“Bye Bye Birdie”...o, mejor dicho...
“Ay Ay Ay” Birdie
“Bye
Bye Birdie,”
que llegó a Broadway hace unos días, es la primera reposición
de la obra musical desde su estreno en 1960; por mucho que uno quisiera admirar
la producción de la Roundabout Theatre Company, el director Robert Longbottom
ha cometido tantos errores... el reparto de los papeles principales, siendo
el más grave, que los espectadores tendrán que no fijarse en ellos para gozar
de la producción. No es decir que la producción no tiene sus encantos; en realidad,
debido a los energéticos miembros del elenco adolescentes, la musical tiene
sus momentos atrayentes.
“Bye Bye
Birdie,”
con un libro sólido de Michael Stewart, briosa letra de Lee Adams y movida
música de Charles Strouse, refleja con mucha nostalgia la época de máxima popularidad
del ídolo Elvis Presley en el momento de su conscripción en el ejército. En
la obra, el agente Albert Peterson (interpretado por un pesado John Stamos)
y su amante y secretaria Rose Alvarez (interpretada débilmente por Gina Gershon
quien canta sin ton ni son) imaginan un plan para despedirse públicamente de
Conrad Birdie (el capaz y placentero Nolan Gerard Funk), quien pronto será conscripto
en el servicio militar. El joven cantante viajará al pueblecito de Sweet Apple,
Ohio para darle un beso a una de sus admiradoras, la dulce Kim MacAfee (Allie
Trimm) en un programa de televisión muy popular “The Ed Sullivan Show.”
Albert cree que la grabación de la canción “One Last Kiss” que Conrad
le cantará a Kim le ganará un dineral; así, él podrá librarse por fin de las
garras de su madre dominadora Mae (Jayne Houdyshell).
Stamos parece
interpretar su papel sin ni interés ni pasión. En su canción “Put On a Happy
Face,” en la cual él trata de alegrar a las chicas del club de admiradoras
de Conrad, no tiene éxito en alegrar ni a las chicas ni a los espectadores.
El cantante tiene mejor suerte al entonar la balada “Talk to Me” debido
tal vez a los miembros del cuarteto quienes lo acompañan. Otro problema es que
Stamos y Gershon no parecen estar compartiendo las mismas tablas y francamente
carecen de atracción química. La Señorita Gershon, por su parte, desafina frecuentemente
y baila peor. No ofrece nada más que su figura esbelta y su extraordinaria belleza
a la producción. Hubiera sido mucho mejor escoger a actores más capaces para
cumplir con las demandas del papel. En el papel de Harry, padre de Kim, Bill
Irwin exagera monumentalmente lo cual a mí me gustó al principio pero después
me exasperó, sobre todo cuando cantó la famosa y cómica “Kids” en la
cual, con tanta fanfarronería, no se sabía lo que decía.
Entre los puntos
fuertes de la producción figuran la paleta de colores que el diseñador de vestuario
Gregg Barnes, el director de iluminación Ken Billington y el escenógrafo Andrew
Jackness usan para crear el ambiente apropiado. El sonido de Acme Sound y la
dirección musical de David Chase realzan la producción.
A pesar de Stamos
y Gershon y las demás fallas que ha cometido el director Longbottom, creo que
“Bye Bye Birdie” tendrá una temporada larga y exitosa en el bello
y completamente renovado Henry Miller’s Theatre. En estos tiempos difíciles,
¿quién no quisiera revivir los momentos frívolos
de la época de “Bye Bye Birdie.”
“Bye Bye
Birdie,”
en cartelera en el Henry Miller’s Theatre, 124 de la calle cuarenta y tres oeste,
Nueva York. Funciones hasta el veinticinco de abril con el siguiente horario:
martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Del primero
al once de diciembre, funciones a las siete, no a las ocho. Boletos: $86.50
a $136.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“Oleana,” por primera vez, en Broadway
Obra de David Mamet inflama el teatro
Si,
para ser excelente, una obra debe abrir una polémica apasionada entre los que
la ven, “Oleana” seguramente figura entre las mejores. David Mamet
llena su obra de tantos conflictos, sutilezas y perplejidades en los setenta
y cinco minutos que dura el espectáculo, que es casi imposible que el espectador
mantenga una sola opinión frente a lo que presencia.
En tres escenas
sucintas y explosivas, Mamet teje una situación discutible que provocó discusiones
airadas cuando estrenó Off Broadway en octubre de 1992. En la presente producción,
dirigida sabiamente por Doug Hughes, Julia Stiles y Bill Pullman son Carol y
John... una alumna universitaria y el profesor de un curso en el cual ella tiene
grandes problemas que seguramente impedirán su éxito en la clase. Aunque el
público presencia cada una de las escenas mientras se desarrolla la acción,
al desplegar la próxima escena, la opinión y la actitud de los espectadores
cambian...y a veces radicalmente.
En la primera
escena, Carol entra para decirle al profesor que tiene que aprobar el curso
pero insiste en que ella no entiende la materia. Peor es que sencillamente no
entiende. Mientras ella se está quejando, ella trata de escuchar, pero el teléfono
suena constantemente, y, desde que él y su esposa están tratando de comprar
una casa nueva, él contesta. Además, un jurado de regentes universitarios está
decidiendo si John avanzará en la jerarquía de la institución. Al escuchar sus
quejas, él, de repente, decide ayudarla si viene a su oficina para recibir lecciones
privadas.
En el segundo
encuentro de los dos, Carol ya no es tan inocente; tampoco está tan insegura
de sí misma. Al relatar los eventos de su punto de vista... eventos que todos
hemos presenciado en la escena anterior...le echa la culpa por haberla violado
espiritualmente. Ella y las de su “grupo” han decidido informarle al comité
escolar de las acusaciones que ella tiene en su contra. Cuando él le pone la
mano en el hombro, su reacción de repugnancia le sorprende. En la última escena,
con su trabajo y su matrimonio comprometidos, ella le dice que le va a denunciado
formalmente.
Claro que el
profesor ha hecho errores... se encontraba solo en la oficina con la alumna
con las persianas cerradas, la tocó, y le prometió un grado mejor si ella iría
a verlo después de las clases; su última acusación es la de violación. ¿Está
culpable? Depende del punto de vista del espectador. El acto de violencia que
termina la obra, ¿fue justificado?
Entre los temas
que Mamet presenta en “Oleana” están la búsqueda
del poder y la liberación de las mujeres. Con dirección de Doug Hughes, estos
y otros asuntos salen a la superficie y siguen provocando discusiones airadas.
La única falla es la del escenográfo Neil Patel quien ha creado una oficina
demasiado suntuosa para un profesor universitario con o sin seguridad profesional.
“Oleana”
de David Mamet, en
cartelera en el John Golden Theatre, 252 de la calle cuarenta y cinco, oeste,
Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a Sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Funciones: $76.50 a $116.50,
disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: Craig Schwartz
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“Superior Donuts”...sabrosa y superior
Obra de Tracy Letts exhibe su característico
don para su arte
.
Los
que conocen la obra de Tracy Letts no estarán sorprendidos por la calidad de
la obra pero sí les asombrarán el tema y el carácter de la obra. Mucho más dulce
y claramente más tierna que su éxito August: Osage County en la cual
el dramaturgo exploró los problemas de una familia disfuncional, la acción de
“Superior Donuts” se despliega entre un grupo de conocidos en
un típico café en Chicago donde sirven donas superiores lo cual le da
nombre a la obra.
Al comenzar la
obra, se ha vandalizado el restaurantito que el propietario Arthur Przybyszewski
(Michael McKean) heredó de su familia. Aunque hay un Starbucks en la
misma zona, hay un pequeño grupo de amigos que diariamente frecuentan el lugar.
Entre ellos están Randy (Kate Buddeke) y James (James Vincent Meredith), dos
policías, quienes, ese día, están investigando el vandalismo que ocurrió durante
la noche. Lo más impactante de la obra, sin embargo, es la relación que nace
entre el dueño y un joven moreno quien solicita trabajo en el café. Este muchacho,
Franco Wickes (Jon Michael Hill), de veintiún años es del barrio; necesita el
trabajo porque le debe dieciséis mil dólares a un malhechor Luther (Robert Maffia)
y su escudero (Cliff Chaimberlain) por unas deudas incobrables. Cuando los verdugos
amenazan e hieren al muchacho, su amigo Arthur toma medidas para que lo molesten
más. Se desenvuelve cierto cariño y familiaridad entre los dos y entre los demás
concurrentes del café: Lady (Jane Alderman), quien pierde sus batallas en contra
del embriaguez y Max (Yasen Peyankov), el vecino quien constantemente echa blasfemias
y acotaciones racistas...es Max quien quiere comprarle el establecimientito
a Arthur. En una escena importantísima, aparece también Kiril (Michael Garvey),
sobrino de Max, cuya fuerza bruta eclipsa su silencio.
El Sr. McKean
muestra los muchos niveles de la personalidad de su personaje. En varios apartes,
o, mejor dicho, monólogos, el actor revela sus antecedentes lo cual ayuda a
explicar porque no sabe...o, no quiere... comunicarles sus sentimientos a los
otros. El Sr. Hill es un actor que admirar en su papel como el joven Franco,
quien gana la simpatía de los otros personajes y del público; Hill seguramente
tiene un futuro propicio en el teatro.
El escenográfo
James Schuette ha captado no sólo el ambiente de un típico coche restaurante
sino también el del invierno feroz en la ciudad de Chicago donde el parabrisas
está cubierto de hielo y la nieve cae copiosamente. El vestuario es de Ana Kuzmanic,
iluminación de Christopher Akerlind, y sonido de Rob Milburn y Michael Bodeen.
