Lane y Irwin esperan a GODOT

“Waiting for Godot” llega a Studio 54

 

 

 

El drama existencialista “Esperando a Godot” llegó recientemente al Studio 54 de Nueva York en una nueva producción con Nathan Lane en el papel de Estragon y Bill Irwin como Vladimir. Los que conocen la famosa obra de Samuel Beckett ya saben que el que esperan, ese Godot, nunca llega durante la obra lo cual no les importa ni a los dos que esperan ni a los espectadores que, en la ausencia de Godot, gozan de una producción llena de emoción y asombro aunque de veras no pasa nada en la obra.  Otras versiones de “Waiting for Godot” a veces frustran, otras veces erran el tiro pero raras veces entretienen; la presente versión, dirigida animosa y espiritosamente por Anthony Page, es absolutamente deliciosa, debido en gran parte a las interpretaciones de Lane y Irwin. 

 

La historia alegórica tiene lugar en un paisaje infructuoso, junto a un camino ceñido de piedras peñascosas donde sólo hay un árbol despojado de hojas. Es aquí donde Estragon, también llamado Gogo y Vladimir, apodado Didi, esperan a Godot, un ser que nunca llega; no se sabe, sin embargo, si de veras tienen cita con Godot y por qué quieren verlo tanto. Mientras esperan, llega un terrateniente llamado Pozzo (John Goodman) quien lleva a su esclavo Lucky (John Glover) atado por una cuerda y quien lo critica y lo maltrata mientras camina. Pozzo se sienta a comer pollo, una comida que no quiere compartir con los que esperan; después de comer, sólo les echa los pocos huesos que quedan. Al fin del primer acto, llega un muchachito quien anuncia que Godot no llegará hoy, sino mañana; también les informa que Godot pega frecuentemente a su hermano. No cambia mucho en el segundo acto. Han crecido unas hojas en el solitario árbol. Didi y Gogo repiten sus conversaciones, se preguntan por qué están esperando y siguen esperando, aparentemente en vano. Llegan Pozzo y Lucky de nuevo, pero Pozzo inexplicablemente se ha vuelto ciego y Lucky, mudo. Llega el muchachito de nuevo, pero no se sabe si es el mismo muchacho u otro. Esta vez el chico les dice que Godot sencillamente no vendrá.

 

Beckett, siendo partidario del existencialismo, usa a sus personajes como símbolos del ser humano quien vive su vida diaria inútilmente. Su vida, o, mejor dicho, la vida que viven, no tiene significado alguno lo cual se ve muy claramente en esta producción gracias a la clara visión del director. El Sr. Page también les da a sus dos actores, Lane y Irwin, rienda suelta para interpretar a sus personajes libremente, usando toda la destreza cómica que tienen a su alcance para enriquecer su interpretación; por eso, abundan las situaciones risibles, sobre todo en el segundo acto cuando los dos actores muestran su pericia para la comedia física. Goodman y Glover también exhiben gran talento para la comedia en sus respectivos papeles.

 

Los diseñadores Santo Loquasto (escenografía), Jane Greenwood (vestuario) y Peter Kaczorowski (iluminación) han creado un ambiente perfecto para el universo en el cual habitan los seres creados por el dramaturgo.

 

“Waiting for Godot” en cartelera en el Studio 54, 254 de la calle cincuenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones hasta el cinco de julio con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Boletos: $36.50 a $116.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la taquilla del Studio 54.     

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

Jubilosa “9 to 5” ofrece horas de diversión

La frivolidad de la película en las tablas de NY

 

 

“9 to 5” ha llegado a Broadway... y la obra, basada en la película de 20th Century Fox, es una delicia. Con libro de Patricia Resnick, música y letra de Dolly Parton y la interpretación de las tres actrices Allison Janney, Stephanie J. Bock y Megan Hilty (en el papel que interpretó la Señorita Parton en la película) será un placer ver esta “9 to 5” en cualquier hora del día o de la noche.

El libro de Resnick sigue con relativa exactitud el guión de la película al narrar la historia de tres empleadas de una compañía (las Señoritas Janney, Bock y Hilty) quienes, hartas de ser tratadas como niñas tontas por su patrón Franklin Hart Jr. (Marc Kudish), se vengan de él por secuestrarlo y encerrarlo como rehén en su propia casa sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Es 1979 y las mujeres no tenían los mismos derechos en el trabajo que los hombres; así Violet Newstead (Janney) nunca recibe una promoción; Doralee (Hilty) es víctima del acosamiento sexual del patrón (Kudish) y la nueva secretaria (Bock) es insultada constantemente por el jefe. Mientras él está encarcelado en su alcoba, encadenado por encima de su cama, las mujeres efectúan una serie de cambios que hacen felices a los empleados, ganan igualdad para las mujeres, aumentan los dividendos de la compañía y provocan grandes carcajadas.

Los que conocen la película seguramente reconocerán sus escenas favoritas y sólo el espectador totalmente empedernido no la encontrará absolutamente encantadora. Para decir la verdad, el libro no fue escrito por Shakespeare, querido público, pero en estos días de infortunio monetario, deudas y bancarrotas, hay que apreciar la nostalgia presentada en “9 to 5” y gozar de las muchas complacencias musicales de la obra. 

Las deleitosas melodías y letra de Dolly Parton son divertidas y baladíes, apropiadas al tema de la obra. Hay la plañidera balada estilo country “Backwards Barbie,” entonada con gusto por la Señorita Hilty, la conocida “9 to 5” que abre la obra, el divertida trío de canciones “The Dance of Death” “Cowgirl’s Revenge” y “Potion Notion” vocalizadas respectivamente por Block, Hilty y Janney, (quienes afinan también el himno al cambio llamado “Shine Like the Sun”). La melodía más poderosa es la emocionante “Get Out and Stay Out” vocalizada apasionadamente por Bock. Las demás canciones, evocadores de otras canciones del repertorio de Parton, son moduladas capazmente por los miembros del talentoso elenco. La agitada y angular coreografía de Andy Blankenbuehler está al mismo nivel de la música. 

Las Señorita Janney, Hilty y Bock son afables heroínas y el papel de cada mujer le sienta perfectamente. La escultural Janney capta la esencia de la mujer con cerebro, la voluptuosa Hilty tiene el look y los atributos físicos para el papel de la vampiresa con capacidad y Bock es estupenda como la inocente pero audaz divorciada. El Sr. Kudish es el ideal mujeriego, un hombre quien se cree galán pero quien es, en realidad, un ogro misógino. En papeles secundarios, Andy Karl se destaca en el papel de Joe, amante de Violet y Kathy Fitzgerald es comiquísima como Roz.

La escenografía de Scott Pask, vestuario de William Ivey Long, iluminación de Jules Fisher y Ken Possner y sonido de John Shivers crea un ambiente afinado para la atractiva producción. La rigurosa y energética dirección es de Joe Mantello.

La amablemente entretenida “9 to 5” en cartelera en el Marquis Theatre, 1535 Broadway, Nueva York. Funciones: lunes a sábado, a las ocho; sábado a las dos. Desde el cinco de mayo: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a $126.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212. 307.4100 o al 800.755.4000.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

Las poderosas pasiones de  “Deseo bajo los olmos”

“Desire Under the Elms” chisporrotea en Broadway

 

 

 

Las pasiones escondidas brotan de las entrañas del ser humano y salen a la superficie en la producción de “Desire Under the Elms” que estrenó recientemente en el St. James Theatre de Nueva York. Con un elenco estelar de tres grandes actores de cine y teatro, la producción se destaca más por la  calidad de la actuación que por su fidelidad a la obra de O’Neill. La presente producción, dirigida por Robert Falls quien ha tomado ciertas libertades con el texto, se presenta en un solo acto de una hora y cuarenta minutos, cambia el lugar de una granja en Nueva Inglaterra a una cantera cuyo paisaje rebosa de piedras de todos tamaños y omite una escena decisiva en la cual los vecinos se burlan del padre quien no se da cuenta de la relación ilícita entre su nueva esposa y su hijo. No está presente ni uno de los olmos simbólicos que generalmente empequeñen los personajes y acentúan el trabajo arduo de su rutina diaria. A pesar de los cambios, sin embargo, “Deseo bajo los olmos” mantiene ambiente de deseos ocultos y pasiones necesario para estimular el drama.

 

Eben Cabot (Pablo Schreiber) espera heredar el terreno que antiguamente pertenecía a su madre, pero cuando su padre, Ephraim (Brian Dennehy) vuelve de una larga ausencia con su tercera esposa, una mujer mucho más joven que él y de casi la misma edad que Eben, el codicioso Eben se da cuenta de que su herencia está en peligro. Desde el mero principio, la bella pero igualmente ambiciosa Annie (Carla Gugino) deja saber que ella, siendo la esposa legítima de Ephraim, piensa tomar posesión de la propiedad lo cual provoca el resentimiento y la ira de Eben. Tan seguro es el hijo de su herencia que ya había pagado dinero a sus dos hermanos Peter (Boris McGiver) y Simeon (Daniel Stewart Sherman) por su parte de la herencia, dinero que Eben había robado de su propio padre. Estos dos hermanos, hartos de trabajar como bestias, huyen con el dinero a California en busca de oro.

 

Ira, celos y animosidad incitan la pasión de los dos amantes cuya relación impetuosa produce un hijo, un hijo que, según Annie, lo engendró su esposo, asegurándo de esta manera, su propia herencia. Abbie, pensando que el hijo estorbará la relación entre ella y su amante, mata al niño, pero al saber que ella ha matado al niño y no a su esposo Ephraim (su propio padre), Eben se la entrega a la policía local aunque confiesa que la ama desenfrenadamente y, por eso, comparte la culpa y la responsabilidad del crimen.

 

El excelente Shrieber y la magnífica Gugino seguramente comparten cierta química sexual y sus escenas rebosan de tensión y sensualidad; los dos actores son la razón principal para ver esta reposición del clásico americano. Dennehy fanfarronea y truena en la mayoría de sus escenas y su papel llega a tener menos importancia que el de los dos principales que actúan con él. El elemento principal de la escenografía de Walt Spangler es la casa de familia, pero el levantamiento y abajamiento de la casa por una serie de cuerdas gruesas estorba la acción y quita la atención de lo que está pasando en la obra mientras los espectadores fijan su atención en la casa voladora. Además, las piedras que cuelgan de lo alto parecen fuera de lugar; lástima que no las haya reemplazado con esos olmos.

 

“Desire Under the Elms” en cartelera en el St. James Theatre, 246 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones hasta el cinco de julio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $32 a $117, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al www.Telecharge.com.      

*photo credit: Liz Lauren

 

 

“Accent on Youth”... un “acento” mal puesto

El “acento” está en la juventud, no en la comedia

 

 

 

“Accent on Youth” de Samson Raphaelson, escrita en 1934 y situada en la misma época, tiene una decoración atractiva (escenografía de John Lee Beatty), un vestuario elegantemente ataviado del período (de Jane Greenwood), llamativa iluminación de Brian McDevitt, pero poco más. El equipo técnico, que incluye música original y sonido de Obadiah Eaves, ofrece el entretenimiento que los demás elementos de la producción no logran crear porque, en realidad, las atracciones de “Acento en la Juventud” son exclusivamente visuales.

 

La endeble... pero algo antojadiza... obra de Raphaelson se concentra en el personaje principal, Steven Gaye (el perennemente insubstancial David Hyde Pierce), un exitoso dramaturgo en Nueva York, quien, a los cuarenta años de edad, decide que ya es demasiado viejo para enamorarse. Su obra más reciente, después de diez y nueve éxitos teatrales, trata de probar su teoría que el público no aceptará la relación entre un hombre maduro y una mujer joven. Se enamora, sin embargo, de su secretaria, Linda Brown (Mary Catherine Garrison), y ella, de él, aunque ella es mucho más joven que el dramaturgo. Pasan unos meses, la secretaria es ahora la actriz principal en la obra que ha escrito Gaye y aunque un galán Dickie Reynolds (David Furr) tiene intereses románticos en la Señorita Brown, ella se da cuenta de que el dramaturgo es su verdadero amor.

 

Aunque la palabra clave del título es la juventud, la obra muestra su verdadera edad...y es francamente pasada de moda. De veras, “Accent on Youth” es, en su mayor parte, nada más que ligeramente divertida. El único personaje cómico creado por el Sr. Raphaelson es Flogdell (Charles Kimbrough), el mayordomo del dramaturgo Gaye. El Sr. Kimbrough da la única interpretación memorable de la obra desde que el Sr. Hyde Pierce parece modelar cada personaje que interpreta sobre la que lo hizo famoso en la televisión. La Señorita Garrison es inconsistente como la secretaria y débil como la actriz.

 

A fin de cuentas, el problema principal de “Accent on Youth” es el texto. Hay muy poca comedia en una obra cuyo énfasis no está en la comedia. “Accent on Youth” en cartelera en el Samuel J. Friedman Theatre del Manhattan Theatre Club, 261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el veinte y ocho de junio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Comenzando el cuatro de mayo: martes, a las siete; miércoles, a las dos y las ocho; jueves y viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos. (Cambio de horario, miércoles, 20 de mayo, a la una. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250, al www.Telecharge.com o en la taquilla del Samuel J. Friedman Theatre.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

“The Norman Conquests” conquista Broadway

Trilogía de Alan Acykbourn  llega a Estados Unidos

 

 

 

 

 

Si uno quiere, puede pasar todo un día en la grata compañía de Norman y los demás personajes creados por el dramaturgo Alan Acykbourn en su deleitosa trilogía “Las Conquistas de Norman.Además de Norman y su esposa Ruth, hay el hermano de ella, Reg, y su esposa Sarah; hay también la solterona Annie, hermana de Reg y Ruth, y su pretendiente tímido Tom, el veterinario de la aldea. Las tres obras, “Table Manners, “Living Together” y “Round and Round the Garden” pasan simultáneamente en tres cuartos diferentes de la mansión donde Annie vive con su madre enferma; es así para que el espectador sepa lo que los otros personajes están haciendo en otra parte de la casa en ese mismo momento.

 

Al llegar Reg ((Paul Ritter) y la mandona Sarah (Amanda Root),  Annie (Jessica Hynes) está pensando pasar un fin de semana románticamente sórdido, no con su pretendiente, Tom (Ben Miles) sino con su cuñado Norman (Stephen Mangan) con quien tuvo relaciones durante las fiestas navideñas. Desafortunadamente para Annie pero afortunadamente para los espectadores, Annie cancela sus planes cuando los demás familiares aprenden con quien ella iba a salir. Al llegar Ruth (Amelia Bullmore), esposa del donjuanesco Norman, la sopa familiar ya está preparada y las carcajadas comienzan.

 

“Table Manners, la primera obra, tiene lugar en el comedor y sirve para presentar a los personajes. Durante esta obra, Sarah se esfuerza a saber con quien está viajando Annie y cuando lo aprende, ella hace todo lo posible para que Annie cancele sus planes. Llega Ruth, pero los otros no entienden por qué ha llegado; es sólo en una de las otras obras que se sabe que es Sarah quien la hizo llegar. Sus planes con Annie cancelados, Norman trata de seducir a Sarah quien acepta los coqueteos de su cuñado. Lo más entretenido de esta obra es la cena en la cual no hay ni suficiente comida ni suficientes sillas; por eso, Tom tiene que sentarse en una sillita muy bajo lo cual provoca comentarios sarcásticos e hilarantes de parte de Norman. El fin de la obra, cuando Annie rompe platos enfrente de su pretendiente Tom, ofrece risas teñidas de lágrimas por la soledad y la frustración que ella siente.

 

“Living Together,ubicada en la sala y “Round and Round the Garden, situada en el jardín, presentan la misma situación durante el mismo período de tiempo, desde el sábado por la noche hasta el lunes por la mañana. De esta manera se llega a conocer a los personajes más profundamente, se puede entender sus motivos y es posible ver lo que hacen cuando no están en plena vista del público en una de las otras obras. El público aprende por qué ha llegado Ruth, a quien o a quienes piensa conquistar Norman y si Norman de veras hace lo que hace para “hacer felices” a sus conquistas entre otros detalles. Todo lo que pasa en una obra muestra lo que incita a cada uno a hacer o decir lo que hacen.

 

Abundan las situaciones burlescos...hay una escena cuando Ruth trata de abrir una meridiana que es divertidísima, una escena cuando Norman trata de esconderse debajo de dicha meridiana, otra cuando Norman trata de aleccionar al desdichado Tom en el arte de conquistar a las mujeres y una escena en la cual Tom malentiende unos consejos que Ruth le da y trata de seducirla. Abundan también muchos otros episodios que son absolutamente divertidísimos. Gracias a los textos de Aykbourn, la fina dirección de Matthew Warchus y a los esfuerzos del experto conjunto de seis talentosos actores, uno llega a conocer los personajes a fondo. Además, se puede entender lo que hay tras la apariencia de cada uno de los seis seres muy humanos...no muy diferentes de los vecinos que viven al lado.

 

La producción se presenta en el Circle In The Square, un teatro circular en el cual cada personaje se acerca a los demás; esto crea la familiaridad que requiere cada obra. Por encima del escenario circular cuelga un panorama del mismo tamaño que representa el paisaje donde pasa la acción con sus jardines, sus casas, un campo de cricket, un puerto con sus barcos a vela y, en el mero centro, la residencia donde pasa la acción. El escenógrafo Rob Howell, quien también diseñó el vestuario al estilo de los sesenta, creó una sala, un comedor y un jardín dignos de cualquier vivienda inglesa. La iluminación es de David Howe, música de Gary Gershon y sonido de Simon Baker. 

 

“The Norman Conquests” conquista por una variedad de razones pero los seis espectaculares actores del maravilloso elenco (Stephen Mangan, Jessica Hynes, Ben Miles, Amelia Bullmore,  Amanda Root y Paul Ritter)  merecen la mayor parte de la gloria. Al fin y al cabo, son ellos, Warchus y Acykbourn quienes son responsables por el éxito de “The Norman Conquests” y por la manera en la cual la trilogía está conquistando Nueva York.

 

“The Norman Conquests” en cartelera en el Circle In The Square Theatre, 235 de la calle cincuenta oeste, New York. Funciones varían desde el once de abril al veinte y cinco de julio. Boletos individuales: $107-$112 o boletos para la trilogía: $255, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

“ROCK OF AGES”...En Nueva York

El júbilo se debe al “rock and roll”

 

 

 

Chris D’Arienzo, quien escribió el libro de la obra musical “Rock of Ages,” sabía, con toda seguridad, que su musical iba a cautivar a los espectadores de cierta demografía... a los de los veinte y pico años a los de los cuarenta y pico. ¿Cómo iba a saber el Sr. D’Arienzo, sin embargo, que la obra, por estrepitosa, ruidosa y estridente que sea la música, podría atraer a un público más comprensiva... porque en una función reciente, además de los de los treinta y pico años, había personas de la tercera edad, gente mayor, unos adolescentes, y unos niños también. Lo más extraordinario es que “Rock of Ages” les encantó a todos. Las canciones, todas aquellas de los ochenta prestan a la concepción de la obra. El dramaturgo y la directora Kristin Hanggi usan las canciones para promover la acción, al estilo de las musicales de rockola.  Las canciones emocionantes, cantadas con fervor por los miembros del elenco joven y vigoroso, evocan el ambiente de esa época musical y se entretejen unas a las otras para hilvanar una historia de esperanza, poder y egoísmo. Hay un narrador Lonny, (Mitchell Jarvis) quien nos guía por la historia de Drew, (Constantine Maroulis), quien quiere ser cantante profesional, y Sherrie (Amy Spanger) quien ha venido a la gran ciudad en busca de fama y fortuna como actriz de cine. Los se encuentran en un bar famoso de Hollywood mientras el alcalde corrupto, llamado sencillamente Mayor (Andre Ward) ha decidido demoler toda la zona histórica del sunset strip, incluyendo el bar en cuestión, para que un negociante alemán Hertz (Paul Schoeffler) y su hijo Franz (Wesley Taylor) puedan convertir los terrenos en condominios lucrativos. Un conocido cantante Stacee Jaxx (James Carpinello), aunque contratado para preservar el barrio, no hace más que causar problemas para todos y para los jóvenes enamorados.

