been in Love Before,” la estrepitosa “Luck Be a Lady Tonight,” la rítmica “The Floating Crapgame,”,
y la movida y atractiva “Bushel and
a Peck.” La Señorita Graham es hilarante como la
locuela Señorita Adelaida, sobre todo cuando entona su famoso “Lamento.” La Señorita Jennings Grant luce la voz de cristal en el
papel de la misionera Sarah Brown y Tituss Burgess dirige a los miembros de
todo el elenco en el estupendo canto “Sit
Down You’re Rocking the Boat” que recibe una ovación fuerte y
merecida.
La producción tiene
una calidad pulida y experta. El juego de luces, unos dados de neón, trabajo de
Howell Binkley con video de Dustin O’Neill y escenografía de Robert Brill
es uno de los encantos de la noche; juntos, los miembros del equipo técnico
crean el ambiente que recuerda los buenos tiempos del Broadway de los
cincuenta.
“GUYS AND DOLLS”
(“ELLOS Y ELLAS”), en cartelera en el Nederlander Theatre, 208 de la calle cuarenta y
una, Nueva York. Funciones: martes, a las siete, miércoles a sábado, a las
ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $50-$125,
disponibles al 212.307.4100.
*photo credit: Carol Rosegg
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Mary Louise Parker como “Hedda Gabler”
Una
“Hedda” diferente e indiferente
Entre los papeles más importantes para actrices
en el teatro mundial figura prominentemente el de “Hedda Gabler,”
la protagonista creada por el
dramaturgo noruego Henrik Ibsen en 1890. Esta vez le toca a la distinguida
actriz Mary Louise Parker interpretar el papel de la mujer altanera, una
persona de la alta sociedad, cuya obsesión con el éxito y el poder la llevan a
la ruina. Vale la pena asistir a la producción de “Hedda Gabler,”
dirigida por Ian Rickson en cartelera en el American Airlines Theatre si es
solo para ver la interesante interpretación de la Señorita Parker en el papel
de la altanera y devastadora mujer.
La Gabler de la
Señorita Parker es una mujer frustrada y aburrida...el aburrimiento que siente
hacia su vida tiñe cada aspecto de su vida, sobre todo sus relaciones
interpersonales...con su marido Jorgen Tesman (Michael Cerveris), el académico
petimetre a quien no ama, con su amante Eljert Lovborg (Paul Sparks), a quien
devasta, con su protector, el Juez Brack (Peter Stomare), a quien odia, con la
tía de Tessman (Helen Carey) a quien insulta constantemente y con la amiga de
su niñez Thea (Ana Reeder), de quien tiene celos. Los nefastos actos que comete
para satisfacerse son productos de su egoísmo y su tedio.
Diga lo que diga de
la interpretación de la Señorita Parker, ella seguramente crea una Hedda
diferente e interesante. Los tres hombres del elenco (el generalmente astuto
Cerveris, Sparks y Stomare) son débiles y no captan la esencia de su sus
papeles. El equipo técnico, Hildegarde Betchler (escenografía), Ann Roth
(vestuario), Natasha Katz (iluminación), John Gromada (sonido) y PJ Harvey
(música original) crean un ambiente lujoso en el cual vive y no vacila Hedda
Gabler.
“Hedda Gabler” en cartelera en el American Airlines Theatre,
227 de la calle cuarenta y dos oeste, Nueva York. Funciones hasta el
veintinueve de marzo con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho;
miércoles, sábado y domingo, a las dos; del 3 al 13 de febrero, funciones a las
siete. Boletos: $66.50 a $111.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la
taquilla del teatro.
*photo credit: Nigel Parry
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“The
American Plan” sí sirve
Obra de Richard Greenberg vuelve a Nueva York
“The American Plan” de Richard Greenberg presta a una variedad de
interpretaciones. La obra, actualmente en cartelera en el Samuel J. Friedman
Theater bajo el auspicio del Manhattan Theatre Club en una producción
briosamente dirigida por David Grindley, teje la historia de una mujer
dominadora quien hará todo lo posible para proteger a su hija y la relación que
tiene con su hija emocionalmente necesitada. De veras hay tres planes
en “The American Plan” que el dramaturgo entreteje con
brío.
Ubicada en un pueblo
de verano en las Montañas Catskills en los años sesenta donde los huéspedes de
hoteles solían reservar el plan americano
que les ofrece alojamiento y tres comidas o más al día, la obra se concentra en
Eva Adler (la maravillosa Mercedes Ruehl), apodada la zarina por los visitantes, y su hija Lili (Lily Rabe) durante un
verano casi idílico y, brevemente en el segundo acto, en Manhattan diez años
más tarde. Durante ese verano de ensueño, la sencilla Lily se enamora de Nick
(el guapo Kieran Campion) desde el momento que lo ve. Aunque el galán fue
invitado por su novia para pasar las vacaciones con ella, la excitable e
inquieta Lily, acostumbrada a decir mentiras, exitosamente separa a los dos amantes y gana el amor del
hombre a quien ama...o ¿fue todo esto parte del plan de Nick para conquistar a
la joven? Además, cuando llega el obsequioso Gil (Austin Lysy), el amigo y ex
amante de Nick, se entiende que él también tiene su propio plan, un plan
desviado para que él y Nick sean felices mientras consiguen su propio sueño
americano.
La Señorita Ruehl
muestra las varias facetas del personaje que crea con su acostumbrado aplomo.
Su Ava es a la vez protectora, déspota, entremetida y oficiosa de tal grado que
es difícil entender sus motivos y sus metas. La Señorita Rabe da una
impresionante interpretación de la joven frágil quien hará cualquier cosa para
ser amada. Brenda Pressley añade mucho en el papel de la criada Olivia quien
cumple con los deseos de su patrona con mesura. La obra, dirigida capazmente
por el Sr. Grindley, es montada lujosa pero sencillamente (escenografía y
vestuario de Jonathan Fensom; iluminación de Mark McCullough; sonido de Darron
L. West y Bray Poor).
“The American Plan” en cartelera en el Samuel J. Friedman Theatre,
261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el quince
de marzo con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles, a las dos y
las ocho; jueves y viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo,
a las dos; el cuatro de marzo, a la una. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles
al Telecharge.com, al 212.239.6200, o al
800.432.7250.
*photo credit: Carol Rosegg
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“Soul of Shaolin...” China llega a
Broadway
El alma de Shaolin en el corazón de Nueva York
“Soul of Shaolin” es algo excepcional...la exhibición de artes
marciales enseñados y practicados en el Templo Shaolin, en lo alto del Monte
Songshan en la provincia Henan de China, no es como tantos otros espectáculos
de kung fu que han llegado a las
tablas de Broadway o, con más frecuencia, de Off Broadway, en años recientes.
Al contrario, “Soul of Shaolin” salpimienta actos de ferocidad y
gran belleza, coreografiados y dirigidos con clase y gran brío por Liu
Tongbiao, con una historia bella de esperanza y reunión.
En la primera de las
seis escenas que forman el “Alma de Shaolin” China
está involucrada en una larga guerra; un niño, Hui Guang, (Wang Sen, Dong
Yingbo, Yu Fei como el chico en diferentes etapas de su vida) es escondida
entre los juncos felpudos por su madre para su propia protección. Cuando la
madre vuelve, el niño ya no está; ha sido rescatado por los monjes del Templo de
Shaolin quienes lo educan en las artes marciales practicadas allí y en los
ideales de meditación. El kung fu practicado
en Shaolin apoya la bondad y la virtud y los practicantes no luchan
sencillamente por luchar. Al pasar el tiempo, el joven, enseñado por su mentor
manco Na Luo (Zhang Zhigang), llega a ser uno de los expertos del Templo.
Cuando es reunido con su madre Hui Guang (Wang Yazhi, Li Lin), tiene que luchar
con los demás monjes para poder salir del Templo honradamente.
Las escenas ejecutadas
por los atléticos miembros de la compañía son hermosas y asombrosas. La
coreografía de la obra figura entre las delicias de la producción y debe ser
considerada para uno de los premios otorgados en esta categoría. Escenografía
de Xie Tongmiao, vestuario de Huang Gengying, iluminación de Song Tianjiao y
sonido de Wu Feifei y Keith Caggiano son pintorescos y añaden al ambiente
verdaderamente oriental pero el director principal de artes marciales Wang
Zhenpeng y los subdirectores Jiang Dongxu y Zhu Huayin son los verdaderos magos
de la producción.
“Soul of Shaolin” en cartelera en el Marquis Theatre, 1555
Broadway, Nueva York. Temporada limitada desde el trece al treinta y uno de
enero. Veinticuatro funciones con el siguiente horario: martes, a las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Para más información: www.SoulOfShaolin.com,
Ticketmaster.com o 212.307.4100.
*photo credit: Joan Marcus
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“Pal Joey”...no es ningún amigote mío
Musical desafina, decepciona y desilusiona
“Pal Joey,” la producción del Roundabout
Theatre Company actualmente en cartelera en Studio 54, es un fracaso artístico.
La obra original de Rodgers y Hart, que estrenó el veinticinco de diciembre de
1940, era una guirnalda triunfante para aquella época navideña; la presente
versión, cuyo libro de Richard Greenberg está basado en el libro original de
John O’Hara, cae de bruces, principalmente por el lanzamiento artístico
de Matthew Risch quien suda mucho, canta un poco y baila aún menos. Cuando dejó
la producción Christian Hoff, el actor quien ganó un merecido premio Tony por
su trabajo en “Jersey Boys,” lo remplazaron con Risch, lo
cual era un error insalvable...porque, sencillamente, no tiene la calidad
necesaria para salir venciendo. Para empeorar aún más la situación, la conocida
actriz Stockard Channing no tiene la capacidad vocal para entonar la célebre
melodía “Bewitched, Bothered and
Bewildered” que su personaje Vera debe cantar... y la usualmente
cautivadora Martha Plimpton, aunque canta debidamente, no se mantiene en sus
trece en el papel de la corista Gladys Bumps.
Joey Evans (Risch) es
un ambicioso mujeriego quien se esfuerza a conquistar el mundo del espectáculo,
si no por su talento ni por su carisma, por la ayuda de la mujer rica, Vera
Simpson (la Señorita Channing) quien lo usa tanto como él la usa a ella. Chez Joey es el cabaret de segunda que
ella le abre, pero cuando ella se da cuenta de que él se ha enamorado de Linda
English (Jenny Fellner) la ayudante de un mercero donde Vera le había comprado
unos trajes caros, lo deja en el anónimo donde ella lo había encontrado. La
Señorita Plimpton muestra su versatilidad en las tablas al interpretar a
Gladys, pero el papel no va a figurar entre las más destacadas de su carrera.
Solo le da la oportunidad de vocalizar (¡y no muy armoniosamente!) la movida
melodía “Zip” que carece
de la sexualidad que debe de parodiar; aunque la letra de la canción ha sido
modernizada, algunas de las referencias todavía quedan indistintas.
La obra sí alardea
una partitura lujosa, rica en melodías conocidas de la talla de “I Could Write a Book,” “You Mustn’t Kick it
Around” y la arriba mencionada “Bewitched,
Bothered and Bewildered.”
El coro, la orquesta, la instrumentación de Don Sebesky y la dirección musical
de Paul Gemignani salen mejor que los principales en musicalizar la obra.
Escenografía de Scott Pask, vestuario de William Ivey Long, iluminación de Paul
Gallo y sonido de Tony Meola le dan a la producción el requerido ambiente
raído. La dirección es de Joe Mantello.
“Pal Joey” en cartelera en Studio 54, 254 de la calle
cincuenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones hasta el quince de febrero con
el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo,
a las dos. Del 30 de diciembre al nueve de enero, funciones a las siete.
Boletos: $36.50 a $121.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la
taquilla del teatro.
*photo credit: Joan Marcus
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New York da la bienvenida a “Shrek”
“Shrek, the musical” sigue siendo “Shrek”
Parece que “Shrek the musical” lo
tiene todo: personajes hechos famosos en los conocidos cuentos de hadas, un
dragón color de rosas, un enano que desea ser rey, una princesa atrapada en una
torre, un paisaje de ensueños, un asno chistoso y, en su mero centro, el Ogre
adorable hecho famoso en el libro de William Steig y la película animada de Deamworks Animation. El libro y la letra
de David Lindsay-Abair enseñan las mismas moralejas y contienen referencias a
olores corporales y sonidos producidos por personas...o, en este caso,
criaturas...mal educadas que producen gemidos y risas lo cual les fascinará a
los amantes de Shrek y sus
cohortes.