La sagaz dirección es de Tina Landau.
“Superior
Donuts” en cartelera
en el Music Box Theatre, 239 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York.
Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y
sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $76.50 a $$116.50, disponibles
al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Robert J. Saferstein
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“Wishful Drinking” con Carrie Fisher
Confesiones de una leyenda hollywoodense
En
“Wishful Drinking,” la actriz y escritora Carrie
Fisher no hace unas revelaciones sísmicas, pero lo que dice es entretenido,
cómico y sincero...y el espectáculo que presenta en el Studio 54 lo es también.
Al entrar en la sala del teatro en una reciente función, me iba preguntando
cómo una actriz que no está de la lista A de Hollywood podría
llenar un teatro de Broadway. Después de la producción, no cabía duda: la Señorita
Fisher tiene sus aficionados... la mayoría, mujeres de cierta de edad... su
presencia en las tablas es colosal y ella sí sabe entretener a los espectadores.
La diversión
muestra los muchos talentos artísticos de la Señorita Fisher, quien ha sobrevivido
luchas con la drogadicción y el alcoholismo. Comenzando con la canción “Happy
Days are Here Again” que canta bellamente, la actriz hilvana anécdotas de
las varias etapas de su vida. Siendo hija del cantante Eddie Fisher y de la
actriz Debbie Reynolds, ella explica las vicisitudes del estado matrimonial
de sus padres, los múltiples divorcios, las traiciones y las conexiones casi
incestuosas que resultaran. En este periodo de su vida, ella carecía de atención;
sin embargo, ésta es indubitablemente la parte más divertida de la función.
Después la actriz, quien creó el papel de la Princesa Leía en la película
“Guerra de las Galaxias,” explica cómo este papel afectó su vida
y su carrera. Adornada del famoso peinado que usaba su personaje, Fisher narra
hilarantemente varios momentos de la filmación y del conocido director George
Lucas, quien insistió que no usara ropa interior porque “no hay ropa interior
en el espacio. Años después la imagen de la joven Princesa iba a adornar la
página de un texto sobre enfermedades mentales.
Después del intermedio,
las confesiones que hace son más serias...su estancia en un hospital mental,
los cambios físicos producidos por las pastillas que tomaba, su drogadicción
y su última sobriedad. Ella juguetea con la palabra sobreviviente para
decidir si ella pertenece o no a este grupo de personas. Para el público, ella
sí ha sobrevivido, y, con este espectáculo, ella ciertamente está recibiendo
la atención que le faltaba de joven y que merece ahora.
“Wishful
Drinking” en cartelera
en el Studio 54, 254 de la calle cincuenta y cuatro oeste, Nueva York. Funciones
hasta el tres de enero con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho;
miércoles, sábado y domingo, a las dos (desde el veintinueve de septiembre al
nueve de octubre, a las siete de la noche). Boletos: $31.50 a $111.50, disponibles
al 212. 719.1300, al www.roundabouttheatre.org
o en la taquilla del Studio 54.
*photo credit: Joan Marcus
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Machismo desbordante en “A Steady
Rain”
Jackman y Craig, poderosos, en obra
de Keith Huff
La
obra más taquillada de esta temporada es indubitablemente “A Steady Rain”
de Keith Huff, un drama en el cual la presencia de dos grandes actores
de la pantalla grande ya había asegurado su éxito monetario antes de su estreno;
ya que la crítica es buena, va a ser casi imposible conseguir un boleto.
Estos dos actores,
Hugh Jackman y Daniel Craig manejan los papeles de dos policías en la ciudad
de Chicago con maestría y pericia, aunque Jackman todavía no ha captado el acento
y el tono característicos de esa ciudad de Illinois Jackman es Joey, un policía
con prejuicios, quien vive con su esposa Connie y sus hijos; se aprovecha de
su poder sobre los de abajo de la sociedad de Chicago. Denny (el Sr. Craig)
es el más sólido de los dos; es soltero y hace su trabajo según las reglas de
su oficio. Los dos amigos son tan entrañables que Denny frecuentemente pasa
la noche en el sofá de la casa de su compañero, pero tiene que aguantar las
ocasiones cuando Joey trata de arreglarle una cita con una u otra mujer soltera.
Una de estas mujeres es una prostituta conocida, cuyo alcahuete, Walter Lorenz,
ha sido víctima de la ira de Joey.
Cuando Lorenz
toma represalias en contra de su adversario al tirar unas balas a la ventana
de su casa, unas detonaciones que hieren al hijo del agente, Joey lo persigue
y toma la ley por su propia mano. Sus acciones involucran no sólo a si mismo
sino a su compañero también aunque éste es un hombre mucho más sensato. Cuando
ocurre el sorprendente desenlace, la situación es tan tensa que no se oye ni
un ruido en todo el teatro.
Jackman y Craig
pronuncian sus monólogos con brío y firmeza; bajo la astuta dirección de John
Crowley, los dos expertos actores comparten el escenario imponentemente y parecen
estar totalmente absortos en lo que el otro le está diciendo o confesando.
La iluminación
seca de Hugh Vanstone realza la atmósfera ansiosa de la obra. El escenógrafo
Scott Pask, quien también diseñó el vestuario, ha realizado un espacio casi
vacío que aísla a los dos personajes, el uno del otro; las viviendas que se
asoman en la distancia también parecen separar lo que pasó con lo que está pasando
en la actualidad. La música original es de Mark Bennett quien también diseñó
el sonido de
“A Steady
Rain” en cartelera
en el Gerald Schoenfeld Theater, 236 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva
York. Funciones hasta el seis de diciembre con el siguiente horario: martes,
a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos;
domingo, a las tres. Boletos: $66.50 a $130, disponibles al 212.239.6200, al
800.432.7250 o al telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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Jude Law brilla como Hamlet
Conocido actor triunfa en obra shakesperiana
El
príncipe de Dinamarca que los espectadores están viendo y escuchando en la presente
producción de “Hamlet” no es la típica interpretación del danés
torturado y melancólico que generalmente ofrecen los actores quienes lo interpretan.
En la extraordinaria interpretación de Jude Law, el príncipe dulce
muestra su lado agresivo; es un hombre resuelto a vengarse de
Claudio,
el hombre quien mató al Rey, su propio hermano y padre del joven Hamlet; poco
después, Claudio se casó con la Reina
Gertrudis
y asumió el trono.
En la versión
del destacado director Michael Grandage, Hamlet ataca a sus adversarios agresivamente
y el Sr. Law es un adepto y formidable agresor. Law, de estatura delgada y ojazos
expresivos, lleva su dolor en todo el cuerpo; su sufrimiento y su deseo de venganza
son tan profundos que parecen palpables; la cólera que resulta es el defecto
trágico de Hamlet lo cual lo lleva a su muerte.
Las maquinaciones
de Hamlet se ponen en marcha cuando el espectro del rey muerto aparece y visita
y amonesta a Hamlet para que desenmascare al asesino y vengue su muerte. Con
la ayuda de los guardias y de su amigo Horacio, Hamlet da de creer que está
loco. Para atrapar al verdugo, él presentará un drama cuyo tema es similar a
lo que está pasando en el palacio. Hamlet mata a Polonio cuando lo encuentra
tras una cortina, escuchando una conversación en la cual el joven enardecido
está regañando a la reina Gertrudis por haberse casado con Claudio poco después
de la muerte del Rey. Claudio, escandalizado por el drama preparado por el príncipe,
lo destierra a Inglaterra donde sus escuderos lo asesinarán, pero Hamlet logra
escaparse y regresar a Inglaterra. Laertes decide vengarse de la muerte de su
padre, Polonio, y la de su hermana Ofelia, quien se había suicidado; para lograr
su meta, colude con Claudio quien ha preparado un duelo entre Hamlet y Laertes.
Este usara un florete envenenado para asegurar la muerte de Hamlet, pero en
el duelo, los dos son heridos con el arma. Hamlet mata a su tío Claudio y se
muere de inmediato. Gertrudis muere cuando, por error, bebe de una copa que
contiene un fuerte veneno propuesto para Hamlet. Fortinbrás, príncipe de Noruega,
entra y despide del dulce príncipe una vez y para siempre.
Bajo la dirección
del Sr. Grandage, “Hamlet” es una obra muy accesible, lo cual
beneficiará a los muchos aficionados del Sr. Law quienes tal vez no están acostumbrados
al lenguaje de Shakespeare. Del elenco, se destacan también Geraldine James
como Gertrudis, Peter Eyre como el Fantasma y Matt Ryan como Horacio. Música
espectral de Adam Cork, escenografía y vestuario de Christopher Oram, e iluminación
de Neil Austin
Realzan el tono
de la producción.
“Hamlet”
de William Shakespeare
en cartelera en el Broadhurst Theatre, 235 de la calle cuarenta y cuatro oeste,
Nueva York. Funciones hasta el seis de diciembre con el siguiente horario: martes,
a las siete; miércoles, a las dos y las siete y media; jueves y viernes, a las
siete y media; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las tres. Boletos: $25
a $116.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.432.7250, o al telecharge.com.
*photo credit: Johan Persson
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Chris
D’Arienzo, quien escribió el libro de la obra musical “Rock of Ages,” sabía,
con toda seguridad, que su musical iba a cautivar a los espectadores de cierta
demografía... a los de los veinte y pico años a los de los cuarenta y pico.