Las canciones incluyen conocidas melodías del período, composiciones como “Waiting for a Girl like You,” “More than Words,””Shadows of the Night,” “Can’t Fight this Feeling” y “The Final Countdown,” entre otras, que los espectadores de todas edades aplauden fervorosamente. Los conjuntos y cantantes cuyas melodías se escuchan durante la obra son REO Speedwagon, Twisted Sister, Extreme y Quiet Riot, Europe, Foreigner, Styx, Joan Jett y Pat Benatar, entre otros. Las canciones...y hay más de treinta...son ejecutadas apasionadamente por Angel Reed, Katherine Tokarz, Andre Ward, Savannah Wise y Jeremy Woodard. 

Las melodías son cantadas fuertemente por todos los principales y los bailes (coreografía de Kelly Devine), ejecutados diestramente por los bailarines del energético elenco, son sensuales y evocativos de los estilos de esa década. Escenografía de Beowolf Boritt, vestuario de Gregory Gale e iluminación de Jason Lyons recuerdan los conciertos de música rock que muchos de los presentes seguramente recuerdan... y con mucho cariño.

 

          La divertidísima “Rock of Ages” en cartelera en el Brooks Atkinson Theatre, 256 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones: lunes, a las ocho; martes, a las siete; miércoles, a las ocho; viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $26.50 a $99.00, disponibles por Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o en la taquilla del Brooks Atkinson.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

“Mary Stuart” reina en Broadway

Dos mujeres, dos reinas, un exitazo

 

 

Los amantes del drama serio, actuado perfectamente y montado con una sencillez asombrosa quisieran acudir cuanto antes al Teatro Broadhurst para conseguir boletos antes de que toda la ciudad de Nueva York sepa que la producción de “Mary Stuart” es todo un exitazo. La obra de Friedrich Schiller, en una nueva versión de Peter Oswald, alardea la interpretación de dos grandes actrices del teatro inglés, Janet McTeer en el papel de María Estuardo y Harriet Walter en el papel de la Reina Isabel Primera de Inglaterra. La obra, aclamada en su temporada en el Donmar Warehouse de Londres, seguramente encontrará nueva aclamación en Nueva York.

 

La obra explora la relación entre María, Reina de Escocia y la Reina Isabel de Inglaterra, su prima y rival. María, católica, salió de Escocia después de un golpe protestante y huye a Inglaterra en busca de ayuda de su prima. Isabel, por su parte, sabe que María, siendo su prima, podrá subir al trono de Inglaterra. Ha estado encarcelada diecinueve años por culpa de su prima Isabel quien desconfía de ella y de su poder; sus consejeros le aconsejan que firme la sentencia de muerte para María pero Isabel, al mismo tiempo, teme que si la firma, perderá popularidad entre sus partidarios. En el momento de firmar, la Reina Isabel vacila, pero después firma sin decirle al Señor Davison (Robert Stanton) lo que ella quiere que él haga con el documento.

 

Schiller inventa un encuentro entre las dos Reinas...ellas nunca se conocían... y es en esta escena que el destino de las dos mujeres se fija irrevocablemente. María goza de la pequeña libertad que le han dado, goza de la frescura de la lluvia al aire libre, mientras Isabel, amparada de la lluvia, se esconde del agua refrescante. Aunque María buscaba una reunión con Isabel para pedirle perdón a fin de que ésta le dé su libertad, cuando ve que Isabel ha sido endurecida, ella cambia de actitud. Harta de postrarse frente a su rival, María la reprueba y parece crecer frente a los ojos de los presentes, empequeñeciendo y humillando a Isabel y, de esta manera, determinando su propio destino. La Reina de Escocia se enfrenta con su propia muerte con dignidad, en paz con si misma y con su Dios mientras Isabel, abandonada por sus consejeros y sus favoritos, afronta un futuro inseguro.

 

La Señorita McTeer da una interpretación indefectible de la reina, mostrando la profunda culpa que siente por haber conspirado a matar a su esposo, su humildad frente a Isabel y, después, su valor al calumniarla y su fuerza al subir al patíbulo. Al confesarse y recibir el sacramento clandestinamente, María está lista a gozar del Paraíso de la vida eterna, libre de pecado lo cual se ve incandescentemente en la cara de la gloriosa actriz. La Señorita Walter, por su parte, sobresale en el papel de la glacial Isabel y logra mostrar la indecisión y la duda que se esconde tras su firmeza superficial. El tino de la actriz se revela más claramente en la escena en la cual muestra la indecisión que siente al firmar el documento que asegura la muerte de su prima.

 

Chandler Williams como Mortimer, Nicholas Woodeson en el papel de Burleigh, Brian Murray como el Conde de Shrewsbury y John Benjamin Hickey en el papel del Conde de Leicester se distinguen entre un elenco de actores excelentes. La dirección Phyllidia Lloyd guía la producción diestramente. 

 

La escenografía sencilla de Anthony Ward, bañada en la negrura de la desesperación, refleja la condición de ambas mujeres y subraya el yugo con el cual el destino las ata. Ward ha diseñado el aguacero celestial que parece purificar a María y darle nueva fuerza. El Sr. Ward también diseña el vestuario, vistiendo a las dos reinas en ropa del período pero a los hombres en trajes modernos para mostrar cómo la influencia que ellas tuvieron en la historia mundial perdura hasta hoy. Iluminación de Hugh Vanstone y sonido de Paul Arditti contribuyen mucho al realce de la obra.

 

Las maquinaciones regales y la traición de “Mary Stuart” en cartelera en el Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres; comenzando el veinte y siete de abril: martes, a las siete. Boletos: $64 a $99; después del veinte de abril: $69.50 a $116.50, disponibles al 212.239.6200, 800.432.7250 o al Telecharge.com.      

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

“Joe Turner’s Come and Gone”

Obra de August Wilson llega de nuevo a Nueva York

 

 

 

Joe Turner’s Come and Gone, la segunda de las diez obras del fallecido dramaturgo August Wilson cuyas obras narran la historia de los de su raza durante el siglo diecinueve, regresó recientemente a Broadway. Lo más notable de la obra es su accesibilidad; la obra capta el espíritu de la migración de los africanos americanos del sur al norte de los Estados Unidos por describir la vida de un grupo de personas en una casa de huéspedes en Pittsburgh. La acción gira alrededor de la llegada del forastero amenazador Herald Loomis (Chad L. Coleman) y su hija Zonia (Amari Rose Leigh) a la casa de huéspedes cuyos dueños son el desconfiado Seth Holley (Ernie Hudson) y su esposa materna Bertha (Latanya Richardson Jackson).

 

Los residentes incluyen a Jeremy (Andre Holland), un mujeriego quien primero se interesa en la bella Mattie Campbell (Marsha Stephanie Blake), cuyo esposo la dejó después de que se murieron sus dos hijos y después, gira su atención a la vivaracha Molly Cunningham (Aunjanue Ellis), con quien él huye en busca de una vida impresionante. El personaje quien une el pasado con el presente y ata a los personajes con su “canto” es Bynum (Roger Robinson), el conjurador, quien es responsable por unir a los personajes a la persona o la vida que desean.

 

Una noche, Loomis, en un ataque místico, confiesa que ve los huesos de los eslavos cruzando el océano; es Bynum quien lo tranquiliza y les explica sus acciones a los demás. Cuando Bynum comienza a cantar una balada acerca del nefasto terrateniente blanco llamado Joe Turner, Loomis reacciona violentamente desde que había sido el esclavo de Turner por unos siete años; durante ese período, su esposa Martha desapareció de su casa. Loomis la ha estado buscando desde el momento cuando Turner le dio su libertad. Bynum contrata a Rutherford Selig a encontrar al hombre resplandeciente que busca y Loomis lo contrata para encontrar a su esposa Martha. Cuando Selig vuelve con Martha, los dos hombres encuentran lo que buscan. Bynum encuentra a su hombre radiante y Loomis no solo encuentra a su esposa sino su propia libertad, su “canto” también.

 

Los actores del elenco son uniformemente fuertes. El Sr. Coleman tiene el vigor necesario para interpretar al hombre quien aprende en el curso del drama lo que tiene que hacer para ser libre; su Loomis es el símbolo de los morenos quienes fueron maltratados por los blancos en la historia de nuestro país. Ernie Hudson es especialmente eficaz como el propietario de la casa de huéspedes, y Roger Robinson es dinámico como el hechicero Bynum. Latanya Richardson Jackson es una cariñosa Bertha, Marsha Stephanie Blake es suficientemente ingenua en el papel de Mattie y Aunjanue Ellis es creíble en el papel de la vivaracha Molly Cunningham. La astuta dirección es de Bartlett Sher; el Sr. Sher ha podido conectar a los del elenco con el libro de Wilson.

 

El equipo técnico ayuda mucho a ubicar el drama en la época apropiada. Catherine Zuber (vestuario) y Brian MacDevitt (iluminación), juntos con el escenógrafo Michael Yeargan merecen elogios por sus diseños evocadores.      

 

Joe Turner’s Come and Gone de August Wilson, en cartelera en el Teatro Belasco, 111 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $46.50 a $96.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.

*photo credit: T. Charles Erickson

 

 

 

 

“Blithe Spirit”… jocosa y hilarante en Broadway

Comedia de 1941 contiende favorablemente con obras contemporáneas  

 

           

La deliciosa comedia, “Blithe Spirit,, actualmente en cartelera en el Teatro Shubert de Nueva York, no muestra seña alguna de su avanzada edad; al contrario, la obra jovial, escrita en 1941 por Noel Coward, presenta a la indomable Angela Lansbury en otro papel inolvidable. La presente producción de “El espíritu burlón” está compitiendo favorablemente con las comedias modernas que están en cartelera hoy en día y, lo que es más notable, es una de las comedias más deleitosas de la presente temporada.

 

En esta “Blithe Spirit,los momentos tiernos se aprecian tanto como los risibles, debido en gran parte a la animosa dirección de Michael Blakemore y los talentos de un elenco de primera que mantiene un equilibrio seductor entre los varios enredos que presenta la obra y crean una frescura que parece oportuna y nueva.

 

La intriga se desarrolla alrededor del autor británico Charles Condomine (un gallardo Rupert Everett), casado desde hace cierto tiempo con la sesuda Ruth (Jayne Atkinson), su segunda esposa y una señora honrada, invita a una famosa médium a conjurar un espíritu como parte de una investigación para un libro que está escribiendo. Sin saberlo, la Madama Arcati conjura el espíritu de la primera esposa Elvira (Christine Ebersole) quien murió inoportunamente hace algún tiempo. Desde este momento, la vida de Charles se complica grandemente desde que sólo él es capaz de ver y oír a la bella pero difunta Elvira lo cual provoca grandes problemas para él y sublimes carcajadas de parte del público.

 

El libro del Coward está repleto de su característica charla amena y sofisticada, su sarcasmo mordaz y penetrante de la sociedad del día, la gentileza de la alta sociedad londinense y la ingeniosidad de sus personajes. Además, abundan las situaciones hilarantes provocadas por las relaciones de los varios personajes y la confusión que se presenta por la presencia de la de la no tan invisible Elvira.

 

Para gozar completamente del lenguaje rico y lujoso que emplea el dramaturgo y de la gracia de las situaciones que él crea, es imprescindible tener un experto elenco y en la presente producción, los capaces actores se salen con la suya en cada aspecto. Angela Lansbury es una delicia en el papel de la Madama Arcati. La diestra Señorita Lansbury da una interpretación amaneradamente hilarante de la médium; cuando Lansbury comienza a girar al compás de una música que sólo ella puede oír, es difícil contener la risa. La Señorita Ebersole es igualmente deliciosa como Elvira; Ebersole logra ocasionar unas fuertes carcajadas sin decir ni una palabra y sus comentarios, perceptibles sólo al Sr. Colombine, son irresistiblemente deleitosos y provocan confusión y risotadas. La Señorita Atkinson tira en el blanco en el papel de la primera esposa, una mujer muy cómoda hasta que aparece su rival inmaterial. Hay que alabar especialmente a Susan Louise O’Connor en el papel de la criada Edith quien va y viene con ferocidad chistosa. Deborah Rush y Simon Jones son apropiadamente presuntuosos y altaneros como los Señores Bradford quienes estuvieron presentes durante la sesión de espiritistas.

 

El salón creado por el escenógrafo Peter J. Davison es acogedor y agradable y la entera producción (vestuario de Peter Pakledinaz, e iluminación de Brian MacDevitt y entremeses cantados por la Señorita Ebersole) es primorosamente pulida y llega a crear un ambiente representativo de la alta sociedad de la época de Noel Coward.

 

 “Blithe Spirit” actualmente en cartelera en el Sam S. Shubert Theatre, 225 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $31.50 a $116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.

*photo credit: Robert J. Saferstein

 

 

 

“reasons to be pretty” de Neil LaBute

La fuerza de la palabra en el día de hoy

 

 

 

Hay varias razones para ver la obra “reasons to be pretty, (“razones para ser hermosa”) la obra de Neil LaBute que estrenó recientemente en el Lyceum Theatre de Nueva York: la fina actuación de un cuarteto de expertos actores, la exploración  perspicaz de varios aspectos de la sociedad contemporánea y la precisión con la cual el dramaturgo examina los seres que pueblan sus obras. Los actos crueles y el lenguaje brutal e improcedente que los acompañan, elementos básicos de la obra de LaBute, reflejan el ambiente del mundo de conflictos entre los sexos en el cual sus personajes radican...un mundo poblado de jóvenes quienes buscan su camino, su razón de ser y un amor y quienes se desvían frecuentemente de este camino.

 

La acción gira por una frase dejada caer por el desafortunado Greg (el maravilloso Thomas Sadoski) acerca de su novia Steph (Marin Ireland quien ataca su papel con ferocidad); parece que cuando Greg estaba en casa de su compañero Kent (Steven Pasquale) con quien trabaja en una fábrica, comentó que su novia no era tan bonita como una nueva empleada en el trabajo. Hubiera sido un comentario inofensivo si Carly (Piper Peralbo), la esposa de Kent quien traba con los dos hombres, no lo hubiera oído y no se lo hubiera dicho a Steph, quien se ofrende de inmediato. Todo esto pasó antes del primer telón; por eso, en la primera escena, un cuadro lleno de hostilidad, blasfemias (la mayoría de las cuales son pronunciada por la ofendida novia) ira y violencia, Steph rechaza la disculpa de su novio quien insiste en que lo que dijo no tiene importancia y que la ama con todo el corazón. En el curso de la obra, la agraviada Steph rompe con su novio, comienza a vestirse más garbosamente y comienza a vivir una vida nueva, una vida en la cual puede sentirse hermosa. Por su parte, Greg, después de muchas tentativas para reconciliarse con su ex novia, decide que lo único que puede hacer es desearle mucha suerte a la mujer quien, en sus ojos, siempre era bella.

 

LaBute examina no solo la relación entre Greg y Steph sino también la de Carly, cuyo chisme causó el pleito entre sus amigos, y su esposo Kent quien seguía engañándole frecuentemente a su esposa mientras ella creía que era un hombre fiel. En un acto de celos o de desesperación, Greg vengarse de su amigo al decirle a Carly que debe regresar inmediatamente a casa donde encontraría a su esposo en brazos de su última conquista.

 

Lo que pasa en “reasons to be pretty” no es ni muy agradable ni muy hermoso, pero el espectador en busca de una obra escrita sagazmente y actuada finamente que trata de la generación de hoy en día, ésta es la obra que ver.

 

“reasons to be pretty” en cartelera en el Lyceum Theatre, 149 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $31.50 a $111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.          

*photo credit: Robert J. Saferstein

 

 

 

“Hair” perdura triunfantemente tras las generaciones,

Haciendo amor, evitando la guerra y causando júbilo

 

 

 

“Hair” regresa triunfante a Broadway sin perder ni una pizca de la energía, el fervor ni el asombro que cautivó a los espectadores cuando estrenó en 1967. La maravillosa obra ha perdurado tras las generaciones y sigue siendo una de las experiencias teatrales más memorables para los amantes del teatro. Presentada primero en el Parque Central el verano de 2007 como parte de los Conciertos en el Parque de Joe’s Pub y montada en el verano de 2007 no como un concierto sino en una producción completa en el Teatro Delacorte. La producción, que estrenó recientemente en el Al Hirschfeld Theatre, lleva el espíritu del Parque Central a los confines de un teatro legítimo con exuberancia, energía y pericia. Aunque trata de una tribu de jóvenes durante la guerra de Vietnam, la obra teje un encanto perdurable, debido principalmente a la experta dirección de Diane Paulus quien monta la obra de Gerome Ragni y James Rado con comprensión, fogosidad y sentimiento. Por su extraordinaria dirección, “Hair” habla y canta a todas las generaciones que diariamente está agotando localidades en el Teatro Hirschfeld.

 

Los sesenta en la historia de nuestro país...con su amor libre y su sexo aún más libre, las drogas, la rebeldía y la incertidumbre... vuelven a vivir en la obra, que, aunque las actitudes frente al sexo han cambiado, parece muy oportuna en la obra... sobre todo en una época en la cual tantos americanos no están de acuerdo con la política externa de los Estados Unidos ni de la guerra en la cual tantos jóvenes están sufriendo y muriendo. “Hair” presenta el dilema de un joven de la clase media en los Estados Unidos quien, por el sistema de conscripción de aquel entonces, será enviado posiblemente a Vietnam. Este joven, Claude, (Gavin Creel), aunque pertenece al tribu de amigos que incluyen sus amantes Sheila (Caissie Levy) y Berger (Will Swenson), lucha con la idea de quemar su tarjeta de conscripción. ¿Luchará en la guerra o participará en el Be-In junto al fuego donde los otros están quemando sus tarjetas? La respuesta ocurre en un emocionante desenlace frente a un cuadro vivo en la cual el joven vacila por última vez ante su futuro inseguro.

 

La partitura, música de Galt Macdermot, letra de los Señores Ragni y Rado, incluye unas de las melodías más populares del cancionero de Broadway. En un período en el cual las musicales de Broadway ya no llegan a tener éxito universal, las melodías presentadas en “Hair” encontraron su público tan pronto como la obra debutó Off Broadway y siguen siendo populares hoy en día. Aquí, las canciones son interpretadas briosamente por los varios miembros del elenco. Desde los primeros acordes de “Acuarius,entonada con fuerza y propósito por Sasha Allen en el papel de Dionne, hasta la emocionante versión de “Let the Sun Shine In, las melodías de “Hair” atraviesan las décadas y hablan al corazón de cada persona quien las escucha.

 

El elenco parece perfecto para sus propios papeles y las canciones que entonan. El energético Sr. Swenson, junto con los demás miembros del elenco, entona “Donna” y “Going Down” muy capazmente. La Señorita Levy entona una maravillosa “I Believe in Love” y una bella versión de la balada “Easy to be Hard; la popularísima “Good Morning Starshine” es cantada potentemente por la misma cantante. “Black Boys” entonada por las de la tribu y“White Boys” vocalizada poderosamente por la Señorita Allen y varias chicas de la tribu, alaba chistosamente las delicias del sexo masculino. El destacado Sr. Creel luce sus muchos talentos vocales en “Manchester, England,” “I Got Life,” “Where Do I Go, y “Ain’t Got No. Darius Nichols como Hud, Bryce Ryness como Woof y los demás miembros del elenco joven... aunque probablemente no habían nacido cuando la obra estrenó en los sesenta... captan sus papeles impecablemente.

 

El escenógrafo Scott Pask ubica su obra en un espacio libre con muchas puertas y tantos niveles. El vestuario de Michael McDonald capta el ambiente y el aspecto de los sesenta. La iluminación de Kevin Adams se es una de los verdaderos encantos de la producción que se extiende hasta a los pasillos del teatro. Acme Sound Partners competentemente maneja el sonido de la producción. La coreógrafa Karole Armitage respeta los movimientos del pasado mientras incorporando lo mejor de la coreografía moderna.