La obra es fiel al
libro y a la película con sus referencias y alusiones que los niños entenderán
de una manera y los adultos, de otra, pero a veces parece demasiado
comprensiva, como si todos los cuentos de hadas estuvieran desfilando en carne
y hueso frente a los ojos de los espectadores: Pinocho (John Tartaglia), los
tres ratoncitos ciegos, los tres osos, Humpty-Dumpty, Peter Pan, el elfo del
zapatero y el anadino feo, para mencionar unos cuantos. Tim Hatley (escenografía y vestuario) ha
creado y unos espectaculares paisajes y una extravagante vestimenta que recrean
el ambiente de una manera pintoresca y antojadiza.
Básicamente, “Shrek
The Musical” cuenta la misma historia que la película y el libro:
Shrek (el formidable Brian D’Arcy James), vive sólo y cómodamente en su
propio pantano. Cuando una muchedumbre de extranjeros (los personajes de los
varios cuentos de hadas) llega, él aprende que, para entarquinar su amado pantano, él
tiene que rescatar a la Princesa Fiona (Sutton Foster) para que ésta pueda
casarse con el Lord Farquaad (Christopher Sieber, arrodillado, para interpretar
al diminutivo personaje). Con la ayuda del Asno (Daniel Breaker), su fiel
compañero, él va en busca del Dragón que guarda la entrada de la torre.
Mientras tanto, él se enamora de ella y ella de él, pero como ella guarda un
secreto muy horrendo, ella no puede expresar su amor hasta que...bueno, será
mejor no revelar el fin feliz.
Los mejores números
musicales son “Big, Bright,
Beautiful World” entonada por toda la compañía, “I Know It’s Today” cantada por las tres Fionas, “Morning Person” vocalizada
maravillosamente por la Señorita Sutton, el dueto “I Think I Got You Beat” canturreado por d’Arcy
James Y Sutton en el cual comienza a nacer su mutuo amor y “Freak Flag” que podría ser la antífona para los que se
sientan ajenos y aislados de los demás. Aunque no son memorables, son
agradables al oído. La coreografía de Josh Prince es bastante corriente excepto
en el número “Morning Person”
en el cual la Señorita Sutton ejecuta un feroz tip tap con unos ratoncitos bailadores. La dirección de Jason Moore
mueve la acción velozmente por las varias escenas de la obra. Con Foster y
d’Arcy James como Shrek y Fiona, “Shrek The Musical” es
una delicia.
“Shrek The Musical” en cartelera en el Broadway Theatre, 1681
Broadway, Nueva York. Funciones: martes a las siete; miércoles a sábado, a las
ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $51.50a
$111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.BROADWAY o en la taquilla del
teatro.
*photo credit: Joan Marcus
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“Speed-the-Plow de David Mamet
Tres actores excepcionales, una obra inolvidable
Después de su estreno en Broadway hace casi
veinte años, la satírica “Soeed-the-Plow” de
David Mamet está de regreso en Broadway en una producción extraordinaria que se
acerca a la perfección. La comedia negra, es dirigida sucintamente por Neil
Pepe y alardea la presencia de Raúl Esparza, Jeremy Piven y Elisabeth Moss
quienes infunden la obra de su ingeniosidad, su ritmo perfecto y su gran
talento. “Speed-the-Plow” es indudablemente la obra que ver
durante su temporada en el Ethel Barrymore Theatre.
La obra, ubicada
entre la falsedad y la patraña de Hollywood, satiriza el mundo de los
productores y los ejecutivos de la industria cinematográfica, un universo hacia
el cual Mamet dirige su crítica tan acerbamente. Esparza es Charlie Fox, un
hombre ambicioso quien espera producir una obra policíaca, un éxito seguro, con
la ayuda del ejecutivo Bobby Gould (el Sr. Piven). La colaboración entre los
dos seguramente será provechosa, pero la llegada de una asistente advenediza,
Karen (la Señorita Moss) complica la situación tanto que Gould abandona el
proyecto y decide producir una película basada en una novela casi
incomprensible, que, según Fox, nadie quisiera ver.
El lenguaje fluido de
Mamet es pronunciado hábilmente por los tres actores; cada uno tiene su momento
para aprovecharse de cada palabra, cada frase y cada diálogo que el dramaturgo
ha escrito. Las inflexiones, la sarta de
palabrotas, pausas repeticiones, características del estilo de Mamet,
son articuladas como si fueran las descargas de alguna ametralladora, sobre
todo por Piven y Esparza. Este último da tal vez la mejor interpretación de su
larga y distinguida carrera; es absolutamente imposible quitarle la vista al
ver los varios niveles de su interpretación. Cada vez que pronuncia el nombre
de su superior “Bob”, extrae diferentes matices de tono y de
significado de la palabra. Piven, por su parte, expresa la seguridad de un
hombre quien ha hecho una decisión que alcanzará su fin y, además, la
vacilación y el desengaño del mismo hombre quien sabe que ha sido engañado. La
Señorita Moss es alternativamente coqueta, astuta, inocente y ambiciosa en su
interpretación de la chica quien llega a la oficina de Gould con una sola e
inalterable intención. La fraseología de Mamet parece extrañamente oportuna con
el uso de palabras que han sido usadas en las recientes elecciones
presidenciales para describir a los dos candidatos republicanos. Bajo la
estudiada dirección del Señor Pepe, esta producción de “Speed-the-Plow” es
sencillamente extraordinaria.
“Speed-the-Plow” en cartelera hasta el veintidós de febrero en
el Ethel Barrymore Theatre, 243 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York.
Funciones: martes, a las siete, miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y
sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $49.50 a $110, disponibles al
212.239.6200, al 800.432.7250 o al www.telecharge.com.
*photo credit: Brigitte Lacombe
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“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” triunfa
Obra musical lo tiene todo
“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” seguramente ganará la mayoría de los premios
para mejor obra musical este año... se lo digo sin reservación alguna. La
versión de la exitosa musical londinense, actualmente en cartelera en el
Imperial Theatre de Broadway, es un
triunfo artístico para todos los que la crearon.
Avivada por la
centelleante coreografía de Peter Darling, la memorable dirección de Stephen
Daldry, atrayente libro e ingeniosa letra de Lee Hall e impresionante si algo
familiar música de Elton John, “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” produce
un efecto encantador difícil de resistir… sobre todo para los amantes de
la comedia musical americana. Para los afortunados teatreros en Providence
quienes ya han obtenido sus boletos… o los que obtienen uno de los pocos que
quedan… “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” ofrecerá una diversión
cuyas canciones son movidas, cuyas situaciones son conmovedoras, cuya
coreografía es asombrosa y cuyo elenco brilla tanto como las luces de Broadway.
“BILLY
ELLIOT” satisfará aún al conocedor de teatro más implacable.
El libro y la letra
de las canciones hábilmente narran la historia de Billy (KIril Kulish, en la
función que yo asistí), un joven de trece años, hijo de un minero, quien
aprende un día que el ballet clásico le interesa más que el boxeo. Sin que su
padre lo sepa, Billy decide gastar su dinero no en lecciones de boxeo sino en
lecciones de danza. Aunque el padre (Gregory Jbara), un hombre involucrado en
una huelga con sus compañeros, de inmediato cree que su hijo es un tanto raro,
Billy sigue con el baile; según su maestra, la Señora Wilkinson (Hadyn Gwynne),
el joven tendrá un futuro; por eso, ella le aconseja que trate de ganar una
beca en el prestigioso Ballet Real. Para pedir una audición, Billy tendrá que
pagar una suma de dinero, una imposibilidad para él y su padre, pero los
colaboradores de éste juntan su dinero, Billy se pone a prueba y gana una
posición en la escuela.
El relato de Billy y
su lucha personal para realizar su sueño es, en sí, conmovedor e impresionante,
pero además, hay tantos momentos memorables que añaden a la riqueza del libro.
De vez en cuando, el espectro de la madre de Billy (Leah Hocking) lo visita en
su memoria y, al menos en su recuerdo, le da el cariño maternal que tanto
necesita. Un amigo llamado Michael (Frank Dolce) tiene problemas relacionados a
su identificación sexual los cuales se expresan deliciosamente. Lo más
impresionante, sin embargo, es la yuxtaposición de la historia de Billy con la
de los mineros lo cual es vista en los números musicales, la letra y lo más
asombroso aún, el baile; esto se ve más espectacularmente en el “Angry Dance” en el cual
Billy se libera de sus frustraciones en un baile feroz que refleja su propia
ira y malogros y los de los trabajadores.
Para narrar la
historia de Billy, tres talentosos actores alternan el papel. Kiril Kulish es un maravilloso Billy, y, según la crítica en general,
los otros dos, David Alvarez y Trent Kowalik, también lo son. También hay dos
actores quienes alternan el papel de Michael. Frank Dolce casi se va con todos
los aplausos cada vez que entra en la escena. Gregory Jibara es, como siempre,
un actor consumado quien muestra todas las facetas del padre quien trata de
balancear su vida familiar con su trabajo. Carole Shelley es perfectamente capaz
en el papel de la Abuela olvidadiza. La estupenda Haydn Gwynne, quien originó
el papel de la Señora Wilkinson en Londres, crea un personaje inolvidable en el
papel de la mujer quien estimula al joven a luchar para alcanzar su meta.
La insólita escenografía
de Ian MacNeil, ingenioso vestuario de Nicky Gillibrandy, perspicaz iluminación
de Rick Fisher y sonido de Paul Arditti añaden mucho al lustre de la
obra… pero lo que caracteriza la obra y que le da su estilo es la
inconmensurable talento que se ve en cada elemento del inmensamente divertida “BILLY
ELLIOT, THE MUSICAL.”
“BILLY ELLIOT, THE
MUSICAL” en
cartelera en el Imperial Theatre, 249 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva
York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles
y sábado, a las dos; domingo a las tres. Boletos: $41.50 a $136.50, disponibles
al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: David Scheinmann
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“Irving Berlin’s White Christmas”
La Blanca Navidad engalana Nueva York
La Navidad ha llegado temprano a Nueva York
con el estreno de la espectacular “Irving Berlin’s White
Christmas” en el Marquis Theatre de Broadway. La esplendorosa
producción, basada en la película epónima que salió en 1954, es un regalo
navideño para todos los teatreros quienes están cansados del ambiente lúgubre y
la triste situación económica del mundo, porque dentro de los confines del
Marquis, reina la alegría y triunfa el júbilo. Repleta de conocidas canciones,
bailes hermosos y una nevada que cae ligeramente de lo alto, “Irving
Berlin’s White Christmas” es una celebración teatral que
nadie quisiera perder.
En la primera escena,
es Noche Buena 1944 en un cuartel en Europa donde los soldados, agotados por la
guerra, festejan la estación lo mejor que puedan. Dos de ellos, Bob Wallace
(Stephen Bogardus) y Phil Davis (Jeffrey Denman), cantantes conocidos, entonan “Blanca Navidad” y “Happy Holidays” para entretener a
los soldados. En la siguiente escena, el año es 1954; Bob y Phil continúan su
carrera en un programa de variedades en la televisión cuando conocen a las
hermanas Haynes, Betty (Kerry O’Malley) y Judy (Meredith Patterson), unas
cabareteras quienes van a pasar las Navidades cantando en la Posada Columbia en
Vermont. Como Phil se enamora de Judy a primera vista, los dos elaboran un plan
para que Phil y Bob viajen al norte y no a la Florida como ellos habían
planeado. Una vez que están en Vermont, Bob y Betty se enamoran también
mientras ensayando un espectáculo, pero ésta malinterpreta las razones por la
cual Bob está en Vermont y decide aceptar un trabajo en la Sala Regente de
Nueva York. Claro que todo se arregla antes de que caiga el telón final: los
amantes se reúnen... presentan un espectáculo impresionante, y, aunque todos
pensaban que no iba a nevar para la Navidad, cae una nieve radiante mientras
los del espectáculo y los espectadores celebran la Blanca Navidad.