¿Cómo iba a saber el Sr. D’Arienzo, sin embargo,
que la obra, por estrepitosa, ruidosa y estridente que sea la música, podría
atraer a un público más comprensiva... porque en una función reciente, además
de los de los treinta y pico años, había personas de la tercera edad, gente
mayor, unos adolescentes, y unos niños también. Lo más extraordinario es que
“Rock of Ages” les encantó a todos. Las canciones, todas aquellas de los ochenta
prestan a la concepción de la obra. El dramaturgo y la directora Kristin Hanggi
usan las canciones para promover la acción, al estilo de las musicales de rockola.
Las canciones emocionantes, cantadas con fervor por los miembros del elenco
joven y vigoroso, evocan el ambiente de esa época musical y se entretejen unas
a las otras para hilvanar una historia de esperanza, poder y egoísmo. Hay un
narrador Lonny, (Mitchell Jarvis) quien nos guía por la historia de Drew, (Constantine
Maroulis), quien quiere ser cantante profesional, y Sherrie (Amy Spanger) quien
ha venido a la gran ciudad en busca de fama y fortuna como actriz de cine. Los
se encuentran en un bar famoso de Hollywood mientras el alcalde corrupto, llamado
sencillamente Mayor (Andre Ward) ha decidido demoler toda la zona histórica
del sunset strip, incluyendo el bar en cuestión, para que un negociante alemán
Hertz (Paul Schoeffler) y su hijo Franz (Wesley Taylor) puedan convertir los
terrenos en condominios lucrativos. Un conocido cantante Stacee Jaxx (James
Carpinello), aunque contratado para preservar el barrio, no hace más que causar
problemas para todos y para los jóvenes enamorados.
Las canciones incluyen conocidas melodías
del período, composiciones como “Waiting for a Girl like You,” “More than Words,””Shadows
of the Night,” “Can’t Fight this Feeling” y “The Final Countdown,” entre otras,
que los espectadores de todas edades aplauden fervorosamente. Los conjuntos
y cantantes cuyas melodías se escuchan durante la obra son REO Speedwagon, Twisted
Sister, Extreme y Quiet Riot, Europe, Foreigner, Styx, Joan Jett y Pat Benatar,
entre otros. Las canciones...y hay más de treinta...son ejecutadas apasionadamente
por Angel Reed, Katherine Tokarz, Andre Ward, Savannah Wise y Jeremy Woodard.
Las melodías son cantadas fuertemente
por todos los principales y los bailes (coreografía de Kelly Devine), ejecutados
diestramente por los bailarines del energético elenco, son sensuales y evocativos
de los estilos de esa década. Escenografía de Beowolf Boritt, vestuario de Gregory
Gale e iluminación de Jason Lyons recuerdan los conciertos de música rock
que muchos de los presentes seguramente recuerdan... y con mucho cariño.
La divertidísima “Rock of Ages” en cartelera en el Brooks Atkinson Theatre, 256 de la calle cuarenta y siete oeste, Nueva York. Funciones: lunes, a las ocho; martes, a las siete; miércoles, a las ocho; viernes, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho; domingo, a las dos y las siete. Boletos: $26.50 a $99.00, disponibles por Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o en la taquilla del Brooks Atkinson.
*photo credit: Joan Marcus
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“Hair” perdura triunfantemente tras
las generaciones,
Haciendo amor, evitando la guerra
y causando júbilo
“Hair”
regresa triunfante
a Broadway sin perder ni una pizca de la energía, el fervor ni el asombro que
cautivó a los espectadores cuando estrenó en 1967. La maravillosa obra ha perdurado
tras las generaciones y sigue siendo una de las experiencias teatrales más memorables
para los amantes del teatro. Presentada primero en el Parque Central el verano
de 2007 como parte de los Conciertos en el Parque de Joe’s Pub y montada en
el verano de 2007 no como un concierto sino en una producción completa en el
Teatro Delacorte. La producción, que estrenó recientemente en el Al Hirschfeld
Theatre, lleva el espíritu del Parque Central a los confines de un teatro legítimo
con exuberancia, energía y pericia. Aunque trata de una tribu de jóvenes durante
la guerra de Vietnam, la obra teje un encanto perdurable, debido principalmente
a la experta dirección de Diane Paulus quien monta la obra de Gerome Ragni y
James Rado con comprensión, fogosidad y sentimiento. Por su extraordinaria dirección,
“Hair” habla y canta a todas las generaciones que diariamente
está agotando localidades en el Teatro Hirschfeld.
Los sesenta en
la historia de nuestro país...con su amor libre y su sexo aún más libre, las
drogas, la rebeldía y la incertidumbre... vuelven a vivir en la obra, que, aunque
las actitudes frente al sexo han cambiado, parece muy oportuna en la
obra... sobre todo en una época en la cual tantos americanos no están
de acuerdo con la política externa de los Estados Unidos ni de la guerra en
la cual tantos jóvenes están sufriendo y muriendo. “Hair” presenta
el dilema de un joven de la clase media en los Estados Unidos quien, por el
sistema de conscripción de aquel entonces, será enviado posiblemente a Vietnam.
Este joven, Claude, (Gavin Creel), aunque pertenece al tribu de amigos que incluyen
sus amantes Sheila (Caissie Levy) y Berger (Will Swenson), lucha con la idea
de quemar su tarjeta de conscripción. ¿Luchará en la guerra o participará en
el Be-In junto al fuego donde los otros están quemando sus tarjetas?
La respuesta ocurre en un emocionante desenlace frente a un cuadro vivo en la
cual el joven vacila por última vez ante su futuro inseguro.
La partitura,
música de Galt Macdermot, letra de los Señores Ragni y Rado, incluye unas de
las melodías más populares del cancionero de Broadway. En un período en el cual
las musicales de Broadway ya no llegan a tener éxito universal, las melodías
presentadas en “Hair” encontraron su público tan pronto como la
obra debutó Off Broadway y siguen siendo populares hoy en día. Aquí, las canciones
son interpretadas briosamente por los varios miembros del elenco. Desde los
primeros acordes de “Acuarius,” entonada con fuerza y propósito
por Sasha Allen en el papel de Dionne, hasta la emocionante versión de “Let
the Sun Shine In,” las melodías de “Hair” atraviesan
las décadas y hablan al corazón de cada persona quien las escucha.
El elenco parece
perfecto para sus propios papeles y las canciones que entonan. El energético
Sr. Swenson, junto con los demás miembros del elenco, entona “Donna”
y “Going Down” muy capazmente. La Señorita Levy entona una maravillosa
“I Believe in Love” y una bella versión de la balada “Easy to be Hard;”
la popularísima “Good Morning Starshine” es cantada potentemente por
la misma cantante.
“Black Boys”
entonada por las de la tribu y“White Boys” vocalizada poderosamente por
la Señorita Allen y varias chicas de la tribu, alaba chistosamente las delicias
del sexo masculino. El destacado Sr. Creel luce sus muchos talentos vocales
en “Manchester, England,” “I Got Life,” “Where Do I Go,”
y “Ain’t Got No.” Darius Nichols como Hud, Bryce Ryness como Woof
y los demás miembros del elenco joven... aunque probablemente no habían nacido
cuando la obra estrenó en los sesenta... captan sus papeles impecablemente.
El escenógrafo
Scott Pask ubica su obra en un espacio libre con muchas puertas y tantos niveles.
El vestuario de Michael McDonald capta el ambiente y el aspecto de los sesenta.
La iluminación de Kevin Adams se es una de los verdaderos encantos de la producción
que se extiende hasta a los pasillos del teatro. Acme Sound Partners competentemente
maneja el sonido de la producción. La coreógrafa Karole Armitage respeta los
movimientos del pasado mientras incorporando lo mejor de la coreografía moderna.
“Hair,”
en cartelera en el Al Hirschfeld Theatre, 302 de la calle cuarenta y cinco oeste,
Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a viernes, a las ocho;
sábados, a las dos y las ocho; domingos, a las dos y las siete y media; domingo,
12 y 19 de abril, a las tres. Boletos: $37 a $122.
*photo credit: Joan Marcus
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“God of Carnage” de Yasmina Reza...
Un verdadero homenaje al Dios de la
Risa
Yasmina
Reza lo ha hecho de nuevo; la experta dramaturga ha escrito una obra grácil,
un ligero malvavisco literario, en el cual analiza la naturaleza humana y sus
debilidades mientras nos hace reír...a carcajadas. La briosa comedia negra,
actualmente en cartelera en el Bernard B. Jacobs Theatre de Broadway, alardea
no sólo un libreto astutamente abreviado, traducido sagazmente por Christopher
Hampton, sino también un experto elenco de cuatro actores de primera, Jeff Daniels,
Hope Davis, James Gandolfini y Marcia Gay Harden y la astuta dirección de Matthew
Warchus quien maneja a sus actores tan melifluamente para que logran sacar toda
la sustancia y las sorpresas del texto.
Michael y Veronica
(James Gandolfini y Marcia Gay Harden) han invitado a Alan y Annette (Jeff Daniels
y Hope Davis) a su suntuosa casa (creda en tonos de carmín ensangrentado por
el escenógrafo Mark Thompson quien también diseño el vestuario de moda) en Brooklyn
para averiguar los detalles de una altercación en la cual el hijo de éstos pegó
al hijo de aquéllos con un palo, rompiéndole dos dientes y, según su madre,
deformándole la cara. Ellos deciden redactar y firmar un contrato acerca
de los detalles para su seguro. Al principio, la conversación es cordial y amena;
los anfitriones sirven espresso y un pastel hecho en casa. Los invitados
discuten los libros de arte sobre una mesita y otras trivialidades. Pronto,
la apariencia de civilidad desaparece, librando la bestia...o sea, el dios
del sacrificio... escondida en cada uno de los seres humanos Los cuatro
comienzan a perder los estribos y a insultarse los unos a los otros; primero
cada esposa ampara a su esposo y viceversa, pero pronto las esposas juntan meriendas
en contra de los esposos y ellos, en contra de ellas. Dejan el café y comienzan
a tomar ron.