 

“Hair, en cartelera en el Al Hirschfeld Theatre, 302 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a viernes, a las ocho; sábados, a las dos y las ocho; domingos, a las dos y las siete y media; domingo, 12 y 19 de abril, a las tres. Boletos: $37 a $122.    

*photo credit: Joan Marcus

 

 

Una poderosa Irena’s Vow...

Y la extraordinaria actriz que la realiza

 

 

 

En realidad, hay dos extraordinarias mujeres en el centro de la obra “Irene’s Vow” de Dan Gordon: la fenomenal Irena Gut Opdyke, una polaca católica quien amparó a doce judíos por dos años durante la ocupación alemana de Polonia... y la extraordinaria actriz Tovah Feldshuh quien la interpreta. Dos extraordinarias mujeres: la primera por sus acciones para salvarles la vida a las cuatro almas bajo su protección y la segunda por sus estudios, sus viajes y todo el trabajo que ha hecho para afinar su interpretación.

 

La joven Irena Gut (Tovah Feldshuh), quien había estudiado para ser enfermera, fue capturada y violada por los rusos durante la ocupación rusa y alemana de Polonia. Los rusos la obligaron a trabajar para ellos en una unidad médica; se escapó de allí y después fue capturado por los alemanes quienes la forzaron a trabajar en una cadena de montaje donde un comandante alemán la escogió para vigilar el trabajo de unos judíos quienes trabajaban de sastres. Al ser nombrada ama de casa de la villa del mismo comandante y saber que todos los judíos iban a ser exterminados, ella decidió esconder a los trabajadores hebreos en el sótano de la villa lo cual le ponía la vida en peligro constantemente. Las fiestas dadas por el comandante para los miembros del servicio secreto alemán, el nacimiento del hijo de una de las hebreas mientras escondida en la villa, el chisme de que ella protegía a los judíos y el momento cuando el comandante supo que sí había judíos en su casa aumentaban el peligro que corrían ella y los que estaban bajo su protección.

 

El libro del Sr. Gordon tiene la forma de una conferencia dada por la Señora Irena en una escuela americana en 1988. Entonces, mientras ella se dirige a los alumnos, ella vive de nuevo escenas de su pasado, en Polonia desde mil novecientos treinta y nueve hasta mil novecientos cuarenta y cinco. La impactante y emocionante escena final pasa en Jerusalén en 1988 cuando, reunida con el pequeño quien nació bajo su amparo, ahora un hombre adulto, fue reconocida por el alcalde quien le rindió un homenaje bien merecido.

 

No se puede alabar suficientemente el talento y la dedicación de la Señorita Feldshuh en realizar este proyecto. La excelente actriz, además de interpretar a la valiente Irena, también encarna a varias personas quienes habitaban su mundo. El elenco secundario no tiene ni el tino ni la experiencia de la actriz principal y algunas de las interpretaciones son superficiales. El libro del Sr. Gordon presenta las etapas de la vida de la protagonista con sentimentalidad y entendimiento; solo falla en las pocas escenas cómicas que tienen el objeto de aligerar el tono. La dirección enfocada es de Michael Parva.

 

“Irena’s Vow” en cartelera en el Walter Kerr Theatre, 219 de la calle cuarenta y ocho oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingos, a las tres. Boletos: $$41 a $98, disponibles al Telecharge.com o al 212.239.6200.      

*photo credit: Carol Rosegg

 

 

 

Un Rey que no quiere...pero tiene que... morir

“Exit the King” de Ionesco, hilarante, en Broadway

 

 

 

Una de las obras más divertidas y más jubilosas de la presente temporada en Broadway tiene, por sujeto, la muerte de un rey, un rey muy especial quien tiene más de cuatrocientos años de edad. En otras situaciones, la muerte del ser humano no es razón para celebrar, pero en la producción de “El rey se muere” de Eugene Ionesco, actualmente en cartelera en el Ethel Barrymore Theatre, la muerte es una verdadera celebración, sobre todo por la actuación extraordinaria de Geoffrey Rush en el papel del Rey Berenger, un hombre quien, como los demás seres humanos, se enfrenta con la inevitabilidad de su propia muerte. Ionesco, cuyas obras pertenecen al teatro del absurdo, describe el rito de tránsito con humor y sensibilidad y la presente producción, adaptada por el Sr. Rush y Neil Armfield quien también dirige expertamente, realza lo cómico y lo trágico de la muerte del ser humano y la fragilidad de su vida.

 

Al principio de la obra, el Rey Berenger no sabe que morirá dentro de muy poco. Sus dos esposas tienen diferentes ideas acerca de cómo decirle que va a morir; la primera, la imperiosa Reina Margarita (Susan Sarandon) quiere decírselo cuánto antes pero la segunda, la más joven, más apasionada y más ilusionada Reina María (Lauren Ambrose) todavía vive con la esperanza de que su Rey vivirá más tiempo y no quiere decirle que su muerte es inminente. Vigilándolo todo está el Guardia (Brian Huchison) vestido totalmente de armadura, quien anuncia las idas y venidas de los personajes y repite sus decretos y sus pronunciaciones seca y lánguidamente. También presentes están el Médico bufo (William Sadler), un charlatán quien ya no puede hacer nada para curar al Rey y Julieta (la deliciosa Andrea Martin), sirvienta a pesar de sí y enfermera desventurada quien sigue los órdenes que le dan de muy mala gana. 

 

Al entrar el Rey, maquillado exageradamente, caminando como si estuviera flotando en el aire mismo, es evidente que ya no está dispuesto a morir... según él, no ha tenido tiempo para preparar su salida y no ha sistematizado los asuntos de su reino. Margarita le recuerda que hay caos por todas partes, que sólo hay unos cuantos ciudadanos...todos viejos... y que mucho territorio se está hundiendo en la nada...todo por culpa de él. Margarita también le recuerda constantemente que morirá en una hora veintidós minutos y después en noventa minutos, o sea, al fin de la obra. Poco a poco Berenger se da cuenta de que su muerte es segura y con la ayuda de unas palabras consoladoras de parte de Margarita está dispuesto a dejar su vida y su imperio.

 

Las Señoritas Sarandon y Ambrose son asombrosas en los papeles de las dos Reinas; aquélla, desabrida y cortante, hace resaltar la exageradas emociones de ésta. La Señorita Martin, en el papel de Julieta, crea un personaje inolvidable que provoca carcajadas cada vez que entra en la escena. El Sr. Rush es un verdadero tesoro, digno de la ovación delirante que recibe al hacer su reverencia final frente a los espectadores; dueño de si mismo y de su personaje, adepto en la comedia física que requiere su papel, Rush triunfa en el papel del Rey moribundo.

 

Dale Ferguson ha diseñado un paisaje agotado, parte carpa, parte alcázar en el cual casi se puede ver la fisura en la pared, símbolo del reino deshecho, de la cual hablan los personajes periódicamente. Ferguson también ha diseñado chistosamente el antojadizo vestuario, colas regales sumamente largas y unas pijamas extremadas para el Rey. Iluminación de Damien Cooper y sonido de Russell Goldsmith añaden mucho al gozo de la producción. John Rodgers ha escrito la música de otro mundo y las tocadas reales, interpretadas por los trompeteros Shane Endsley y Scott Harrell.

 

La delirante y entretenida “Exit the King” en cartelera en el Ethel Barrymore Theatre, 243 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el catorce de junio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres (domingo, siete de junio, a las siete). Boletos: $66.50 a $116.50, disponibles al www.telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.

*photo credit: Joan Marcus

 

         

     

 

No me impresionó mucho “Impressionism”

Joan Allen y Jeremy Irons juntos en obra de Michael Jacobs

 

 

 

Las ocho escenas de la obra “Impressionism” pasan en el presente, en la galería de la protagonista Katherine Keenan, en el pasado, en el mismo lugar en 2007, en las memorias de Katherine, primero, en 1966 cuando tenía seis años y se separaban sus padres, y después, en 1990, en el desván del pintor Palmer Wilson cuando ella tenía treinta años y en las memorias del fotógrafo Thomas Buckle quien desde hace dos años trabaja en la galería con Katherine. Las varias escenas tienen por objeto definir a los personajes y la relación entre ellos, pero los varios segmentos del libro del Sr. Jacobs a veces parecen desconectados, y, algunos parecen ajenos a la totalidad de la obra.

 

Los dos protagonistas gozar de los placeres sencillos de la vida; él, de un cafecito especial, ella, de un pastel hecho una vez a la semana...pero no es hasta la última escena que los dos hacen una verdadera conexión. Para decir la verdad, parece que la propietaria está conectada más a los cuatro cuadros que hay en la galería que a ningún otro ser humano. Por eso, no quiere vender ninguno de ellos aún cuando hay la oportunidad. Unos clientes entran: la primera, una mujer rica, llamada Julia Davidson (Marsha Mason, maravillosa como siempre), quiere comprar una litografía mostrando el retrato de una madre y su hija; tal vez porque no tiene buena relación con su propia hija; aunque la señora está dispuesta a pagar mucho dinero, Katherine no se lo quiere vender, acaso por la relación entre ella y su propia madre, una relación que se presencia en dos de los episodios intercalados.  Una pareja de jóvenes, Ben Joplin (Aaron Lazar) y Nicole Halladay (Margarita Levieva), enseñan a la protagonista a apreciar un cuadro que nunca había visto de la misma manera. 

         

Las memorias de Katherine carecen de emoción pero las del fotógrafo Thomas lo llevan a la lejana Tanzania donde él fotografió a un muchacho con ojos expresivos, quien falleció de una enfermedad tropical. Las varias pinturas y litografías cuelgan bellamente, pero entre ellas, Thomas prefiere la sirena pintada por Marc Chagall; es sólo en los últimos momentos de la obra que se sabe por qué.

 

El Sr. Irons y la Señorita Allen hacen lo que pueden con los papeles ideados por el Sr. Jacobs, pero no tienen mucho que hacer por las debilidades del texto. Los otros actores del elenco lo pasen mejor en los papeles secundarios que son mejor desarrollados que los de los dos protagonistas. Además de los arriba mencionados actores, André de Shields es capaz en los papeles de Chiambuane, el cacique de Tanzania, y del pastelero quien recibe un regalo muy especial del fotógrafo.

 

Lo más recomendable de la producción es la puesta en escena que alardea escenografía de Scott Pask con gloriosas proyecciones de Elaine J. McCarthy, iluminación ambiental de Natasha Katz, vestuario de de Catherine Zuber y música original de Bob James. La dirección es de Jack O’Brien   

 

“Impressionism” de Michael Jacobs en cartelera en el Gerald Schoenfeld Theatre, 236 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones hasta el cinco de julio con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a $116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

“God of Carnage” de Yasmina Reza...

Un verdadero homenaje al Dios de la Risa

 

 

 

Yasmina Reza lo ha hecho de nuevo; la experta dramaturga ha escrito una obra grácil, un ligero malvavisco literario, en el cual analiza la naturaleza humana y sus debilidades mientras nos hace reír...a carcajadas. La briosa comedia negra, actualmente en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre de Broadway, alardea no sólo un libreto astutamente abreviado, traducido sagazmente por Christopher Hampton, sino también un experto elenco de cuatro actores de primera, Jeff Daniels, Hope Davis, James Gandolfini y Marcia Gay Harden y la astuta dirección de Matthew Warchus quien maneja a sus actores tan melifluamente para que logran sacar toda la sustancia y las sorpresas del texto.

 

Michael y Veronica (James Gandolfini y Marcia Gay Harden) han invitado a Alan y Annette (Jeff Daniels y Hope Davis) a su suntuosa casa (creda en tonos de carmín ensangrentado por el escenógrafo Mark Thompson quien también diseño el vestuario de moda) en Brooklyn para averiguar los detalles de una altercación en la cual el hijo de éstos pegó al hijo de aquéllos con un palo, rompiéndole dos dientes y, según su madre, deformándole la cara.  Ellos deciden redactar y firmar un contrato acerca de los detalles para su seguro. Al principio, la conversación es cordial y amena; los anfitriones sirven espresso y un pastel hecho en casa. Los invitados discuten los libros de arte sobre una mesita y otras trivialidades. Pronto, la apariencia de civilidad desaparece, librando la bestia...o sea, el dios del sacrificio... escondida en cada uno de los seres humanos Los cuatro comienzan a perder los estribos y a insultarse los unos a los otros; primero cada esposa ampara a su esposo y viceversa, pero pronto las esposas juntan meriendas en contra de los esposos y ellos, en contra de ellas. Dejan el café y comienzan a tomar ron.

 

Al fin del altercado y de la obra, no se ha resuelto nada y uno de los cuatro comenta que no se sabe nada. Ni lo sabe él no lo sabemos nosotros, pero no importa, porque la obra está llena de momentos deliciosamente hilarantes. Annette (Davis) se enferma, tal vez del pastel que la anfitriona le había servido y vomita copiosamente; más tarde, ella echa dos ramos de tulipanes por todas partes, partiendo cada flor en pedacitos pequeños. Michael (Gandolfini) dejó la mascota de su hija en la calle, sacrificándola por decir a su propio dios de la violencia. Alan (Daniels), un abogado prestigioso, devora un pedazo de pastel tras otro mientras habla incesantemente por celular de un medicamento que puede o no ser peligroso... la misma medicina que la madre de Michael está tomando. Veronica (Harden) se enfurece exageradamente cuando Annette se marea y vomita sobre uno de sus libros preciosos, un tomo original que su esposo Michael trata de secar con un secador de pelo antes de rociar un perfume muy fuerte sobre el ejemplar. Los varios incidentes parecen ser mucho más ridículos debido al gran talento de los actores y a la fina dirección del Sr. Warchus.

 

“God of Carnage” es maná para los teatreros en busca de una buena comedia, expertamente interpretada y lujosamente montada. “God of Carnage” en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre, 242 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones hasta el diecinueve de julio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a $116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.

*photo credit: Joan Marcus

 

              

         

 

“West Side Story” vuelve triunfante a NY

Clásica musical tiene marcado sabor latino

 

 

 

“West Side Story,la monumental musical con libro de Arthur Laurents, música de Leonard Bernstein, letra de Stephen Sondheim y coreografía de Jerome Robbins (elaborada aquí por Joey McKneely), volvió recientemente a Broadway en una nueva versión exitosa que seguramente permanecerá mucho tiempo en cartelera. La producción más reciente luce un marcado sabor latino ya que algunas de las canciones son cantadas en español y gran parte del diálogo es hablado en el mismo idioma lo cual refleja más el espíritu de los que pueblan el paisaje neoyorquino de “West Side Story,conocido en español como “Amor sin barreras. 

 

La obra, adaptada libremente por el drama “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, narra la historia de dos amantes desafortunados, Tony (Matt Cavenaugh) y María (Josefina Scaglione) que se enamoran a primera vista en los tiempos turbulentos de los años cincuenta en las calles de Nueva York. Ella, hermana del jefe de la pandilla puertorriqueña llamada los sharks, y él, antiguo jefe de la pandilla rival llamada los jets, se esfuerzan a realizar su amor a pesar de que pertenezcan a dos razas distintas, o, mejor dicho, dos mundos diferentes. La obra no sólo muestra la hostilidad y el racismo inherente en los años cincuenta, aspectos que el coreógrafo Robbins expresó tan astutamente en sus bailes audaces pero también expresa el deseo de algo mejor, de encontrar un lugar propicio, donde un amor puro e inocente podría florecer, lo cual se refleja en la canción “Somewhere.

 

Lin-Manuel Miranda ha hecho una experta traducción de la letra de dos de las canciones “A Boy like That” y “I Feel Pretty” y del diálogo hablado por los miembros de la pandilla puertorriqueña lo cual añade cierto nivel de autenticidad al libreto, sobre todo por el uso de algunos modismos   contenidos en el diálogo que indiscutiblemente caracterizan el lenguaje hablado por los jóvenes latinos de la época. Hay que alabar al Señor Miranda por la fidelidad de su traducción al libro original y por la claridad y la precisión de su trabajo. Es menester también loar a los actores del elenco por su impecable pronunciación y la sutileza de su expresión y acentuación.

 

Los miembros del elenco son indiscutiblemente de primera. Matt Cavenaugh combina la inocencia y la pasión de un joven enamorado con la ansiedad de alguien quien quiere ser leal a sus amigos y a su raza. Josefina Scaglione es toda una revelación en el papel de María; la actriz argentina, quien está haciendo su debut en Nueva York en el papel de la joven puertorriqueña quien llega a la gran ciudad y se enreda de inmediato en la lucha callejera, luce una voz de cristal y capta perfectamente el deseo que siente hacia su Tony. Karen Olivo es apasionada en el papel de la voluble Anita. Olivo, una experta cantante y bailarina, es inolvidable en el papel que crearon Chita Rivera en el teatro y Rita Moreno en el cine; la actriz comparte un momento memorable con la Señorita Scaglione en el dueto “A Boy like That” que las dos entonan bellamente en español. Como los miembros de las dos pandillas, George Akram, Cody Green, Curtis Holbrook, Joshua Buscher, Tro Shaw, y Joey Haro Lee Sellars son versados actores y energéticos y capaces bailarines quienes ejecutan diestramente la conocida coreografía de la obra. Lee Stellars como el policía Krupke, Steve Bassett como el Lugarteniente Schrank y Greg Vinkler como el almacenista competentemente interpretan a los pocos adultos en el mundo adolescente presentado en West Side Story”  que James Youmans (escenografía), David C. Woolard (vestuario), Howell Binkley (iluminación) y Dan Moses Schreier (sonido) han recreado. Arthur Laurents dirige diestramente y la dirección musical es de Patrick Vaccariello.

 

La rica partitura incluye las conocidas canciones “Maria” “Tonight” “I Have a Love” y “Something’s Coming” entre otras melodías que son cantadas exquisitamente por los varios miembros del talentoso elenco.

 

La extraordinaria “West Side Story” en cartelera en el Palace Theatre, 1564 Broadway, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos. Comenzando el veinticuatro de marzo: mnartes, a las dos; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $46.50 a $121.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.  

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

Jane Fonda, poderosamente frágil, en “33 Variations”

 “33 variaciones” de Moisés Kaufman

 

 

 

 

 

Jane Fonda vuelve a las tablas de Broadway después de una ausencia de casi cuarenta y cinco años; su anticipado regreso, si no es un triunfo incondicional, le está ganando los aplausos del público y los elogios de los críticos. En “33 Variations,la conocida actriz, quien ganó fama en los setenta por su trabajo en películas de la talla de Klute y Coming Home (cintas por las cuales ganó el Oscar), tiene un papel que le sienta como el proverbial guante y lo interpreta con estilo, aplomo y gran presencia.

 

En “33 Variaciones, Fonda es Katherine Brandt, musicóloga, especialista en las obras de Beethoven, quien está dedicando su vida y su carrera al estudio de las 33 Variaciones que el compositor hizo del vals del maestro Anton Diabelli. Para aclarar sus dudas acerca del desarrollo de estas variaciones, ella viaja a Bonn, Alemania para estudiar los croquis del compositor en unos archivos mantenidos por Gertrude Ladenburger (Susan Kellermann), la archivera con quien Brandt desarrolla una amistad. La obra fluye de escenas en el presente que describen la pesquisa de la musicóloga a unas escenas en 1819 y 1823 que muestran al maestro Beethoven (Zach Grenier) mientras compone las variaciones y sus interacciones con su mayordomo Anton Schindler (Erik Steele) y con Diabelli (Don Amendolia).

 

Además, la obra de Kaufman explora la tensa relación entre Brandt y su hija Clara (Samantha Mathis) quien se preocupa más y más por su madre cuando se empeora la enfermedad de que ésta está padeciendo... la enfermedad conocida como ALS que pronto le quitaría la fuerza y la vida. Cuando la hija viaja a Bonn con Mike (Colin Hanks), su novio a quien había conocido cuando él era el enfermero de su madre, las dos mujeres principian a entenderse y quererse por primera vez en su vida. Las varias variaciones y los muchos episodios del libro de Kaufman se ejecutan al compás de la bella  música de Beethoven, tocada por Diane Walsh sentada en el Steinway, lo cual añade mucho a la gloriosa producción.

