“Cirque Dreams: Jungle Fantasy:
La selva y el circo en Broadway
Cirque Dreams Jungle Fantasy que no tiene ninguna afiliación con el más
conocido ( y más espectacular) Cirque du
Soleil es uno de estos espectáculos teatrales supuestamente originales y chispeantes
que generalmente se presentan en una carpa construida especialmente para la
función. Es ciertamente una extravagancia de primera clase con atracciones
divertidas, pero, esta vez, se está presentando en un teatro de Broadway, en
dos actos en vez de uno, dos o tres ruedos. Basta decir que la producción,
ideada y dirigida con brío por Neil Goldberg, es una manera muy placentera para
pasar dos horas en el verano en la ciudad cuando el sol calienta el asfalto y
el calor aplasta y aflige.
En vez de director,
este circo tiene una directora esbelta y elegante, Jill Diane, vestida (como
los demás artistas) por Lenora Taylor y Santiago Rojo de Cirque Productions,
cuyo vestuario evoca un jardín de flores apto para la la Reina Sol o Madre de
la Naturaleza. Es ella quien guía a un joven aventurero (Marcello Balestracci)
por una selva de delicias. Supuestamente escogido del grupo de espectadores,
Balestracci presencia las varias escenas
del circo pobladas por espléndidamente ataviadas criaturas y una mezcla
de acróbatas, malabaristas, artistas aéreas, entre otros quienes producen
gritos de sorpresa y asombro de parte del público y quienes reciben merecidas y
prolongadas ovaciones de ellos. Hay unos expertos en el arte de juegos malabares,
la sensual, delicada y fuerte Stefka Jordanova conocida como la
“Blackbird Hairialist’ (¡!) quien ejecuta una serie de trucos
mientras suspendida por su mechón. Hay ranas que hacen trucos malabares, un
mono que manipula sus pies, un jirafa que balancea, un lagarto contorsionista,
y gran variedad de unicornios, emus y otros fabulosamente vestidos
artistas/criaturas. Los artistas son de
países lejanos y cercanos, incluyendo los Estados Unidos, Ucrania, Rusia,
Mongolia, Bulgaria, Moldova y Canadá. Que llenan la selva de verdadera fantasía
que es Cirque Dreams Jungle Fantasy.
Cirque Dreams Jungle Fantasy con escenografía de Jon Craine, iluminación
de Kate Johnston quien eficazmente ilumina el circo de día y de noche, sonido
de Craig Cassidy y esculturas de animales de William Olson.
Cirque Dreams Jungle Fantasy, en cartelera en el Broadway Theatre, 1681
Broadway, New York. Funciones hasta el veinticuatro de agosto con el siguiente
horario: lunes, a las ocho; martes, a las siete, jueves y viernes, a las ocho;
sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. No hay función
los miércoles. Boletos:, al 800.432.7250 o al www.telecharge.com.
*photo credit: Carol Rosegg
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“Boeing Boeing” es buena buena
Nostalgia y diversión al estilo de los sesenta
Los que desean volver a una época más sencilla
cuando las sobrecargos eran azafatas que
solían ofrecer “café, té o mi misma” deben acudir lo más pronto posible
donde un elenco de expertos actores de los dos lados del Atlántico están
presentando una deliciosa producción de “Boeing Boeing” que no
tuvo ningún éxito cuando fue presentada en los sesenta. La farsa, dirigida
espléndidamente por Matthew Warchus, debe de tener muchísimo más éxito ahora,
principalmente por el cociente nostálgico y la briosa actuación que ofrece.
Gloria (Kathryn
Hahn), Gabriela (Gina Gershon) y Gretchen (Mary McCormack) son tres azafatas de
los Estados Unidos, Italia y Alemania, respectivamente. Cada aeromoza viaja
según un horario fijo lo cual beneficia a Bernard (Bradley Whitford), un galán
quien supuestamente está enamorado cada una de las tres atractivas mujeres. El
donjuanesco señor conoce el horario de cada cabinera para que, cuando dos están
viajando, la tercera pueda sentirse en su hogar en el lujoso apartamento
parisiense del apasionado Bernardo; éste la enamora y la despacha con precisión
a cada una para que pueda entretener a la segunda y después a la tercera.
Cuando Robert (Mark Rylance), un viejo amigo suyo de los EEUU, visita al
soltero, él se enreda en las deleitosas y risibles entradas y salidas de las
tres bellezas y las agradables sorpresas que el dramaturgo Marc Camoletti ha
preparado para sus personajes. Las múltiples puertas (hay al menos cinco)
presentan varias oportunidades para las travesuras de los dos hombres y las
mujeres quienes, por casualidad, llegan al apartamento al mismo tiempo. El
ritmo frenético establecido por el director y ejecutado por los actores produce
grandes carcajadas.
Vigilando las
aventuras amorosas de su patrón está la criada Berthe (Christine Baranski) quien, a
regañadientes y de mala gana, cambia las fotos, prepara las comidas preferidas
y coloca las flores predilectas de cada mujer antes de su llegada, pero cuando
el trío de engañadas damas están en el mismo lugar en la misma hora, Berte y
los dos hombres tienen que ser como malabaristas que no manejan mazas sino
mujeres. El desenlace, aunque demasiado oportuno, es irresistible.
Los Señores Rylance y
Whitford son versados cómicos, cuyas caras expresivas y cuerpos de caucho
provocan largas risotadas. Rylance, un verdadero payazo, es capaz de producir
carcajadas casi sin hacer nada; sus declamaciones, sus gestos y sus frecuentes
caídas son excepcionalmente divertidas. Whitford, por su parte, tiene sus
propias afectaciones jocosas, sobre todo cuando él se tiembla de pies a cabeza
al aprender que todas las tres G’s pueden
por fin y por desgracia conocerse. Las Señoritas Gershon como la sensual
italiana, Hahn como la belicosa alemana y Mccormack como la exagerada
americana, vestidas de los trajes típicos usados por las aeromozas en aquella
época (vestuario de Rob Howell, quien también diseño la escenografía), son
apasionadas y adeptas a la comedia física que requieren sus papeles. Los
acentos y la entonación de las tres (instructora de dialectos, Deborah Hecht)
añaden al entretenimiento general. La siempre divertida Señorita Baranski, bajo
la peluca negra y hablando con un marcado acento francés, usa todo el talento y todos los trucos a su
alcance en su repertorio para crear un inolvidable e increíble interpretación.