Al fin del altercado
y de la obra, no se ha resuelto nada y uno de los cuatro comenta que no se sabe
nada. Ni lo sabe él no lo sabemos nosotros, pero no importa, porque la obra
está llena de momentos deliciosamente hilarantes. Annette (Davis) se enferma,
tal vez del pastel que la anfitriona le había servido y vomita copiosamente;
más tarde, ella echa dos ramos de tulipanes por todas partes, partiendo cada
flor en pedacitos pequeños. Michael (Gandolfini) dejó la mascota de su hija
en la calle, sacrificándola por decir a su propio dios de la violencia.
Alan (Daniels), un abogado prestigioso, devora un pedazo de pastel tras otro
mientras habla incesantemente por celular de un medicamento que puede o no ser
peligroso... la misma medicina que la madre de Michael está tomando. Veronica
(Harden) se enfurece exageradamente cuando Annette se marea y vomita sobre uno
de sus libros preciosos, un tomo original que su esposo Michael trata de secar
con un secador de pelo antes de rociar un perfume muy fuerte sobre el ejemplar.
Los varios incidentes parecen ser mucho más ridículos debido al gran talento
de los actores y a la fina dirección del Sr. Warchus.
“God of
Carnage” es maná para
los teatreros en busca de una buena comedia, expertamente interpretada y lujosamente
montada. “God of Carnage” en cartelera en el Bernard B. Jacobs
Theatre, 242 de la calle cuarenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones hasta
el diecinueve de julio con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos:
$66.50 a $116.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“West Side Story” vuelve triunfante
a NY
Clásica musical tiene marcado sabor
latino
“West
Side Story,”
la monumental musical con libro de Arthur Laurents, música de Leonard
Bernstein, letra de Stephen Sondheim y coreografía de Jerome Robbins (elaborada
aquí por Joey McKneely), volvió recientemente a Broadway en una nueva versión
exitosa que seguramente permanecerá mucho tiempo en cartelera. La producción
más reciente luce un marcado sabor latino ya que algunas de las canciones son
cantadas en español y gran parte del diálogo es hablado en el mismo idioma lo
cual refleja más el espíritu de los que pueblan el paisaje neoyorquino de
“West Side Story,” conocido en español como “Amor
sin barreras.”
La obra, adaptada
libremente por el drama “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, narra
la historia de dos amantes desafortunados, Tony (Matt Cavenaugh) y María (Josefina
Scaglione) que se enamoran a primera vista en los tiempos turbulentos de los
años cincuenta en las calles de Nueva York. Ella, hermana del jefe de la pandilla
puertorriqueña llamada los sharks, y él, antiguo jefe de la pandilla
rival llamada los jets, se esfuerzan a realizar su amor a pesar de que
pertenezcan a dos razas distintas, o, mejor dicho, dos mundos diferentes. La
obra no sólo muestra la hostilidad y el racismo inherente en los años cincuenta,
aspectos que el coreógrafo Robbins expresó tan astutamente en sus bailes audaces
pero también expresa el deseo de algo mejor, de encontrar un lugar propicio,
donde un amor puro e inocente podría florecer, lo cual se refleja en la canción
“Somewhere.”
Lin-Manuel Miranda
ha hecho una experta traducción de la letra de dos de las canciones “A Boy
like That” y “I Feel Pretty” y del diálogo hablado por los miembros
de la pandilla puertorriqueña lo cual añade cierto nivel de autenticidad al
libreto, sobre todo por el uso de algunos modismos contenidos en el diálogo
que indiscutiblemente caracterizan el lenguaje hablado por los jóvenes latinos
de la época. Hay que alabar al Señor Miranda por la fidelidad de su traducción
al libro original y por la claridad y la precisión de su trabajo. Es menester
también loar a los actores del elenco por su impecable pronunciación y la sutileza
de su expresión y acentuación.
Los miembros
del elenco son indiscutiblemente de primera. Matt Cavenaugh combina la inocencia
y la pasión de un joven enamorado con la ansiedad de alguien quien quiere ser
leal a sus amigos y a su raza. Josefina Scaglione es toda una revelación en
el papel de María; la actriz argentina, quien está haciendo su debut en Nueva
York en el papel de la joven puertorriqueña quien llega a la gran ciudad y se
enreda de inmediato en la lucha callejera, luce una voz de cristal y capta perfectamente
el deseo que siente hacia su Tony. Karen Olivo es apasionada en el papel de
la voluble Anita. Olivo, una experta cantante y bailarina, es inolvidable en
el papel que crearon Chita Rivera en el teatro y Rita Moreno en el cine; la
actriz comparte un momento memorable con la Señorita Scaglione en el dueto
“A Boy like That” que las dos entonan bellamente en español. Como los
miembros de las dos pandillas, George Akram, Cody Green, Curtis Holbrook, Joshua
Buscher, Tro Shaw, y Joey Haro Lee Sellars son versados actores y energéticos
y capaces bailarines quienes ejecutan diestramente la conocida coreografía de
la obra. Lee Stellars como el policía Krupke, Steve Bassett como el Lugarteniente
Schrank y Greg Vinkler como el almacenista competentemente interpretan a los
pocos adultos en el mundo adolescente presentado en West Side Story”
que James Youmans (escenografía), David C. Woolard (vestuario), Howell
Binkley (iluminación) y Dan Moses Schreier (sonido) han recreado. Arthur Laurents
dirige diestramente y la dirección musical es de Patrick Vaccariello.
La rica partitura
incluye las conocidas canciones “Maria” “Tonight” “I Have a Love” y
“Something’s Coming” entre otras melodías que son cantadas exquisitamente
por los varios miembros del talentoso elenco.
La extraordinaria
“West Side Story” en cartelera en el Palace Theatre, 1564 Broadway,
Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos. Comenzando el veinticuatro de marzo: mnartes, a las dos; miércoles a sábado,
a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $46.50
a $121.50, disponibles al Ticketmaster.com, al 212.307.4100 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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New York da la bienvenida a “Shrek”
“Shrek, the musical” sigue siendo
“Shrek”
Parece
que “Shrek the musical” lo tiene todo: personajes hechos famosos
en los conocidos cuentos de hadas, un dragón color de rosas, un enano que desea
ser rey, una princesa atrapada en una torre, un paisaje de ensueños, un asno
chistoso y, en su mero centro, el Ogre adorable hecho famoso en el libro de
William Steig y la película animada de Deamworks Animation. El libro
y la letra de David Lindsay-Abair enseñan las mismas moralejas y contienen referencias
a olores corporales y sonidos producidos por personas...o, en este caso, criaturas...mal
educadas que producen gemidos y risas lo cual les fascinará a los amantes de
Shrek y sus cohortes.
La obra es fiel
al libro y a la película con sus referencias y alusiones que los niños entenderán
de una manera y los adultos, de otra, pero a veces parece demasiado comprensiva,
como si todos los cuentos de hadas estuvieran desfilando en carne y hueso frente
a los ojos de los espectadores: Pinocho (John Tartaglia), los tres ratoncitos
ciegos, los tres osos, Humpty-Dumpty, Peter Pan, el elfo del zapatero y el anadino
feo, para mencionar unos cuantos. Tim Hatley (escenografía y vestuario) ha
creado y unos espectaculares paisajes y una extravagante vestimenta que recrean
el ambiente de una manera pintoresca y antojadiza.
Básicamente,
“Shrek The Musical” cuenta la misma historia que la película y
el libro: Shrek (el formidable Brian D’Arcy James), vive sólo y cómodamente
en su propio pantano. Cuando una muchedumbre de extranjeros (los personajes
de los varios cuentos de hadas) llega, él aprende que, para entarquinar
su amado pantano, él tiene
que rescatar a la Princesa Fiona (Sutton Foster) para que ésta pueda casarse
con el Lord Farquaad (Christopher Sieber, arrodillado, para interpretar al diminutivo
personaje). Con la ayuda del Asno (Daniel Breaker), su fiel compañero, él va
en busca del Dragón que guarda la entrada de la torre. Mientras tanto, él se
enamora de ella y ella de él, pero como ella guarda un secreto muy horrendo,
ella no puede expresar su amor hasta que...bueno, será mejor no revelar el fin
feliz.
Los mejores números
musicales son “Big, Bright, Beautiful World” entonada por toda la compañía,
“I Know It’s Today” cantada por las tres Fionas, “Morning Person”
vocalizada maravillosamente por la Señorita Sutton, el dueto “I Think
I Got You Beat” canturreado por d’Arcy James Y Sutton en el cual comienza
a nacer su mutuo amor y “Freak Flag” que podría ser la antífona para
los que se sientan ajenos y aislados de los demás. Aunque no son memorables,
son agradables al oído. La coreografía de Josh Prince es bastante corriente
excepto en el número “Morning Person” en el cual la Señorita Sutton ejecuta
un feroz tip tap con unos ratoncitos bailadores. La dirección de Jason
Moore mueve la acción velozmente por las varias escenas de la obra. Con Foster
y d’Arcy James como Shrek y Fiona, “Shrek The Musical” es una
delicia.