 

Kaufman, quien también dirige, ha escrito una obra melodiosa, ingeniosa y cautivadora que parece haber sido escrita expresivamente para la Señorita Fonda quien se distingue más en el segundo acto que en el primero, cuando la enfermedad comienza a destruir su cuerpo pero no su espíritu. Hanks y la Señorita Mathis son creíbles como los amantes. El Señor Grenier retrata perfectamente al agresivo y torturado Beethoven.

 

La gloriosa producción alardea la exquisita escenografía de Derek McLane cuyos archivos y paneles, cubiertos de las notas musicales de las treinta y tres variaciones, atraviesan siglos y distancias garbosamente. El vestuario de Janice Pytel, la iluminación es de David Lander y el sonido es de André J. Pluess. Jeff Sugg ha diseñado las extraordinarias proyecciones que definen la obra.

 

“33 Variations” de Moises Kaufman, en cartelera en el Eugene O’Neill Theatre, 230 de la calle cuarenta y nueve oeste, Nueva York. Funciones hasta el veinticuatro de mayo con el siguiente horario: martes a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a dos; domingo, a las tres. Boletos: $67 a $117, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

Unos “Guys” que no se relacionan con sus “Dolls”

“Guys and Dolls” vuelve a Nueva York

 

 

 

La producción de “Guys and Dolls” que estrenó recientemente en el remodelado Nederlander Theatre de Nueva York no es mala; al contrario, la versión de la exitosa musical de Frank Loesser (música y letra) y Abe Burrows y Jo Swerling (libro), dirigida por Des McAnuff, tiene unos momentos celestiales, debidos en gran parte a la maravillosa partitura del Sr. Loesser y las orquestaciones de Bruce Coughlin, al coreógrafo Sergio Trujillo y su cuerpo de baile, al vestuario multicolor de Paul Tazewell y al trío de principales que incluye a Craig Bierko (Sky Masterson), Kate Jennings Grant (Sarah Brown) y Miss Adelaide (Lauren Graham).

 

“GUYS AND DOLLS” es la quintaesencial “comedia” musical americana (ahora se refiere a obras de este género no como comedias sino como obras) en la cual las fuerzas del bien compiten con las del mal… en este caso, son unos misioneros del Ejército de la Salvación que se esfuerzan a salvarles el alma a unos apostadores endurecidos en el mero centro de Manhattan. Los graciosos apostadores, capitaneados por el afable pero inconstante Nathan Detroit, incluyen a Nicely-Nicely (Gentilmente-Gentilmente) Johnson, Benny Calle del Sur, Harry el “Caballo,” “Gran” Jule y “Herrumbroso” Charlie. Éstos sólo piensan en encontrar un lugar para el acostumbrado juego de dardos, organizado semanalmente por Detroit, mientras Sarah Brown, directora de la Misión Salva-un-Alma, trata de llenar su misión de un tropel de pecadores… si no logra su meta, cerrarán la Misión definitivamente. Cuando se añaden a la deliciosa mixtura un viaje a la Habana… una bailarina llamada Adelaida, la del catarro perpetuo, enamorada de Nathan… un matrimonio aplazado indefinidamente… un amor naciente entre la Señorita Brown y Sky Masterson… y una reunión para rezar asistido por un coro de cantantes, estilo “gospel,” el resultado es una obra que le da una apuesta segura para una diversión muy grande.

 

La partidura de Loesser brinda unas melodías conocidas que incluyen la emocionante “Sit Down You’re Rocking the Boat,la romántica I’ve Never Been in Love Before, la estrepitosa “Luck Be a Lady Tonight,la rítmica “The Floating Crapgame,, y la movida y atractiva “Bushel and a Peck. La Señorita Graham es hilarante como la locuela Señorita Adelaida, sobre todo cuando entona su famoso “Lamento.La Señorita Jennings Grant luce la voz de cristal en el papel de la misionera Sarah Brown y Tituss Burgess dirige a los miembros de todo el elenco en el estupendo canto “Sit Down You’re Rocking the Boat” que recibe una ovación fuerte y merecida.

 

La producción tiene una calidad pulida y experta. El juego de luces, unos dados de neón, trabajo de Howell Binkley con video de Dustin O’Neill y escenografía de Robert Brill es uno de los encantos de la noche; juntos, los miembros del equipo técnico crean el ambiente que recuerda los buenos tiempos del Broadway de los cincuenta.

 

“GUYS AND DOLLS” (“ELLOS Y ELLAS”), en cartelera en el Nederlander Theatre, 208 de la calle cuarenta y una, Nueva York. Funciones: martes, a las siete, miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $50-$125, disponibles al 212.307.4100.         

*photo credit: Carol Rosegg

 

         

 

Mary Louise Parker como “Hedda Gabler”

                                                Una “Hedda” diferente e indiferente

 

 

Entre los papeles más importantes para actrices en el teatro mundial figura prominentemente el de “Hedda Gabler, la protagonista creada por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen en 1890. Esta vez le toca a la distinguida actriz Mary Louise Parker interpretar el papel de la mujer altanera, una persona de la alta sociedad, cuya obsesión con el éxito y el poder la llevan a la ruina. Vale la pena asistir a la producción de “Hedda Gabler, dirigida por Ian Rickson en cartelera en el American Airlines Theatre si es solo para ver la interesante interpretación de la Señorita Parker en el papel de la altanera y devastadora mujer.

           

La Gabler de la Señorita Parker es una mujer frustrada y aburrida...el aburrimiento que siente hacia su vida tiñe cada aspecto de su vida, sobre todo sus relaciones interpersonales...con su marido Jorgen Tesman (Michael Cerveris), el académico petimetre a quien no ama, con su amante Eljert Lovborg (Paul Sparks), a quien devasta, con su protector, el Juez Brack (Peter Stomare), a quien odia, con la tía de Tessman (Helen Carey) a quien insulta constantemente y con la amiga de su niñez Thea (Ana Reeder), de quien tiene celos. Los nefastos actos que comete para satisfacerse son productos de su egoísmo y su tedio.

 

Diga lo que diga de la interpretación de la Señorita Parker, ella seguramente crea una Hedda diferente e interesante. Los tres hombres del elenco (el generalmente astuto Cerveris, Sparks y Stomare) son débiles y no captan la esencia de su sus papeles. El equipo técnico, Hildegarde Betchler (escenografía), Ann Roth (vestuario), Natasha Katz (iluminación), John Gromada (sonido) y PJ Harvey (música original) crean un ambiente lujoso en el cual vive y no vacila Hedda Gabler.

 

“Hedda Gabler” en cartelera en el American Airlines Theatre, 227 de la calle cuarenta y dos oeste, Nueva York. Funciones hasta el veintinueve de marzo con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos; del 3 al 13 de febrero, funciones a las siete. Boletos: $66.50 a $111.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la taquilla del teatro.  

*photo credit: Nigel Parry

 

         

 

 

 “The American Plan” sí sirve

Obra de Richard Greenberg vuelve a Nueva York

 

 

 

“The American Plan” de Richard Greenberg presta a una variedad de interpretaciones. La obra, actualmente en cartelera en el Samuel J. Friedman Theater bajo el auspicio del Manhattan Theatre Club en una producción briosamente dirigida por David Grindley, teje la historia de una mujer dominadora quien hará todo lo posible para proteger a su hija y la relación que tiene con su hija emocionalmente necesitada. De veras hay tres planes en “The American Plan” que el dramaturgo entreteje con brío.

 

Ubicada en un pueblo de verano en las Montañas Catskills en los años sesenta donde los huéspedes de hoteles solían reservar el plan americano que les ofrece alojamiento y tres comidas o más al día, la obra se concentra en Eva Adler (la maravillosa Mercedes Ruehl), apodada la zarina por los visitantes, y su hija Lili (Lily Rabe) durante un verano casi idílico y, brevemente en el segundo acto, en Manhattan diez años más tarde. Durante ese verano de ensueño, la sencilla Lily se enamora de Nick (el guapo Kieran Campion) desde el momento que lo ve. Aunque el galán fue invitado por su novia para pasar las vacaciones con ella, la excitable e inquieta Lily, acostumbrada a decir mentiras, exitosamente separa a los dos amantes y gana el amor del hombre a quien ama...o ¿fue todo esto parte del plan de Nick para conquistar a la joven? Además, cuando llega el obsequioso Gil (Austin Lysy), el amigo y ex amante de Nick, se entiende que él también tiene su propio plan, un plan desviado para que él y Nick sean felices mientras consiguen su propio sueño americano.

 

La Señorita Ruehl muestra las varias facetas del personaje que crea con su acostumbrado aplomo. Su Ava es a la vez protectora, déspota, entremetida y oficiosa de tal grado que es difícil entender sus motivos y sus metas. La Señorita Rabe da una impresionante interpretación de la joven frágil quien hará cualquier cosa para ser amada. Brenda Pressley añade mucho en el papel de la criada Olivia quien cumple con los deseos de su patrona con mesura. La obra, dirigida capazmente por el Sr. Grindley, es montada lujosa pero sencillamente (escenografía y vestuario de Jonathan Fensom; iluminación de Mark McCullough; sonido de Darron L. West y Bray Poor).

 

“The American Plan” en cartelera en el Samuel J. Friedman Theatre, 261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el quince de marzo con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles, a las dos y las ocho; jueves y viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos; el cuatro de marzo, a la una. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles al  Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250. 

*photo credit: Carol Rosegg

 

         

 

 

 “Soul of Shaolin...” China llega a Broadway

El alma de Shaolin en el corazón de Nueva York

 

 

 

“Soul of Shaolin” es algo excepcional...la exhibición de artes marciales enseñados y practicados en el Templo Shaolin, en lo alto del Monte Songshan en la provincia Henan de China, no es como tantos otros espectáculos de kung fu que han llegado a las tablas de Broadway o, con más frecuencia, de Off Broadway, en años recientes. Al contrario, “Soul of Shaolin” salpimienta actos de ferocidad y gran belleza, coreografiados y dirigidos con clase y gran brío por Liu Tongbiao, con una historia bella de esperanza y reunión.

 

En la primera de las seis escenas que forman el “Alma de Shaolin” China está involucrada en una larga guerra; un niño, Hui Guang, (Wang Sen, Dong Yingbo, Yu Fei como el chico en diferentes etapas de su vida) es escondida entre los juncos felpudos por su madre para su propia protección. Cuando la madre vuelve, el niño ya no está; ha sido rescatado por los monjes del Templo de Shaolin quienes lo educan en las artes marciales practicadas allí y en los ideales de meditación. El kung fu practicado en Shaolin apoya la bondad y la virtud y los practicantes no luchan sencillamente por luchar. Al pasar el tiempo, el joven, enseñado por su mentor manco Na Luo (Zhang Zhigang), llega a ser uno de los expertos del Templo. Cuando es reunido con su madre Hui Guang (Wang Yazhi, Li Lin), tiene que luchar con los demás monjes para poder salir del Templo honradamente.

 

Las escenas ejecutadas por los atléticos miembros de la compañía son hermosas y asombrosas. La coreografía de la obra figura entre las delicias de la producción y debe ser considerada para uno de los premios otorgados en esta categoría. Escenografía de Xie Tongmiao, vestuario de Huang Gengying, iluminación de Song Tianjiao y sonido de Wu Feifei y Keith Caggiano son pintorescos y añaden al ambiente verdaderamente oriental pero el director principal de artes marciales Wang Zhenpeng y los subdirectores Jiang Dongxu y Zhu Huayin son los verdaderos magos de la producción.

 

“Soul of Shaolin” en cartelera en el Marquis Theatre, 1555 Broadway, Nueva York. Temporada limitada desde el trece al treinta y uno de enero. Veinticuatro funciones con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Para más información: www.SoulOfShaolin.com, Ticketmaster.com o 212.307.4100.      

*photo credit: Joan Marcus

 

           

 

 

“Pal Joey”...no es ningún amigote mío

Musical desafina, decepciona y desilusiona

 

 

 

“Pal Joey, la producción del Roundabout Theatre Company actualmente en cartelera en Studio 54, es un fracaso artístico. La obra original de Rodgers y Hart, que estrenó el veinticinco de diciembre de 1940, era una guirnalda triunfante para aquella época navideña; la presente versión, cuyo libro de Richard Greenberg está basado en el libro original de John O’Hara, cae de bruces, principalmente por el lanzamiento artístico de Matthew Risch quien suda mucho, canta un poco y baila aún menos. Cuando dejó la producción Christian Hoff, el actor quien ganó un merecido premio Tony por su trabajo en “Jersey Boys, lo remplazaron con Risch, lo cual era un error insalvable...porque, sencillamente, no tiene la calidad necesaria para salir venciendo. Para empeorar aún más la situación, la conocida actriz Stockard Channing no tiene la capacidad vocal para entonar la célebre melodía “Bewitched, Bothered and Bewildered” que su personaje Vera debe cantar... y la usualmente cautivadora Martha Plimpton, aunque canta debidamente, no se mantiene en sus trece en el papel de la corista Gladys Bumps.

 

Joey Evans (Risch) es un ambicioso mujeriego quien se esfuerza a conquistar el mundo del espectáculo, si no por su talento ni por su carisma, por la ayuda de la mujer rica, Vera Simpson (la Señorita Channing) quien lo usa tanto como él la usa a ella. Chez Joey es el cabaret de segunda que ella le abre, pero cuando ella se da cuenta de que él se ha enamorado de Linda English (Jenny Fellner) la ayudante de un mercero donde Vera le había comprado unos trajes caros, lo deja en el anónimo donde ella lo había encontrado. La Señorita Plimpton muestra su versatilidad en las tablas al interpretar a Gladys, pero el papel no va a figurar entre las más destacadas de su carrera. Solo le da la oportunidad de vocalizar (¡y no muy armoniosamente!) la movida melodía “Zip” que carece de la sexualidad que debe de parodiar; aunque la letra de la canción ha sido modernizada, algunas de las referencias todavía quedan indistintas.  

 

La obra sí alardea una partitura lujosa, rica en melodías conocidas de la talla de “I Could Write a Book,” “You Mustn’t Kick it Around” y la arriba mencionada “Bewitched, Bothered and Bewildered. El coro, la orquesta, la instrumentación de Don Sebesky y la dirección musical de Paul Gemignani salen mejor que los principales en musicalizar la obra. Escenografía de Scott Pask, vestuario de William Ivey Long, iluminación de Paul Gallo y sonido de Tony Meola le dan a la producción el requerido ambiente raído. La dirección es de Joe Mantello.

 

“Pal Joey” en cartelera en Studio 54, 254 de la calle cincuenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones hasta el quince de febrero con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Del 30 de diciembre al nueve de enero, funciones a las siete. Boletos: $36.50 a $121.50, disponibles al 212.719.1300, al www.roundabouttheatre.org o en la taquilla del teatro.

*photo credit: Joan Marcus

 

           

 

New York da la bienvenida a “Shrek”

“Shrek, the musical” sigue siendo “Shrek”

 

 

 

Parece que “Shrek the musical” lo tiene todo: personajes hechos famosos en los conocidos cuentos de hadas, un dragón color de rosas, un enano que desea ser rey, una princesa atrapada en una torre, un paisaje de ensueños, un asno chistoso y, en su mero centro, el Ogre adorable hecho famoso en el libro de William Steig y la película animada de Deamworks Animation. El libro y la letra de David Lindsay-Abair enseñan las mismas moralejas y contienen referencias a olores corporales y sonidos producidos por personas...o, en este caso, criaturas...mal educadas que producen gemidos y risas lo cual les fascinará a los amantes de Shrek y sus cohortes. 

 

La obra es fiel al libro y a la película con sus referencias y alusiones que los niños entenderán de una manera y los adultos, de otra, pero a veces parece demasiado comprensiva, como si todos los cuentos de hadas estuvieran desfilando en carne y hueso frente a los ojos de los espectadores: Pinocho (John Tartaglia), los tres ratoncitos ciegos, los tres osos, Humpty-Dumpty, Peter Pan, el elfo del zapatero y el anadino feo, para mencionar unos cuantos.  Tim Hatley (escenografía y vestuario) ha creado y unos espectaculares paisajes y una extravagante vestimenta que recrean el ambiente de una manera pintoresca y antojadiza.

 

Básicamente, “Shrek The Musical” cuenta la misma historia que la película y el libro: Shrek (el formidable Brian D’Arcy James), vive sólo y cómodamente en su propio pantano. Cuando una muchedumbre de extranjeros (los personajes de los varios cuentos de hadas) llega, él aprende que, para entarquinar su amado pantano, él tiene que rescatar a la Princesa Fiona (Sutton Foster) para que ésta pueda casarse con el Lord Farquaad (Christopher Sieber, arrodillado, para interpretar al diminutivo personaje). Con la ayuda del Asno (Daniel Breaker), su fiel compañero, él va en busca del Dragón que guarda la entrada de la torre. Mientras tanto, él se enamora de ella y ella de él, pero como ella guarda un secreto muy horrendo, ella no puede expresar su amor hasta que...bueno, será mejor no revelar el fin feliz.

 

Los mejores números musicales son “Big, Bright, Beautiful World” entonada por toda la compañía, “I Know It’s Today” cantada por las tres Fionas, “Morning Person” vocalizada maravillosamente por la Señorita Sutton, el dueto “I Think I Got You Beat” canturreado por d’Arcy James Y Sutton en el cual comienza a nacer su mutuo amor y “Freak Flag” que podría ser la antífona para los que se sientan ajenos y aislados de los demás. Aunque no son memorables, son agradables al oído. La coreografía de Josh Prince es bastante corriente excepto en el número “Morning Person” en el cual la Señorita Sutton ejecuta un feroz tip tap con unos ratoncitos bailadores. La dirección de Jason Moore mueve la acción velozmente por las varias escenas de la obra. Con Foster y d’Arcy James como Shrek y Fiona, “Shrek The Musical” es una delicia.

 

“Shrek The Musical” en cartelera en el Broadway Theatre, 1681 Broadway, Nueva York. Funciones: martes a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $51.50a $111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.BROADWAY o en la taquilla del teatro.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

“Speed-the-Plow de David Mamet

Tres actores excepcionales, una obra inolvidable

 

 

 

Después de su estreno en Broadway hace casi veinte años, la satírica “Soeed-the-Plow” de David Mamet está de regreso en Broadway en una producción extraordinaria que se acerca a la perfección. La comedia negra, es dirigida sucintamente por Neil Pepe y alardea la presencia de Raúl Esparza, Jeremy Piven y Elisabeth Moss quienes infunden la obra de su ingeniosidad, su ritmo perfecto y su gran talento. “Speed-the-Plow” es indudablemente la obra que ver durante su temporada en el Ethel Barrymore Theatre.

 

La obra, ubicada entre la falsedad y la patraña de Hollywood, satiriza el mundo de los productores y los ejecutivos de la industria cinematográfica, un universo hacia el cual Mamet dirige su crítica tan acerbamente. Esparza es Charlie Fox, un hombre ambicioso quien espera producir una obra policíaca, un éxito seguro, con la ayuda del ejecutivo Bobby Gould (el Sr. Piven). La colaboración entre los dos seguramente será provechosa, pero la llegada de una asistente advenediza, Karen (la Señorita Moss) complica la situación tanto que Gould abandona el proyecto y decide producir una película basada en una novela casi incomprensible, que, según Fox, nadie quisiera ver.