Hay tanto que admirar
y alabar en la producción que es difícil recordar todos los momentos mágicos
que se presentan: la melodía “Sisters”
un homenaje a las hermanas cantado por as Señoritas O’Malley y Patterson;
un baile ejecutado a los acordes de “The
Best Things Happen When You’re Dancing” por el Sr. Denman y la
Señorita Patterson; la coreografía exuberante de “I Love A Piano;” la vocalización de “Let Me Sing and I’m
Happy” por Susan Mansur en el papel de Martha y después por la niña
Melody Hollis en el papel de Susan; el hermoso dueto romántico “Love, You Didn’t Do Right By
Me/”How Deep Is the Ocean” interpretado por el Sr. Bogardus y
la Srta. O’Malley; “White
Christmas” vocalizada por todo el elenco frente a un paisaje cubierto
de nieve y, el gran final, la sensacional versión de “I’ve Got My Love to Keep Me Warm” realizada por
toda la compañía mientras los copos de nieve caen más y más de prisa en toda la
sala.
Walter Bobbie ha
dirigido la entera producción con cariño, manteniendo un espíritu de nostalgia
y un tono muy tierno. Los cuatro principales todos tienen su pericia: la de
Bogardus y O’Malley es el baile; la de Bogardus y Patterson es el canto.
Estos cuatro talentosos artistas realizan su trabajo con gran maestría; ellos,
como los demás miembros del numeroso elenco son como los elfos de Santa Claus
quienes se deleitan en preparar regalos perfectos para los niños buenos, o, en
este caso, los espectadores.
El libro de David
Ives y Paul Blake y la música y letra de Irving Berlin son otros alicientes de
la musical. La encantadora escenografía
de Anna Louizos, pintoresco vestuario multicolor de Carrie Robbins, iluminación
precisa de Ken Billington, impresionante sonido de Acme Sound Partners y, sobre
todo, la briosa y espectacular coreografía de Randy Skinner son las vistosas
guirnaldas que adornan el árbol de los regalos que es “Irving Berlin’s
White Christmas.”
“Irving Berlin’s
White Christmas” en
cartelera en el Marquis Theater, 1535 Broadway, Nueva York hasta el cuatro de
enero. Funciones varían de semana en semana. Boletos: $66.50 a $121.50,
disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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“American Buffalo”de David Mamet
Los de abajo en la sociedad americana
David Mamet, el dramaturgo americano cuyas
obras tratan nuevos puntos y cuyos personajes frecuentemente blasfeman,
maldicen y echan palabrotas, actualmente tiene dos obras en cartelera en
Broadway, “Speed the Plow” que estrenó hace tiempo y “American
Buffalo” que estrenó hace poco. Esta última, con un elenco
estelar, alardea los talentos del establecido actor legítimo John Leguizamo y
dos conocidos talentos de la pantalla grande, Cedrick the Entertainer y Haley
Joel Osment. Por mucho que chocara el lenguaje en los setenta, el público
estadounidense ya está tan acostumbrado a escuchar palabras expletivas que el
lenguaje ya no escandaliza. Además, aunque los tres actores son capaces, no se
encuentran completamente en sus anchas en como los personajes que Mamet ha
creado, hombres que viven al margen de la sociedad.
En una tienda de
trastos viejos, repleta de todo tipo de curiosidad, el dueño Donny Dubrow
(Cedric the Entertainer) pasa el tiempo apáticamente aleccionando al joven
Bobby (Osment) en como éste puede sobrevivir en el mundo. El joven, un
adolescente impresionable quien puede o no ser adicto a las drogas, parece no
hacer más que escuchar los consejos de su mentor quien insiste en que desayuna
diariamente porque ésta es la comida más importante del día. Cuando un cliente
le paga noventa dólares por cierta moneda de cinco centavos, un búfalo americano, el astuto Donny,
pensando que el níquel vale mucho más de lo que había recibido, inventa una
intriga para robarle la moneda, e incluye al joven en sus planes.
Entra Teach
(Leguizamo), un chulo, amigo y cómplice de Donny, y los planes cambian
drásticamente; Teach cree que el joven es demasiado inexperto para tomar parte
en una operación tan delicada y los dos deciden excluirlo del plan que van a
poner en marcha en la noche e invitar al nunca visto Fletch a tomar su lugar.
Caída la noche, Bobby llega inesperadamente a la tienda pidiendo dinero por una
moneda de cinco centavos que él había obtenido misteriosamente lo cual enfurece
al volátil Teach de tal grado que sucede un acto de violencia que pone un fin
abrupto al proyecto y a la obra.
Por mucho que
quisiera decir que “American Buffalo” hace que la adrenalina fluya en
las venas de los espectadores, no es el caso, porque al fin y al cabo, no pasa
nada en absoluto en la obra. Por airadas que sean las pronunciaciones de
Leguizamo, el actor, quien, de vez en cuando, falla en recordar y recitar bien
sus líneas, capta el nerviosismo pero no su carácter malvado de su personaje.
Parece que habla por hablar sin hacer nada. Osment, tan creíble en películas de
la talla de Sexto Sentido, no parece
muy cómodo en las tablas de un teatro legítimo; para decir la verdad, el joven
parece, como su personaje según Teach, inexperto. Cedric the Entertainer, está
más a gusto en el teatro, pero su papel no requiere que él cambie ni haga
mucho, pero es el más adecuado de los tres.
El escenógrafo Santo
Loquasto hace tal vez el mejor trabajo de la noche en su recrear expertamente
la tienda en la cual pasa la acción. Junto con su equipo de propiedades
encabezado por Kathy Fabian, Loquasto crea el elemento verdaderamente
inolvidable de la producción.
“American Buffalo” en cartelera en el Belasco Theatre, 111 de la
calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete;
miércoles y sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Boletos: $26.50 a $116.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al www.telecharge.com.
*photo credit: Carol Rosegg
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“Todos eran mis hijos”...y los actores son buenísimos
Una asombrosa producción de “All My Sons” en Broadway
“All My Sons” de Arthur Miller, que debutó en Broadway en
1947, permaneció en cartelera en Nueva York casi un año. Estoy seguro de que la
presente producción gozaría de una temporada tan larga si no fuera que sus
funciones son limitadas; la obra, dirigida por Simon McBurney, permanecerá en
cartelera sólo hasta el once de enero. “Todos eran mis hijos”
alardea uno de los elencos más capaces actualmente en cartelera; por eso, los
que desean ver esta obra importante deben comprar sus boletos lo más pronto
posible antes de que se agoten todas las localidades.
La obra narra la
historia de un padre de familia, Joe Keller (John Lithgow), un fabricante
norteamericano, quien, durante la Segunda Guerra Mundial, vendió piezas
defectuosas para aviones al gobierno, sabiendo que los defectos podrían causar
la muerte de muchos soldados. Este acto inmoral sí ocasionó la muerte de
veintiún seres y el codicioso industrial le echó la culpa a su socio quien fue
encarcelado injustamente por el crimen. Aunque culpable, Joe fue exonerado del crimen,
y, según apariencias, vive cómodamente con su familia con la conciencia limpia
y un negocio próspero que administra con su hijo Chris (Patrick Wilson).
El otro hijo de
familia, Larry, desapareció en el campo de batalla y, como nunca recibieron noticia
oficial de su muerte, su madre, Kate (Dianne Wiest) se niega a aceptar que está
muerto; cuando vuelve la novia de él, Ann Deever (Katie Holmes), la familia
tendrá que enfrentarse con la muerte del hijo, con la de los soldados y con el
encarcelamiento injusto del socio. Ann, hija del socio encarcelado, una vez fue
novia de Larry; durante los tres años de su ausencia, sin embargo, ella ha
mantenido una correspondencia con Chris. Anne ha vuelto porque sabe que Chris
va a pedirle la mano en matrimonio. Cuando la madre se niega a aceptarlo, Anne
tiene que revelarle un secreto que no había querido compartir lo cual empieza
una serie de eventos que destruyen la familia.
Por su visión de la
obra, el director McBurney presenta el drama como si estuviera dirigiendo una
versión de Our Town... el Sr. Lithgow
se dirige al público para anunciar el nombre de la obra como si fuera el
director de escena... o una tragedia griega...los miembros del elenco están
sentadas a los dos lados de la escena como si fuera un coro griego. La presente
versión es extraordinaria, no por el trabajo del director, sino por el ejemplar
trabajo del elenco. El Sr. Lithgow es poderoso como el hombre quien ha hecho
una atrocidad aunque, según él, lo había hecho por su familia. La Señorita Wiest
muestra todo el dolor de una mujer quien no puede aceptar las tristes
realidades que la rodean. El Señor Wilson, por su parte, sobresale en
interpretar al hijo honrado quien se verá obligado de enfrentarse con las
acciones de su padre lo cual destruye su relación con él. Christian Camargo
tiene su momento en el papel de George Deever, hermano de Ann, quien no quiere
que su hermana se case con ningún hijo de Joe Keller, el que arruinó la vida de
su familia.
Aunque las
proyecciones (Finn Ross para Mesmer) que indican el cambio de los actos
estorban, las que muestran escenas de la fábrica, de la guerra y de una
multitud de gente añaden mucho al poder de la obra; esta última refuerza el
título metafórico de “All My Sons.”
“All My Sons” en cartelera en el Gerald Schoenfeld Theatre,
236 de la calle cuarenta y cinco, oeste. Funciones hasta el once de enero con
el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos:$61.50
a $116.50, disponibles en la taquilla, al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al
Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“To Be Or Not to Be” trata de ser cómica, pero no lo es
“Ser o no Ser” debuta en Broadway
“To Be Or Not to Be” es francamente desengañadora... una comedia
cuyos chistes son aburridos y caen como plomo que hubiera sido mejor si no hubiera sido montada. La culpa no la
tienen los miembros del elenco quienes hacen lo mejor que puedan para resucitar
la versión teatral de la película del mismo nombre que salió en 1942... pero, por mucho que trabajen la deleitosa Jan Maxwell y el
capaz David Rasche en los papeles creados por Carole Lombard y Jack Benny, no
son capaces de vencer los obstáculos de la adaptación de Nick Whitby y de la
dirección de Casey Nicholaw.
En la obra, Rasche y
Maxwell son Josef y Maria Tura, los dos actores principales de una compañía en
Polonia quienes usan la pericia que tienen en su arte para imposibilitar las
acciones de los nazistas en su país. Para realizar esto, el flamígero Josef
tiene que personificar a un oficial nazista mientras los demás miembros de la
tropa ayudan a efectuar la artimaña. Las intrigas secundarias incluyen la
infidelidad de Maria y su relación clandestina con un admirador suyo, Stanislaw
Sobinsky (Steve Kazee) y las escenas que pasan detrás de bastidores que
muestran la rivalidad y la tensión entre la pareja de actores.
Pocos chistes tiran
en el blanco y raras veces se escuchan en la sala las esperadas carcajadas que
debía de producir una comedia. Hay una u otra escena cómica...como cuando
Sobinsky repetidamente deja su lugar en la primera fila para ver a su amante en
secreto (lo cual ocurre cada vez que Josef pronuncia el famoso soliloquio de
Hamlet que da nombre a la obra)...pero la mayoría de la obra carece de
auténtica y pura comedia. Ni las pronunciaciones de los personajes y ni los
esfuerzos de los actores para ganar risas de las situaciones secas son
suficientes para que “To
Be Or Not to Be” sea satisfactoria.
La escenografía
insubstancial de Anna Louizo parece demasiado frágil para una producción de
Broadway pero el vestuario de Gregg Barnes es más adecuado, sobre todo para los
lujosos vestidos para la Señorita Maxwell y los trajes para el Señor Rashe.
“To Be Or Not to Be” en cartelera en el Samuel J. Friedman
Theatre, 261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el
veintitrés de noviembre con el siguiente horario: martes, a las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; domingo, a las siete; miércoles y sábado, a las
dos. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles al Telecharge.com, 212.239.6200 o al
800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“A Man for All Seasons” presenta
Un hombre y un actor para la eternidad
El extraordinario actor Frank Langella vuelve
a Broadway para interpretar a Tomás Moro en la portentosa obra “Un
hombre para la eternidad,” el drama de Robert Bolt que
ganó el premio Tony para mejor obra teatral en 1961. El Sr. Langella es más
grande que la vida misma desde el momento que primero pisa las tablas del
American Airlines Theatre hasta que sube la escalera que lo lleva al patíbulo,
y, metafóricamente, a la vida eterna en
el Paraíso.