“Shrek
The Musical” en cartelera
en el Broadway Theatre, 1681 Broadway, Nueva York. Funciones: martes a las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Boletos: $51.50a $111.50, disponibles al 212.239.6200, al 800.BROADWAY
o en la taquilla del teatro.
*photo credit: Joan Marcus
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“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” triunfa
Obra musical lo tiene todo
“BILLY
ELLIOT, THE MUSICAL”
seguramente ganará la mayoría de los premios para mejor obra musical este año...
se lo digo sin reservación alguna. La versión de la exitosa musical londinense,
actualmente en cartelera en el Imperial Theatre de Broadway, es un triunfo
artístico para todos los que la crearon.
Avivada por la
centelleante coreografía de Peter Darling, la memorable dirección de Stephen
Daldry, atrayente libro e ingeniosa letra de Lee Hall e impresionante si algo
familiar música de Elton John, “BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” produce
un efecto encantador difícil de resistir… sobre todo para los amantes de la
comedia musical americana. Para los afortunados teatreros en Providence quienes
ya han obtenido sus boletos… o los que obtienen uno de los pocos que quedan…
“BILLY ELLIOT, THE MUSICAL” ofrecerá una diversión cuyas canciones
son movidas, cuyas situaciones son conmovedoras, cuya coreografía es asombrosa
y cuyo elenco brilla tanto como las luces de Broadway. “BILLY ELLIOT”
satisfará aún al conocedor de teatro más implacable.
El libro y la
letra de las canciones hábilmente narran la historia de Billy (KIril Kulish,
en la función que yo asistí), un joven de trece años, hijo de un minero, quien
aprende un día que el ballet clásico le interesa más que el boxeo. Sin que su
padre lo sepa, Billy decide gastar su dinero no en lecciones de boxeo sino en
lecciones de danza. Aunque el padre (Gregory Jbara), un hombre involucrado en
una huelga con sus compañeros, de inmediato cree que su hijo es un tanto raro,
Billy sigue con el baile; según su maestra, la Señora Wilkinson (Hadyn Gwynne),
el joven tendrá un futuro; por eso, ella le aconseja que trate de ganar una
beca en el prestigioso Ballet Real. Para pedir una audición, Billy tendrá
que pagar una suma de dinero, una imposibilidad para él y su padre, pero los
colaboradores de éste juntan su dinero, Billy se pone a prueba y gana una posición
en la escuela.
El relato de
Billy y su lucha personal para realizar su sueño es, en sí, conmovedor e impresionante,
pero además, hay tantos momentos memorables que añaden a la riqueza del libro.
De vez en cuando, el espectro de la madre de Billy (Leah Hocking) lo visita
en su memoria y, al menos en su recuerdo, le da el cariño maternal que tanto
necesita. Un amigo llamado Michael (Frank Dolce) tiene problemas relacionados
a su identificación sexual los cuales se expresan deliciosamente. Lo más impresionante,
sin embargo, es la yuxtaposición de la historia de Billy con la de los mineros
lo cual es vista en los números musicales, la letra y lo más asombroso aún,
el baile; esto se ve más espectacularmente en el “Angry Dance” en el
cual Billy se libera de sus frustraciones en un baile feroz que refleja su propia
ira y malogros y los de los trabajadores.
Para narrar la
historia de Billy, tres talentosos actores alternan el papel. Kiril Kulish
es un maravilloso Billy, y, según la crítica en general, los otros dos,
David Alvarez y Trent Kowalik, también lo son. También hay dos actores quienes
alternan el papel de Michael. Frank Dolce casi se va con todos los aplausos
cada vez que entra en la escena. Gregory Jibara es, como siempre, un actor consumado
quien muestra todas las facetas del padre quien trata de balancear su vida familiar
con su trabajo. Carole Shelley es perfectamente capaz en el papel de la Abuela
olvidadiza. La estupenda Haydn Gwynne, quien originó el papel de la Señora Wilkinson
en Londres, crea un personaje inolvidable en el papel de la mujer quien estimula
al joven a luchar para alcanzar su meta.
La insólita escenografía
de Ian MacNeil, ingenioso vestuario de Nicky Gillibrandy, perspicaz iluminación
de Rick Fisher y sonido de Paul Arditti añaden mucho al lustre de la obra… pero
lo que caracteriza la obra y que le da su estilo es la inconmensurable talento
que se ve en cada elemento del inmensamente divertida “BILLY ELLIOT, THE
MUSICAL.”
“BILLY
ELLIOT, THE MUSICAL”
en cartelera en el Imperial Theatre, 249 de la calle cuarenta y cinco oeste,
Nueva York. Funciones: martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo a las tres. Boletos: $41.50 a $136.50,
disponibles al 212.239.6200 o al 800.432.7250.
*photo credit: David Scheinmann
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Sempiternamente fresca y enteramente
romántica
“South Pacific” vuelve por fin a Broadway
La
presente producción de “South Pacific,” actualmente
en cartelera en el Vivian Beaumont Theater de Lincoln Center, es una verdadera
maravilla. La primera repostura de la musical de Rodgers y Hammerstein, que
no se ha presentado en Broadway desde que estrenó en el Majestic Theatre en
1949 y permaneció en cartelera por cinco años ganando nueve premios Tony. La
lujosa producción, con la suntuosa y conocida partitura de Richard Rodgers (música)
y Oscar Hammerstein II (letra) orquestada por Robert Russell Bennett, una suntuosa
escenografía de Michael Yeargan, antojadizo vestuario de Catherine Zuber, sublime
iluminación de Donald Holder, el mejor sonido posible de Scott Lehrer, la mañosa
dirección de Bartlett Sher, y, sin ninguna exageración, uno de los mejores elencos
reunidos en tiempos recientes, “South Pacific” es un sueño hecho
realidad.
Sr. Hammerstein
II y Joshua Logan, los autores del libro, ubican su musical en una isla tropical
del Pacífico del Sur durante los días finales de la Segunda Guerra Mundial.
En el ambiente cálido y tropical, la enfermera Nellie Forbush (Kelli O’Hara),
una joven ingenua de Little Rock, se enamora alocadamente de Emile de Becque
(Paolo Szot), dueño francés de una de las plantaciones de la isla. Mientras
la guerra sigue en el fondo con la llegada de más y más tropas japonesas, el
amor entre los dos intensifica. Además de la historia de Forbush y de Becque,
hay la del lugarteniente Joseph Cable (Matthew Morrison) quien se enamora de
Liat (Li Jun Li), la hija de la vendedora polinesia Bloody Mary (Loretta Ables
Sayre) quien quiere casar a su hija con el joven y guapo Cable para que Liat
no tenga que casarse con uno de los viejos cultivadores que pueblan la isla.
Mientras tanto, el taimado soldado Luther Billis (Danny Burstein) trata de hacerse
rico y conocer las isleñas que viven en el prohibido paraíso de Bali Ha’i.
Cuando Nellie
aprende que de Becque estuvo casado anteriormente con una polinesia y que tiene
dos hijos chiquitos (Laurissa Romain y Skipp Sudduth) que viven con él, los
prejuicios de la mujer adocenada la prohíben que ella acepte la oferta de matrimonio
que el hombre a quien ama le había hecho. Además, Cable no puede pensar en casarse
con una polinesia por la misma razón, un pensamiento expresado perfectamente
en una de las melodías You’ve Got to Be Carefully Taught” que el lugarteniente
entona plañideramente. Al aceptar un proyecto importante por la marina americana,
los dos hombres no sólo arriesgan su propia vida sino las esperanzas y el futuro
de las dos mujeres.
La majestuosa
partitura de canciones conocidas hace mucho para promover los argumentos del
libro. “Dites Moi” entonada primero por los niños y después por Nellie,
expresa el amor que le tiene a las criaturas y los esfuerzos de la mujer para
aprender francés. En“A Cockeyed Optimist,” Nellie enuncia la inocencia
de su propia personalidad. La magnífica “Some Enchanted Evening” cantada
con fuerza y cariño por Szot, es el antema de lo que siente de Becque para la
enfermera. Hay momentos cómicos tales como “I’m Gonna Wash That Man Right
Outa My Hair” “I’m Gonna Wash That Man Right Outa My Hair,”en la
cual Nellie trata de olvidarse de de Becque, “There Is Nothin” Like A Dame”
vocalizada por el elenco masculino que es un homenaje cómico a la mujer,
la extraordinaria “Honey Bun” cantada por Nellie y Billis en una presentación
para celebrar el Día de Acción de Gracias, que casi para el espectáculo y
“Bloody Mary” que celebra la astuta mujer. Melodías románticas abundan:
“A Wonderful Guy” modulada por Nellie, “Younger than Springtime”
armonizada por Cable acerca de la joven y bella Liat y “This Nearly Was
Mine.”
La actuación
de todos los miembros del elenco desde los marineros y las isleñas se acerca
a la perfección y los principales son absolutamente estupendos. La Señorita
O’Hara canta y actúa como un ángel y el Sr. Szot, un cantante de ópera del Brasil,
es igualmente pasmoso. Desde el primer momento que están juntos en la escena,
se da cuenta del amor que comparten. Matthew Morrison, muy galán y señoril,
es creíble en el papel de Cable, Sayre es divertida como Bloody Mary y Danny
Burstein es comiquísima en el papel de Billis, sobre todo con los dos cocos
que usa cuando interpreta un número de la partitura. La puesta en escena musical
es de Christopher Gattelli quien sobresale en los números más movidos.