“Boeing Boeing” añade una fuerte dosis de ligereza y gracia a
las obras sombrías que han conquistado Broadway en la última parte de esta
temporada. “Boeing Boeing” en cartelera en el Longacre
Theatre, 220 de la calle cuarenta y ocho oeste. Funciones: martes a las siete;
miércoles a sábado a las ocho; miércoles y sábado a las dos; domingo a las
tres. Boletos: $26.50- $99.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o
al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“Les liasions
dangereuses”estrena en el American Airlines Theatre
Gente perversa puebla lujosa producción
La Marquesa de Merteuil (Laura Linney) y el
Vizconde de Valmont (Ben Daniels) era una pareja despreciable que se
aprovechaban de su poder y su posición en la sociedad francesa antes de la
Revolución para arruinar la vida, humillar y deshonrar a otros aristócratas en
una serie de juegos oscuros o líos
peligrosos. Los nefastos personajes aparecieron primero en la novela de
Choderlos de Laclos, publicada en 1782, la presente obra, escrita por
Christopher Hampton, muestra cómo ellos usaron el sexo como arma para realizar
estos juegos; también enseña la corrupción y la decadencia de la aristocracia
en el período conocido como el Antiguo
Regime.
Valmont insiste en
conquistar a la honradísima Madama de Tourvel (Jessica Collins) aunque la joven
casta está hospedada en la casa de la Señora de Rosemonde (Sian Phillips)
durante la ausencia de su esposo. Al mismo tiempo, Merteuil quiere corromper a
la Señorita Cécile de Volanges (Mamie Gummer), quien recientemente había dejado
el convento para casarse, a petición de su madre (Kristine Nielsen) con un
antiguo pretendiente de la marquesa, el respetable Chevalier Danceny (Benjamin Walker). Para vengarse de su rival
Cécile y de su futuro esposo, la Marquesa quiere que Valmont seduzca a la
joven, pero él nada más quiere dedicar todos sus esfuerzos para conquistar a la
Señorita Tourvel. Cuando Merteuil promete que pasará una noche íntima con
Valmont si éste seduce a Cécile, él se pone de acuerdo. Así comienzan los
nefastos juegos, los líos peligrosos en
los cuales los dos antihéroes harán todo lo posible para lograr su meta.
Rufus Norris dirige la
obra meticulosamente; su dirección subraya la degradación escondida bajo la
superficial belleza que rodea a los personajes en aquel entonces. La Señorita
Linney logra crear una marquesa glacial, egoísta, manejada por sus fuertes
pasiones, quien sólo piensa en sus propios deseos La bella Linney, una de las
mejores actrices de su generación, da una estudiada interpretación de la
funesta Marquesa de Merteuil cuya venganza no tiene límites. En el papel del
Vizconde, el Señor Daniels es un hombre impulsado por su sexualidad. Jessica
Collins y Mamie Gummer son aptas en el papel respectivamente de la Señorita
Tourvel y de Cécile. Los demás miembros del elenco participan en la fluida
interpretación del clásico.
La lujuria
desenfrenada y la elegancia superficial son reflejadas en la elegante
escenografía ideada por el escenógrafo Scott Pask quien ha creado una pared
transparente por la cual se puede ver los movimientos de los actores cuando
salen hacia el foro. El suntuoso vestuario del período de Katrina Lindsay parece
inspirado de la modista de los personajes mismos. La iluminación centelleante
es de Donald Holder y el sonido, de Paul Arditti. Todos estos peritos artistas
comparten la gloria de la magnífica producción física. Les liasions seguramente son peligrosas; también son deliciosas.
“Les Liasions
Dangereuses” en
cartelera en el American Airlines Theatre, 227 de la calle cuarenta y dos
oeste, Nueva York. Funciones hasta el veintinueve de junio con el siguiente
horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos.
Boletos: $$56.25 a $101.25, disponibles al 212.719.1300, www.roundabouttheatre.org.
*photo credit: Joan Marcus
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“Laurence Fishburne es “Thurgood”
El encuentro de un actor con la historia
El destacado actor de cine y teatro Laurence Fishburne
vuelve a Broadway para darle a su público una dramática lección de historia al
quitarse su propia persona para adoptar la postura, la personalidad y el
carácter de Thurgood Marshall, primer juez de color en el Tribunal Supremo de
los Estados Unidos. La obra, un solo de cien minutos didácticos y entretenidos,
es la primera obra escrita por George Stevens, Jr. quien ya había escrito una serie de televisión sobre
Thurgood. Una conferencia dada en una de las salas de Howard University, alma
Mater del juez, les da a los espectadores la rara oportunidad de ver a un
extraordinario hombre interpretado por un igualmente extraordinario actor.
En su conferencia, el
hombre, nieto de un esclavo, cuenta los momentos más salientes de su vida y de
su carrera. Thurgood, quien nació el dos de julio de 1908, aprendió a una
temprana edad la importancia de la ley y de la educación. Asistió la
Universidad Lincoln en Pensilvania donde conoció y se casó con Vivian
“Buster” Burey. Quiso inscribirse en la Facultad de Leyes en la Universidad de
Maryland pero lo rechazaron por su color por lo cual aplicó y fue aceptado en
la misma facultad de Universidad de Howard, una prestigiosa institución para
alumnos de color. Bajo la tutela de Charles Hamilton Houston, el joven abogado
aprendió el valor de la Constitución de los Estados Unidos y en la importancia
del documento para todos los ciudadanos. Después de una serie de casos
importantes, Thurgood fue a New York donde fue nombrado principal abogado del
NAACP, ayudó a redactar la constitución de Ghana y Tanzania, fue nombrado
miembro de la Corte de Apelación de los Estados Unidos, segundo circuito.
Lyndon Johnson lo nombró Abogado General de los Estados Unidos. En mil
novecientos sesenta y siete, fue nombrado al Tribunal Supremo, donde representó
y ganó más casos que ningún otro abogado.
Estos son los hechos,
pero el dramaturgo Stevens, Jr salpimienta su drama con episodios humorísticos,
viñetas personales y detalles salientes que muestran la evolución del hombre y
de su carácter. El Sr. Fishburne dirigido por Leonard Foglia, da una
impresionante y emocionante interpretación de Thurgood Marshall que educa,
sorprende y entretiene.
“Thurgood” con Laurence Fishburne, en cartelera en el
Booth Theatre, 222 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones
hasta el veinte de junio con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $71.50 a $96.50,
disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.
*photo credit: Carol Rosegg
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“The Country Girl” en la gran ciudad
Gallagher, Freeman y McDormand carecen de química
En el cine, cuando los actores en una película
romántica no muestran ni una gota de pasión, se dice que “les falta química.”Así es el caso con el trío de
actores quienes interpretan a la aldeana
del título, su esposo ebrio y el hombre quien trata de renovar la carrera del
actor quien, anteriormente, era uno de los astros del teatro legítimo. El
elenco alardea la presencia de Morgan Freeman en el papel de Frank Elgin,
Frances McDormand en el papel de su esposa sufrida pero paciente Georgie, y
Peter Gallagher en el papel del agente Bernie Dodd. Por mucho que Gallagher
trate de salvar la producción, ni él ni los dos conocidos y premiados actores
de Hollywood tienen la atracción que requieren sus papeles. McDormand y
Freeman, quienes han actuado antes en Broadway sencillamente no son capaces de
interpretar al pobre Frank, un alcohólico quien sigue bebiendo y la mujer quien
siempre está a su lado, dispuesta a salvarle.