 

El lenguaje fluido de Mamet es pronunciado hábilmente por los tres actores; cada uno tiene su momento para aprovecharse de cada palabra, cada frase y cada diálogo que el dramaturgo ha escrito. Las inflexiones, la sarta de  palabrotas, pausas repeticiones, características del estilo de Mamet, son articuladas como si fueran las descargas de alguna ametralladora, sobre todo por Piven y Esparza. Este último da tal vez la mejor interpretación de su larga y distinguida carrera; es absolutamente imposible quitarle la vista al ver los varios niveles de su interpretación. Cada vez que pronuncia el nombre de su superior “Bob”, extrae diferentes matices de tono y de significado de la palabra. Piven, por su parte, expresa la seguridad de un hombre quien ha hecho una decisión que alcanzará su fin y, además, la vacilación y el desengaño del mismo hombre quien sabe que ha sido engañado. La Señorita Moss es alternativamente coqueta, astuta, inocente y ambiciosa en su interpretación de la chica quien llega a la oficina de Gould con una sola e inalterable intención. La fraseología de Mamet parece extrañamente oportuna con el uso de palabras que han sido usadas en las recientes elecciones presidenciales para describir a los dos candidatos republicanos. Bajo la estudiada dirección del Señor Pepe, esta producción de “Speed-the-Plow” es sencillamente extraordinaria.  

 

“Speed-the-Plow” en cartelera hasta el veintidós de febrero en el Ethel Barrymore Theatre, 243 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete, miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $49.50 a $110, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al www.telecharge.com.

*photo credit: Brigitte Lacombe

 

 

 

 

 

“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” triunfa

Obra musical lo tiene todo

 

 

 

 

“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” seguramente ganará la mayoría de los premios para mejor obra musical este año... se lo digo sin reservación alguna. La versión de la exitosa musical londinense, actualmente en cartelera en el Imperial Theatre de  Broadway, es un triunfo artístico para todos los que la crearon.

 

Avivada por la centelleante coreografía de Peter Darling, la memorable dirección de Stephen Daldry, atrayente libro e ingeniosa letra de Lee Hall e impresionante si algo familiar música de Elton John, “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” produce un efecto encantador difícil de resistir… sobre todo para los amantes de la comedia musical americana. Para los afortunados teatreros en Providence quienes ya han obtenido sus boletos… o los que obtienen uno de los pocos que quedan… “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” ofrecerá una diversión cuyas canciones son movidas, cuyas situaciones son conmovedoras, cuya coreografía es asombrosa y cuyo elenco brilla tanto como las luces de Broadway. “BILLY ELLIOT” satisfará aún al conocedor de teatro más implacable.

 

El libro y la letra de las canciones hábilmente narran la historia de Billy (KIril Kulish, en la función que yo asistí), un joven de trece años, hijo de un minero, quien aprende un día que el ballet clásico le interesa más que el boxeo. Sin que su padre lo sepa, Billy decide gastar su dinero no en lecciones de boxeo sino en lecciones de danza. Aunque el padre (Gregory Jbara), un hombre involucrado en una huelga con sus compañeros, de inmediato cree que su hijo es un tanto raro, Billy sigue con el baile; según su maestra, la Señora Wilkinson (Hadyn Gwynne), el joven tendrá un futuro; por eso, ella le aconseja que trate de ganar una beca en el prestigioso Ballet Real.  Para pedir una audición, Billy tendrá que pagar una suma de dinero, una imposibilidad para él y su padre, pero los colaboradores de éste juntan su dinero, Billy se pone a prueba y gana una posición en la escuela.

 

El relato de Billy y su lucha personal para realizar su sueño es, en sí, conmovedor e impresionante, pero además, hay tantos momentos memorables que añaden a la riqueza del libro. De vez en cuando, el espectro de la madre de Billy (Leah Hocking) lo visita en su memoria y, al menos en su recuerdo, le da el cariño maternal que tanto necesita. Un amigo llamado Michael (Frank Dolce) tiene problemas relacionados a su identificación sexual los cuales se expresan deliciosamente. Lo más impresionante, sin embargo, es la yuxtaposición de la historia de Billy con la de los mineros lo cual es vista en los números musicales, la letra y lo más asombroso aún, el baile; esto se ve más espectacularmente en el “Angry Dance” en el cual Billy se libera de sus frustraciones en un baile feroz que refleja su propia ira y malogros y los de los trabajadores.

 

Para narrar la historia de Billy, tres talentosos actores alternan  el papel. Kiril Kulish es un maravilloso Billy, y, según la crítica en general, los otros dos, David Alvarez y Trent Kowalik, también lo son. También hay dos actores quienes alternan el papel de Michael. Frank Dolce casi se va con todos los aplausos cada vez que entra en la escena. Gregory Jibara es, como siempre, un actor consumado quien muestra todas las facetas del padre quien trata de balancear su vida familiar con su trabajo. Carole Shelley es perfectamente capaz en el papel de la Abuela olvidadiza. La estupenda Haydn Gwynne, quien originó el papel de la Señora Wilkinson en Londres, crea un personaje inolvidable en el papel de la mujer quien estimula al joven a luchar para alcanzar su meta.

 

La insólita escenografía de Ian MacNeil, ingenioso vestuario de Nicky Gillibrandy, perspicaz iluminación de Rick Fisher y sonido de Paul Arditti añaden mucho al lustre de la obra… pero lo que caracteriza la obra y que le da su estilo es la inconmensurable talento que se ve en cada elemento del inmensamente divertida “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL.”

 

“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” en cartelera en el Imperial Theatre, 249 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo a las tres. Boletos: $41.50 a $136.50, disponibles al 212.239.6200 o al 800.432.7250.

*photo credit: David Scheinmann

 

 

 

“Irving Berlin’s White Christmas”

La Blanca Navidad engalana Nueva York

 

         

 

La Navidad ha llegado temprano a Nueva York con el estreno de la espectacular “Irving Berlin’s White Christmas” en el Marquis Theatre de Broadway. La esplendorosa producción, basada en la película epónima que salió en 1954, es un regalo navideño para todos los teatreros quienes están cansados del ambiente lúgubre y la triste situación económica del mundo, porque dentro de los confines del Marquis, reina la alegría y triunfa el júbilo. Repleta de conocidas canciones, bailes hermosos y una nevada que cae ligeramente de lo alto, “Irving Berlin’s White Christmas” es una celebración teatral que nadie quisiera perder.

 

En la primera escena, es Noche Buena 1944 en un cuartel en Europa donde los soldados, agotados por la guerra, festejan la estación lo mejor que puedan. Dos de ellos, Bob Wallace (Stephen Bogardus) y Phil Davis (Jeffrey Denman), cantantes conocidos, entonan “Blanca Navidad” y “Happy Holidays” para entretener a los soldados. En la siguiente escena, el año es 1954; Bob y Phil continúan su carrera en un programa de variedades en la televisión cuando conocen a las hermanas Haynes, Betty (Kerry O’Malley) y Judy (Meredith Patterson), unas cabareteras quienes van a pasar las Navidades cantando en la Posada Columbia en Vermont. Como Phil se enamora de Judy a primera vista, los dos elaboran un plan para que Phil y Bob viajen al norte y no a la Florida como ellos habían planeado. Una vez que están en Vermont, Bob y Betty se enamoran también mientras ensayando un espectáculo, pero ésta malinterpreta las razones por la cual Bob está en Vermont y decide aceptar un trabajo en la Sala Regente de Nueva York. Claro que todo se arregla antes de que caiga el telón final: los amantes se reúnen... presentan un espectáculo impresionante, y, aunque todos pensaban que no iba a nevar para la Navidad, cae una nieve radiante mientras los del espectáculo y los espectadores celebran la Blanca Navidad.

 

Hay tanto que admirar y alabar en la producción que es difícil recordar todos los momentos mágicos que se presentan: la melodía “Sisters” un homenaje a las hermanas cantado por as Señoritas O’Malley y Patterson; un baile ejecutado a los acordes de “The Best Things Happen When You’re Dancing” por el Sr. Denman y la Señorita Patterson; la coreografía exuberante de “I Love A Piano;” la vocalización de “Let Me Sing and I’m Happy” por Susan Mansur en el papel de Martha y después por la niña Melody Hollis en el papel de Susan; el hermoso dueto romántico “Love, You Didn’t Do Right By Me/”How Deep Is the Ocean” interpretado por el Sr. Bogardus y la Srta. O’Malley; “White Christmas” vocalizada por todo el elenco frente a un paisaje cubierto de nieve y, el gran final, la sensacional versión de “I’ve Got My Love to Keep Me Warm” realizada por toda la compañía mientras los copos de nieve caen más y más de prisa en toda la sala.

 

Walter Bobbie ha dirigido la entera producción con cariño, manteniendo un espíritu de nostalgia y un tono muy tierno. Los cuatro principales todos tienen su pericia: la de Bogardus y O’Malley es el baile; la de Bogardus y Patterson es el canto. Estos cuatro talentosos artistas realizan su trabajo con gran maestría; ellos, como los demás miembros del numeroso elenco son como los elfos de Santa Claus quienes se deleitan en preparar regalos perfectos para los niños buenos, o, en este caso, los espectadores.        

 

El libro de David Ives y Paul Blake y la música y letra de Irving Berlin son otros alicientes de la musical.  La encantadora escenografía de Anna Louizos, pintoresco vestuario multicolor de Carrie Robbins, iluminación precisa de Ken Billington, impresionante sonido de Acme Sound Partners y, sobre todo, la briosa y espectacular coreografía de Randy Skinner son las vistosas guirnaldas que adornan el árbol de los regalos que es “Irving Berlin’s White Christmas.

 

“Irving Berlin’s White Christmas” en cartelera en el Marquis Theater, 1535 Broadway, Nueva York hasta el cuatro de enero. Funciones varían de semana en semana. Boletos: $66.50 a $121.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.  

*photo credit: Joan Marcus

 

 

“American Buffalo”de David Mamet

Los de abajo en la sociedad americana

 

 

 

David Mamet, el dramaturgo americano cuyas obras tratan nuevos puntos y cuyos personajes frecuentemente blasfeman, maldicen y echan palabrotas, actualmente tiene dos obras en cartelera en Broadway, “Speed the Plow” que estrenó hace tiempo y “American Buffalo” que estrenó hace poco. Esta última, con un elenco estelar, alardea los talentos del establecido actor legítimo John Leguizamo y dos conocidos talentos de la pantalla grande, Cedrick the Entertainer y Haley Joel Osment. Por mucho que chocara el lenguaje en los setenta, el público estadounidense ya está tan acostumbrado a escuchar palabras expletivas que el lenguaje ya no escandaliza. Además, aunque los tres actores son capaces, no se encuentran completamente en sus anchas en como los personajes que Mamet ha creado, hombres que viven al margen de la sociedad.

 

En una tienda de trastos viejos, repleta de todo tipo de curiosidad, el dueño Donny Dubrow (Cedric the Entertainer) pasa el tiempo apáticamente aleccionando al joven Bobby (Osment) en como éste puede sobrevivir en el mundo. El joven, un adolescente impresionable quien puede o no ser adicto a las drogas, parece no hacer más que escuchar los consejos de su mentor quien insiste en que desayuna diariamente porque ésta es la comida más importante del día. Cuando un cliente le paga noventa dólares por cierta moneda de cinco centavos, un búfalo americano, el astuto Donny, pensando que el níquel vale mucho más de lo que había recibido, inventa una intriga para robarle la moneda, e incluye al joven en sus planes.

 

Entra Teach (Leguizamo), un chulo, amigo y cómplice de Donny, y los planes cambian drásticamente; Teach cree que el joven es demasiado inexperto para tomar parte en una operación tan delicada y los dos deciden excluirlo del plan que van a poner en marcha en la noche e invitar al nunca visto Fletch a tomar su lugar. Caída la noche, Bobby llega inesperadamente a la tienda pidiendo dinero por una moneda de cinco centavos que él había obtenido misteriosamente lo cual enfurece al volátil Teach de tal grado que sucede un acto de violencia que pone un fin abrupto al proyecto y a la obra.

           

Por mucho que quisiera decir que “American Buffalo” hace que la adrenalina fluya en las venas de los espectadores, no es el caso, porque al fin y al cabo, no pasa nada en absoluto en la obra. Por airadas que sean las pronunciaciones de Leguizamo, el actor, quien, de vez en cuando, falla en recordar y recitar bien sus líneas, capta el nerviosismo pero no su carácter malvado de su personaje. Parece que habla por hablar sin hacer nada. Osment, tan creíble en películas de la talla de Sexto Sentido, no parece muy cómodo en las tablas de un teatro legítimo; para decir la verdad, el joven parece, como su personaje según Teach, inexperto. Cedric the Entertainer, está más a gusto en el teatro, pero su papel no requiere que él cambie ni haga mucho, pero es el más adecuado de los tres.

 

El escenógrafo Santo Loquasto hace tal vez el mejor trabajo de la noche en su recrear expertamente la tienda en la cual pasa la acción. Junto con su equipo de propiedades encabezado por Kathy Fabian, Loquasto crea el elemento verdaderamente inolvidable de la producción.    

           

“American Buffalo” en cartelera en el Belasco Theatre, 111 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles y sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $26.50 a $116.50, disponibles al 212.239.6200,  al 800.432.7250 o al www.telecharge.com.

*photo credit: Carol Rosegg

 

 

“Todos eran mis hijos”...y los actores son buenísimos

Una asombrosa producción de “All My Sons” en Broadway

 

 

 

 

 

“All My Sons” de Arthur Miller, que debutó en Broadway en 1947, permaneció en cartelera en Nueva York casi un año. Estoy seguro de que la presente producción gozaría de una temporada tan larga si no fuera que sus funciones son limitadas; la obra, dirigida por Simon McBurney, permanecerá en cartelera sólo hasta el once de enero. “Todos eran mis hijos” alardea uno de los elencos más capaces actualmente en cartelera; por eso, los que desean ver esta obra importante deben comprar sus boletos lo más pronto posible antes de que se agoten todas las localidades.

 

La obra narra la historia de un padre de familia, Joe Keller (John Lithgow), un fabricante norteamericano, quien, durante la Segunda Guerra Mundial, vendió piezas defectuosas para aviones al gobierno, sabiendo que los defectos podrían causar la muerte de muchos soldados. Este acto inmoral sí ocasionó la muerte de veintiún seres y el codicioso industrial le echó la culpa a su socio quien fue encarcelado injustamente por el crimen. Aunque culpable, Joe fue exonerado del crimen, y, según apariencias, vive cómodamente con su familia con la conciencia limpia y un negocio próspero que administra con su hijo Chris (Patrick Wilson).

 

El otro hijo de familia, Larry, desapareció en el campo de batalla y, como nunca recibieron noticia oficial de su muerte, su madre, Kate (Dianne Wiest) se niega a aceptar que está muerto; cuando vuelve la novia de él, Ann Deever (Katie Holmes), la familia tendrá que enfrentarse con la muerte del hijo, con la de los soldados y con el encarcelamiento injusto del socio. Ann, hija del socio encarcelado, una vez fue novia de Larry; durante los tres años de su ausencia, sin embargo, ella ha mantenido una correspondencia con Chris. Anne ha vuelto porque sabe que Chris va a pedirle la mano en matrimonio. Cuando la madre se niega a aceptarlo, Anne tiene que revelarle un secreto que no había querido compartir lo cual empieza una serie de eventos que destruyen la familia.

 

Por su visión de la obra, el director McBurney presenta el drama como si estuviera dirigiendo una versión de Our Town... el Sr. Lithgow se dirige al público para anunciar el nombre de la obra como si fuera el director de escena... o una tragedia griega...los miembros del elenco están sentadas a los dos lados de la escena como si fuera un coro griego. La presente versión es extraordinaria, no por el trabajo del director, sino por el ejemplar trabajo del elenco. El Sr. Lithgow es poderoso como el hombre quien ha hecho una atrocidad aunque, según él, lo había hecho por su familia. La Señorita Wiest muestra todo el dolor de una mujer quien no puede aceptar las tristes realidades que la rodean. El Señor Wilson, por su parte, sobresale en interpretar al hijo honrado quien se verá obligado de enfrentarse con las acciones de su padre lo cual destruye su relación con él. Christian Camargo tiene su momento en el papel de George Deever, hermano de Ann, quien no quiere que su hermana se case con ningún hijo de Joe Keller, el que arruinó la vida de su familia.

 

Aunque las proyecciones (Finn Ross para Mesmer) que indican el cambio de los actos estorban, las que muestran escenas de la fábrica, de la guerra y de una multitud de gente añaden mucho al poder de la obra; esta última refuerza el título metafórico de “All My Sons.

 

“All My Sons” en cartelera en el Gerald Schoenfeld Theatre, 236 de la calle cuarenta y cinco, oeste. Funciones hasta el once de enero con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos:$61.50 a $116.50, disponibles en la taquilla, al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

“To Be Or Not to Be” trata de ser cómica, pero no lo es

“Ser o no Ser” debuta en Broadway

 

         

 

 

“To Be Or Not to Be” es francamente desengañadora... una comedia cuyos chistes son aburridos y caen como plomo que hubiera sido mejor si no hubiera sido montada. La culpa no la tienen los miembros del elenco quienes hacen lo mejor que puedan para resucitar la versión teatral de la película del mismo nombre que salió en 1942... pero, por mucho que trabajen la deleitosa Jan Maxwell y el capaz David Rasche en los papeles creados por Carole Lombard y Jack Benny, no son capaces de vencer los obstáculos de la adaptación de Nick Whitby y de la dirección de Casey Nicholaw.

 

En la obra, Rasche y Maxwell son Josef y Maria Tura, los dos actores principales de una compañía en Polonia quienes usan la pericia que tienen en su arte para imposibilitar las acciones de los nazistas en su país. Para realizar esto, el flamígero Josef tiene que personificar a un oficial nazista mientras los demás miembros de la tropa ayudan a efectuar la artimaña. Las intrigas secundarias incluyen la infidelidad de Maria y su relación clandestina con un admirador suyo, Stanislaw Sobinsky (Steve Kazee) y las escenas que pasan detrás de bastidores que muestran la rivalidad y la tensión entre la pareja de actores.

 

Pocos chistes tiran en el blanco y raras veces se escuchan en la sala las esperadas carcajadas que debía de producir una comedia. Hay una u otra escena cómica...como cuando Sobinsky repetidamente deja su lugar en la primera fila para ver a su amante en secreto (lo cual ocurre cada vez que Josef pronuncia el famoso soliloquio de Hamlet que da nombre a la obra)...pero la mayoría de la obra carece de auténtica y pura comedia. Ni las pronunciaciones de los personajes y ni los esfuerzos de los actores para ganar risas de las situaciones secas son suficientes para que  “To Be Or Not to Be” sea satisfactoria.

 

La escenografía insubstancial de Anna Louizo parece demasiado frágil para una producción de Broadway pero el vestuario de Gregg Barnes es más adecuado, sobre todo para los lujosos vestidos para la Señorita Maxwell y los trajes para el Señor Rashe.

 

“To Be Or Not to Be” en cartelera en el Samuel J. Friedman Theatre, 261 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones hasta el veintitrés de noviembre con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; domingo, a las siete; miércoles y sábado, a las dos. Boletos: $56.50 a $96.50, disponibles al Telecharge.com, 212.239.6200 o al 800.432.7250.         

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

 

 

“A Man for All Seasons” presenta

Un hombre y un actor para la eternidad

 

 

 

 

El extraordinario actor Frank Langella vuelve a Broadway para interpretar a Tomás Moro en la portentosa obra “Un hombre para la eternidad,el drama de Robert Bolt que ganó el premio Tony para mejor obra teatral en 1961. El Sr. Langella es más grande que la vida misma desde el momento que primero pisa las tablas del American Airlines Theatre hasta que sube la escalera que lo lleva al patíbulo, y, metafóricamente,  a la vida eterna en el Paraíso.