La acción pasa entre 1529 y 1535 cuando Sir Thomas,
gran canciller del gobierno inglés durante el reino de Enrique Octavo (Patrick
Page), comienza a tener graves problemas cuando se niega a ayudar al Rey
Enrique a divorciarse de su esposa Catarina de Aragón; si la Iglesia otorga el
divorcio, el Rey podrá casarse con su más reciente conquista, Ana Bolena.
Además, por mucho que traten de persuadirlo que abandone la Iglesia de Roma, se
niega a abandonar el Catolicismo a favor de la Iglesia de Inglaterra. Moro
abraza no solamente las doctrinas de su religión sino también su conocimiento
de la ley; por eso, él piensa que, siendo abogado, la ley lo protegerá si la
sigue al pie de la letra. Por eso, en sus conversaciones con el Cardinal Wolsey
(Dakin Matthews), quien lo asedia, con Richard Rich (Jeremy Strong) quien lo
traiciona aunque Moro lo había ayudado, con Oliver Cromwell (Zach Grenier)
quien últimamente lo lleva a la ruina, More escoge sus palabras fervorosa e
intensamente, pensando que lo que dice, o mejor dicho, no dice lo protegerá. Tal no es el caso para el triste pero
intrépido Tomás quien lucha hasta el fin para librarse de las acusaciones de
los que lo encarcelan, lo torturan, y, por fin, lo condenan a la muerte por
alta traición. Murió decapitado el seis de julio de 1535. Por haber defendido
su fe, due nombrado Santo por la Iglesia Católica.
Langella es perfecto
en el papel de Moro; el actor asume varias actitudes en sus relaciones con sus
adversarios sin esfuerzo; es a la vez orgulloso y arrogante, cariñoso y abiertamente
antagónico al tratar con los que lo rodean. El actor brilla no solo en los
momentos decisivos sino también en los pocos discursos cómicos que el libro le
presenta; puede ocasionar carcajadas con la manera en la cual enuncia la
palabra Gales. Un actor cumplido, el
Sr. Langella debe prepararse de antemano para recibir gran número de premios
para su trabajo aquí. Los demás miembros del elenco (Maryann Plunkett como su
esposa Alice, Hannah Cabell como su hija Margaret, Michael Esper como su yerno
William Roper) se mantienen en sus trece pero no llegan a acercarse a la
actuación impresionante que da Langella. Doug Hughes dirige bien a los miembros
del numeroso elenco y los mueve capazmente por el decorado esqueletoso del
escenógrafo Santo Loquasto. El vestuario es de la siempre competente Catherine
Zuber, música y sonido de David Van Tieghem, e iluminación de David Lander.
“A Man for All
Seasons” en
cartelera hasta el siete de diciembre en el American Airlines Theatre, 227 de
la calle cuarenta y dos oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las
ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Boletos: $66.50 a $111.50,
disponibles al 212.719.1300 o al www.roundabouttheatre.org.
*photo credit: Joan Marcus
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Las maravillas de ser y tener “13”
Celebración de la adolescencia estrena en Broadway
A juzgar por las ovaciones y carcajadas que
reverberaron por la sala del Bernard B. Jacobs Theatre en una reciente función
de la musical “13,” la obra que celebra los vaivenes de los
adolescentes es un exitazo redondo. ¡El tiempo lo dirá!, como dice el refrán,
porque la obra alardea un elenco compuesto de adolescentes, un conjunto de
músicos jóvenes y un tema que es tan apropiado para los treceañeros como lo es
el acné. Ojalá que el público en general abrace los encantos de esta deleitosa
musical que es alegre, decorosa y muy fresca.
El libro de Dan Elish
y Robert Horn capta perfectamente las ansiedades y las preocupaciones de sus
personajes y el elenco, compuesto de trece jóvenes de poco más o menos de los
trece años, está repleto de energía, entusiasmo y talento. El protagonista Evan
Goldman (Graham Phillips en todas las funciones menos la del sábado por la
noche cuando Corey J. Snide lo remplaza) tiene que salir de su querido
Manhattan cuando sus padres se divorcian; el joven va con su mamá al pueblo rural
de Appleton, Indiana donde viven unos parientes. Lo que él encuentra en el
pueblecito es un grupo de jóvenes no tan diferentes de los que dejó en Nueva
York. Le preocupa que pronto tenga los trece años porque estará celebrando su
bar mitzvah en un pueblo donde hay pocos judíos y él no tiene amigos. Cuando
conoce a la sencilla Patrice (Allie Trimm), cree que ya no tendrá más
problemas, pero es solo el principio de las contrariedades que lo enfrentarán
al entrar en la escuela media el primer día de las clases.
Mientras trata de
adaptarse a su nuevo ambiente, trata de hacerse amigos con los alumnos más
populares para poder invitarlos a su fiesta de su rito de tránsito de muchacho
a hombre. El chico encuentra todo tipo de mocedad en la sociedad escolar: el lisiado
Archie (Aaron Simon Gross) quien quiere salir con la inocente “chica
buena” Kendra (Delaney Moro) aunque ésta es el objeto de las afecciones
del galán atlético pero torpe Brett (Eric M. Nelsen), un rubio deseado por Lucy
(Elizabeth Egan Gillies), la chica bella, popular pero maliciosa quien hará
todo lo posible, aún si tiene que traicionar a su mejor amiga Kendra, para
lograr su meta y su hombre (¡por joven que sea!). Hay Eddie (Al Calderon) y
Malcolm (Malik Hammond), los escuderos, por decir, de Brett, quienes realizan
cada sueño suyo. Los libretistas captan la gama de emociones que sienten todos
estos personajes...la superioridad de unos, la inferioridad de otros, la
popularidad, la lealtad, la traición, los celos y la necesidad de pertenecer a
un grupo... con familiaridad, cariño y veracidad.
El compositor Jason
Robert Brown ha escrito una variada partitura de melodías que les da a los
varios actores del elenco la oportunidad de lucir sus talentos vocales a solas
y en coro. La briosa antífona “13”
entonada por los trece jóvenes y la movida “Brand
New You” ciñen la producción gloriosamente. Hay baladas como “Becoming a Man” vocalizada
con fuerza por Phillips; do-wop, “Hey Kendra” entonada
rítmicamente por Nelsen, Calderon y Hammond, después Gillies y Moro; la cómica “Terminal Illness,” modulada con brío por Phillips y
Gross; tres melodías, la risible pero sincera “The Lamest Place in the World,” la enternecedora What
It Means to Be a Friend” y la plañidera “Good Enough” armonizadas con emoción por la Señorita
Trimm. La letra del mismo Sr. Brown refleja los modismos y el habla de los
chicos de hoy y es a la vez hilarante, conmovedora y franca.
Graham Phillips
encabeza un grupo de actores talentosos, ágiles y perspicaces que, a pesar de
su tierna edad, son comodísimos en el centro del escenario de un teatro de
Broadway. Una cosa queda muy claro, pase lo que pase a la musical “13”
sus actores son las estrellas de mañana.
“13” en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre,
242 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes a
viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las
siete; comenzando el trece de octubre: martes a jueves, a las siete; viernes, a
las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete.
Boletos: $76.50 a $111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 y al
Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“The Seagull” se eleva a las
alturas
Clásica obra de Antón Chekhov
estrena en Broadway
La nueva versión de “La Gaviota” de
Antón Chekhov estrenó recientemente en el Walter Kerr Theatre de Broadway en una
producción sobresaliente dirigida por Ian Rickson. Bajo la experta dirección
del Sr. Rickson, la producción se eleva a las alturas del principio al fin, tal
como una gaviota que se despega, toma vuelo y sube al cielo.
La obra gira alrededor de varios conflictos que nacen en la mansión de
Sórin (Peter Wight), un lugar lúgubre situado cerca de un lago donde la hermana
de Sórin, la famosa actriz de escena Arkadina (la maravillosa Kristin Scott
Thomas), llega con su amante Trigorin (Peter Sarsgaard), un novelista mucho más
joven que ella. Todos los de la mansión se reúnen para ver la obra que
Konstantin Treplev (Mackenzie Crook), hijo de la actriz, ha escrito y va a
presentar en el jardín; la obra, llena de simbolismo y de un estilo modernista,
fue ridiculizada por Arkadina y los demás. La actriz principal Nina (la
igualmente maravillosa Carey Mulligan), vecina y amante de Konstantin huye al
escuchar la crítica de sus vecinos. Nina recibe una gaviota que Konstantin
había fusilado, pero ella ya no quiere al joven Konstantin; ella cae bajo los
encantos del escritor Trigorin. El infeliz Konstantin trata en vano de
suicidarse por el creciente odio que él le tiene a Trigorin quien supuestamente
ama a su madre. Arkadina y Trigorin deciden partir para Moscú, pero antes de su
partida, Nina le jura su amor a Trrigorin y los dos prometen verse en la
capital rusa.
Dos años pasan; Masha (Zoe Kazan) se ha casado con el maestro
Medvedenko (Pearce Quigley) aunque todavía está enamorada de Konstantin; éste
sencillamente ignora el amor que ella le tiene. Nina y Trigorin vivieron juntos
en Moscú pero éste la dejó para poder reunirse de nuevo con Arkadina. Mientras
los de la casa juegan a la lotería, Konstantin trabaja solo en un manuscrito
cuando Nina, a escondidas, entra y le cuenta de su vida durante los pasados dos
años; le cuenta del niño que tuvo, de su muerte y de cómo había pasado los dos
años con unos actores de tercera. Ella se compara a la gaviota que Konstantin
había matado y le había regalado, pero después, recobra sus fuerzas para decir
que es y quiere ser, en primer lugar, actriz. Aunque Konstantin le ruega que se
quede, ella huye y Konstantin, deprimido, destruye su libro, sale de la escena
y se mata. Pasiones sufocadas,
amores no correspondidos, desesperación y desaliento establecen el tono de
“The Seagull” y esta versión tira en el blanco en ilustrar y
reforzar los temas. El director les saca interpretaciones impresionantes de
cada uno de los actores, pero, para decir la verdad, el éxito de la producción
se debe a la excelencia de sus dos primeras actrices, la Señorita Scott Thomas
y la Señorita Mulligan. La actuación de estas grandes actrices es toda una
revelación. En un papel secundario, Zoe Kazan tiene su momento en el papel de
la desafortunada Masha. De los hombres, el Sr. Crook es capaz en su
interpretación del inquieto Konstantin. También lo es el Sr. Sarsgaard en el
papel del desanimado Trigorin.
El equipo técnico (vestuario y escenografía de Hildegard Bechtler,
iluminación de Peter Mumford, sonido de Ian Dickinson) logra crear el perfecto
ambiente de desconsuelo y vacuidad...desde la negrura del bosque del primer
acto hasta la vastedad expansiva del interior de la casa del segundo. Por
sencilla que sea la escenografía de la Señorita Bechtler, logra capta
apropiadamente el ambiente estéril donde vuela la gaviota. El vestuario de la
misma Bechtler presenta unos suntuosos vestidos para la Señorita Scott Thomas
que le sientan como el proverbial guante y muestran el estado económico de la
actriz aunque dice que no tiene dinero. La música del compositor Stephen
Warbeck es eficazmente sombría. La nueva versión del texto es de Christopher
Hampton.
A pesar de que la
obra no fue bien recibida cuando estrenó, la obra es considerada una de las
mejores de la obra de Chekhov. Aunque en esta producción la obra se presenta en
solo dos actos que duran casi tres horas, la
producción nunca falla debido a la dirección enfocada y logra revelar
los conflictos, la amargura, la aversión, el descontento y el odio que sienten
los personajes los unos hacia los otros y hacia la vida misma.