Al comenzar el drama
de Clifford Odets, Elgin (Freeman) está trabajando de portero en un teatro
legítimo; hace un tiempo que no trabaja como actor por su alcoholismo. Cuando
uno de los actores principales se renuncia de un papel en una obra que pronto
debutará en Boston, el agente Bernie (Gallagher) trata de convencer al productor Phil Cook
(Chip Zien) que debe darle una oportunidad de leer el papel principal. Aunque
al principio vacila, al fin, Elgin decide leer; fracasando en sus primeros
ensayos, el actor abandona el libro para improvisar y lo hace con excelentes
resultados. ¿Podrá transformarse antes del estreno? ¿Lo dejará su esposa?
¿Nacerá un amorío entre el agente y la mujer despreciada? Estos son algunos de
los puntos salientes del drama de Odets que no resuelven en el curso de la obra.
Freeman sobresale en
las escenas cuando está interpretando al actor quien está improvisando sus
diálogos, pero cuando en sus escenas con McDormand, no logra crear la tensión
entre los dos esposos. La interpretación de la Señorita McDormand es bastante monótona;
también lo es su voz que carece de modulación. Gallagher logra captar la
esencia del hombre quien quiere ayudar al actor, tratando de infundirlo de
confianza mientras echándole toda la culpa a la esposa a quien quiere humillar
y conquistar al mismo tiempo. Los miembros del elenco secundario lo pasan
mejor, sobre todo Chip Zien en el papel de Phil Cook, Remy Auberjonois como el
dramaturgo Paul Unger, Lucas Caleb Rooney en el papel del director de escena
Larry y Joe Roland como el vestidor Ralph. Anna Camp es suficientemente
inocente como Nancy Stoddard, una actriz ingenua quien está comenzando su
carrera. La dirección sombría es de Mike Nichols.
La producción es fiel
a los estilos del año 1950 cuando pasa la acción. La escenografía de Tim Hatley
recrea el ambiente detrás de bastidores, de un típico camarín y del apartamento
triste de un hombre quien ni tiene el dinero suficiente para pagar al barbero.
El vestuario práctico de Albert Wolsky, la iluminación de Natasha Katz y el
sonido de Acme Sound Partners subrayan el estado abatido en la vida de los
personajes principales.
“The Country Girl” en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre,
242 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones hasta el veinte
de julio con el siguiente horario: lunes a sábado a las ocho; miércoles y
sábado, a las dos, hasta el cinco de mayo; comenzando el cinco de mayo: martes
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres.
Boletos: $76.50 a $100, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al
800.432.7250.
*photo credit:Brigitte Lacombe
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Este “Niño llorón” los hará reír a carcajadas
“Cry-Baby” estrena en Broadway
Los llorones
generalmente no nos ofrecen mucho más que lágrimas y quejas pero la nueva musical “Cry-Baby,”
con libro de Mark O’Donnell y Thomas Meehan y canciones de David
Javerbaum y Adam Schlesinger, que estrenó recientemente en Broadway ofrece
mucha diversión y aunque carece de lágrimas, las risas y carcajadas que ofrece
son abundantes y deleitables. La obra, basada en la película del mismo
nombre de John Waters, es una burla cariñosa de la época de los cincuenta y de
la ética y la moralidad de aquel entonces, narrada al compás de una partidura
movida y melodiosa, bailada con energía y fuerza, y montada para divertir. La
música, al estilo rockabilly hecho
famoso por Elvis Presley, y los bailes, coreografiados espléndidamente por Rob
Ashford, son los componentes más inspirados de a maravillosa que ha sido
dirigida con ardor y ligereza por Mark Brokaw.
El “niño llorón” del título es
el huérfano Wade Walker (James Snyder), a quien los habitantes de Baltimore
tachan de delincuente. Cuando este muchacho y su pandilla los “Drapes” llegan al picnic
para la vacuna contra el poliomielitis (el año es 1954), dirigido por la Señora
Vernon-Williams (la encantadora Harriet Harris), es evidente que estos rebeldes
han entrado en territorio prohibido y que la dama de sociedad quiere
despacharlos lo más pronto posible. Aquí reinan los “Squares” (jóvenes
presumidos y mimados de la clase alta). De repente, se da cuenta de que “Cry-Baby”
se está burlando de la diferencia de las clases en la sociedad, no sólo
de aquel entonces, sino también del tiempo presente.
El cry-baby, quien no ha llorado desde el
momento cuando sus padres, unos pacifistas, fueron tachados de comunistas y
acusados de incendio premeditado, un crimen por el cual fueron condenados y
ejecutados. Es el amor a primera vista para Allison (Elizabeth Stanley), nieta
de la Señora, y el agitador Wade, pero la Señora nunca podrá permitir tal unión.
Allison decide escaparse del picnic para juntarse con su nuevo amor en Punta
del Pavo, donde los rebeldes pasan su tiempo. Ella decide que le gusta ser mala y a pesar de las amonestaciones de
la buena sociedad, decide darle besos “con la lengua” al chico.
Baldwin (Christopher J. Hanke), pretendiente “digno” de Allison acusa a su rival de haber incendiado un
edificio en la Punta, y, a causa del crimen cometido por sus padres, él y los
de su pandilla son mandados injustamente a la casa de corrección juvenil.
Cuando el “niño llorón”
aprende que Allison piensa casarse con su rival, él y sus amigos se escapan y
van al parque de atracciones donde Baldwin y Allison van a celebrar su
noviazgo. Claro que triunfa el amor verdadero, los padres del “Cry Baby” son exonerados y
Baldwin se casará con Lenora (Alli Mauzey) la loca quien antiguamente perseguía
al joven Wade.
Las canciones de la
extraordinaria partitura son reminiscentes de las de la época y hay cierta
familiaridad con ellas. Mauzey canta un himno a su locura llamado “Screw
Loose.” Hay un triunfante “Jailyard Jubilee” entonada por
toda la compañía que exhibe la mejor coreografía de la obra. Los delincuentes
cantan la amonestación “Watch Your Ass” a sus rivales. Todos los
principales, juntos con la compañía vocalizan la plañidera “Misery,
Agony, Helplessness, Hopelessness, Heartache y Woe” para describir su
vida. La Señora Vernon-Williams confiesa musicalmente que ha hecho algo malo alguna
vez” en “I Did Something Wrong Once” Dupree (Chester
Gregory II), amigo moreno de Wade ejecuta un vibrante “Jukebox
Jamboree” y Wade, Allison y toda la compañía terminan la obra con la
briosa y rítmica “Nothing Bad’s Ever Gonna Happen Again.”
Harris, Hanke, Mauzey
y Gregory se destacan en sus papeles secundarios y los dos principales la
Señorita Stanley y el Sr. Snyder interpretan sus papeles con gusto, energía y
pericia. Vestuario multicolor, de todos los colores del arco iris, de Catherine
Zuber, escenografía atractiva de Scott Pask, iluminación de Howell Binkley y sonido
de Peter Hylenski marcan el tiempo y el lugar con frivolidad y nostalgia, pero
el pulmón de hierro tal vez es de demasiado mal gusto.