 

La acción  pasa entre 1529 y 1535 cuando Sir Thomas, gran canciller del gobierno inglés durante el reino de Enrique Octavo (Patrick Page), comienza a tener graves problemas cuando se niega a ayudar al Rey Enrique a divorciarse de su esposa Catarina de Aragón; si la Iglesia otorga el divorcio, el Rey podrá casarse con su más reciente conquista, Ana Bolena. Además, por mucho que traten de persuadirlo que abandone la Iglesia de Roma, se niega a abandonar el Catolicismo a favor de la Iglesia de Inglaterra. Moro abraza no solamente las doctrinas de su religión sino también su conocimiento de la ley; por eso, él piensa que, siendo abogado, la ley lo protegerá si la sigue al pie de la letra. Por eso, en sus conversaciones con el Cardinal Wolsey (Dakin Matthews), quien lo asedia, con Richard Rich (Jeremy Strong) quien lo traiciona aunque Moro lo había ayudado, con Oliver Cromwell (Zach Grenier) quien últimamente lo lleva a la ruina, More escoge sus palabras fervorosa e intensamente, pensando que lo que dice, o mejor dicho, no dice lo protegerá. Tal no es el caso para el triste pero intrépido Tomás quien lucha hasta el fin para librarse de las acusaciones de los que lo encarcelan, lo torturan, y, por fin, lo condenan a la muerte por alta traición. Murió decapitado el seis de julio de 1535. Por haber defendido su fe, due nombrado Santo por la Iglesia Católica.

 

Langella es perfecto en el papel de Moro; el actor asume varias actitudes en sus relaciones con sus adversarios sin esfuerzo; es a la vez orgulloso y arrogante, cariñoso y abiertamente antagónico al tratar con los que lo rodean. El actor brilla no solo en los momentos decisivos sino también en los pocos discursos cómicos que el libro le presenta; puede ocasionar carcajadas con la manera en la cual enuncia la palabra Gales. Un actor cumplido, el Sr. Langella debe prepararse de antemano para recibir gran número de premios para su trabajo aquí. Los demás miembros del elenco (Maryann Plunkett como su esposa Alice, Hannah Cabell como su hija Margaret, Michael Esper como su yerno William Roper) se mantienen en sus trece pero no llegan a acercarse a la actuación impresionante que da Langella. Doug Hughes dirige bien a los miembros del numeroso elenco y los mueve capazmente por el decorado esqueletoso del escenógrafo Santo Loquasto. El vestuario es de la siempre competente Catherine Zuber, música y sonido de David Van Tieghem, e iluminación de David Lander.

 

“A Man for All Seasons” en cartelera hasta el siete de diciembre en el American Airlines Theatre, 227 de la calle cuarenta y dos oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Boletos: $66.50 a $111.50, disponibles al 212.719.1300 o al www.roundabouttheatre.org.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

Las maravillas de ser y tener “13”

Celebración de la adolescencia estrena en Broadway

 

 

 

 

A juzgar por las ovaciones y carcajadas que reverberaron por la sala del Bernard B. Jacobs Theatre en una reciente función de la musical “13,  la obra que celebra los vaivenes de los adolescentes es un exitazo redondo. ¡El tiempo lo dirá!, como dice el refrán, porque la obra alardea un elenco compuesto de adolescentes, un conjunto de músicos jóvenes y un tema que es tan apropiado para los treceañeros como lo es el acné. Ojalá que el público en general abrace los encantos de esta deleitosa musical que es alegre, decorosa y muy fresca.

 

El libro de Dan Elish y Robert Horn capta perfectamente las ansiedades y las preocupaciones de sus personajes y el elenco, compuesto de trece jóvenes de poco más o menos de los trece años, está repleto de energía, entusiasmo y talento. El protagonista Evan Goldman (Graham Phillips en todas las funciones menos la del sábado por la noche cuando Corey J. Snide lo remplaza) tiene que salir de su querido Manhattan cuando sus padres se divorcian; el joven va con su mamá al pueblo rural de Appleton, Indiana donde viven unos parientes. Lo que él encuentra en el pueblecito es un grupo de jóvenes no tan diferentes de los que dejó en Nueva York. Le preocupa que pronto tenga los trece años porque estará celebrando su bar mitzvah en un pueblo donde hay pocos judíos y él no tiene amigos. Cuando conoce a la sencilla Patrice (Allie Trimm), cree que ya no tendrá más problemas, pero es solo el principio de las contrariedades que lo enfrentarán al entrar en la escuela media el primer día de las clases.

 

Mientras trata de adaptarse a su nuevo ambiente, trata de hacerse amigos con los alumnos más populares para poder invitarlos a su fiesta de su rito de tránsito de muchacho a hombre. El chico encuentra todo tipo de mocedad en la sociedad escolar: el lisiado Archie (Aaron Simon Gross) quien quiere salir con la inocente “chica buena” Kendra (Delaney Moro) aunque ésta es el objeto de las afecciones del galán atlético pero torpe Brett (Eric M. Nelsen), un rubio deseado por Lucy (Elizabeth Egan Gillies), la chica bella, popular pero maliciosa quien hará todo lo posible, aún si tiene que traicionar a su mejor amiga Kendra, para lograr su meta y su hombre (¡por joven que sea!). Hay Eddie (Al Calderon) y Malcolm (Malik Hammond), los escuderos, por decir, de Brett, quienes realizan cada sueño suyo. Los libretistas captan la gama de emociones que sienten todos estos personajes...la superioridad de unos, la inferioridad de otros, la popularidad, la lealtad, la traición, los celos y la necesidad de pertenecer a un grupo... con familiaridad, cariño y veracidad.

 

El compositor Jason Robert Brown ha escrito una variada partitura de melodías que les da a los varios actores del elenco la oportunidad de lucir sus talentos vocales a solas y en coro. La briosa antífona “13” entonada por los trece jóvenes y la movida “Brand New You” ciñen la producción gloriosamente. Hay baladas como “Becoming a Man” vocalizada con fuerza por Phillips; do-wop, “Hey Kendra” entonada rítmicamente por Nelsen, Calderon y Hammond, después Gillies y Moro; la cómica “Terminal Illness,modulada con brío por Phillips y Gross; tres melodías, la risible pero sincera “The Lamest Place in the World, la enternecedora What It Means to Be a Friend” y la plañidera “Good Enough” armonizadas con emoción por la Señorita Trimm. La letra del mismo Sr. Brown refleja los modismos y el habla de los chicos de hoy y es a la vez hilarante, conmovedora y franca.

 

Graham Phillips encabeza un grupo de actores talentosos, ágiles y perspicaces que, a pesar de su tierna edad, son comodísimos en el centro del escenario de un teatro de Broadway. Una cosa queda muy claro, pase lo que pase a la musical “13” sus actores son las estrellas de mañana.

 

“13” en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre, 242 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes a viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete; comenzando el trece de octubre: martes a jueves, a las siete; viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $76.50 a $111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 y al Telecharge.com.   

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

           

           

 

 “The Seagull” se eleva a las alturas

Clásica obra de Antón Chekhov estrena en Broadway

 

 

 

 

La nueva versión de “La Gaviota” de Antón Chekhov estrenó recientemente en el Walter Kerr Theatre de Broadway en una producción sobresaliente dirigida por Ian Rickson. Bajo la experta dirección del Sr. Rickson, la producción se eleva a las alturas del principio al fin, tal como una gaviota que se despega, toma vuelo y sube al cielo.

 

La obra gira alrededor de varios conflictos que nacen en la mansión de Sórin (Peter Wight), un lugar lúgubre situado cerca de un lago donde la hermana de Sórin, la famosa actriz de escena Arkadina (la maravillosa Kristin Scott Thomas), llega con su amante Trigorin (Peter Sarsgaard), un novelista mucho más joven que ella. Todos los de la mansión se reúnen para ver la obra que Konstantin Treplev (Mackenzie Crook), hijo de la actriz, ha escrito y va a presentar en el jardín; la obra, llena de simbolismo y de un estilo modernista, fue ridiculizada por Arkadina y los demás. La actriz principal Nina (la igualmente maravillosa Carey Mulligan), vecina y amante de Konstantin huye al escuchar la crítica de sus vecinos. Nina recibe una gaviota que Konstantin había fusilado, pero ella ya no quiere al joven Konstantin; ella cae bajo los encantos del escritor Trigorin. El infeliz Konstantin trata en vano de suicidarse por el creciente odio que él le tiene a Trigorin quien supuestamente ama a su madre. Arkadina y Trigorin deciden partir para Moscú, pero antes de su partida, Nina le jura su amor a Trrigorin y los dos prometen verse en la capital rusa.

 

Dos años pasan; Masha (Zoe Kazan) se ha casado con el maestro Medvedenko (Pearce Quigley) aunque todavía está enamorada de Konstantin; éste sencillamente ignora el amor que ella le tiene. Nina y Trigorin vivieron juntos en Moscú pero éste la dejó para poder reunirse de nuevo con Arkadina. Mientras los de la casa juegan a la lotería, Konstantin trabaja solo en un manuscrito cuando Nina, a escondidas, entra y le cuenta de su vida durante los pasados dos años; le cuenta del niño que tuvo, de su muerte y de cómo había pasado los dos años con unos actores de tercera. Ella se compara a la gaviota que Konstantin había matado y le había regalado, pero después, recobra sus fuerzas para decir que es y quiere ser, en primer lugar, actriz. Aunque Konstantin le ruega que se quede, ella huye y Konstantin, deprimido, destruye su libro, sale de la escena y se mata.           Pasiones sufocadas, amores no correspondidos, desesperación y desaliento establecen el tono de “The Seagull” y esta versión tira en el blanco en ilustrar y reforzar los temas. El director les saca interpretaciones impresionantes de cada uno de los actores, pero, para decir la verdad, el éxito de la producción se debe a la excelencia de sus dos primeras actrices, la Señorita Scott Thomas y la Señorita Mulligan. La actuación de estas grandes actrices es toda una revelación. En un papel secundario, Zoe Kazan tiene su momento en el papel de la desafortunada Masha. De los hombres, el Sr. Crook es capaz en su interpretación del inquieto Konstantin. También lo es el Sr. Sarsgaard en el papel del desanimado Trigorin.

 

El equipo técnico (vestuario y escenografía de Hildegard Bechtler, iluminación de Peter Mumford, sonido de Ian Dickinson) logra crear el perfecto ambiente de desconsuelo y vacuidad...desde la negrura del bosque del primer acto hasta la vastedad expansiva del interior de la casa del segundo. Por sencilla que sea la escenografía de la Señorita Bechtler, logra capta apropiadamente el ambiente estéril donde vuela la gaviota. El vestuario de la misma Bechtler presenta unos suntuosos vestidos para la Señorita Scott Thomas que le sientan como el proverbial guante y muestran el estado económico de la actriz aunque dice que no tiene dinero. La música del compositor Stephen Warbeck es eficazmente sombría. La nueva versión del texto es de Christopher Hampton.

 

A pesar de que la obra no fue bien recibida cuando estrenó, la obra es considerada una de las mejores de la obra de Chekhov. Aunque en esta producción la obra se presenta en solo dos actos que duran casi tres horas, la  producción nunca falla debido a la dirección enfocada y logra revelar los conflictos, la amargura, la aversión, el descontento y el odio que sienten los personajes los unos hacia los otros y hacia la vida misma.

 

“The Seagull” en cartelera en el Walter Kerr Theatre, 219 de la calle cuarenta y ocho oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. El cinco de octubre, habrá dos funciones, a las dos y las ocho. Boletos: $110, $77, $41 y $25 (student rush y standing room) disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

                      

“Equus” sigue magnetizar al público

Richard Griffiths y Daniel Radcliffe se apoderan del drama

 

 

 

 

Uno de los dramas más anticipados de la presente temporada es la versión de “Equus” protagonizada por Daniel Radcliffe, conocido mundialmente como Harry Potter en las películas acerca del joven mago Potter y sus aventuras. La presente producción del drama de Peter Shaffer, dirigida por Thea Sharrock, fue todo un exitazo cuando estrenó en Londres en 2007 con el Sr. Radcliffe como el desequilibrado adolescente Alan Strang y Richard Griffiths como el siquiatra Martin Dysart quien trata de ayudarlo. La obra, que estrenó en Broadway en 1974 y ganó el Premio Tony para mejor drama en 1975, vuelve a Broadway por primera vez en una temporada limitada que seguramente agotará todas las localidades no sólo por la presencia de Radcliffe sino por la excelencia de la actuación, la astuta dirección y la magnífica puesta en escena.

 

“Equus” explora la preocupación religiosa y sexual que el joven Strang tiene por los caballos lo cual lo provoca a cegar a seis caballos una noche en el establo donde trabaja. Mientras Dysart se esfuerza a penetrar en los rincones más escondidos de la mente del joven, él también tiene la oportunidad de examinar su propia esencia, revelando sus propias ansiedades, comparándolas con las del joven, y, en cierto punto, envidiando al joven por tener algo en que creer y adorar mientras su propia existencia carece de algo concreto, deseable, válido. El libro de Shaffer revela la historia de Strang en una serie de escenas intercaladas que desenmascaran las razones por la atrocidad cometida por el joven. Al principio Strang no está dispuesto a comunicar con el médico, pero cuando éste le convence que si se libra de la verdad, las pesadillas de que sufre se desaparecerán, parece buscar la oportunidad de quitarse el peso que lo asedia. Al fin, el joven, pensando que el siquiatra le había dado un medicamento especial, revela los acontecimientos que causaron su acto mientras la escena se realiza en la memoria del joven y en carne y hueso.

 

El Sr. Radcliffe logra captar el alma en pena del joven cuya fascinación con los caballos llega a ser su religión y un caballo en particular llega a ser su dios. Radcliffe muestra su pericia para su arte en el dificultoso papel del muchacho que debe considerar sus acciones antes de poder seguir con su vida. La famosa escena trascendental cuando Radcliffe como Strang desnuda su cuerpo y su alma frente al público se ejecuta con buen gusto y sin timidez de parte del actor. El excelente Griffiths, por su parte, revela no solo la fuerza y el tino de su personaje por la siquiatría sino las debilidades y las angustias  que lo asedian. Los dos actores, quienes trabajaban anteriormente en Londres y en las cinco películas Potter, muestran una simbiosis artística casi de padre e hijo que requieren sus papeles. El aristocrático Lorenzo Pisoni sobresale en el papel del caballero en la playa que le da al joven su primera introducción al bello animal. Pisoni también representa a Nugget, el caballo dios de Strang; su interpretación es creíble y conmovedora. Kate Mulgrew es capaz pero algo distante como Heather Saloman, la colega de Dysart quien sabe que Dysart es el único que pueda ayudar al joven. Anna Camp es inocente y seductora en el papel de la joven quien trata, en vano, de ganar las atenciones de Strang.

 

El encargado de movimiento, Fin Walker, diseña los pasos para los actores que representan a los caballos, Collin Baja, Tyrone A. Jackson, Spencer Liff, Adesola Osakalumi y Marc Spaulding de una manera semejante a la de un coreógrafo con su cuerpo de baile. Sus amaneramientos son elegantes, garbosos y sencillamente ecuestres. El diseñador de la producción, John Napier, ha ideado un paisaje místico en el cual cabalgan los seres casi humanos que son los caballos; con grandes cabezas estilizadas y cascos que les dan una estatura sobrehumana, se puede imaginar el mundo surrealista en el cual Strang vivía. El humo que frecuentemente llena el escenario, la iluminación de David Hersey y el sonido de Gregory Clarke añaden al ambiente espiritual de una producción que ofrece mucho que admirar, celebrar y recordar.

 

“Equus” en cartelera hasta el ocho de febrero en el Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $61.50 a $116.50, disponibles al 212.239.6200, 800.432.7250 o al Telecharge.com.      

*photo credit :Carol Rosegg

 

 

                      

 

“A Tale of Two Cities” en Broadway

 Voces espléndidas, melodías melifluas  

 

 

 

 

Basada en la novela histórica de Charles Dickens, la obra musical “Historia de dos ciudades” ha llegado por fin a Broadway después de una exitosa temporada en la Florida donde las localidades fueron agotadas en cada función. Por las complicaciones y los enredos vividos en las tres partes del libro de Dickens, el libro de Jill Santoriello, quien también escribió la música y la letra, salta de las dos ciudades en cuestión (París y Londres en la época de la Revolución Francesa), reduce intrigas secundarias y omite detalles...pero después de la larga exposición al principio de la obra, los personajes y los eventos de “A Tale of Two Cities,juntos con las espléndidas voces del elenco y las melifluas melodías de la partitura  envuelven al espectador en la magnificencia del relato.

 

El injusto encarcelamiento del Dr. Alexandre Manette (Gregg Edelman) en la Bastilla por haber presenciado unas atrocidades cometidas por el Marqués de Evremonde (Les Minski) pone en marcha la acción de “Historia de dos Ciudades.La hija de aquél, Lucie Manette (Brandi Burkhardt), se enamora a primera vista del joven Charles Darnay (Aaron Lazar), un noble quien ayudó al doctor y a su familia a volver a Inglaterra. Al llegar a Inglaterra, Darnay, quien en realidad es sobrino de Evremonde, es encarcelado gracias al engaño planeado por su tío y ejecutado por sus nefastos ayudantes. El abogado Sydney Carton (James Babour) lo libera y él también cae bajo el encanto de la Señorita Manette. Mientras en París, la Revolución por los proletarios surge y un grupo de revolucionarios, encabezados por la Madama Defarge (Natalie Toro) y su esposo Ernest (Kevin Earley) lucharán hasta que no quede vivo ningún aristócrata francés. Cuando su hijo muere en una de las batallas, los Defarge juran mandar no solo a Charles Darnay a la guillotina sino también a Lucie y a su hija aunque Darnay había renunciado a su título y su herencia años antes. Al fin del drama, Sydney Carton decidirá el destino de la mujer a quien ama, a su esposo y a su bella hija.

 

Aunque se trata de otra revolución francesa, “A Tale of Two Cities” existe independientemente de “Los Miserables, una obra con la cual indubitablemente va a ser comparada, pero la riqueza de los personajes de la memorable novela de Dickens, aún en una versión truncada, presentada en vivo por unos maravillosos actores cuyas voces se elevan a las alturas, es absolutamente impresionante. Las melodías escritas por Santoriello les da a los cantantes la oportunidad de lucir sus fuerzas vocales y los principales...el Sr. Edelman, la Señorita Burkhardt, la Señorita Toro, el Señor Lazar y sobre todo el Sr. Barbour (cuyo rico barítono es espléndido)...son impresionantes.

La dirección es de Warren Carlyle.

 

El equipo técnico alardea escenografía de Tony Walton, vestuario de David Zinn, iluminación de Richard Pilbrow sonido de Carl Casella y Dominick Sack. El Sr. Walton ha optado por una serie de plataformas y andamios que sirven eficazmente las demandas del libro pero que no ofrecen nada extraordinario que ver ni recordar, pero él y los otros diseñadores sí captan la urgencia y la esfera de acción del drama musical.

 

“A Tale of Two Cities” en cartelera en el Al Hirschfeld Theatre, 302 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos, $59 a $120, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

                      

           

 

Sempiternamente  fresca y enteramente romántica

“South Pacific” vuelve por fin a Broadway

  

 

 

 

 

 

La presente producción de “South Pacific,actualmente en cartelera en el Vivian Beaumont Theater de Lincoln Center, es una verdadera maravilla. La primera repostura de la musical de Rodgers y Hammerstein, que no se ha presentado en Broadway desde que estrenó en el Majestic Theatre en 1949 y permaneció en cartelera por cinco años ganando  nueve premios Tony. La lujosa producción, con la suntuosa y conocida partitura de Richard Rodgers (música) y Oscar Hammerstein II (letra) orquestada por Robert Russell Bennett, una suntuosa escenografía de Michael Yeargan, antojadizo vestuario de Catherine Zuber, sublime iluminación de Donald Holder, el mejor sonido posible de Scott Lehrer, la mañosa dirección de Bartlett Sher, y, sin ninguna exageración, uno de los mejores elencos reunidos en tiempos recientes, “South Pacific” es un sueño hecho realidad.    