Una estupenda
“South Pacific” en cartelera en el Teatro Vivian Beaumont, 150
de la calle sesenta y cinco oeste, Nueva York. Funciones: martes las siete;
miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las
tres. Boletos: $75 a $125, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“In the Heights” triunfa de nuevo
en Broadway
La musical “En las alturas” es aún
más sublime
La
musical “In the Heights,” un éxito cuando estrenó
Off Broadway en el 37 Arts de Nueva York, estrenó recientemente en Broadway
en el Richard Rodgers Theatre con más música y más movimiento y aún más éxito.
La obra no para... y “sigue sigue” dando nueva esperanza al teatro musical
contemporáneo; la obra, con música y letra de Lin-Manuel Miranda y libro de
Quiara Alegría Hudes, es una delicia desde el mero principio, cuando los miembros
del elenco de capaces actores cantan la gloriosa balada “In the Heights”
, una verdadera antífona al barrio de Washington Heights donde viven y conviven,
hasta el gran final cuando los mismos personajes, después de su viaje épico
al alma de su barrio, cantan la memorable “Final” en la cual los
personajes consientan que nunca podrán abandonar su hogar.
Los personajes
de “In the Heights” son creíbles y simpáticos, sus valores son
los de la gente que representan, los habitantes diligentes de un barrio pobre
pero honrado donde se mantienen los ideales de amistad, fe y familia. El que
guía al espectador por el panorama musical es el dueño de una bodega, nombrado
Usnavi (el Sr. Miranda) un joven quien recibió su nombre cuando su padre
vio pasar una nave con el escrito US Navy. Hijo de dominicanos, Usnavi
y su su primo Sonny (Robin De Jesús) han sido criados por la Abuela Claudia
(Olga Merediz), abuela de todos los jóvenes del barrio. Usavi, quien parece
representar los ideales de su vecindad, es el espíritu del barrio, ofreciéndoles
a los concurrentes de su bodega un buen café con leche y un saludo cordial cada
mañana; el joven, sin embargo, es demasiado tímido para poder expresar lo que
siente para la estilista Vanessa (Karen Olivo) quien trabaja en el salón de
la vivaz Daniela (Andrea Burns) y quien desea salir del barrio. La intriga secundaria
tiene que ver con una pareja madura, Kevin y Camila (Carlos Gomez y Priscilla
López), dueños de un servicio de chóferes, quienes tienen que decidir si deben
vender su negocio para que su hija Nina (Mandy Gonzalez) siga sus estudios en
Stamford. La hija vuelve con la intención de quedarse en el barrio, pero cuando
se enamora de Benny (Christopher Jackson), parece que la decisión quedará firme.
La escritora Hudes ha escrito bastantes curvas en la acción para que la vida
“In the Heights” no parezca tan idílica.
La música corre
la gama de hip-hop y rap a melodiosas baladas con marcado acento
hispano. Para la producción en Broadway, los compositores han escrito cuatro
canciones nuevas que mantienen el espíritu de la partitura original. A diferencia
de otras obras supuestamente presentadas en español, los que idearon los diálogos
y la excelente letra sí dominan su lengua. Y qué alegría ver una obra acerca
de latinos en la cual algunas de las canciones son cantadas en un buen español.
Entre las mejores melodías son la arriba mencionada “In the Heights”
interpretada por Usnavi y todo el elenco, la bella Respira entonada por
Nina en una versión bilingüe, Inútil, vocalizado por el Sr. Herrera,
“Paciencia y Fe” cantada por la Abuela y compañía, y la memorable
“Alabanza” interpretada por el Sr Miranda, la Señorita Gonzalez y toda la
compañía, pero basta decir que cada momento musical de la partitura es un verdadero
placer presenciar.
Con dirección
de primera de Thomas Kail, la mejor coreografía de Nueva York, labor del talentoso
Andy Blankenbuehler que parece aún más vivaz y memorable en las tablas del Richard
Rodgers y el fino trabajo de un experto equipo técnico (impresionante escenografía
de Anna Louizos que recrea una calle del barrio y el Puente de George Washington
en la distancia, iluminación de Jason Lyons, vestuario de Paul Tazwell y sonido
de Acme Sound Partners) que recrea el barrio y su ambiente, “In the Heights”
sube a las alturas.
“In the
Heights” en cartelera
en el Richard Rodgers Theatre, 226 de la calle cuarenta y seis oeste, Nueva
York. Funciones: martes a sábado, a las ocho; sábado, a las dos y las ocho;
domingo, a las ocho. Boletos: $41.50 a $111.50, disponibles al Ticketmaster.com,
al 212.307.4100 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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“The 39 Steps” ahora en el Helen
Hayes Theatre
“Los 39 pasos” llevan a la risa
Cuatro
actores cómicos, un libro resplandeciente, repleto de chistes y alusiones cinematográficas,
toda la intriga de una película de Alfred Hitchcock, y la dirección afinada
de Maria Aiken... todo esto y mucho más es lo que ofrece “The 39 Steps,”
la jubilosa comedia actualmente en cartelera en el Cort Theatre de Nueva
York. El libro, briosamente adaptado por Patrick Barlow basado en un concepto
original de Simon Corble y Nobby Dimond del libro de John Buchan, guiña un ojo
siquiera cariñoso a la película epónima dirigida por el genio del suspenso,
Alfred Hitchcock. Ganadora del premio Olivier el año pasado por mejor comedia,
la obra “Los 39 pasos” llega a Broadway con la fanfarronería de
que “Hitchcock meets Hilarante” lo cual es cierto, muy cierto.
Ciñendo la obra
con un prólogo y epílogo, el refundidor Peter Barlow nos ubica rotundamente
en una historia tirada directamente del cine negro, en la cual el flemático
Richard Hannay (Charles Edwards), sentado en una butaca del teatro, (que, según
él, es un lugar en el cual no hay que pensar mucho) oye unos tiros. Al conocer
a la bella pero elusiva Annabella Schmidt (Jennifer Ferrin) en el teatro, él,
de mala gana, la invita a su apartamento adonde ella ha ido a buscar refugio;
es aquí donde confiesa que es una espía que dos hombres misteriosos están amenazando.
Cuando él la encuentra muerta la mañana siguiente, por fin cree lo que le había
dicho y sabe que tiene que huir porque las autoridades van a creer que él mismo
es el asesino. Parte para Escocia para descifrar las claves que Anabella le
había dejado; su búsqueda lo lleva por varios lugares: un tren, la campiña escocesa,
una casa de labranza donde conoce a unos tipos curiosos, todos interpretados
briosamente por los incomparables cómicos Arnie Burton y Cliff Saunders. Además,
el impertérrito Hannay conoce a la traidora Pamela quien lo denuncia a la policía
y a la infeliz Margaret quien lo ayuda a escaparse de ellos; las dos mujeres
son interpretadas astutamente por la Señorita Ferrin.
Los cuatro incansables
actores no dejan de asombrar a los espectadores con sus travesuras, sus posturas,
sus cambios de vestuario, en suma con todo lo que hacen para realizar la comedia.
El éxito de la obra depende mucho del ingenioso sonido de MicPool que recrea
tiros, el rugir del ferrocarril y varios chirridos y crujidos; en realidad,
el sonido de esta producción es uno de sus puntos más fuertes. La escenografía,
unos baúles y uno que otro accesorio, fue ideada por Peter McKintosh quien también
diseñó el atractivo vestuario de la época. La iluminación de Kevin Adams lujosamente
aclara a los personajes y la acción.
Hay que alabar
a los miembros del elenco por las risas y la diversión que ofrecen. Las carcajadas
y las risas producidas por los disparates, los trucos y la magia teatral que
hacen es gran parte de la diversión de “The 39 Steps.”
“The 39
Steps,”
en cartelera en el Helen Hayes Theatre, 240 de la calle cuarenta y cuatro oeste,
Nueva York. Funciones con el siguiente horario: martes, a las siete; miércoles
a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las dos, domingo, a las tres. Boletos:
$111.50, disponibles al 212.239.6200, al Telecharge.com o al 800.432.7250.
*photo credit: Joan Marcus
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“August: Osage County”... lo tiene
todo
Obra de Tracy Letts sobresale en Broadway
“August:
Osage County” es una
obra extraordinaria. En esta temporada teatral en la cual estrenarán más dramas
que musicales, éste será indubitablemente uno de los mejores, si no el mejor.
Esta obra comprensiva, de más de tres horas veinte minutos de duración, tiene
mucho en común con los grandes dramas familiares conocidos como la flor y la
nata del teatro contemporáneo americano. La entera realización, producida anteriormente
en el Steppenwolf Theatre Company de Chicago, llega a Broadway con casi el mismo
consumado elenco bajo la astuta dirección de Anna Shapiro. A diferencia de otros
dramas en cartelera hoy en día, “August: Osage County” no depende
de un elenco estelar sino en la absoluta fuerza de sus temas, su conjunto de
actores regionales y su profunda humanidad.
En la primera
escena,
Beverly Weston (Dennis Letts), patriarca
de la familia, está contratando a Johnna Monevata (Kimberly Guerrero) como
ama de llaves. El señor, un alcohólico empedernido, le explica a la joven indígena
que su esposa Violet (Deanna Dunagan) está adicta a las pastillas que toma para
quitarle los dolores del cáncer de la garganta del cual sufre. El hombre confiesa
que a veces ella toma muchísimas pastillas...más de las que necesita... y ya
requiere ayuda. Aquí, “August: Osage County” gira por una de las
muchas inesperadas rutas presentadas en el drama al desaparecer el patriarca
de la casa.