“Cry-Baby” en cartelera en el Marquie Theatre, 1535
Broadway, New York. Funciones: hasta el veintisiete de abril: lunes a sábado, a
las ocho; miércoles y sábado, a las dos; comenzando el 28 de abril: martes, a
las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos;
domingo, a las tres. Boletos: $35-$120, disponibles al Ticketmaster.com o al
212.307.4100. Antes del estreno (veinticuatro de abril) los boletos cuestan $54
y $35.
*photo credit: Joan Marcus
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Patrick Steward, un prodigioso “Macbeth”
Ambición encarnada y sangre, mucha sangre
La asombrosa realización de “Macbeth”
de William Shakespeare, dirigida e ideada ingeniosamente por Rupert
Gould, es tal vez la definitiva producción de la tragedia. Un éxito en su
temporada en BAM, la obra, que estrenó recientemente en el Teatro Lyceum por
una temporada limitada hasta el veinticuatro de mayo, es una obra que ningún
amante del teatro quisiera perder.
Desde sus primeras
escenas, ubicadas en la sala fría de un hospital en el campo de batalla, donde
las tres brujas son enfermeras y los
soldados y oficiales son militares rusos de los cuarenta o los cincuenta, este “Macbeth”
ofrece mucho que ver y comentar. Unos impresionantes videos y
proyecciones de Lorna Heavey al compás de la escalofriante música y sonido de
Adam Cork fomentan la lúgubre acción y la escenografía severa de Anthony Ward y
la iluminación glacial de Howard Harrison crean un mundo donde reina el terror,
las sospechas, la envidia y la avaricia. Hasta se penetra en la mente del
torturado Macbeth, el que asesinó al Rey Duncan para llegar a ser monarca y
cumplir con la profecía de las hermanas malevolentes, para ver lo que la culpa
lo hace imaginar: las paredes chorrean sangre, el fantasma de su primo Banquo
(Martin Turner) aparece de la negrura para señalar y saludarlo espectralmente
(esta última escena se realiza dos veces para que primero los espectadores vean
lo que ve Macbeth y después lo que ven los aterrorizados asistentes a la cena de
celebración. En la famosa escena de la
daga, el magnifico Patrick Stewart trata de agarrar la daga que sólo él
ve...la invisible (al público) daga siempre se encuentra fuera de su alcance.
La Señora Macbeth (la maravillosa Kate Fleetwood), sonámbula, absorta en su
culpa, trata de lavar la sangre de sus manos, pero cuando abre la llave, sale
más sangre.
El Sr. Stewart y la
Señorita Fleetwood crean dos individuales que se complementan perfectamente.
Stewart, temeroso e indeciso al principio, necesita la ambición y el orgullo
expresados por Fleetwood para cumplir con el desdichado acto hasta que él
también tenga sus propios deseos de poder. En las últimas escenas, los dos
espectadores hacen ver la locura que los asedia de tal grado que es casi
palpable. Los demás miembros del elenco, sobre todo Michael Feast como el
vengativo MacDuff, Martin Turner en el papel de Banquo y Polly Frame, Niamh
McGrady y Sophie Hunter como las brujas, también merecen elogios. Todos los
elementos se combinan para crear una
estupenda y escalofriante “Macbeth.”
“Macbeth” en cartelera en el Lyceum Theatre, 149 de la
calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: (semanas que principian el
veintiocho de abril y el doce de mayo), martes a sábado, a las ocho; miércoles
y sábado, a las dos, domingo, a las tres; (semanas que principian el siete y
veintiuno de abril y el cinco de mayo) martes a viernes, a las ocho; sábado, a
las dos y las ocho; domingo, a las tres, (semana que principia el diecinueve de
mayo) martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos. Boletos:
$51.50 a $101.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250 o al
Telecharge.com.
*photo credit: Manuel Harlan
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“A Catered Affair”...una festividad demasiado solemne
Las cualidades buenas son pocas
“A Catered Affair,” la musical con libro de
Harvey Fierstein y partitura de John Bucchino, llegó recientemente a Broadway,
pero, a pesar de lo que diga el título, la obra no tiene mucho que proveer. El
libro, repleto de melancolía y añoranza, inspirado por la película de Gore
Vidal, basada en el guión de Paddy Chayefsky para la televisión, es demasiado
sombrío y sus placeres son pocos.
Dirigida por John
Doyle, A Catered Affair” es una íntima musical de cámara pero ni
la música ni la letra es memorable; su tema parece abultado aunque la obra, de
un solo acto, dura unos escasos noventa minutos. En Aggie Hurley (Faith
Prince), su esposo Tom (Tom Wopat) y su hija Jane (Leslie Kritzer)
comparten una casa de apartamentos en el
Bronx con el tío soltero Winston (el Señor Fierstein). El hijo mayor fue
víctima de la guerra en Corea; por eso, el gobierno le debe una suma de dinero
a la familia del difunto. El padre, un chofer de taxi, quisiera usar el dinero
para comprar su propio taxi, pero cuando su esposa aprende que su hija se va a
casar con Ralph Halloran (Matt Cavenaugh), ella insiste en que los novios
tengan una boda (el catered affair del
título) para recordar aunque la hija quiere un sencillo servicio civil.
La decisión de la
testaruda mujer abre una mar de problemas para la familia: la desesperación de
la hija quien no quiere una boda formal; el desengaño del padre quien ve
desaparecer su sueño de tener su propio taxi; la desilusión del tío homosexual
quien, cuando sabe que no va a ser invitado a la boda, se siente ajeno, fuera
de los confines de la familia nuclear y, lo cual es más triste, las
frustraciones de una mujer quien nunca ha hecho caso a su hija y quiere hacerle
algo bueno, algo para recordar. El libro también discute la pobreza de los
tiempos: una de las madrinas de boda no tiene el dinero para comprar su vestido
tampoco se permiten los novios el lujo de su propia luna de miel. Al fin del
drama musical, la esposa cede a los deseos de su hija y su esposa, y la festividad que había deseado Aggie
nunca se lleva a cabo.