 

Sr. Hammerstein II y Joshua Logan, los autores del libro, ubican su musical en una isla tropical del Pacífico del Sur durante los días finales de la Segunda Guerra Mundial. En el ambiente cálido y tropical, la enfermera Nellie Forbush (Kelli O’Hara), una joven ingenua de Little Rock, se enamora alocadamente de Emile de Becque (Paolo Szot), dueño francés de una de las plantaciones de la isla. Mientras la guerra sigue en el fondo con la llegada de más y más tropas japonesas, el amor entre los dos intensifica. Además de la historia de Forbush y de Becque, hay la del lugarteniente Joseph Cable (Matthew Morrison) quien se enamora de Liat (Li Jun Li), la hija  de la vendedora polinesia Bloody Mary (Loretta Ables Sayre) quien quiere casar a su hija con el joven y guapo Cable  para que Liat no tenga que casarse con uno de los viejos cultivadores que pueblan la isla. Mientras tanto, el taimado soldado Luther Billis (Danny Burstein) trata de hacerse rico y conocer las isleñas que viven en el prohibido paraíso de Bali Ha’i.  

 

Cuando Nellie aprende que de Becque estuvo casado anteriormente con una polinesia y que tiene dos hijos chiquitos (Laurissa Romain y Skipp Sudduth) que viven con él, los prejuicios de la mujer adocenada la prohíben que ella acepte la oferta de matrimonio que el hombre a quien ama le había hecho. Además, Cable no puede pensar en casarse con una polinesia por la misma razón, un pensamiento expresado perfectamente en una de las melodías You’ve Got to Be Carefully Taught” que el lugarteniente entona plañideramente. Al aceptar un proyecto importante por la marina americana, los dos hombres no sólo arriesgan su propia vida sino las esperanzas y el futuro de las dos mujeres. 

 

La majestuosa partitura de canciones conocidas hace mucho para promover los argumentos del libro. “Dites Moi” entonada primero por los niños y después por Nellie, expresa el amor que le tiene a las criaturas y los esfuerzos de la mujer para aprender francés. En“A Cockeyed Optimist, Nellie enuncia la inocencia de su propia personalidad. La magnífica “Some Enchanted Evening” cantada con fuerza y cariño por Szot, es el antema de lo que siente de Becque para la enfermera. Hay momentos cómicos tales como “I’m Gonna Wash That Man Right Outa My Hair” “I’m Gonna Wash That Man Right Outa My Hair,en la cual Nellie trata de olvidarse de de Becque, “There Is Nothin” Like A Dame” vocalizada por el elenco masculino que es un homenaje cómico a la mujer, la extraordinaria “Honey Bun” cantada por Nellie y Billis en una presentación para celebrar el Día de Acción de Gracias, que casi para el espectáculo y “Bloody Mary” que celebra la astuta mujer. Melodías románticas abundan: “A Wonderful Guy” modulada por Nellie, “Younger than Springtime” armonizada por Cable acerca de la joven y bella Liat y “This Nearly Was Mine.

 

La actuación de todos los miembros del elenco desde los marineros y las isleñas se acerca a la perfección y los principales son absolutamente estupendos. La Señorita O’Hara canta y actúa como un ángel y el Sr. Szot, un cantante de ópera del Brasil, es igualmente pasmoso. Desde el primer momento que están juntos en la escena, se da cuenta del amor que comparten. Matthew Morrison, muy galán y señoril, es creíble en el papel de Cable, Sayre es divertida como Bloody Mary y Danny Burstein es comiquísima en el papel de Billis, sobre todo con los dos cocos que usa cuando interpreta un número de la partitura. La puesta en escena musical es de Christopher Gattelli quien sobresale en los números más movidos.  

 

Una estupenda “South Pacific” en cartelera en el Teatro Vivian Beaumont, 150 de la calle sesenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $75 a $125, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

“In the Heights” triunfa de nuevo en Broadway

La musical “En las alturas” es aún más sublime

       

 

 

 

 

La musical “In the Heights,un éxito cuando estrenó Off Broadway en el 37 Arts de Nueva York, estrenó recientemente en Broadway en el Richard Rodgers Theatre con más música y más movimiento y aún más éxito. La obra no para... y “sigue sigue  dando nueva esperanza al teatro musical contemporáneo; la obra, con música y letra de Lin-Manuel Miranda y libro de Quiara Alegría Hudes, es una delicia desde el mero principio, cuando los miembros del elenco de capaces actores cantan la gloriosa balada “In the Heights” , una verdadera antífona al barrio de Washington Heights donde viven y conviven, hasta el gran final cuando los mismos personajes, después de su viaje épico al alma de su barrio, cantan la memorable “Final” en la cual los personajes consientan que nunca podrán abandonar su hogar.

 

Los personajes de “In the Heights” son creíbles y simpáticos, sus valores son los de la gente que representan, los habitantes diligentes de un barrio pobre pero honrado donde se mantienen los ideales de amistad, fe y familia. El que guía al espectador por el panorama musical es el dueño de una bodega, nombrado Usnavi (el Sr. Miranda) un joven quien recibió su nombre cuando su padre vio pasar una nave con el escrito US Navy. Hijo de dominicanos, Usnavi y su su primo Sonny (Robin De Jesús) han sido criados por la Abuela Claudia (Olga Merediz), abuela de todos los jóvenes del barrio. Usavi, quien parece representar los ideales de su vecindad, es el espíritu del barrio, ofreciéndoles a los concurrentes de su bodega un buen café con leche y un saludo cordial cada mañana; el joven, sin embargo, es demasiado tímido para poder expresar lo que siente para la estilista Vanessa (Karen Olivo) quien trabaja en el salón de la vivaz Daniela (Andrea Burns) y quien desea salir del barrio. La intriga secundaria tiene que ver con una pareja madura, Kevin y Camila (Carlos Gomez y Priscilla López), dueños de un servicio de chóferes, quienes tienen que decidir si deben vender su negocio para que su hija Nina (Mandy Gonzalez) siga sus estudios en Stamford. La hija vuelve con la intención de quedarse en el barrio, pero  cuando se enamora de Benny (Christopher Jackson), parece que la decisión quedará firme. La escritora Hudes ha escrito bastantes curvas en la acción para que la vida “In the Heights” no parezca tan idílica.

 

La música corre la gama de hip-hop y rap a melodiosas baladas con marcado acento hispano. Para la producción en Broadway, los compositores han escrito cuatro canciones nuevas que mantienen el espíritu de la partitura original. A diferencia de otras obras supuestamente presentadas en español, los que idearon los diálogos y la excelente letra sí dominan su lengua. Y qué alegría ver una obra acerca de latinos en la cual algunas de las canciones son cantadas en un buen español. Entre las mejores melodías son la arriba mencionada “In the Heights” interpretada por Usnavi y todo el elenco, la bella Respira entonada por Nina en una versión bilingüe, Inútil, vocalizado por el Sr. Herrera, “Paciencia y Fe” cantada por la Abuela y compañía, y la memorable “Alabanza” interpretada por el Sr Miranda, la Señorita Gonzalez y toda la compañía, pero basta decir que cada momento musical de la partitura es un verdadero placer presenciar.

 

Con dirección de primera de Thomas Kail, la mejor coreografía de Nueva York, labor del talentoso Andy Blankenbuehler que parece aún más vivaz y memorable en las tablas del Richard Rodgers y el fino trabajo de un experto equipo técnico (impresionante escenografía de Anna Louizos que recrea una calle del barrio y el Puente de George Washington en la distancia, iluminación de Jason Lyons, vestuario de Paul Tazwell y sonido de Acme Sound Partners) que recrea el barrio y su ambiente, “In the Heights” sube a las alturas.

“In the Heights” en cartelera en el Richard Rodgers Theatre, 226 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las ocho. Boletos: $41.50 a $111.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.

*photo credit: Joan Marcus

         

 

 

“La Sirenita”...una delicia del mar en la tierra

Disney’s “The Little Mermaid” debuta en Nueva York

 

 

 

 

Sin ni una sola gota de agua, “The Little Mermaid” está navegando las aguas de Broadway en el Teatro Lunt-Fontanne. La centelleante obra, basada en la película de Disney de 1989 y el cuento de hadas de Hans Christian Anderson, logra recrear en vivo la magia y el encanto de la bien amada leyenda y de la película de dibujos animados. La partitura, que incluye canciones clásicas de Alan Menken y su colaborador Howard Ashman, alardea diez canciones nuevas de Menken y del letrista Glen Slater que conservan el espíritu y la gracia de las melodías originales. El libro de Doug Wright adapta la película animada fielmente para el teatro y el premiado Sr. Wright también ha desarrollado algunos episodios de la leyenda bella e imaginativamente.

 

En la leyenda, la sirenita Ariel (Sierra Boggess), la menor de las hijas del Rey Tritón (Norm Lewis), desea conocer el mundo de los humanos aunque su padre se lo prohíba. Cuando un barco se le acerca, la curiosa Ariel, quien colecciona objetos humanos que Scuttle el gaviota (Eddie Korbick) le regala, siempre acude con su amigo Flounder ( Trevor Braun o Brian D’Addario) para ver cómo son los de arriba. Un día, ella presencia un naufragio y rescata al bello príncipe Eric (Sean Palmer); éste, escuchando la voz celestial de Ariel, se enamora de la voz de la criatura y jura encontrar a la persona cuya voz lo ha encantado de esta manera. Ariel, por su parte, se enamora de inmediato del príncipe y, en un acto de desesperación, sin que su padre ni su cangrejo protector Sebastián (Tituss Burgess) lo sepa, acepta las condiciones del hechizo de su Tía, la pulpo Úrsula, (la maravillosa Sherie René Scott), y sacrifica su voz para cambiar su cola y sus aletas por piernas. Si la preciosa Ariel no logra recibir un beso del príncipe dentro de tres días, ella será esclava de la bruja del mar y sus dos escuderos, los gimnotos Flotsam (Tyler Maynard) y Jetsam (Derrick Baskin) para siempre. Así, ella tiene que ganarle los favores y el beso del príncipe sin que él escuche su voz. 

 

La extraordinaria partitura junta canciones conocidas... la melodiosa “Part of Your World” entonada por Ariel, el movido ritmo caribeño “Under the Sea” vocalizado por Sebastián y las criaturas del mar, la plañideramente sarcástica “Poor  Unfortunate Souls” ejecutada poderosamente por Sherie René Scott en el papel de Úrsula, y la tierna “Kiss the Girl” cantada por Sebastián y los animales... con melodías originales como la antífona característica del estilo Disney “Positoovity” chistosamente cantada y bailada por Scuttle y las gaviotas, la cómica “Les Poissons” entonada por el abundante Chef Louis (John Treacy Egan) con brío y la amenazadora “Sweet Child” deliciosamente vocalizada con energía eléctrica por Flotsam y Jetsam. La mejor de las nuevas melodías es indubitablemente “I Want the Good Times Back,un himno al estilo de lo mejor de Broadway, que la Señorita Scott manda al gallinero del teatro; con su vestido de ocho tentáculos, ella se parece a una Sophie Tucker para el mundo acuático.

 

Gran parte del éxito y de la fantasía se debe a la visión de la directora Francesca Zambello que ha ideado un mundo repleto de ilusión y imaginación para la producción. Dirigida en gran escala por la Señorita Zambello, los diseñadores han fabricado todo un mundo acuático e iridiscente en el cual los peces, de colores brillantes y formas diferentes, parecen flotar en el agua. El diseñador de escenografía George Tsypin ha creado grandes columnas coralinas, anémonas flotantes y burbujas de todos los colores del arco iris (proyección y video por Sven Ortel). El extravagante vestuario de Tatiana Noginova emplea los mismos colores en los caprichosos vestidos que transforman los actores en criaturas de las profundidades. Iluminación de Natasha Katz y sonido de John Shivers colaboran a crear el ambiente de este mundo de fantasía para el teatro.

 

Los actores cumplen con las demandas de sus papeles y la Señorita Boggess y el Señor Palmer son los quintaesenciales amantes estilo Disney. Sólo la Señorita Scott, el Sr. Korbich y el Señor Burgess logran brillar más allá de sus respectivos papeles marítimos. El Sr. Lewis es fuerte como el Rey Tritón.

 

“The Little Mermaid” en cartelera en el Lunt-Fontanne Theatre, 205 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $51.50-$121.50, disponibles al 212.307.4747, al 866.870.2717 al al www.ticketmaster.com o al www.DisneyOnBroadway.com.         

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

 “The 39 Steps” ahora en el Helen Hayes Theatre

“Los 39 pasos” llevan a la risa

 

 

 

 

Cuatro actores cómicos, un libro resplandeciente, repleto de chistes y alusiones cinematográficas, toda la intriga de una película de Alfred Hitchcock, y la dirección afinada de Maria Aiken... todo esto y mucho más es lo que ofrece “The 39 Steps,la jubilosa comedia actualmente en cartelera en el Cort Theatre de Nueva York. El libro, briosamente adaptado por Patrick Barlow basado en un concepto original de Simon Corble y Nobby Dimond del libro de John Buchan, guiña un ojo siquiera cariñoso a la película epónima dirigida por el genio del suspenso, Alfred Hitchcock. Ganadora del premio Olivier el año pasado por mejor comedia, la obra “Los 39 pasos” llega a Broadway con la fanfarronería de que “Hitchcock meets Hilarante” lo cual es cierto, muy cierto.

 

Ciñendo la obra con un prólogo y epílogo, el refundidor Peter Barlow nos ubica rotundamente en una historia tirada directamente del cine negro, en la cual el flemático Richard Hannay (Charles Edwards), sentado en una butaca del teatro, (que, según él, es un lugar en el cual no hay que pensar mucho) oye unos tiros. Al conocer a la bella pero elusiva Annabella Schmidt (Jennifer Ferrin) en el teatro, él, de mala gana, la invita a su apartamento adonde ella ha ido a buscar refugio; es aquí donde confiesa que es una espía que dos hombres misteriosos están amenazando. Cuando él la encuentra muerta la mañana siguiente, por fin cree lo que le había dicho y sabe que tiene que huir porque las autoridades van a creer que él mismo es el asesino. Parte para Escocia para descifrar las claves que Anabella le había dejado; su búsqueda lo lleva por varios lugares: un tren, la campiña escocesa, una casa de labranza donde conoce a unos tipos curiosos, todos interpretados briosamente por los incomparables cómicos Arnie Burton y Cliff Saunders. Además, el impertérrito Hannay conoce a la traidora Pamela quien lo denuncia a la policía y a la infeliz Margaret quien lo ayuda a escaparse de ellos; las dos mujeres son interpretadas astutamente por la Señorita Ferrin.

 

Los cuatro incansables actores no dejan de asombrar a los espectadores con sus travesuras, sus posturas, sus cambios de vestuario, en suma con todo lo que hacen para realizar la comedia. El éxito de la obra depende mucho del ingenioso sonido de MicPool que recrea tiros, el rugir del ferrocarril y varios chirridos y crujidos; en realidad, el sonido de esta producción es uno de sus puntos más fuertes. La escenografía, unos baúles y uno que otro accesorio, fue ideada por Peter McKintosh quien también diseñó el atractivo vestuario de la época. La iluminación de Kevin Adams lujosamente aclara a los personajes y la acción.

 

Hay que alabar a los miembros del elenco por las risas y la diversión que ofrecen. Las carcajadas y las risas producidas por los disparates, los trucos y la magia teatral que hacen es gran parte de la diversión de “The 39 Steps.

 

“The 39 Steps, en cartelera en el Helen Hayes Theatre, 240 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos, domingo, a las tres. Boletos: $111.50, disponibles al 212.239.6200, al Telecharge.com o al 800.432.7250.  

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

 

“August: Osage County”... lo tiene todo

Obra de Tracy Letts sobresale en Broadway

 

 

 

 

“August: Osage County” es una obra extraordinaria. En esta temporada teatral en la cual estrenarán más dramas que musicales, éste será indubitablemente uno de los mejores, si no el mejor. Esta obra comprensiva, de más de tres horas veinte minutos de duración, tiene mucho en común con los grandes dramas familiares conocidos como la flor y la nata del teatro contemporáneo americano. La entera realización, producida anteriormente en el Steppenwolf Theatre Company de Chicago, llega a Broadway con casi el mismo consumado elenco bajo la astuta dirección de Anna Shapiro. A diferencia de otros dramas en cartelera hoy en día, “August: Osage County” no depende de un elenco estelar sino en la absoluta fuerza de sus temas, su conjunto de actores regionales y su profunda humanidad.  

 

En la primera escena, Beverly Weston (Dennis Letts), patriarca de la familia, está contratando a Johnna Monevata (Kimberly Guerrero) como  ama de llaves. El señor, un alcohólico empedernido, le explica a la joven indígena que su esposa Violet (Deanna Dunagan) está adicta a las pastillas que toma para quitarle los dolores del cáncer de la garganta del cual sufre. El hombre confiesa que a veces ella toma muchísimas pastillas...más de las que necesita... y ya requiere ayuda. Aquí, “August: Osage County” gira por una de las muchas inesperadas rutas presentadas en el drama al desaparecer el patriarca de la casa.

 

Ivy (Sally Murphy), la solterona, es la única de las tres hijas que todavía vive en la casa paterna en Oklahoma donde poco a poco se congregarán los familiares para ofrecerle su consuelo y su ayuda a la madre cuando aprenden de la desaparición del padre. La hermana mayor, Bárbara (Amy Morton), llega pero ella también tiene sus propios problemas debido a la fragilidad de su propio matrimonio con Bill (Jeff Perry) quien está saliendo con una joven y piensa dejar a su esposa; además, a causa de la dificilísima situación familiar, su hija Jean (Madeleine Martin) está tratando de olvidar sus problemas en el marihuana y en mirar la televisión constantemente.

 

Mattie Fae (Rondi Reed), hermana de Violet se presenta también acompañada de su esposo bonachón Charlie (Francis Guinan), pero sin su hijo, apodado no muy afectuosamente “Little” Charlie (Ian Barford), aunque es un adulto maduro. Éste, quien no estuvo presente en el funeral de su tío, parece algo lerdo pero puede ser que las apariencias engañan. Little Charles tarda en llegar a la casa lo cual enfurece su madre. Han llegado también Karen (Mariann Mayberry) y su novio Steve (Brian Kerwin), un hombre de negocios de Miami quienes piensan casarse el primero de enero del año siguiente. Presente también está Sheriff Dion Gilbeau (Troy West) quien viene con una triste noticia pero quien tiene su propia razón personal para visitar la casa. La llegada de tantos parientes a la misma casa al mismo tiempo revela heridas del pasado, conflictos y verdades que sorprenden, chocan y emocionan.

 

El elenco de capaces actores forma un verdadero conjunto, una auténtica familia, por decir y no hay ningún eslabón débil en su cadena artística. La estupenda Deanna Dunagan encarna la inestabilidad de una mujer afligida, endurecida por la vida que ha vivido, una mujer mordaz pero frágil, capaz de poner el grito al cielo quien sabe más de lo que piensan los demás. La actuación de la Señorita Dunagan merece los elogios que la capaz actriz está recibiendo. La Señorita Morton sobresale en el papel de Bárbara quien está dispuesta a aceptar la responsabilidad de la casa hasta que la madre le hace una última confesión que la aleja irrevocablemente de su madre. Será difícil borrar de la memoria los escalofríos que sienten los espectadores cuando Bárbara (Morton) le grita a su madre que ella está tomando control de la familia. Además, la madurez precoz de la Señorita Martin en el papel de Jean frente a los avances sexuales del novio de su tía, la torpeza cariñosa del Sr. Barford como Litle Charles al llegar tarde para las funerales, la extravagancia y la amargura de la Señorita Reed (Mattie Fae) frente a su hijo quien no es como ella quisiera; la pasión de la Señorita Murphy al revelar que está enamorado de su primo Charles; la compasión de la Señorita Guerrero en la última escena; los caprichos de la Señorita Mayberry al expresar su orgullo al tener una vida perfecta.

 

El Sr. Letts ha llenado su obra de situaciones creíbles y devastadoras que ocurren una tras otra hasta que ningún miembro de la familia quede libre de culpa. Todos tienen algo escondido que les dé vergüenza o que les cause pena a los demás: historias de infidelidad, celos, pedofilia, incesto, injusticias, mentiras... todo sale a la superficie en “Agosto: Condado Osage.