“The Seagull” en cartelera en el Walter Kerr Theatre, 219 de
la calle cuarenta y ocho oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las
ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. El cinco de octubre,
habrá dos funciones, a las dos y las ocho. Boletos: $110, $77, $41 y $25
(student rush y standing room) disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“Equus” sigue magnetizar al público
Richard Griffiths y Daniel Radcliffe se apoderan del drama
Uno de los dramas más anticipados de la
presente temporada es la versión de “Equus” protagonizada
por Daniel Radcliffe, conocido mundialmente como Harry Potter en las películas
acerca del joven mago Potter y sus aventuras. La presente producción del drama de
Peter Shaffer, dirigida por Thea Sharrock, fue todo un exitazo cuando estrenó
en Londres en 2007 con el Sr. Radcliffe como el desequilibrado adolescente Alan
Strang y Richard Griffiths como el siquiatra Martin Dysart quien trata de
ayudarlo. La obra, que estrenó en Broadway en 1974 y ganó el Premio Tony para
mejor drama en 1975, vuelve a Broadway por primera vez en una temporada
limitada que seguramente agotará todas las localidades no sólo por la presencia
de Radcliffe sino por la excelencia de la actuación, la astuta dirección y la
magnífica puesta en escena.
“Equus” explora la preocupación religiosa y sexual que
el joven Strang tiene por los caballos lo cual lo provoca a cegar a seis
caballos una noche en el establo donde trabaja. Mientras Dysart se esfuerza a
penetrar en los rincones más escondidos de la mente del joven, él también tiene
la oportunidad de examinar su propia esencia, revelando sus propias ansiedades,
comparándolas con las del joven, y, en cierto punto, envidiando al joven por
tener algo en que creer y adorar mientras su propia existencia carece de algo
concreto, deseable, válido. El libro de Shaffer revela la historia de Strang en
una serie de escenas intercaladas que desenmascaran las razones por la
atrocidad cometida por el joven. Al principio Strang no está dispuesto a
comunicar con el médico, pero cuando éste le convence que si se libra de la
verdad, las pesadillas de que sufre se desaparecerán, parece buscar la
oportunidad de quitarse el peso que lo asedia. Al fin, el joven, pensando que
el siquiatra le había dado un medicamento especial, revela los acontecimientos
que causaron su acto mientras la escena se realiza en la memoria del joven y en
carne y hueso.
El Sr. Radcliffe
logra captar el alma en pena del joven cuya fascinación con los caballos llega
a ser su religión y un caballo en particular llega a ser su dios. Radcliffe
muestra su pericia para su arte en el dificultoso papel del muchacho que debe
considerar sus acciones antes de poder seguir con su vida. La famosa escena trascendental
cuando Radcliffe como Strang desnuda su cuerpo y su alma frente al público se
ejecuta con buen gusto y sin timidez de parte del actor. El excelente
Griffiths, por su parte, revela no solo la fuerza y el tino de su personaje por
la siquiatría sino las debilidades y las angustias que lo asedian. Los dos actores, quienes
trabajaban anteriormente en Londres y en las cinco películas Potter, muestran
una simbiosis artística casi de padre e hijo que requieren sus papeles. El
aristocrático Lorenzo Pisoni sobresale en el papel del caballero en la playa
que le da al joven su primera introducción al bello animal. Pisoni también
representa a Nugget, el caballo dios de Strang; su interpretación es creíble y
conmovedora. Kate Mulgrew es capaz pero algo distante como Heather Saloman, la
colega de Dysart quien sabe que Dysart es el único que pueda ayudar al joven.
Anna Camp es inocente y seductora en el papel de la joven quien trata, en vano,
de ganar las atenciones de Strang.
El encargado de movimiento,
Fin Walker, diseña los pasos para los actores que representan a los caballos,
Collin Baja, Tyrone A. Jackson, Spencer Liff, Adesola Osakalumi y Marc
Spaulding de una manera semejante a la de un coreógrafo con su cuerpo de baile.
Sus amaneramientos son elegantes, garbosos y sencillamente ecuestres. El
diseñador de la producción, John Napier, ha ideado un paisaje místico en el
cual cabalgan los seres casi humanos que son los caballos; con grandes cabezas
estilizadas y cascos que les dan una estatura sobrehumana, se puede imaginar el
mundo surrealista en el cual Strang vivía. El humo que frecuentemente llena el
escenario, la iluminación de David Hersey y el sonido de Gregory Clarke añaden
al ambiente espiritual de una producción que ofrece mucho que admirar, celebrar
y recordar.
“Equus” en cartelera hasta el ocho de febrero en el
Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York.
Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y
sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $61.50 a $116.50, disponibles
al 212.239.6200, 800.432.7250 o al Telecharge.com.
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“A Tale of Two Cities” en Broadway
Voces espléndidas, melodías
melifluas
Basada en la novela histórica de Charles
Dickens, la obra musical “Historia de dos ciudades”
ha llegado por fin a Broadway después de una exitosa temporada en la Florida
donde las localidades fueron agotadas en cada función. Por las complicaciones y
los enredos vividos en las tres partes del libro de Dickens, el libro de Jill
Santoriello, quien también escribió la música y la letra, salta de las dos
ciudades en cuestión (París y Londres en la época de la Revolución Francesa),
reduce intrigas secundarias y omite detalles...pero después de la larga
exposición al principio de la obra, los personajes y los eventos de “A
Tale of Two Cities,” juntos con las espléndidas
voces del elenco y las melifluas melodías de la partitura envuelven al espectador en la
magnificencia del relato.
El injusto
encarcelamiento del Dr. Alexandre Manette (Gregg Edelman) en la Bastilla por
haber presenciado unas atrocidades cometidas por el Marqués de Evremonde (Les
Minski) pone en marcha la acción de “Historia de dos Ciudades.”
La hija de aquél, Lucie Manette (Brandi Burkhardt), se enamora a
primera vista del joven Charles Darnay (Aaron Lazar), un noble quien ayudó al
doctor y a su familia a volver a Inglaterra. Al llegar a Inglaterra, Darnay,
quien en realidad es sobrino de Evremonde, es encarcelado gracias al engaño
planeado por su tío y ejecutado por sus nefastos ayudantes. El abogado Sydney Carton
(James Babour) lo libera y él también cae bajo el encanto de la Señorita
Manette. Mientras en París, la Revolución por los proletarios surge y un grupo
de revolucionarios, encabezados por la Madama Defarge (Natalie Toro) y su
esposo Ernest (Kevin Earley) lucharán hasta que no quede vivo ningún
aristócrata francés. Cuando su hijo muere en una de las batallas, los Defarge
juran mandar no solo a Charles Darnay a la guillotina sino también a Lucie y a
su hija aunque Darnay había renunciado a su título y su herencia años antes. Al
fin del drama, Sydney Carton decidirá el destino de la mujer a quien ama, a su
esposo y a su bella hija.
Aunque se trata de
otra revolución francesa, “A Tale of Two Cities” existe
independientemente de “Los
Miserables,” una obra con
la cual indubitablemente va a ser comparada, pero la riqueza de los personajes
de la memorable novela de Dickens, aún en una versión truncada, presentada en
vivo por unos maravillosos actores cuyas voces se elevan a las alturas, es
absolutamente impresionante. Las melodías escritas por Santoriello les da a los
cantantes la oportunidad de lucir sus fuerzas vocales y los principales...el
Sr. Edelman, la Señorita Burkhardt, la Señorita Toro, el Señor Lazar y sobre
todo el Sr. Barbour (cuyo rico barítono es espléndido)...son impresionantes.
La dirección es de
Warren Carlyle.
El equipo técnico
alardea escenografía de Tony Walton, vestuario de David Zinn, iluminación de
Richard Pilbrow sonido de Carl Casella y Dominick Sack. El Sr. Walton ha optado
por una serie de plataformas y andamios que sirven eficazmente las demandas del
libro pero que no ofrecen nada extraordinario que ver ni recordar, pero él y
los otros diseñadores sí captan la urgencia y la esfera de acción del drama
musical.
“A Tale of Two
Cities” en
cartelera en el Al Hirschfeld Theatre, 302 de la calle cuarenta y cinco oeste,
Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos, $59 a $120,
disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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Sempiternamente fresca y enteramente
romántica
“South Pacific” vuelve por fin a Broadway
La presente producción de “South Pacific,”
actualmente en cartelera en el Vivian Beaumont Theater de Lincoln
Center, es una verdadera maravilla. La primera repostura de la musical de
Rodgers y Hammerstein, que no se ha presentado en Broadway desde que estrenó en
el Majestic Theatre en 1949 y permaneció en cartelera por cinco años
ganando nueve premios Tony. La lujosa
producción, con la suntuosa y conocida partitura de Richard Rodgers (música) y
Oscar Hammerstein II (letra) orquestada por Robert Russell Bennett, una
suntuosa escenografía de Michael Yeargan, antojadizo vestuario de Catherine
Zuber, sublime iluminación de Donald Holder, el mejor sonido posible de Scott
Lehrer, la mañosa dirección de Bartlett Sher, y, sin ninguna exageración, uno
de los mejores elencos reunidos en tiempos recientes, “South Pacific” es
un sueño hecho realidad.
Sr. Hammerstein II y
Joshua Logan, los autores del libro, ubican su musical en una isla tropical del
Pacífico del Sur durante los días finales de la Segunda Guerra Mundial. En el
ambiente cálido y tropical, la enfermera Nellie Forbush (Kelli O’Hara),
una joven ingenua de Little Rock, se enamora alocadamente de Emile de Becque
(Paolo Szot), dueño francés de una de las plantaciones de la isla. Mientras la
guerra sigue en el fondo con la llegada de más y más tropas japonesas, el amor
entre los dos intensifica. Además de la historia de Forbush y de Becque, hay la
del lugarteniente Joseph Cable (Matthew Morrison) quien se enamora de Liat (Li
Jun Li), la hija de la vendedora
polinesia Bloody Mary (Loretta Ables Sayre) quien quiere casar a su hija con el
joven y guapo Cable para que Liat no
tenga que casarse con uno de los viejos cultivadores que pueblan la isla.
Mientras tanto, el taimado soldado Luther Billis (Danny Burstein) trata de
hacerse rico y conocer las isleñas que viven en el prohibido paraíso de Bali
Ha’i.
Cuando Nellie aprende
que de Becque estuvo casado anteriormente con una polinesia y que tiene dos
hijos chiquitos (Laurissa Romain y Skipp Sudduth) que viven con él, los
prejuicios de la mujer adocenada la prohíben que ella acepte la oferta de
matrimonio que el hombre a quien ama le había hecho. Además, Cable no puede
pensar en casarse con una polinesia por la misma razón, un pensamiento
expresado perfectamente en una de las melodías You’ve Got to Be Carefully Taught” que el lugarteniente
entona plañideramente. Al aceptar un proyecto importante por la marina
americana, los dos hombres no sólo arriesgan su propia vida sino las esperanzas
y el futuro de las dos mujeres.
La majestuosa
partitura de canciones conocidas hace mucho para promover los argumentos del
libro. “Dites Moi” entonada
primero por los niños y después por Nellie, expresa el amor que le tiene a las
criaturas y los esfuerzos de la mujer para aprender francés. En“A Cockeyed Optimist,” Nellie enuncia la inocencia de
su propia personalidad. La magnífica “Some
Enchanted Evening” cantada con fuerza y cariño por Szot, es el antema
de lo que siente de Becque para la enfermera. Hay momentos cómicos tales como “I’m Gonna Wash That Man Right
Outa My Hair” “I’m Gonna Wash That Man Right Outa My Hair,”en la cual Nellie trata de
olvidarse de de Becque, “There Is
Nothin” Like A Dame” vocalizada por el elenco masculino que es
un homenaje cómico a la mujer, la extraordinaria “Honey Bun” cantada por Nellie y Billis en una
presentación para celebrar el Día de Acción de Gracias, que casi para el
espectáculo y “Bloody Mary” que
celebra la astuta mujer. Melodías románticas abundan: “A Wonderful Guy” modulada por Nellie, “Younger than Springtime” armonizada
por Cable acerca de la joven y bella Liat y “This
Nearly Was Mine.”
La actuación de todos
los miembros del elenco desde los marineros y las isleñas se acerca a la
perfección y los principales son absolutamente estupendos. La Señorita
O’Hara canta y actúa como un ángel y el Sr. Szot, un cantante de ópera
del Brasil, es igualmente pasmoso. Desde el primer momento que están juntos en
la escena, se da cuenta del amor que comparten. Matthew Morrison, muy galán y
señoril, es creíble en el papel de Cable, Sayre es divertida como Bloody Mary y
Danny Burstein es comiquísima en el papel de Billis, sobre todo con los dos
cocos que usa cuando interpreta un número de la partitura. La puesta en escena
musical es de Christopher Gattelli quien sobresale en los números más
movidos.