De la partitura, sólo
hay una canción digna de mencionar y es “I
Stayed” entonada por el Sr. Wopat en el momento más conmovedor de la
obra en la cual el esposo, hablando del fondo de su alma, expresa sus
pensamientos como pocos hombres son capaces de hacer. El Sr. Wopat da una
interpretación maravillosamente sincera y creíble, eclipsando a todos los otros
actores del elenco. La Señorita Prince, la cara triste y el ceño fruncido,
tiene largas pausas mientras varios espectadores no saben lo que va a hacer...
se va a tirar de la escalera de incendios... o está sencillamente evaluando la
situación. Fierstein, quien escribió el libro, parece haber adaptado el papel
de Winston para su propia personalidad y estilo de actuación, pero tanto el
actor como el personaje a quien interpreta son molestosos. El Sr. Cavenaugh y
la Señorita Kritzer
El escenográfo de
David Gallo ha creado una vivienda repleta de varios apartamentos y ventanas
por donde las vecinas (Kristine Zbornik, Heather MacRae y Lori Wilner) pueden
chismear al estilo de Molly Goldberg. La diseñadora de vestuario Ann Hould-Ward
ha creado unos vestidos estrafalarios para Prince quien, sin maquillaje y con
el cabello grisáceo, es el ejemplo vivo de una mujer desabrida. El sonido es de
Dan Moses Schreirer, iluminación de Brian MacDevitt y proyecciones de Zachary
Borovay.
“A Catered Affair” en cartelera en el Walter Kerr Theatre, 219 de
la calle cuarenta y ocho oeste, Nueva York. Funciones: lunes a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; del cinco de mayo en adelante: martes, a las
siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo,
a las tres. Boletos: $29.50 a $119.50, disponibles al Telecharge.com o al
212.239.6200.
*photo credit: Jim Cox
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Sempiternamente fresca y
enteramente romántica
“South Pacific” vuelve por fin a Broadway
La presente producción de “South Pacific,”
actualmente en cartelera en el Vivian Beaumont Theater de Lincoln
Center, es una verdadera maravilla. La primera repostura de la musical de
Rodgers y Hammerstein, que no se ha presentado en Broadway desde que estrenó en
el Majestic Theatre en 1949 y permaneció en cartelera por cinco años
ganando nueve premios Tony. La lujosa
producción, con la suntuosa y conocida partitura de Richard Rodgers (música) y
Oscar Hammerstein II (letra) orquestada por Robert Russell Bennett, una
suntuosa escenografía de Michael Yeargan, antojadizo vestuario de Catherine
Zuber, sublime iluminación de Donald Holder, el mejor sonido posible de Scott
Lehrer, la mañosa dirección de Bartlett Sher, y, sin ninguna exageración, uno
de los mejores elencos reunidos en tiempos recientes, “South Pacific” es
un sueño hecho realidad.
Sr. Hammerstein II y
Joshua Logan, los autores del libro, ubican su musical en una isla tropical del
Pacífico del Sur durante los días finales de la Segunda Guerra Mundial. En el
ambiente cálido y tropical, la enfermera Nellie Forbush (Kelli O’Hara),
una joven ingenua de Little Rock, se enamora alocadamente de Emile de Becque
(Paolo Szot), dueño francés de una de las plantaciones de la isla. Mientras la
guerra sigue en el fondo con la llegada de más y más tropas japonesas, el amor
entre los dos intensifica. Además de la historia de Forbush y de Becque, hay la
del lugarteniente Joseph Cable (Matthew Morrison) quien se enamora de Liat (Li
Jun Li), la hija de la vendedora
polinesia Bloody Mary (Loretta Ables Sayre) quien quiere casar a su hija con el
joven y guapo Cable para que Liat no
tenga que casarse con uno de los viejos cultivadores que pueblan la isla.
Mientras tanto, el taimado soldado Luther Billis (Danny Burstein) trata de
hacerse rico y conocer las isleñas que viven en el prohibido paraíso de Bali
Ha’i.
Cuando Nellie aprende
que de Becque estuvo casado anteriormente con una polinesia y que tiene dos
hijos chiquitos (Laurissa Romain y Skipp Sudduth) que viven con él, los
prejuicios de la mujer adocenada la prohíben que ella acepte la oferta de
matrimonio que el hombre a quien ama le había hecho. Además, Cable no puede
pensar en casarse con una polinesia por la misma razón, un pensamiento
expresado perfectamente en una de las melodías You’ve Got to Be Carefully Taught” que el lugarteniente
entona plañideramente. Al aceptar un proyecto importante por la marina
americana, los dos hombres no sólo arriesgan su propia vida sino las esperanzas
y el futuro de las dos mujeres.
La majestuosa
partitura de canciones conocidas hace mucho para promover los argumentos del
libro. “Dites Moi” entonada
primero por los niños y después por Nellie, expresa el amor que le tiene a las
criaturas y los esfuerzos de la mujer para aprender francés. En“A Cockeyed Optimist,” Nellie enuncia la inocencia de
su propia personalidad. La magnífica “Some
Enchanted Evening” cantada con fuerza y cariño por Szot, es el antema
de lo que siente de Becque para la enfermera. Hay momentos cómicos tales como “I’m Gonna Wash That Man Right
Outa My Hair” “I’m Gonna Wash That Man Right Outa My Hair,”en la cual Nellie trata de
olvidarse de de Becque, “There Is
Nothin” Like A Dame” vocalizada por el elenco masculino que es
un homenaje cómico a la mujer, la extraordinaria “Honey Bun” cantada por Nellie y Billis en una
presentación para celebrar el Día de Acción de Gracias, que casi para el
espectáculo y “Bloody Mary” que
celebra la astuta mujer. Melodías románticas abundan: “A Wonderful Guy” modulada por Nellie, “Younger than Springtime” armonizada
por Cable acerca de la joven y bella Liat y “This
Nearly Was Mine.”
La actuación de todos
los miembros del elenco desde los marineros y las isleñas se acerca a la
perfección y los principales son absolutamente estupendos. La Señorita
O’Hara canta y actúa como un ángel y el Sr. Szot, un cantante de ópera
del Brasil, es igualmente pasmoso. Desde el primer momento que están juntos en
la escena, se da cuenta del amor que comparten. Matthew Morrison, muy galán y
señoril, es creíble en el papel de Cable, Sayre es divertida como Bloody Mary y
Danny Burstein es comiquísima en el papel de Billis, sobre todo con los dos
cocos que usa cuando interpreta un número de la partitura. La puesta en escena
musical es de Christopher Gattelli quien sobresale en los números más
movidos.
Una estupenda “South
Pacific” en cartelera en el Teatro Vivian Beaumont, 150 de la
calle sesenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes las siete; miércoles
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres.
Boletos: $75 a $120, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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La musical “Xanadu” revisitada
Un éxito que merece ser alabado
El verano pasado cuando asistí a una función
de la anticipada musical “Xanadu,” en el teatro,
consideré que la obra musical en Broadway en el Helen Hayes Theatre iba a
sufrir el mismo sino de la película. Para decir la verdad, francamente no me
gustó por nada. Sin embargo, al ver la obra una segunda vez, agrada decir que
la obra me hechizó por su energía, su sentido de humor, sus canciones, sus
chistes y también por el estilo burlón de su libro.