Ivy (Sally Murphy),
la solterona, es la única de las tres hijas que todavía vive en la casa paterna
en Oklahoma donde poco a poco se congregarán los familiares para ofrecerle su
consuelo y su ayuda a la madre cuando aprenden de la desaparición del padre.
La hermana mayor, Bárbara (Amy Morton), llega pero ella también tiene sus propios
problemas debido a la fragilidad de su propio matrimonio con Bill (Jeff Perry)
quien está saliendo con una joven y piensa dejar a su esposa; además, a causa
de la dificilísima situación familiar, su hija Jean (Madeleine Martin) está
tratando de olvidar sus problemas en el marihuana y en mirar la televisión constantemente.
Mattie Fae (Rondi
Reed), hermana de Violet se presenta también acompañada de su esposo bonachón
Charlie (Francis Guinan), pero sin su hijo, apodado no muy afectuosamente “Little”
Charlie (Ian Barford), aunque es un adulto maduro. Éste, quien no estuvo presente
en el funeral de su tío, parece algo lerdo pero puede ser que las apariencias
engañan. Little Charles tarda en llegar a la casa lo cual enfurece su madre.
Han llegado también Karen (Mariann Mayberry) y su novio Steve (Brian Kerwin),
un hombre de negocios de Miami quienes piensan casarse el primero de enero del
año siguiente. Presente también está Sheriff Dion Gilbeau (Troy West) quien
viene con una triste noticia pero quien tiene su propia razón personal para
visitar la casa. La llegada de tantos parientes a la misma casa al mismo tiempo
revela heridas del pasado, conflictos y verdades que sorprenden, chocan y emocionan.
El elenco de
capaces actores forma un verdadero conjunto, una auténtica familia, por decir
y no hay ningún eslabón débil en su cadena artística. La estupenda Deanna Dunagan
encarna la inestabilidad de una mujer afligida, endurecida por la vida que ha
vivido, una mujer mordaz pero frágil, capaz de poner el grito al cielo quien
sabe más de lo que piensan los demás. La actuación de la Señorita Dunagan merece
los elogios que la capaz actriz está recibiendo. La Señorita Morton sobresale
en el papel de Bárbara quien está dispuesta a aceptar la responsabilidad de
la casa hasta que la madre le hace una última confesión que la aleja irrevocablemente
de su madre. Será difícil borrar de la memoria los escalofríos que sienten
los espectadores cuando Bárbara (Morton) le grita a su madre que ella está tomando
control de la familia. Además, la madurez precoz de la Señorita Martin en el
papel de Jean frente a los avances sexuales del novio de su tía, la torpeza
cariñosa del Sr. Barford como Litle Charles al llegar tarde para las funerales,
la extravagancia y la amargura de la Señorita Reed (Mattie Fae) frente a su
hijo quien no es como ella quisiera; la pasión de la Señorita Murphy al revelar
que está enamorado de su primo Charles; la compasión de la Señorita Guerrero
en la última escena; los caprichos de la Señorita Mayberry al expresar su orgullo
al tener una vida perfecta.
El Sr. Letts
ha llenado su obra de situaciones creíbles y devastadoras que ocurren una tras
otra hasta que ningún miembro de la familia quede libre de culpa. Todos tienen
algo escondido que les dé vergüenza o que les cause pena a los demás: historias
de infidelidad, celos, pedofilia, incesto, injusticias, mentiras... todo sale
a la superficie en “Agosto: Condado Osage.”
“August:
Osage County” de Tracy
Letts, en cartelera en el Music BoxTheatre, 239 de la calle cuarenta y cinco
oeste, New York. Funciones: martes, a las siete y media; miércoles, a las dos
y las siete y media; jueves y viernes, a las siete y media; sábado, a las dos
y las siete y media; domingo, a las tres. Comenzando el 5 de enero, martes,
a las siete. Boletos: $76.50 a $116.00, disponibles al 212.239.6200 o al Telecharge.com.
*photo credit: Joan Marcus
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“Mary Poppins”... espectacular, entretenida
y muy especial
...pero carece, tal vez, de una cucharada
más de azúcar
En
su más reciente tentativa para conquistar a Broadway,
Disney ha juntado sus fuerzas
y su magia con las del destacado productor Cameron Mackintosh en la realización,
en Broadway, de la clásica película “Mary Poppins.”
La obra de teatro tiene todo lo que un espectador espera de una producción
con antecedentes de tan alta calidad... efectos especiales verdaderamente espectaculares,
una briosa coreografía ejecutada por un experto cuerpo de baile, una partitura
deliciosa que incluye conocidas melodías de la película, escritas por Richard
M. Sherman y Robert B. Sherman, nuevas composiciones de George Stiles y Anthony
Drewe, y, en su centro, la cuidaniños más famosa del mundo, la que toma vuelo,
les arregla la vida a los que la necesitan, y, cuando ya no la necesitan, desaparece
en las alturas en busca de otras personas que ayudar.
Una de las nuevas
canciones usa la frase “practically perfect” (prácticamente perfecta) para describir
a Mary Poppins; la frase también describe la musical, porque, a pesar de sus
puntos fuertes (que son muy fuertes), le falta algo a “Mary Poppins”...
tal vez esa milagrosa cucharada de azúcar cuyas glorias son alabadas por Mary
(Ashley Brown) en una de las canciones. En el primer acto, especialmente, los
varios elementos, por sublimes que sean, nunca parecen acopiarse en una obra
particular... las escenas, una más rimbombante que la otra, parecen separadas,
liadas por las aventuras de la niñera Poppins y sus esfuerzos para mejorar el
comportamiento de los niños de los Señores Banks (Daniel Jenkins y Rebecca Luker).
El tono radiante de las jubilosas melodías “Chim Chim Cher-ee,” “Jolly
Holiday,” “A Spoonful of Sugar,” y “Supercalifragilisticexpialidocious”
se contrasta con el acento serio de otras melodías del acto, la más plañidera
“A Man Has Dreams” la amenazadora “Temper, Temper y la nostálgica
“Feed The Birds”para mencionar algunas. Los diálogos toman un segundo
lugar a la música en echar fuego a la leña dramática en este acto.
El segundo acto,
más cohesivo que el primero, resuelve los problemas de la familia Banks de una
manera que sólo Mary Poppins podría efectuar. El acto presenta la melodía más
grandilocuente de todas, cuando Mary y Bert (Gavin Lee), juntos con toda la
compañía, cantan y bailan la vivaz “Step in Time” que indudablemente
para el espectáculo en cada función. Entonces, cuando Mary ve que ya no tiene
problemas que solucionar, ella agarra su paraguas, y, en el momento más mágico
de la producción, alza el vuelo hasta las alturas del teatro lo cual deleita
grandemente a los espectadores grandes y pequeños.
La Señorita Brown
es capaz en el papel de Mary Poppins pero el verdadero astro de la producción
es el Sr. Lee quien aquí recrea el papel que originó en la producción londinense.
En realidad el Sr. Lee le eclipsa la gloria a la Señorita Brown cuya Mary es
demasiado mecánica, con la sonrisa demasiado segura de sí y tal vez más sarcástica
que dulce. Lee, al contrario, es una revelación; esbelto y ágil, su Bert siempre
está en el centro de toda la atención.
No obstante,
la musical “Mary Poppins” seguramente será un exitazo en Broadway,
no sólo por los muchos aficionados de la película que quisieran ver la obra
musical en vivo en el teatro legítimo, sino por la magia que presenta: las imágenes
de los techos frente a un cielo estrellado (pintoresca escenografía de Bob Crowley
e iluminación de Howard Harrison), cometas que flotan en el aire, los pájaros
de la pajarera que vuelan, la carpeta de Mary de donde ella saca una gran cantidad
de objetos, los deshollinadores que bailan en las siluetas de los techos de
Londres y el Sr. Lee, recordando el trabajo de Gene Kelly o Ray Bolger, quien
baila de arriba abajo en lo alto del proscenio.
Sin duda alguna,
a pesar de que sea sólo una obra que es “prácticamente perfecta” no quisieran
perder a “Mary Poppins” en Broadway. “Mary Poppins”
en cartelera en el New Ámsterdam Theatre de Broadway, Broadway esquina con
la calle cuarenta y dos, Nueva York. Funciones: martes a sábado, a las ocho;
miércoles y sábado, a las dos; domingo, a las tres. Boletos: $20 a $110, disponibles
al 212.307.4100, al 212.307.4747 o al 800.755.4000.
*photo credit: Joan Marcus
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Los “Chicos de Jersey”…todo un exitazo
en Nueva York
“Jersey Boys” conquista Broadway y
el mundo del teatro
La
más reciente de las musicales de s
La obra, con
libro de Marshall Brickman y Rick Elice, música de Bob Gaudio y letra de Bob
Crewe es merecedora de los elogios de los críticos y del público también, porque,
a diferencia de las otras obras del mismo género, que incluyen la exitosa
Mamma Mía, la tibia All Shook Up y la desastrosa Good Vibrations,
“Jersey Boys” alardea un libro muy sólido, cuyos personajes principales,
los integrantes del conjunto, son personas de carne y hueso, cuatro muchachos
como tantos otros, adolescentes en New Jersey en los años sesenta, que ganan
la simpatía y el interés de los espectadores en el curso de la obra. Lo más
importante es que los chicos son muy humanos, y es esta humanidad que lo que
diferencia “Jersey Boys” de las demás obras que dependen de cierto
artificio teatral para emplear las canciones de tal artista o de tal conjunto.