 

“August: Osage County” de Tracy Letts, en cartelera en el Music BoxTheatre, 239 de la calle cuarenta y cinco oeste, New York. Funciones: martes, a las siete y media; miércoles, a las dos y las siete y media; jueves y viernes, a las siete y media; sábado, a las dos y las siete y media; domingo, a las tres. Comenzando el 5 de enero, martes, a las siete. Boletos: $76.50 a $116.00, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

 

 

“Mary Poppins”... espectacular, entretenida y muy especial

...pero carece, tal vez, de una cucharada más de azúcar

 

 

 

 

En su más reciente tentativa para conquistar a Broadway, Disney ha juntado sus fuerzas y su magia con las del destacado productor Cameron Mackintosh en la realización, en Broadway, de la clásica película “Mary Poppins.La obra de teatro tiene todo lo que un espectador espera de una producción con antecedentes de tan alta calidad... efectos especiales verdaderamente espectaculares, una briosa coreografía ejecutada por un experto cuerpo de baile, una partitura deliciosa que incluye conocidas melodías de la película, escritas por Richard M. Sherman y Robert B. Sherman, nuevas composiciones de George Stiles y Anthony Drewe, y, en su centro, la cuidaniños más famosa del mundo, la que toma vuelo, les arregla la vida a los que la necesitan, y, cuando ya no la necesitan, desaparece en las alturas en busca de otras personas que ayudar.

 

Una de las nuevas canciones usa la frase “practically perfect” (prácticamente perfecta) para describir a Mary Poppins; la frase también describe la musical, porque, a pesar de sus puntos fuertes (que son muy fuertes), le falta algo a “Mary Poppins”... tal vez esa milagrosa cucharada de azúcar cuyas glorias son alabadas por Mary (Ashley Brown) en una de las canciones. En el primer acto, especialmente, los varios elementos, por sublimes que sean, nunca parecen acopiarse en una obra particular... las escenas, una más rimbombante que la otra, parecen separadas, liadas por las aventuras de la niñera Poppins y sus esfuerzos para mejorar el comportamiento de los niños de los Señores Banks (Daniel Jenkins y Rebecca Luker). El tono radiante de las jubilosas melodías “Chim Chim Cher-ee,” “Jolly Holiday,” “A Spoonful of Sugar,y “Supercalifragilisticexpialidocious” se contrasta con el acento serio de otras melodías del acto, la más plañidera “A Man Has Dreams” la amenazadora “Temper, Temper y la nostálgica “Feed The Birds”para mencionar algunas. Los diálogos toman un segundo lugar a la música en echar fuego a la leña dramática en este acto.

 

El segundo acto, más cohesivo que el primero, resuelve los problemas de la familia Banks de una manera que sólo Mary Poppins podría efectuar. El acto presenta la melodía más grandilocuente de todas, cuando Mary y Bert (Gavin Lee), juntos con toda la compañía, cantan y bailan la vivaz “Step in Time” que indudablemente para el espectáculo en cada función.  Entonces, cuando Mary ve que ya no tiene problemas que solucionar, ella agarra su paraguas, y, en el momento más mágico de la producción, alza el vuelo hasta las alturas del teatro lo cual deleita grandemente a los espectadores grandes y pequeños.

 

La Señorita Brown es capaz en el papel de Mary Poppins pero el verdadero astro de la producción es el Sr. Lee quien aquí recrea el papel que originó en la producción londinense. En realidad el Sr. Lee le eclipsa la gloria a la Señorita Brown cuya Mary es demasiado mecánica, con la sonrisa demasiado segura de sí y tal vez más sarcástica que dulce. Lee, al contrario, es una revelación; esbelto y ágil, su Bert siempre está en el centro de toda la atención.

 

No obstante, la musical “Mary Poppins” seguramente será un exitazo en Broadway, no sólo por los muchos aficionados de la película que quisieran ver la obra musical en vivo en el teatro legítimo, sino por la magia que presenta: las imágenes de los techos frente a un cielo estrellado (pintoresca escenografía de Bob Crowley e iluminación de Howard Harrison), cometas que flotan en el aire, los pájaros de la pajarera que vuelan, la carpeta de Mary de donde ella saca una gran cantidad de objetos, los deshollinadores que bailan en las siluetas de los techos de Londres y el Sr. Lee, recordando el trabajo de Gene Kelly o Ray Bolger, quien baila de arriba abajo en lo alto del proscenio.

 

Sin duda alguna, a pesar de que sea sólo una obra que es “prácticamente perfecta” no quisieran perder a “Mary Poppins” en Broadway. “Mary Poppins” en cartelera en el New Ámsterdam Theatre de Broadway, Broadway esquina con la calle cuarenta y dos, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $20 a $110, disponibles al 212.307.4100, al 212.307.4747 o al 800.755.4000.           

*photo credit: Joan Marcus

 

 

 

Los “Chicos de Jersey”…todo un exitazo en Nueva York

“Jersey Boys” conquista Broadway y el mundo del teatro

 

 

 

         

La más reciente de las musicales de sinfonola ya ha llegado a Broadway donde está causando una sensación que se averigua aún antes de entrar en el teatro; largas filas de confiados espectadores esperan pacientemente en la taquilla para comprar boletos para una futura función; tenedores de billetes hacen la cola para tomar su asiento cuarenta y cinco minutos antes de la función; personas con esperanzas de comprar una entrada al último momento miran con optimismo aquí y allá para ver si le sobra una entrada a alguien y, me imagino, revendedores de boletos, con dólares en los codiciosos ojos y armados de boletos que compraron en espera del próximo Hairspray, The Producers o Spamalot, acechan por todas partes y en el Internet para que alguien les compre un boleto a un precio exorbitante y, por coincidencia, ilegal. “Jersey Boys” tiene todas las señas de un verdadero, indubitable y legítimo exitazo. Esta musical de sinfonola también asegurará la fama paraJohn Lloyd Young, el actor quien encarna a Frankie Valli, el cantante principal del conjunto The Four Seasons, cuyo astro subió aún más cuando dejó el conjunto para hacer su propio espectáculo.

 

La obra, con libro de Marshall Brickman y Rick Elice, música de Bob Gaudio y letra de Bob Crewe es merecedora de los elogios de los críticos y del público también, porque, a diferencia de las otras obras del mismo género, que incluyen la exitosa Mamma Mía, la tibia All Shook Up y la desastrosa Good Vibrations, “Jersey Boys” alardea un libro muy sólido, cuyos personajes principales, los integrantes del conjunto, son personas de carne y hueso, cuatro muchachos como tantos otros, adolescentes en New Jersey en los años sesenta, que ganan la simpatía y el interés de los espectadores en el curso de la obra. Lo más importante es que los chicos son muy humanos, y es esta humanidad que lo que diferencia “Jersey Boys” de las demás obras que dependen de cierto artificio teatral para emplear las canciones de tal artista o de tal conjunto.

 

Por las canciones, estilo rock and roll de “Jersey Boys” la obra narra radiantemente la subida a la fama de cuatro muchachos comunes y corrientes, si no fuera por su estilo vocal muy original. La obra traspasa las cuatro estaciones de la vida profesional del conjunto, sus muchas encarnaciones…y nombres… entre ellos, Los cuatro amantes, Los adolescentes reales, Los Topix, y, después de la llegada de Valli, The Four Seasons; es con este nombre que llegaron a ser uno de los grupos más populares antes de la invasión de los Beatles. La obra sigue más o menos cronológicamente la carrera de los chicos, desde sus principios como cantantes de fondo a la época cuando los miembros se separaron del grupo, y Frankie Valli se estableció como cantante sólo. Uno por uno, los cuatro integrantes Tommy, Frankie, Nick y Bob narran una estación o etapa en su carrera, añadiendo, enmiendo o corrigiendo detalles, hablando a veces entre sí, a veces, en unos apartes dirigidos a los espectadores. El libro no lo pinta todo del color de rosa e incluye algunos problemas familiares de Valli, la muerte de su hija y el momento cuando su mujer lo dejó, por ejemplo; se habla también de los problemas con la policía, con la mafia, y de las drogas, las mujeres, los fracasos.                   

 

John Lloyd Young es toda una revelación como Frankie Valli con una presencia teatral muy natural; es difícil creer que este papel marca su debut en Broadway. El Sr. Young y sus expertos camaradas Christian Hoff como el problemático y endurecido Tommy De Vito, Daniel Reichard como el talentoso compositor Bob Gaudio y J. Robert Spencer como el sincero Nick Massi. Son tan creíbles que no se puede distinguir los aplausos que los actores reciben por su interpretación de la ovación que dan los espectadores al reconocer una melodía del conjunto musical.

 

La partitura ostenta las canciones del amplio repertorio de los cuatro desde las canciones que tuvieron un éxito limitado hasta los exitazos a nivel internacional. Las melodías siguen siendo populares hasta el día de hoy, no sólo en los Estados Unidos sino en las capitales como París donde, en los primeros años del nuevo milenio, su canción Oh What A Night subió en popularidad al número uno en su versión en francés “Ces soirées-La.

 

La sencilla pero eficaz escenografía de Klara Zieglerova… unas bardas metálicas y plataformas utilitarias de diferentes niveles… y las proyecciones…unas caricaturas pintorescas e estilizadas… de Michael Clark delinean la época de oro del rock ‘n roll en los Estados Unidos. El vestuario atractivo de Jess Goldstein es un sueño hecho realidad para los amantes de la ropa de los sesenta y los setenta. La iluminación de Howell Binkley y el sonido de Steve Canyon Kennedy enfocan la atención en los chicos y en su particular sonido. La dirección apasionada de Des McAnuff es agradablemente infecciosa.

 

Las maravillosas canciones de los Chicos de Jersey provocan ovaciones extáticos; las que el público recibe más calurosamente son Sunday Kind of Love, An Angel Cried, Sherry, Big Girls Don’t Cry, Walk Like a Man, My Eyes Adored You, Dawn, Let’s Hang On, Bye Bye Baby, Let’s Hang On, C’mon Marianne, Can’t Take My Eyes Off You, Working My Way Back to You, Rag Doll, Can’t Take My Eyes Off You, Working My Way Back to You, Rag Doll y Who Loves You. Si la lista parece inagotable, también lo es el júbilo que llena la sala del August Wilson Theatre durante cada función.

 

“Jersey Boys” es mucho más que una obra musical; es todo un fenómeno que hay que ver… y escuchar… para creer. “Jersey Boys,en cartelera en el August Wilson Theatre, 245 de la calle cincuenta y dos oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $62 a $127.00; precio especial para estudiantes con credencial, $25.00 el día de la función. Para más información: 212.239.6200 o Telecharge.com.

 

 *photo credit: Joan Marcus

 

         

 

 

“Wicked” es una delicia mágica y maravillosa

No hay nada “Malvado” en “Malvada”

 

           

Al igual que las historias del Mago de Oz escritas por Frank Baum que agradan tanto a los pequeños que a los grandes, la nueva obra musical WICKED tiene el mismo efecto hipnotizador en carne y hueso que en la página impresa. WICKED, con música y letra de Stephen Schwartz y libro de Winnie Holzman, basado en el libro de Gregory McGuire que narra las aventuras de dos brujas en el reino de Oz mucho antes de la llegada de la muchacha llamada Dorothy, es capaz de ser el Rey León del año 2004 con su fastuosa escenografía y singular vestuario, por la imaginación del director Joe Mantello bajo cuya inspiración la producción alza el vuelo y lleva al público muy lejos, a un mundo donde los monos tienen alas, las hadas entran en un carruaje de burbujas, las ciudades son de esmeraldas, los malos no son tan malos, y los buenos, pues, tampoco son tan buenos. Esta deliciosa obra, la mejor de la presente temporada, deja que el público libere su imaginación para acompañar a dos brujas en un fantástico viaje al mundo de Oz.

En esta narración musical, el espectador aprende la verdadera historia de las dos brujas más famosas de la Tierra de Oz, Glinda, la bruja buena, la de la voz de cristal y la cara de nieve y Elpheba, la bruja mala, la de la cara de pocos amigos y la piel color de rana. El libro de Holzman adaptado de la novela de McGuire se lo explica todo a los espectadores de una manera sorprendente y fantástica: cómo Elpheba perfeccionó su característica sonrisa sardónica; cómo y por qué ella comenzó a usar su sombrero puntiagudo y cómo Glinda llegó a ser tan “popular” a costa de su compañera. El libro también inventa un desenlace muy interesante que satisfará a los puristas, amantes del cuento original de Baum, y a los que nunca han leído el texto popular. La obra entretiene con todos los bien amados y célebres personajes y una puesta en escena que deleitará a un público sofisticado tanto como a una multitud de niños inocentes que tal vez están presenciando su primera obra en un teatro legítimo.

WICKED, THE MUSICAL ofrece un país de maravillas repleto de deleites para su público: una partidura vivaz y acogedora que abarca varios estilo y que ofrece bellas baladas (Nobody Mourns the Wicked) y canciones que se pegan (Popular), un elenco enérgico que procura agradar sin aparente esfuerzo y un libro que despierta y mantiene el interés aunque se trata de una historia conocida por casi todo el mundo. Hay que decir desde el principio que WICKED requiere a dos extraordinarios talentos para cumplir con las demandas de los papeles principales y ésta es la mayor atracción de WICKED, la participación de las dos actrices que protagonizan las dos brujas. Hay no sólo la extraordinaria Kristen Chenoweth quien ilumina el escenario con su presencia de tal grado que aún si se fuera la luz en el Teatro Gershwin de Broadway durante una función, habría suficiente luz para terminar la función, sino también la estupenda Idina Menzel cuya interpretación de la bruja mala se caracteriza por no sólo por el maquillaje verde sino por la voz bella y la fuerza de convicción de la actriz. Individualmente, cada actriz podría hacerse dueña de la obra y del inmenso escenario del Teatro Gershwin. Chenoweth, con su comedia física y la fluida manipulación de su voz es una verdadera diva de las grandes, una estrella cuyo nombre habrá que recordar y cuya estrella brillará por mucho tiempo en el mundo del espectáculo. Menzel, por su parte, es un gran talento que gana la simpatía de los espectadores por su personaje. Tan capaces son estas dos actrices que casi no se puede quitarles la vista a pesar de las otras maravillas que se presentan en la obra. Completando el elenco también están Joel Grey en el papel del Mago, Carole Shelley como la Señora Morrible y Norbert Leo Butz en el papel del galán Fiyero.

La larga lista de placeres vocales, visuales y bailables ceñidos en WICKED hacen mucho para explicar su éxito con los espectadores: una entrada magnífica para la bruja Glinda que parece que está flotando en el aire y la cómica canción Popular vocalizada por Chenoweth en la cual ella explica cómo una muchacha fea también puede llegar a ser popular son algunos de los momentos memorables. El elogio más importante que se puede otorgarle a WICKED es que el verdadero espíritu, la magia y los mensajes de la obra son envueltos en un aura placenteramente contagiosa que acoge al público con su magia, su música y su encanto.

WICKED, THE MUSICAL, en cartelera en el Gershwin Theatre, 222 de la calle 51 oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $61.25 a $121.25, disponibles en la taquilla del Gershwin, al (212) 307-4100 o al (800) 755-4000.

*photo credit: Joan Marcus  

 

   

 

Ojalá que yo viviera en “AVENUE Q” (Avenida Q)

Obra de títeres no se parece a la “Plaza Sésamo”

 

                       

Ojalá que yo viviera en AVENUE Q (Avenida Q), con sus graciosos residentes, su alegría de vivir y el cariño que ellos  demuestran los unos por los otros... pero esta calle existe sólo para los privilegiados personajes que  habitan la escena del Teatro Golden durante una función y para los dichosos espectadores que los visita. Esta AVENUE Q es una obra teatral deleitosa, un espectáculo de títeres para adultos algo escabroso, pero absolutamente encantador, entretenido y muy al día que describe las esperanzas y las aspiraciones de un grupo de jóvenes que han ido a New York en busca de su identidad, su fortuna y su razón de ser y que todos se encuentran en la Avenida Q.

 

El elenco es una interesante unión de actores verdaderos y actores de peluche manipulados por los mismísimos humanos. A diferencia de otros espectáculos de este género, AVENUE Q teje su encanto para los adultos mientras los personajes Rod, Brian, Kate Monster, Christmas Eve, Trekkie Monster y Gary Coleman se enfrentan con el racismo, los problemas económicos, el internet, el matrimonio y la identidad sexual. El espíritu del salado y sofisticado libro de Jeff Whitty se conserva en la mañosa y armoniosa música y letra de Robert Lopez y Jeff Mark que desarrolla los temas del dramaturgo en canciones de la talla de Si fueras gay, Todos somos algo racista, El internet sirve para la pornografía, Ojalá que yo pudiera regresar a la Universidad, y, Las fantasías sí se realizan. Con la atrayente coreografía de Ken Roberson, la competente dirección de Jason Moore y la garbosa escenografía en miniatura de Anna Louizos, la pequeña AVENUE Q ofrece más encantos que muchas obras que ocupan una dirección mucho más costosa en la Gran Vía Blanca.       

         

AVENUE Q, en cartelera en el John Golden Theatre, 252 de la calle 45 oeste, Nueva York. Funciones: martes a viernes a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $66.50 a $121.50, disponibles al 212. 239.6200 o al 800.432.7250.

*photo: Carol Rosegg

       

 

 

La gloriosa“¡Mamma Mia!” es una delicia

Canciones doradas de ABBA inspiran exitosa obra musical

 

 

 

Londres, Nueva York, Boston y pronto en Hamburgo y Tokio... la fenomenal “Mamma Mia” conquista a los espectadores adondequiera que llegue. La jubilosa obra, cuya historia está tejida de más de veintidós briosas canciones del popular conjunto ABBA, invita al público a olvidar sus problemas por casi tres horas de alegría, risas, y música. El encanto perdurable de ABBA trasciende el insustancial libro ingeniado por Catherine Johnson que, aunque sólo sirve para realzar la música de Benny Andersson y Björn Ulvaeus, es jovial, alegre y optimista, tiene un desenlace feliz y satisfactorio y les permite a los espectadores ponerse de pie y bailar en los pasillos.

 

En Mamma Mía, Sophie, una joven de veinte años, trata de averiguar cuál de los tres pretendientes de su madre es su verdadero padre. Cuando ella los invita a su boda sin que lo sepa su mamá, los tres poco a poco comienzan a entender por qué la muchachita quiere conocerlos... en la víspera de su boda. Antes del casamiento, los tres caballeros deciden conducirla al altar, pero el destino ya ha preparado otra conclusión para esta deleitosa fábula musical.

 

La música y la letra de las canciones dirigen la acción de Mamma Mía ingeniosa y ligeramente. Así, la obra principia con una versión de “Estoy Soñando” en la cual Sophie considera su plan de invitar a sus tres papás a su boda. Dos amigas de la madre le cantan “Chiquitita” a su amiga cuando ésta sabe quién viene a la boda. Un pretendiente, tomando en las manos la guitarra que tenía en su juventud, canta “Gracias por la música.” Otro canta la nostálgica “Nuestro Último Verano.”  “La Reina del Baile,” “Conociéndome, Conociéndote,” y “Money, Money, Money,” entre otros éxitos, salpimientan la historia de amor; lo más notable es que la letra se adapta perfectamente al hilo de los eventos. Al caer el telón, el público entero pide “Dame, dame, dame” más música y los miembros del elenco consienten, regalándoles otro popurrí de canciones a los espectadores, ocasionando otra ovación merecida. 

 

Los que creen que la música es el único encanto de esta fabulosa producción deben considerar también el ingenioso diseño de Mark Thompson, la espectacular iluminación de Howard Harrison, notable sonido de Andrew Bruce y Bobby Aitken y la animosa dirección de Phyllida Lloyd, sin mencionar los talentos de iun elenco de primera. No pierdan la impresionante Mamma Mía en Nueva York en el Winter Garden Theatre, 1634 Broadway. Funciones: lunes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos. Boletos: $62.75 a $121.50, disponibles al 212.239.6200 o al 800.432.7250.

 

*photo credit: Joan Marcus