Cuando
los talentosos miembros del elenco comienzan a cantan las conocidas canciones
de la partitura... la musical usa melodías de la película y otras composiciones
de la Electric Light Orchestra y del repertorio de Olivia Newton John... o
bailan y patinan los pasos coreografiados por Dan Knechtges, la reacción del
público es increíblemente entusiasta... y justamente. La partitura de melodías
conocidas, interpretadas en el estilo original es sólo uno de los alicientes de
la obra porque el libro, que frecuentemente se burla de las musicales de rockola y otras obras de Broadway, de
los que pueblan California y de la falta de inspiración de los ochenta, es
absolutamente encantador.
El
libro de la obra musical, basada en la producción cinematográfica de los años
ochenta, ha sido escrita de nuevo por el destacado dramaturgo Douglas Carter
Beane; parece que el Sr. Carter Beane no pudo decidir si quería escribir una
cariñosa parodia de la película o, sencillamente, una nueva versión que se
burla... a veces no muy tiernamente... de la original. Por eso, hay momentos de
gran alegría y otros de una sátira cortante. En la obra, la Musa Clio (Kerry
Butler), acompañada por seis de sus hermanas, llega a la Tierra para cumplir un
voto mandado por su padre Zeus (Tony Roberts); ella le había prometido a su
progenitor que inspiraría a un joven artista llamado Sonny (Cheyenne Jackson)
para que él realice su sueño de inaugurar una pista de patinaje con música que
se llamará Xanadu.
El
texto incluye múltiples referencias a la actriz de la película, la australiana
Olivia Newton John; por eso cuando Clio se cambia de nombre y se llama Kira,
ella habla con un marcado acento de aquel país lejano. Estas referencias...y
las demás del libro... producen grandes risotadas, aunque a veces forzadas,
pero algo de lo que dicen se pega a la memoria y es que en la década de los
ochenta, la inspiración no existía, pero ya no estamos en los ochenta y parece
que las Musas sí inspiraron esta versión de “Xanadu.”
La
obra depende en gran parte del poder de la música y de los talentos de los dos
actores principales: la Señorita Butler y el Sr. Jackson. Butler canta, baila y
patina bien y su imitación de Newton John es divertidísima. Jackson es un verdadero galán de teatro y
este papel debe asegurarle un lugar entre los mejores artistas jóvenes de
Broadway. Las comediantes Jackie Hoffman
y Mary Testa son hilarantes como dos de las Musas, las malas, y las veteranas
actrices rinden todo lo posible de los varios papeles que interpretan. Tony
Roberts se aprovecha de su tiempo en las tablas para cantar y bailar un poco
aunque no se atreve a ponerse los patines. La dirección cuidadosa es de
Christopher Ashley quien, según dicen, ha visto la película más de cien veces.
Las
canciones de la partitura (música y letra de Jeff Lynne y John Farrar)
incluyen: “I’m Alive,”
“Magic,” “Evil Woman,” “Suddenly,”
“Strange Magic,” “Have You Never Been Mellow” y
“Xanadu” entre otras y son recibidas fanáticamente por los
espectadores quienes hasta saben la letra de memoria y aplauden durante los
primeros acordes de cada canción. La canción Dancin’ es el punto fuerte de toda la producción; esta
melodía mezcla el sonido de los cuarenta con los de los ochenta con estilo y
clase. La coreografía del Sr. Knechtges tiene cierta gracia e incluye unos
bailes maginativos ejecutados sobre patines. Vestuario de David Zinn,
escenografía de David Gallo, sonido de T. Richard Fitzgerald y Carl Casella e
iluminación de Howell Binkley captan el pulso y el ritmo de los ochenta y de la
época de la música disco.
“Xanadu,” en cartelera en el Helen
Hayes Theatre, 240 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones:
martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos, domingo, a las tres. Boletos: $51.25 a $111.25, disponibles al
212.239.6200, Telecharge.com o XanaduonBroadway.com.
*photo credit: Paul Kolnik
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Patti Lupone encarna a Mama
Rose
Y el legendario papel es
indiscutiblemente suyo
Ahora le toca a Patti
Lupone interpretar a Madre Rose, la quintaesencial madre resuelta, agresiva y
persistente, una madre quien insiste en que una de sus hijas llegue a ser
estrella porque ella no pudo realizar sus propios sueños artísticos. La
Señorita Lupone se junta con las otras ilustres actrices quienes han
interpretado el papel de Rose, damas de la talla de Ethel Merman, Angela
Lansbury, Tyne Daley y Bernadette Peters... y la distinguida Señorita Lupone lo
hace suyo con su inimitable estilo artístico que la deja llegar a las entrañas
del alma angustiada y revelar la esencia de la mujer. Dirigida por el mismo
Arthur Laurens, de ochenta y nueve años, quien escribió el libro de la obra, “Gypsy”
es un exitazo.
En “Gypsy,” Rose hace todo lo posible
para que su hija menor (y menos talentosa) June (Katie Micha en el papel de baby June y Leigh Anne Larkin como dainty June) llegue a ser vedette de vodevil. Rose inventa una
serie de viñetas para su hija, vestida de matadora o vaquera o la típica niña americana
vestida de rojo, azul y blanco, y su compañía, pero cada escena tiene la misma
letra y la misma música pero co n un vestuario diferente. Mientras más crece
Louise, más absurda está su actuación en estos papeles pueriles. Cuando la
joven por fin huye de las garras de su mamá ambiciosa, la implacable Rose le
dirige toda su energía y sus esfuerzos a su hija Louise (Emma Rowley, de niña y
la maravillosa Laura Benanti, de mujer).
En aquella época, cuando el vodevil se estaba muriendo y era muy difícil
obtener trabajo en un teatro, Herbie (el inusitado Boyd Gaines), agente y amante de Rose, contrata la compañía
en una casa de burlesco; al
principio, Rose rechaza la idea rotundamente, pero Louise, sabiendo que
necesitan el dinero, insiste en que ella pueda hacer el trabajo de ecdesiasta.
Ayudada por un trío de bailarinas burlescas Mazeppa, Electra y Tessie Tura
(Lenora Nemetz, Marilyn Caskey y Alison Fraser) quienes la enseñan que para
tener éxito en esta carrera, es necesario tener
un truco. Así nace una de las más famosas bailarinas de la historia del
burlesco, Gypsy Rose Lee quien realiza el sueño de su mamá al llegar a se la
gran atracción.
La partitura de Jule Styne
(música) y Stephen Sondheim (letra) es una de las mejores de la historia de la
musical americana; en efecto, cuando la orquesta, sentada en la escena misma,
comienza a tocar la obertura, el público reacciona con entusiasmo y afirmación.
Lupone canta “Rose’s Turn,” la antífona ejecutada al final
de la obra, como si fuera un monólogo cantado a un público non existente lo
cual le gana una delirante ovación de pie. Las otras conocidas melodías
incluyen: “Some People”
ejecutada por Lupone, una canción que expresa la determinación de la mujer...la
bella “Small World” entonada
por Lupone y el Sr. Gaines... la briosa “You’ll
Never Get Away From Me” jocosamente vocalizada por Lupone y Gaines...
la romántica “All I Need Is The
Girl,” armonizada por Laura
Benanti y Tony Yazbeck en el papel de Tulsa, uno de los de la tropa de June...
la melodiosa “Together Wherever We
Go” modulada por Lupone, Benanti y Benanti. Las tres “estrippers” tienen su
momento en la comiquísima “You
Gotta Get A Gimmick” en la cual las Señoritas Nemetz, Caskey y Fraser
son la gran atracción al practicar los puntos fuertes de su arte.