Una estupenda “South
Pacific” en cartelera en el Teatro Vivian Beaumont, 150 de la
calle sesenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes las siete; miércoles
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres.
Boletos: $75 a $125, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“In the Heights” triunfa de nuevo en Broadway
La musical “En las alturas” es aún más sublime
La musical “In the Heights,”
un éxito cuando estrenó Off Broadway en el 37 Arts de Nueva York,
estrenó recientemente en Broadway en el Richard Rodgers Theatre con más música
y más movimiento y aún más éxito. La obra no para... y “sigue sigue” dando nueva esperanza al teatro musical contemporáneo;
la obra, con música y letra de Lin-Manuel Miranda y libro de Quiara Alegría
Hudes, es una delicia desde el mero principio, cuando los miembros del elenco
de capaces actores cantan la gloriosa balada “In the Heights”
, una verdadera antífona al barrio de Washington Heights donde viven y
conviven, hasta el gran final cuando los mismos personajes, después de su viaje
épico al alma de su barrio, cantan la memorable “Final” en la
cual los personajes consientan que nunca podrán abandonar su hogar.
Los personajes de “In
the Heights” son creíbles y simpáticos, sus valores son los de la
gente que representan, los habitantes diligentes de un barrio pobre pero
honrado donde se mantienen los ideales de amistad, fe y familia. El que guía al
espectador por el panorama musical es el dueño de una bodega, nombrado Usnavi (el Sr. Miranda) un joven quien
recibió su nombre cuando su padre vio pasar una nave con el escrito US Navy. Hijo de dominicanos, Usnavi y
su su primo Sonny (Robin De Jesús) han sido criados por la Abuela Claudia (Olga
Merediz), abuela de todos los jóvenes del barrio. Usavi, quien parece
representar los ideales de su vecindad, es el espíritu del barrio,
ofreciéndoles a los concurrentes de su bodega un buen café con leche y un
saludo cordial cada mañana; el joven, sin embargo, es demasiado tímido para
poder expresar lo que siente para la estilista Vanessa (Karen Olivo) quien
trabaja en el salón de la vivaz Daniela (Andrea Burns) y quien desea salir del
barrio. La intriga secundaria tiene que ver con una pareja madura, Kevin y
Camila (Carlos Gomez y Priscilla López), dueños de un servicio de chóferes,
quienes tienen que decidir si deben vender su negocio para que su hija Nina
(Mandy Gonzalez) siga sus estudios en Stamford. La hija vuelve con la intención
de quedarse en el barrio, pero cuando se
enamora de Benny (Christopher Jackson), parece que la decisión quedará firme.
La escritora Hudes ha escrito bastantes curvas en la acción para que la vida “In
the Heights” no parezca tan idílica.
La música corre la
gama de hip-hop y rap a melodiosas baladas con marcado
acento hispano. Para la producción en Broadway, los compositores han escrito
cuatro canciones nuevas que mantienen el espíritu de la partitura original. A
diferencia de otras obras supuestamente presentadas en español, los que idearon
los diálogos y la excelente letra sí dominan su lengua. Y qué alegría ver una
obra acerca de latinos en la cual algunas de las canciones son cantadas en un
buen español. Entre las mejores melodías son la arriba mencionada “In the Heights” interpretada
por Usnavi y todo el elenco, la bella Respira
entonada por Nina en una versión bilingüe, Inútil, vocalizado por el Sr. Herrera, “Paciencia y Fe” cantada por la Abuela y compañía, y la
memorable “Alabanza”
interpretada por el Sr Miranda, la Señorita Gonzalez y toda la compañía, pero
basta decir que cada momento musical de la partitura es un verdadero placer
presenciar.
Con dirección de
primera de Thomas Kail, la mejor coreografía de Nueva York, labor del talentoso
Andy Blankenbuehler que parece aún más vivaz y memorable en las tablas del
Richard Rodgers y el fino trabajo de un experto equipo técnico (impresionante
escenografía de Anna Louizos que recrea una calle del barrio y el Puente de George
Washington en la distancia, iluminación de Jason Lyons, vestuario de Paul
Tazwell y sonido de Acme Sound Partners) que recrea el barrio y su ambiente, “In
the Heights” sube a las alturas.
“In the Heights” en cartelera en el Richard Rodgers Theatre,
226 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado,
a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las ocho. Boletos: $41.50
a $111.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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“La Sirenita”...una delicia del mar en la tierra
Disney’s “The Little Mermaid” debuta en Nueva York
Sin ni una sola gota de agua, “The
Little Mermaid” está navegando las aguas de Broadway en el Teatro
Lunt-Fontanne. La centelleante obra, basada en la película de Disney de 1989 y
el cuento de hadas de Hans Christian Anderson, logra recrear en vivo la magia y
el encanto de la bien amada leyenda y de la película de dibujos animados. La
partitura, que incluye canciones clásicas de Alan Menken y su colaborador
Howard Ashman, alardea diez canciones nuevas de Menken y del letrista Glen
Slater que conservan el espíritu y la gracia de las melodías originales. El
libro de Doug Wright adapta la película animada fielmente para el teatro y el
premiado Sr. Wright también ha desarrollado algunos episodios de la leyenda
bella e imaginativamente.
En la leyenda, la
sirenita Ariel (Sierra Boggess), la menor de las hijas del Rey Tritón (Norm
Lewis), desea conocer el mundo de los humanos aunque su padre se lo prohíba.
Cuando un barco se le acerca, la curiosa Ariel, quien colecciona objetos
humanos que Scuttle el gaviota (Eddie Korbick) le regala, siempre acude con su
amigo Flounder ( Trevor Braun o Brian D’Addario) para ver cómo son los de
arriba. Un día, ella presencia un naufragio y rescata al bello príncipe Eric
(Sean Palmer); éste, escuchando la voz celestial de Ariel, se enamora de la voz
de la criatura y jura encontrar a la persona cuya voz lo ha encantado de esta
manera. Ariel, por su parte, se enamora de inmediato del príncipe y, en un acto
de desesperación, sin que su padre ni su cangrejo protector Sebastián (Tituss
Burgess) lo sepa, acepta las condiciones del hechizo de su Tía, la pulpo Úrsula, (la maravillosa Sherie René Scott), y
sacrifica su voz para cambiar su cola y sus aletas por piernas. Si la preciosa
Ariel no logra recibir un beso del príncipe dentro de tres días, ella será
esclava de la bruja del mar y sus dos escuderos, los gimnotos Flotsam (Tyler
Maynard) y Jetsam (Derrick Baskin) para siempre. Así, ella tiene que ganarle
los favores y el beso del príncipe sin que él escuche su voz.
La extraordinaria
partitura junta canciones conocidas... la melodiosa “Part of Your World” entonada por Ariel, el movido
ritmo caribeño “Under the
Sea” vocalizado por Sebastián y las criaturas del mar, la plañideramente
sarcástica “Poor Unfortunate Souls” ejecutada
poderosamente por Sherie René Scott en el papel de Úrsula, y la tierna “Kiss the Girl” cantada por
Sebastián y los animales... con melodías originales como la antífona
característica del estilo Disney “Positoovity”
chistosamente cantada y bailada por Scuttle y las gaviotas, la cómica “Les Poissons” entonada por
el abundante Chef Louis (John Treacy Egan) con brío y la amenazadora “Sweet Child” deliciosamente
vocalizada con energía eléctrica por Flotsam y Jetsam. La mejor de las nuevas
melodías es indubitablemente “I
Want the Good Times Back,” un
himno al estilo de lo mejor de Broadway, que la Señorita Scott manda al
gallinero del teatro; con su vestido de ocho tentáculos, ella se parece a una
Sophie Tucker para el mundo acuático.
Gran parte del éxito
y de la fantasía se debe a la visión de la directora Francesca Zambello que ha
ideado un mundo repleto de ilusión y imaginación para
la producción. Dirigida en gran escala por la Señorita Zambello, los diseñadores
han fabricado todo un mundo acuático e iridiscente en el cual los peces, de
colores brillantes y formas diferentes, parecen flotar en el agua. El diseñador
de escenografía George Tsypin ha creado grandes columnas coralinas, anémonas
flotantes y burbujas de todos los colores del arco iris (proyección y video por
Sven Ortel). El extravagante vestuario de Tatiana Noginova emplea los mismos
colores en los caprichosos vestidos que transforman los actores en criaturas de
las profundidades. Iluminación de Natasha Katz y sonido de John Shivers
colaboran a crear el ambiente de este mundo de fantasía para el teatro.
Los actores cumplen
con las demandas de sus papeles y la Señorita Boggess y el Señor Palmer son los
quintaesenciales amantes estilo Disney. Sólo la Señorita Scott, el Sr. Korbich
y el Señor Burgess logran brillar más allá de sus respectivos papeles
marítimos. El Sr. Lewis es fuerte como el Rey Tritón.
“The Little Mermaid”
en cartelera en el
Lunt-Fontanne Theatre, 205 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva York.
Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo,
a las tres. Boletos: $51.50-$121.50, disponibles al 212.307.4747, al
866.870.2717 al al www.ticketmaster.com
o al www.DisneyOnBroadway.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“The 39 Steps” ahora
en el Helen Hayes Theatre
“Los 39 pasos” llevan a la risa
Cuatro actores cómicos, un libro
resplandeciente, repleto de chistes y alusiones cinematográficas, toda la
intriga de una película de Alfred Hitchcock, y la dirección afinada de Maria
Aiken... todo esto y mucho más es lo que ofrece “The 39 Steps,”
la jubilosa comedia actualmente en cartelera en el Cort Theatre de
Nueva York. El libro, briosamente adaptado por Patrick Barlow basado en un
concepto original de Simon Corble y Nobby Dimond del libro de John Buchan,
guiña un ojo siquiera cariñoso a la película epónima dirigida por el genio del
suspenso, Alfred Hitchcock. Ganadora del premio Olivier el año pasado por mejor
comedia, la obra “Los 39 pasos” llega a Broadway con la
fanfarronería de que “Hitchcock
meets Hilarante” lo cual es cierto, muy cierto.
Ciñendo la obra con
un prólogo y epílogo, el refundidor Peter Barlow nos ubica rotundamente en una
historia tirada directamente del cine
negro, en la cual el flemático Richard Hannay (Charles Edwards), sentado en
una butaca del teatro, (que, según él, es un lugar en el cual no hay que pensar
mucho) oye unos tiros. Al conocer a la bella pero elusiva Annabella Schmidt
(Jennifer Ferrin) en el teatro, él, de mala gana, la invita a su apartamento
adonde ella ha ido a buscar refugio; es aquí donde confiesa que es una espía
que dos hombres misteriosos están amenazando. Cuando él la encuentra muerta la
mañana siguiente, por fin cree lo que le había dicho y sabe que tiene que huir
porque las autoridades van a creer que él mismo es el asesino. Parte para
Escocia para descifrar las claves que Anabella le había dejado; su búsqueda lo
lleva por varios lugares: un tren, la campiña escocesa, una casa de labranza
donde conoce a unos tipos curiosos, todos interpretados briosamente por los
incomparables cómicos Arnie Burton y Cliff Saunders. Además, el impertérrito
Hannay conoce a la traidora Pamela quien lo denuncia a la policía y a la
infeliz Margaret quien lo ayuda a escaparse de ellos; las dos mujeres son
interpretadas astutamente por la Señorita Ferrin.
Los cuatro
incansables actores no dejan de asombrar a los espectadores con sus travesuras,
sus posturas, sus cambios de vestuario, en suma con todo lo que hacen para
realizar la comedia. El éxito de la obra depende mucho del ingenioso sonido de
MicPool que recrea tiros, el rugir del ferrocarril y varios chirridos y
crujidos; en realidad, el sonido de esta producción es uno de sus puntos más
fuertes. La escenografía, unos baúles y uno que otro accesorio, fue ideada por
Peter McKintosh quien también diseñó el atractivo vestuario de la época. La
iluminación de Kevin Adams lujosamente aclara a los personajes y la acción.
Hay que alabar a los
miembros del elenco por las risas y la diversión que ofrecen. Las carcajadas y
las risas producidas por los disparates, los trucos y la magia teatral que hacen
es gran parte de la diversión de “The 39 Steps.”