No se puede alabar suficientemente a la Señorita Lupone en el papel de
Rose; Lupone es extraordinaria, alternativamente sensual, coqueta, caprichosa,
ardiente y determinada al mismo tiempo. El Sr. Gaines es igualmente asombroso
en el papel de Herbie, el hombre quien ama a Rose pero sabe que ella nunca
estará satisfecha con la vida sencilla que él le puede ofrecer. La Señorita
Benanti tiene el papel de su vida como la muchacha tímida quien se transforma
pasmosamente en una gran estrella. Los demás miembros del elenco se mantienen
en su trece frente a la figura más grande que la vida misma creada por Lupone
en el papel de Rose.
La escenografía de James Youmans recrea el ambiente de un teatro que ha
visto tiempos mejores. Martin Pakledinaz no sólo diseña unos vestidos
extravagantes para Gypsy Rose Lee, pero creaciones chistosas para los miembros
de la compañía de Ñune y Louise. Iluminación de Howard Binkley, diseño de
cabello de Paul Huntley y sonido de Dan Moses Schreier son de primera.
“Gypsy”
en
cartelera en el St. James Theatre, 246 de la calle cuarenta y cuatro oeste,
Nueva York. Funciones: lunes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos. Desde el treinta y uno de marzo: martes, a las siete; miércoles a sábado,
a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $42 a
$117, disponibles al 212.230.6200, al 800.432.7250 o al Telecharge.com.
*photo credit: Paul Kolnik
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“In the Heights” triunfa de nuevo en Broadway
La musical “En las alturas” es aún más sublime
La musical “In the Heights,”
un éxito cuando estrenó Off Broadway en el 37 Arts de Nueva York,
estrenó recientemente en Broadway en el Richard Rodgers Theatre con más música
y más movimiento y aún más éxito. La obra no para... y “sigue sigue” dando nueva esperanza al teatro musical
contemporáneo; la obra, con música y letra de Lin-Manuel Miranda y libro de
Quiara Alegría Hudes, es una delicia desde el mero principio, cuando los
miembros del elenco de capaces actores cantan la gloriosa balada “In
the Heights” , una verdadera antífona al barrio de Washington
Heights donde viven y conviven, hasta el gran final cuando los mismos
personajes, después de su viaje épico al alma de su barrio, cantan la memorable
“Final”
en la cual los personajes consientan que nunca podrán abandonar su
hogar.
Los personajes de “In
the Heights” son creíbles y simpáticos, sus valores son los de la
gente que representan, los habitantes diligentes de un barrio pobre pero
honrado donde se mantienen los ideales de amistad, fe y familia. El que guía al
espectador por el panorama musical es el dueño de una bodega, nombrado Usnavi (el Sr. Miranda) un joven quien
recibió su nombre cuando su padre vio pasar una nave con el escrito US Navy. Hijo de dominicanos, Usnavi y
su su primo Sonny (Robin De Jesús) han sido criados por la Abuela Claudia (Olga
Merediz), abuela de todos los jóvenes del barrio. Usavi, quien parece
representar los ideales de su vecindad, es el espíritu del barrio,
ofreciéndoles a los concurrentes de su bodega un buen café con leche y un
saludo cordial cada mañana; el joven, sin embargo, es demasiado tímido para
poder expresar lo que siente para la estilista Vanessa (Karen Olivo) quien
trabaja en el salón de la vivaz Daniela (Andrea Burns) y quien desea salir del
barrio. La intriga secundaria tiene que ver con una pareja madura, Kevin y Camila
(Carlos Gomez y Priscilla López), dueños de un servicio de chóferes, quienes
tienen que decidir si deben vender su negocio para que su hija Nina (Mandy
Gonzalez) siga sus estudios en Stamford. La hija vuelve con la intención de
quedarse en el barrio, pero cuando se
enamora de Benny (Christopher Jackson), parece que la decisión quedará firme.
La escritora Hudes ha escrito bastantes curvas en la acción para que la vida “In
the Heights” no parezca tan idílica.
La música corre la
gama de hip-hop y rap a melodiosas baladas con marcado
acento hispano. Para la producción en Broadway, los compositores han escrito
cuatro canciones nuevas que mantienen el espíritu de la partitura original. A
diferencia de otras obras supuestamente presentadas en español, los que idearon
los diálogos y la excelente letra sí dominan su lengua. Y qué alegría ver una
obra acerca de latinos en la cual algunas de las canciones son cantadas en un
buen español. Entre las mejores melodías son la arriba mencionada “In the Heights” interpretada
por Usnavi y todo el elenco, la bella Respira
entonada por Nina en una versión bilingüe, Inútil, vocalizado por el Sr. Herrera, “Paciencia y Fe” cantada por la Abuela y compañía, y la
memorable “Alabanza”
interpretada por el Sr Miranda, la Señorita Gonzalez y toda la compañía, pero
basta decir que cada momento musical de la partitura es un verdadero placer
presenciar.
Con dirección de
primera de Thomas Kail, la mejor coreografía de Nueva York, labor del talentoso
Andy Blankenbuehler que parece aún más vivaz y memorable en las tablas del
Richard Rodgers y el fino trabajo de un experto equipo técnico (impresionante
escenografía de Anna Louizos que recrea una calle del barrio y el Puente de
George Washington en la distancia, iluminación de Jason Lyons, vestuario de
Paul Tazwell y sonido de Acme Sound Partners) que recrea el barrio y su
ambiente, “In the Heights” sube a las alturas.
“In the Heights” en cartelera en el Richard Rodgers Theatre,
226 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva York. Funciones: martes a sábado,
a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las ocho. Boletos: $21.50
a $111.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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“La gata sobre el techo de zinc caliente”
Sensualidad y deseo reinan en Broadway
“Cat on a Hot Tin Roof” de Tennessee Williams ha vuelto a Broadway,
pero esta vez, la obra clásica se ve transformada, más sensual y más caliente
que nunca, si pudiera ser posible, debido a los esfuerzos de un elenco
íntegramente afroamericano y de su directora de color Debbie Allen quien ha
arrancado cada gota de pasión y avaricia que el texto, ganador del Premio
Pulitzer en 1955, ofrece. Los fuegos artificiales que se explotan al fin del
drama palidecen frente al fuego apasionado que se ve en las tablas durante el
drama.
Big Daddy Pollitt
(James Earl Jones), patriarca de la familia, reina su plantación a la fuerza
con una voluntad de hierro sin saber que padece de cáncer. Ni su esposa, Big
Mama (Phylicia Rashad) sabe la verdad acerca del estado físico de su esposo.
Con el pretexto de celebrar el cumpleaños
sesenta y cinco de su padre, el hijo Gooper (Giancarlo Esposito) y su
esposa mandona Mae (Lisa Arrindell Anderson) acuden a la casa paterna en busca
de su parte de la herencia; en realidad, creen que si no están allí y Big Daddy
aprende de su enfermedad, éste les dejará su patrimonio a su hijo preferido
Brick (Terrence Howard) y a su esposa apasionada Maggie (Anika Noni Rose),
apodada la gata. Por sensual que sea
Maggie, parece que Brick no le tiene ningún interés conyugal, debido, en gran
parte a su alcoholismo; además, se suelta una indiscreta de que Brick y su
amigo Skipper, recientemente fallecido, compartían una relación más intima de
lo normal. Al saber la verdad de
su enfermedad y escuchar los rumores acerca de Brick, Big Daddy insiste en que
ninguno de los dos hechos sea verdad. Para disipar los rumores acerca de su
esposo, Maggie anuncia que está encinta, pero el fin del drama, repleto de
pasiones apagadas y no correspondidas, Maggie se echa en la cama, jurando
esconderle el alcohol a su esposo hasta que cumpla con su deber conyugal y
Brick, parado a su lado, contempla su porvenir.
James Earl Jones y
Felicia Rashad son capaces en sus papeles secundarios; él, fuerte de carácter y
de voz como Big Daddy y ella, competentemente indecisa y dependiente en el
papel de Big Momma. Rashad, sin embargo, ha desarrollado una extraña manera de
pronunciar algunos de sus discursos que es francamente insufrible. Por
persuasivo y hábil que sea el Sr. Howard, quien está haciendo su debut en
Broadway, la obra pertenece el cien por ciento a Anika Noni Jones quien casi
enciende las tablas en el papel de Maggie. La Señorita Rose muestra no sólo la
pasión desbordante que su personaje siente, sino el ansia de una mujer con
deseos que no son realizados por su esposo. Aunque es Rose quien tiene el papel
protagónico, es el popular Sr. Howard quien, en el centro de la escena, le hace
la última reverencia al público y recibe los mayores aplausos.
Escenografía de Ray
Clausen, vestuario de Jane Greenwood, iluminación de William H. Grant III y
sonido de John H. Shivers captan el ambiente de la época y del lugar pero ha
habido tantas mansiones como ésta en el pasado que no hay mucho que los
diseñadores podían hacer con un ambiente tan conocido.
“Cat on a Hot Tin
Roof” en cartelera
en el Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York.
Funciones hasta el trece de abril con el siguiente horario: martes, a las
siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles a sábado, a las dos; domingo,
a las tres. Boletos: $61.50 a $96.50, disponibles al Telecharge.com, al
212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“Passing Strange,” extraña pero sabrosa
“Un extraño pasar” anima Broadway
“Passing Strange,” la revolucionaria musical en
cartelera en el Teatro Belasco de Nueva York no es la típica musical ofrecida
hoy en día en Broadway. A pesar de esto, ha recibido mejor crítica que otras
musicales de fórmula que aparecen y desaparecen rápidamente de la cartelera.
Las localidades se agotan diariamente y se dice que ésta es la obra que ver en
esta temporada, pero muchos de los espectadores que tuvieron que hipotecar su
casa para comprar un boleto se estarán preguntando por qué. Los que aprecian
algo innovador, en el estilo de Spring
Awakening, sabrán el por qué y gozarán de la historia de un hombre que
celebra sus ritos de tránsito con su público. Presentada el año pasado en el
Teatro Public, donde tuvo un éxito retumbante, la musical se trasladó
recientemente a Broadway donde seguramente será igualmente exitosa.
Narrado por Stew, el
artista interpretativo quien también escribió el libro y la letra y colaboró
con Heidi Rodewald en la música y con Annie Dorsen en su concepción, la obra
autobiográfica relata las tentativas de un músico quien busca su voz y su
música. El desarrollo personal del Joven afroamericano llamado sencillamente Youth (Daniel Breaker) refleja el perfeccionamiento
de su estilo de música. Por eso, la partitura incluye melodías de gospel, rock, jazz y blues en un
viaje vivificante que lleva al joven de su casa en Los Ángeles, su madre (Eisa
Davis), su iglesia y las lecciones de Franklin, el maestro de capilla (Colman
Domingo) a las ciudades de Ámsterdam y Berlín donde encuentra dos distintos
grupos de bohemios quienes le aleccionan en la vida y la música y sirven de
familia extendida.
Encuentros y amoríos
pasajeros con Edwina (Dé Adre Aziza), la diosa adolescente del coro de la
iglesia, con Marianna a quien conoció en ámsterdam y quien le ofreció las llaves de su
apartamento sin conocerlo colorean su vida y enriquecen su música. En Berlín,
llega a tener cierta fama pero para lograr la fama, tiene que mentir de su
pasado y de la clase social a la cual pertenecía. Su madre desea que él
comunique con ella, pero le dice que está demasiado ocupado...al menos, es el
pretexto que usa para no hablarle. Es sólo a la muerte de su madre que él
vuelve a Los Ángeles, completando el ciclo personal y profesional del artista.
Stew lee la narración
de un libro rojo, su diario tal vez, que contiene todas las etapas de su vida.
A veces, rompe la cuarta pared para hablar directamente al público,
aconsejándoles que deban de realizar los sueños que tenían cuando eran jóvenes
y comentando sobre el tipo de canción que va...o no va...a tocar. Stew es una
presencia imponente y es interesante considerar al hombre señorial frente al personaje que él
creó y al actor quien lo interpreta. Rebecca Naomi Jones y Chad Goodrich hacen
un trabajo admirable en una variedad de papeles. Los músicos Heidi Rodewald
(bajo), Jon Spurney (teclado, guitarra),
Christian Cassan (tambores) y Christian Gibbs (guitarra/teclado) acompañan diestramente
a los cantantes en la variedad de estilos musicales que la partitura ofrece. La
dirección vibrante es de Annie Dorsen quien mantiene cierto ritmo y fluidez en
el amplio espacio semivacío de la escena del Belasco, que, si no fuera por unas
sillas y los instrumentos, sería un espacio desnudo. La escenografía sencilla y
abierta es de David Korins y la espectacular iluminación de Kevin Adams alardea
una pared de luces de neón. Vestuario es de Elizabeth Hope Clancy y sonido de
Tom Morse. La coreografía es de Karole Armitage.
“Passing Strange” en cartelera en el Belasco Theatre, 111 de la
calle cuarenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones: martes, a las siete;
miércoles y sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Boletos: $26.50 a $111.50, disponibles al www.telecharge.com, al 212.239.6200 o al
800.432.7250.
*photo credit: Carol Rosegg
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“Sunday in the Park with George”... Visualmente estupenda
Gloriosamente imaginada musical vuelve a Broadway
La nueva versión de