“The 39 Steps,” en cartelera en el Helen
Hayes Theatre, 240 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones
con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos, domingo, a las tres. Boletos: $111.50,
disponibles al 212.239.6200, al Telecharge.com o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“August: Osage County”... lo tiene todo
Obra de Tracy Letts sobresale en Broadway
“August: Osage County” es una obra extraordinaria. En esta temporada
teatral en la cual estrenarán más dramas que musicales, éste será
indubitablemente uno de los mejores, si no el mejor. Esta obra comprensiva, de
más de tres horas veinte minutos de duración, tiene mucho en común con los
grandes dramas familiares conocidos como la flor y la nata del teatro
contemporáneo americano. La entera realización, producida anteriormente en el
Steppenwolf Theatre Company de Chicago, llega a Broadway con casi el mismo
consumado elenco bajo la astuta dirección de Anna Shapiro. A diferencia de
otros dramas en cartelera hoy en día, “August: Osage County”
no depende de un elenco estelar sino en la absoluta fuerza de sus temas, su
conjunto de actores regionales y su profunda humanidad.
En la primera escena, Beverly Weston (Dennis Letts),
patriarca de la familia, está contratando a Johnna Monevata (Kimberly Guerrero)
como ama de llaves. El señor, un
alcohólico empedernido, le explica a la joven indígena que su esposa Violet
(Deanna Dunagan) está adicta a las pastillas que toma para quitarle los dolores
del cáncer de la garganta del cual sufre. El hombre confiesa que a veces ella
toma muchísimas pastillas...más de las que necesita... y ya requiere ayuda.
Aquí,
“August: Osage County” gira por una de las muchas
inesperadas rutas presentadas en el drama al desaparecer el patriarca de la
casa.
Ivy (Sally Murphy),
la solterona, es la única de las tres hijas que todavía vive en la casa paterna
en Oklahoma donde poco a poco se congregarán los familiares para ofrecerle su
consuelo y su ayuda a la madre cuando aprenden de la desaparición del padre. La
hermana mayor, Bárbara (Amy Morton), llega pero ella también tiene sus propios
problemas debido a la fragilidad de su propio matrimonio con Bill (Jeff Perry)
quien está saliendo con una joven y piensa dejar a su esposa; además, a causa
de la dificilísima situación familiar, su hija Jean (Madeleine Martin) está
tratando de olvidar sus problemas en el marihuana y en mirar la televisión
constantemente.
Mattie Fae (Rondi
Reed), hermana de Violet se presenta también acompañada de su esposo bonachón
Charlie (Francis Guinan), pero sin su hijo, apodado no muy afectuosamente
“Little” Charlie (Ian Barford), aunque es un adulto maduro. Éste,
quien no estuvo presente en el funeral de su tío, parece algo lerdo pero puede
ser que las apariencias engañan. Little Charles tarda en llegar a la casa lo
cual enfurece su madre. Han llegado también Karen (Mariann Mayberry) y su novio
Steve (Brian Kerwin), un hombre de negocios de Miami quienes piensan casarse el
primero de enero del año siguiente. Presente también está Sheriff Dion Gilbeau
(Troy West) quien viene con una triste noticia pero quien tiene su propia razón
personal para visitar la casa. La llegada de tantos parientes a la misma casa
al mismo tiempo revela heridas del pasado, conflictos y verdades que
sorprenden, chocan y emocionan.
El elenco de capaces
actores forma un verdadero conjunto, una auténtica familia, por decir y no hay
ningún eslabón débil en su cadena artística. La estupenda Deanna Dunagan encarna
la inestabilidad de una mujer afligida, endurecida por la vida que ha vivido,
una mujer mordaz pero frágil, capaz de poner el grito al cielo quien sabe más
de lo que piensan los demás. La actuación de la Señorita Dunagan merece los
elogios que la capaz actriz está recibiendo. La Señorita Morton sobresale en el
papel de Bárbara quien está dispuesta a aceptar la responsabilidad de la casa
hasta que la madre le hace una última confesión que la aleja irrevocablemente
de su madre. Será difícil borrar de
la memoria los escalofríos que sienten los espectadores cuando Bárbara (Morton)
le grita a su madre que ella está tomando control de la familia. Además, la
madurez precoz de la Señorita Martin en el papel de Jean frente a los avances
sexuales del novio de su tía, la torpeza cariñosa del Sr. Barford como Litle
Charles al llegar tarde para las funerales, la extravagancia y la amargura de
la Señorita Reed (Mattie Fae) frente a su hijo quien no es como ella quisiera;
la pasión de la Señorita Murphy al revelar que está enamorado de su primo
Charles; la compasión de la Señorita Guerrero en la última escena; los
caprichos de la Señorita Mayberry al expresar su orgullo al tener una vida
perfecta.
El Sr. Letts ha
llenado su obra de situaciones creíbles y devastadoras que ocurren una tras
otra hasta que ningún miembro de la familia quede libre de culpa. Todos tienen
algo escondido que les dé vergüenza o que les cause pena a los demás: historias
de infidelidad, celos, pedofilia, incesto, injusticias, mentiras... todo sale a
la superficie en “Agosto: Condado Osage.”
“August: Osage
County” de Tracy
Letts, en cartelera en el Music BoxTheatre, 239 de la calle cuarenta y cinco
oeste, New York. Funciones: martes, a las siete y media; miércoles, a las dos y
las siete y media; jueves y viernes, a las siete y media; sábado, a las dos y
las siete y media; domingo, a las tres. Comenzando el 5 de enero, martes, a las
siete. Boletos: $76.50 a $116.00, disponibles al 212.239.6200 o al
Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“Mary Poppins”... espectacular, entretenida y muy especial
...pero carece, tal vez, de una cucharada más de azúcar
En su más reciente tentativa para conquistar a
Broadway, Disney ha juntado sus fuerzas y su magia con las del
destacado productor Cameron Mackintosh en la realización, en Broadway, de la
clásica película “Mary Poppins.” La obra de teatro tiene todo
lo que un espectador espera de una producción con antecedentes de tan alta
calidad... efectos especiales verdaderamente espectaculares, una briosa
coreografía ejecutada por un experto cuerpo de baile, una partitura deliciosa que
incluye conocidas melodías de la película, escritas por Richard M. Sherman y
Robert B. Sherman, nuevas composiciones de George Stiles y Anthony Drewe, y, en
su centro, la cuidaniños más famosa del mundo, la que toma vuelo, les arregla
la vida a los que la necesitan, y, cuando ya no la necesitan, desaparece en las
alturas en busca de otras personas que ayudar.
Una de las nuevas
canciones usa la frase “practically perfect” (prácticamente
perfecta) para describir a Mary Poppins; la frase también describe la musical,
porque, a pesar de sus puntos fuertes (que son muy fuertes), le falta algo a “Mary
Poppins”... tal vez esa milagrosa cucharada de azúcar cuyas
glorias son alabadas por Mary (Ashley Brown) en una de las canciones. En el
primer acto, especialmente, los varios elementos, por sublimes que sean, nunca
parecen acopiarse en una obra particular... las escenas, una más rimbombante
que la otra, parecen separadas, liadas por las aventuras de la niñera Poppins y
sus esfuerzos para mejorar el comportamiento de los niños de los Señores Banks
(Daniel Jenkins y Rebecca Luker). El tono radiante de las jubilosas melodías “Chim Chim Cher-ee,” “Jolly Holiday,” “A Spoonful of Sugar,” y “Supercalifragilisticexpialidocious” se contrasta con
el acento serio de otras melodías del acto, la más plañidera “A Man Has Dreams” la
amenazadora “Temper, Temper y
la nostálgica “Feed The
Birds”para mencionar algunas. Los diálogos toman un segundo lugar a
la música en echar fuego a la leña dramática en este acto.
El segundo acto, más
cohesivo que el primero, resuelve los problemas de la familia Banks de una
manera que sólo Mary Poppins podría efectuar. El acto presenta la melodía más
grandilocuente de todas, cuando Mary y Bert (Gavin Lee), juntos con toda la
compañía, cantan y bailan la vivaz “Step
in Time” que indudablemente para el espectáculo en cada función. Entonces, cuando Mary ve que ya no tiene
problemas que solucionar, ella agarra su paraguas, y, en el momento más mágico
de la producción, alza el vuelo hasta las alturas del teatro lo cual deleita
grandemente a los espectadores grandes y pequeños.
La Señorita Brown es
capaz en el papel de Mary Poppins pero el verdadero astro de la producción es
el Sr. Lee quien aquí recrea el papel que originó en la producción londinense.
En realidad el Sr. Lee le eclipsa la gloria a la Señorita Brown cuya Mary es
demasiado mecánica, con la sonrisa demasiado segura de sí y tal vez más
sarcástica que dulce. Lee, al contrario, es una revelación; esbelto y ágil, su
Bert siempre está en el centro de toda la atención.
No obstante, la
musical “Mary Poppins” seguramente será un exitazo en
Broadway, no sólo por los muchos aficionados de la película que quisieran ver
la obra musical en vivo en el teatro legítimo, sino por la magia que presenta:
las imágenes de los techos frente a un cielo estrellado (pintoresca
escenografía de Bob Crowley e iluminación de Howard Harrison), cometas que
flotan en el aire, los pájaros de la pajarera que vuelan, la carpeta de Mary de
donde ella saca una gran cantidad de objetos, los deshollinadores que bailan en
las siluetas de los techos de Londres y el Sr. Lee, recordando el trabajo de
Gene Kelly o Ray Bolger, quien baila de arriba abajo en lo alto del proscenio.
Sin duda alguna, a
pesar de que sea sólo una obra que es “prácticamente perfecta” no
quisieran perder a “Mary Poppins” en Broadway. “Mary Poppins” en
cartelera en el New Ámsterdam Theatre de Broadway, Broadway esquina con la
calle cuarenta y dos, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $20 a $110,
disponibles al 212.307.4100, al 212.307.4747 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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Los “Chicos de Jersey”…todo un exitazo en Nueva York
“Jersey Boys” conquista Broadway y el mundo del teatro
La más reciente de las musicales de s
La obra, con libro de
Marshall Brickman y Rick Elice, música de Bob Gaudio y letra de Bob Crewe es
merecedora de los elogios de los críticos y del público también, porque, a
diferencia de las otras obras del mismo género, que incluyen la exitosa Mamma Mía, la tibia All Shook Up y la desastrosa Good
Vibrations, “Jersey Boys” alardea un libro muy sólido, cuyos personajes
principales, los integrantes del conjunto, son personas de carne y hueso,
cuatro muchachos como tantos otros, adolescentes en New Jersey en los años
sesenta, que ganan la simpatía y el interés de los espectadores en el curso de
la obra. Lo más importante es que los chicos son muy humanos, y es esta
humanidad que lo que diferencia “Jersey Boys” de las
demás obras que dependen de cierto artificio teatral para emplear las canciones
de tal artista o de tal conjunto.
Por las canciones,
estilo rock and roll de “Jersey
Boys” la obra narra radiantemente la subida a la fama de cuatro
muchachos comunes y corrientes, si no fuera por su estilo vocal muy original.
La obra traspasa las cuatro estaciones de la vida profesional del conjunto, sus
muchas encarnaciones…y nombres… entre ellos, Los cuatro amantes, Los
adolescentes reales, Los Topix,
y, después de la llegada de Valli, The
Four Seasons; es con este nombre que llegaron a ser uno de los grupos más
populares antes de la invasión de los Beatles.
La obra sigue más o menos cronológicamente la carrera de los chicos, desde sus
principios como cantantes de fondo a la época cuando los miembros se separaron
del grupo, y Frankie Valli se estableció como cantante sólo. Uno por uno, los
cuatro integrantes Tommy, Frankie, Nick y Bob narran una estación o etapa en su carrera, añadiendo, enmiendo o corrigiendo
detalles, hablando a veces entre sí, a veces, en unos apartes dirigidos a los
espectadores. El libro no lo pinta todo del color de rosa e incluye algunos
problemas familiares de Valli, la muerte de su hija y el momento cuando su
mujer lo dejó, por ejemplo; se habla también de los problemas con la policía,
con la mafia, y de las drogas, las mujeres, los fracasos.
John Lloyd Young es
toda una revelación como Frankie Valli con una presencia teatral muy natural;
es difícil creer que este papel marca su debut en Broadway. El Sr. Young y sus
expertos camaradas Christian Hoff como el problemático y endurecido Tommy De
Vito, Daniel Reichard como el talentoso compositor Bob Gaudio y J. Robert
Spencer como el sincero Nick Massi. Son tan creíbles que no se puede distinguir
los aplausos que los actores reciben por su interpretación de la ovación que
dan los espectadores al reconocer una melodía del conjunto musical.
La partitura ostenta
las canciones del amplio repertorio de los cuatro desde las canciones que
tuvieron un éxito limitado hasta los exitazos a nivel internacional. Las
melodías siguen siendo populares hasta el día de hoy, no sólo en los Estados
Unidos sino en las capitales como París donde, en los primeros años del nuevo
milenio, su canción Oh What A Night
subió en popularidad al número uno en su versión en francés “Ces soirées-La.
La sencilla pero
eficaz escenografía de Klara Zieglerova… unas bardas metálicas y
plataformas utilitarias de diferentes niveles… y las
proyecciones…unas caricaturas pintorescas e estilizadas… de Michael
Clark delinean la época de oro del rock
‘n roll en los Estados Unidos. El vestuario atractivo de Jess
Goldstein es un sueño hecho realidad para los amantes de la ropa de los sesenta
y los setenta. La iluminación de Howell Binkley y el sonido de Steve Canyon
Kennedy enfocan la atención en los chicos y en su particular sonido. La
dirección apasionada de Des McAnuff es agradablemente infecciosa.
Las maravillosas
canciones de los Chicos de Jersey provocan
ovaciones extáticos; las que el público recibe más calurosamente son Sunday Kind of Love, An Angel Cried, Sherry, Big Girls Don’t Cry, Walk Like a Man, My Eyes Adored You, Dawn, Let’s Hang On, Bye Bye Baby, Let’s Hang On,
C’mon Marianne, Can’t
Take My Eyes Off You, Working My Way
Back to You, Rag Doll, Can’t Take My Eyes Off You, Working My Way Back to You, Rag Doll y Who Loves You. Si la lista parece inagotable, también lo es el
júbilo que llena la sala del August Wilson Theatre durante cada función.
“Jersey Boys” es mucho más que una obra musical; es todo un
fenómeno que hay que ver… y escuchar… para creer. “Jersey
Boys,” en cartelera en el August Wilson Theatre, 245 de la
calle cincuenta y dos oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Boletos: $62 a $127.00; precio especial para estudiantes con credencial,
$25.00 el día de la función. Para más
*photo credit: Joan Marcus
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“Wicked” es una delicia mágica y
maravillosa
No hay nada “Malvado” en
“Malvada”
Al igual que las historias del Mago de Oz
escritas por Frank Baum que agradan tanto a los pequeños que a los grandes, la
nueva obra musical WICKED tiene el mismo efecto hipnotizador en
carne y hueso que en la página impresa. WICKED, con música y letra
de Stephen Schwartz y libro de Winnie Holzman, basado en el libro de Gregory
McGuire que narra las aventuras de dos brujas en el reino de Oz mucho antes de
la llegada de la muchacha llamada Dorothy, es capaz de ser el Rey León del año
2004 con su fastuosa escenografía y singular vestuario, por la imaginación del
director Joe Mantello bajo cuya inspiración la producción alza el vuelo y lleva
al público muy lejos, a un mundo donde los monos tienen alas, las hadas entran
en un carruaje de burbujas, las ciudades son de esmeraldas, los malos no son
tan malos, y los buenos, pues, tampoco son tan buenos. Esta deliciosa obra, la
mejor de la presente temporada, deja que el público libere su imaginación para
acompañar a dos brujas en un fantástico viaje al mundo de Oz.
En esta narración
musical, el espectador aprende la verdadera historia de las dos brujas más
famosas de la Tierra de Oz, Glinda, la bruja buena, la de la voz de cristal y
la cara de nieve y Elpheba, la bruja mala, la de la cara de pocos amigos y la
piel color de rana. El libro de Holzman adaptado de la novela de McGuire se lo
explica todo a los espectadores de una manera sorprendente y fantástica: cómo
Elpheba perfeccionó su característica sonrisa sardónica; cómo y por qué ella
comenzó a usar su sombrero puntiagudo y cómo Glinda llegó a ser tan “popular”
a costa de su compañera. El libro también inventa un desenlace muy interesante
que satisfará a los puristas, amantes del cuento original de Baum, y a los que
nunca han leído el texto popular. La obra entretiene con todos los bien amados
y célebres personajes y una puesta en escena que deleitará a un público
sofisticado tanto como a una multitud de niños inocentes que tal vez están
presenciando su primera obra en un teatro legítimo.
WICKED, THE MUSICAL ofrece un país de maravillas repleto de
deleites para su público: una partidura vivaz y acogedora que abarca varios
estilo y que ofrece bellas baladas (Nobody Mourns the Wicked) y
canciones que se pegan (Popular), un elenco enérgico que procura agradar sin
aparente esfuerzo y un libro que despierta y mantiene el interés aunque se
trata de una historia conocida por casi todo el mundo. Hay que decir desde el
principio que WICKED requiere a dos extraordinarios talentos para
cumplir con las demandas de los papeles principales y ésta es la mayor
atracción de WICKED, la participación de las dos actrices que
protagonizan las dos brujas. Hay no sólo la extraordinaria Kristen Chenoweth
quien ilumina el escenario con su presencia de tal grado que aún si se fuera la
luz en el Teatro Gershwin de Broadway durante una función, habría suficiente
luz para terminar la función, sino también la estupenda Idina Menzel cuya
interpretación de la bruja mala se caracteriza por no sólo por el maquillaje
verde sino por la voz bella y la fuerza de convicción de la actriz.
Individualmente, cada actriz podría hacerse dueña de la obra y del inmenso
escenario del Teatro Gershwin. Chenoweth, con su comedia física y la fluida
manipulación de su voz es una verdadera diva de las grandes, una estrella cuyo
nombre habrá que recordar y cuya estrella brillará por mucho tiempo en el mundo
del espectáculo. Menzel, por su parte, es un gran talento que gana la simpatía
de los espectadores por su personaje. Tan capaces son estas dos actrices que
casi no se puede quitarles la vista a pesar de las otras maravillas que se
presentan en la obra. Completando el elenco también están Joel Grey en el papel
del Mago, Carole Shelley como la Señora Morrible y Norbert Leo Butz en el papel
del galán Fiyero.
La larga lista de
placeres vocales, visuales y bailables ceñidos en WICKED hacen
mucho para explicar su éxito con los espectadores: una entrada magnífica para
la bruja Glinda que parece que está flotando en el aire y la cómica canción
Popular vocalizada por Chenoweth en la cual ella explica cómo una muchacha fea
también puede llegar a ser popular son algunos de los momentos memorables. El
elogio más importante que se puede otorgarle a WICKED es que el
verdadero espíritu, la magia y los mensajes de la obra son envueltos en un aura
placenteramente contagiosa que acoge al público con su magia, su música y su
encanto.
WICKED, THE MUSICAL, en cartelera en el Gershwin Theatre, 222 de
la calle 51 oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a
sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres.
Boletos: $61.25 a $121.25, disponibles en la taquilla del Gershwin, al (212)
307-4100 o al (800) 755-4000.
*photo credit: Joan Marcus
Ojalá que yo viviera en “AVENUE
Q” (Avenida Q)
Obra de títeres no se parece a la
“Plaza Sésamo”
Ojalá que yo viviera en AVENUE Q
(Avenida Q), con sus graciosos residentes, su alegría de vivir y el
cariño que ellos demuestran los unos por
los otros... pero esta calle existe sólo para los privilegiados personajes
que habitan la escena del Teatro Golden
durante una función y para los dichosos espectadores que los visita. Esta AVENUE
Q es una obra teatral deleitosa, un espectáculo de títeres para adultos
algo escabroso, pero absolutamente encantador, entretenido y muy al día que
describe las esperanzas y las aspiraciones de un grupo de jóvenes que han ido a
New York en busca de su identidad, su fortuna y su razón de ser y que todos se
encuentran en la Avenida Q.
El elenco es una
interesante unión de actores verdaderos y actores de peluche manipulados por
los mismísimos humanos. A diferencia de otros espectáculos de este género, AVENUE
Q teje su encanto para los adultos mientras los personajes Rod, Brian,
Kate Monster, Christmas Eve, Trekkie Monster y Gary Coleman se enfrentan con el
racismo, los problemas económicos, el internet, el matrimonio y la identidad
sexual. El espíritu del salado y sofisticado libro de Jeff Whitty se conserva
en la mañosa y armoniosa música y letra de Robert Lopez y Jeff Mark que
desarrolla los temas del dramaturgo en canciones de la talla de Si fueras gay,
Todos somos algo racista, El internet sirve para la pornografía, Ojalá que yo
pudiera regresar a la Universidad, y, Las fantasías sí se realizan. Con la
atrayente coreografía de Ken Roberson, la competente dirección de Jason Moore y
la garbosa escenografía en miniatura de Anna Louizos, la pequeña AVENUE Q
ofrece más encantos que muchas obras que ocupan una dirección mucho más costosa
en la Gran Vía Blanca.
AVENUE Q, en cartelera en el John Golden Theatre, 252
de la calle 45 oeste, Nueva York. Funciones: martes a viernes a las ocho;
sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $66.50 a
$121.50, disponibles al 212. 239.6200 o al 800.432.7250.
*photo: Carol Rosegg
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La gloriosa“¡Mamma Mia!” es una
delicia
Canciones doradas de ABBA inspiran exitosa
obra musical
Londres, Nueva York, Boston y pronto en Hamburgo
y Tokio... la fenomenal “Mamma Mia” conquista a los
espectadores adondequiera que llegue. La jubilosa obra, cuya historia está
tejida de más de veintidós briosas canciones del popular conjunto ABBA, invita
al público a olvidar sus problemas por casi tres horas de alegría, risas, y
música. El encanto perdurable de ABBA trasciende el insustancial libro
ingeniado por Catherine Johnson que, aunque sólo sirve para realzar la música
de Benny Andersson y Björn Ulvaeus, es jovial, alegre y optimista, tiene un
desenlace feliz y satisfactorio y les permite a los espectadores ponerse de pie
y bailar en los pasillos.
En Mamma Mía,
Sophie, una joven de veinte años, trata de averiguar cuál de los tres
pretendientes de su madre es su verdadero padre. Cuando ella los invita a su
boda sin que lo sepa su mamá, los tres poco a poco comienzan a entender por qué
la muchachita quiere conocerlos... en la víspera de su boda. Antes del
casamiento, los tres caballeros deciden conducirla al altar, pero el destino ya
ha preparado otra conclusión para esta deleitosa fábula musical.
La música y la letra
de las canciones dirigen la acción de Mamma Mía ingeniosa y
ligeramente. Así, la obra principia con una versión de “Estoy
Soñando” en la cual Sophie considera su plan de invitar a sus tres
papás a su boda. Dos amigas de la madre le cantan “Chiquitita”
a su amiga cuando ésta sabe quién viene a la boda. Un pretendiente, tomando en
las manos la guitarra que tenía en su juventud, canta “Gracias por la
música.” Otro canta la nostálgica “Nuestro Último
Verano.” “La Reina
del Baile,” “Conociéndome, Conociéndote,” y “Money,
Money, Money,” entre otros éxitos, salpimientan la historia de amor;
lo más notable es que la letra se adapta perfectamente al hilo de los eventos.
Al caer el telón, el público entero pide “Dame, dame, dame”
más música y los miembros del elenco consienten, regalándoles otro popurrí de
canciones a los espectadores, ocasionando otra ovación merecida.
Los que creen que la
música es el único encanto de esta fabulosa producción deben considerar también
el ingenioso diseño de Mark Thompson, la espectacular iluminación de Howard
Harrison, notable sonido de Andrew Bruce y Bobby Aitken y la animosa dirección
de Phyllida Lloyd, sin mencionar los talentos de iun elenco de primera. No
pierdan la impresionante Mamma Mía en Nueva York en el Winter
Garden Theatre, 1634 Broadway. Funciones: lunes a sábado, a las ocho; miércoles
y sábado, a las dos. Boletos: $62.75 a $121.50, disponibles al 212.239.6200 o
al 800.432.7250.
*photo credit: Joan
Marcus
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