Por las canciones,
estilo rock and roll de “Jersey Boys” la obra narra radiantemente
la subida a la fama de cuatro muchachos comunes y corrientes, si no fuera por
su estilo vocal muy original. La obra traspasa las cuatro estaciones de la vida
profesional del conjunto, sus muchas encarnaciones…y nombres… entre ellos,
Los cuatro amantes, Los adolescentes reales, Los Topix,
y, después de la llegada de Valli, The Four Seasons; es con este nombre
que llegaron a ser uno de los grupos más populares antes de la invasión de los
Beatles. La obra sigue más o menos cronológicamente la carrera de los
chicos, desde sus principios como cantantes de fondo a la época cuando los miembros
se separaron del grupo, y Frankie Valli se estableció como cantante sólo. Uno
por uno, los cuatro integrantes Tommy, Frankie, Nick y Bob narran una estación
o etapa en su carrera, añadiendo, enmiendo o corrigiendo detalles, hablando
a veces entre sí, a veces, en unos apartes dirigidos a los espectadores. El
libro no lo pinta todo del color de rosa e incluye algunos problemas familiares
de Valli, la muerte de su hija y el momento cuando su mujer lo dejó, por ejemplo;
se habla también de los problemas con la policía, con la mafia, y de las drogas,
las mujeres, los fracasos.
John Lloyd Young
es toda una revelación como Frankie Valli con una presencia teatral muy natural;
es difícil creer que este papel marca su debut en Broadway. El Sr. Young y sus
expertos camaradas Christian Hoff como el problemático y endurecido Tommy De
Vito, Daniel Reichard como el talentoso compositor Bob Gaudio y J. Robert Spencer
como el sincero Nick Massi. Son tan creíbles que no se puede distinguir los
aplausos que los actores reciben por su interpretación de la ovación que dan
los espectadores al reconocer una melodía del conjunto musical.
La partitura
ostenta las canciones del amplio repertorio de los cuatro desde las canciones
que tuvieron un éxito limitado hasta los exitazos a nivel internacional. Las
melodías siguen siendo populares hasta el día de hoy, no sólo en los Estados
Unidos sino en las capitales como París donde, en los primeros años del nuevo
milenio, su canción Oh What A Night subió en popularidad al número uno
en su versión en francés “Ces soirées-La.
La sencilla pero
eficaz escenografía de Klara Zieglerova… unas bardas metálicas y plataformas
utilitarias de diferentes niveles… y las proyecciones…unas caricaturas pintorescas
e estilizadas… de Michael Clark delinean la época de oro del rock ‘n roll
en los Estados Unidos. El vestuario atractivo de Jess Goldstein es un sueño
hecho realidad para los amantes de la ropa de los sesenta y los setenta. La
iluminación de Howell Binkley y el sonido de Steve Canyon Kennedy enfocan la
atención en los chicos y en su particular sonido. La dirección apasionada de
Des McAnuff es agradablemente infecciosa.
Las maravillosas
canciones de los Chicos de Jersey provocan ovaciones extáticos; las que
el público recibe más calurosamente son Sunday Kind of Love, An Angel
Cried, Sherry, Big Girls Don’t Cry, Walk Like a Man,
My Eyes Adored You, Dawn, Let’s Hang On, Bye Bye Baby,
Let’s Hang On, C’mon Marianne, Can’t Take My Eyes Off You,
Working My Way Back to You, Rag Doll, Can’t Take My Eyes Off You,
Working My Way Back to You, Rag Doll y Who Loves You. Si la
lista parece inagotable, también lo es el júbilo que llena la sala del August
Wilson Theatre durante cada función.
“Jersey
Boys” es mucho más
que una obra musical; es todo un fenómeno que hay que ver… y escuchar… para
creer. “Jersey Boys,” en cartelera en el August
Wilson Theatre, 245 de la calle cincuenta y dos oeste, Nueva York. Funciones:
martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos; domingo, a las tres. Boletos: $62 a $127.00; precio especial para estudiantes
con credencial, $25.00 el día de la función. Para más
*photo
credit: Joan Marcus
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“Wicked” es una delicia mágica y maravillosa
No hay nada “Malvado” en “Malvada”
Al
igual que las historias del Mago de Oz escritas por Frank Baum que agradan tanto
a los pequeños que a los grandes, la nueva obra musical WICKED
tiene el mismo efecto hipnotizador en carne y hueso que en la página impresa.
WICKED, con música y letra de Stephen Schwartz y libro de Winnie
Holzman, basado en el libro de Gregory McGuire que narra las aventuras de dos
brujas en el reino de Oz mucho antes de la llegada de la muchacha llamada Dorothy,
es capaz de ser el Rey León del año 2004 con su fastuosa escenografía y singular
vestuario, por la imaginación del director Joe Mantello bajo cuya inspiración
la producción alza el vuelo y lleva al público muy lejos, a un mundo donde los
monos tienen alas, las hadas entran en un carruaje de burbujas, las ciudades
son de esmeraldas, los malos no son tan malos, y los buenos, pues, tampoco son
tan buenos. Esta deliciosa obra, la mejor de la presente temporada, deja que
el público libere su imaginación para acompañar a dos brujas en un fantástico
viaje al mundo de Oz.
En esta narración musical, el espectador aprende la verdadera historia de las
dos brujas más famosas de la Tierra de Oz, Glinda, la bruja buena, la de la
voz de cristal y la cara de nieve y Elpheba, la bruja mala, la de la cara de
pocos amigos y la piel color de rana. El libro de Holzman adaptado de la novela
de McGuire se lo explica todo a los espectadores de una manera sorprendente
y fantástica: cómo Elpheba perfeccionó su característica sonrisa sardónica;
cómo y por qué ella comenzó a usar su sombrero puntiagudo y cómo Glinda llegó
a ser tan “popular” a costa de su compañera. El libro también inventa
un desenlace muy interesante que satisfará a los puristas, amantes del cuento
original de Baum, y a los que nunca han leído el texto popular. La obra entretiene
con todos los bien amados y célebres personajes y una puesta en escena que deleitará
a un público sofisticado tanto como a una multitud de niños inocentes que tal
vez están presenciando su primera obra en un teatro legítimo.
WICKED, THE MUSICAL
ofrece un país de maravillas repleto de deleites para su público: una partidura
vivaz y acogedora que abarca varios estilo y que ofrece bellas baladas (Nobody
Mourns the Wicked) y canciones que se pegan (Popular), un elenco enérgico
que procura agradar sin aparente esfuerzo y un libro que despierta y mantiene
el interés aunque se trata de una historia conocida por casi todo el mundo.
Hay que decir desde el principio que WICKED requiere a dos extraordinarios
talentos para cumplir con las demandas de los papeles principales y ésta es
la mayor atracción de WICKED, la participación de las dos actrices
que protagonizan las dos brujas. Hay no sólo la extraordinaria Kristen Chenoweth
quien ilumina el escenario con su presencia de tal grado que aún si se fuera
la luz en el Teatro Gershwin de Broadway durante una función, habría suficiente
luz para terminar la función, sino también la estupenda Idina Menzel cuya interpretación
de la bruja mala se caracteriza por no sólo por el maquillaje verde sino por
la voz bella y la fuerza de convicción de la actriz. Individualmente, cada actriz
podría hacerse dueña de la obra y del inmenso escenario del Teatro Gershwin.
Chenoweth, con su comedia física y la fluida manipulación de su voz es una verdadera
diva de las grandes, una estrella cuyo nombre habrá que recordar y cuya estrella
brillará por mucho tiempo en el mundo del espectáculo. Menzel, por su parte,
es un gran talento que gana la simpatía de los espectadores por su personaje.
Tan capaces son estas dos actrices que casi no se puede quitarles la vista a
pesar de las otras maravillas que se presentan en la obra. Completando el elenco
también están Joel Grey en el papel del Mago, Carole Shelley como la Señora
Morrible y Norbert Leo Butz en el papel del galán Fiyero.
La larga lista de placeres vocales, visuales y bailables ceñidos en WICKED
hacen mucho para explicar su éxito con los espectadores: una entrada magnífica
para la bruja Glinda que parece que está flotando en el aire y la cómica canción
Popular vocalizada por Chenoweth en la cual ella explica cómo una muchacha fea
también puede llegar a ser popular son algunos de los momentos memorables. El
elogio más importante que se puede otorgarle a WICKED es que el
verdadero espíritu, la magia y los mensajes de la obra son envueltos en un aura
placenteramente contagiosa que acoge al público con su magia, su música y su
encanto.
WICKED, THE MUSICAL,
en cartelera en el Gershwin Theatre, 222 de la calle 51 oeste, Nueva York. Funciones:
martes, a las siete; miércoles a sábado, a las ocho; miércoles y sábado, a las
dos; domingo, a las tres. Boletos: $61.25 a $121.25, disponibles en la taquilla
del Gershwin, al (212) 307-4100 o al (800) 755-4000.
*photo credit: Joan Marcus
La gloriosa“¡Mamma Mia!” es
una delicia
Canciones doradas de ABBA inspiran exitosa obra musical
Londres,
Nueva York, Boston y pronto en Hamburgo y Tokio... la fenomenal “Mamma
Mia” conquista a los espectadores adondequiera que llegue. La jubilosa
obra, cuya historia está tejida de más de veintidós briosas canciones del popular
conjunto ABBA, invita al público a olvidar sus problemas por casi tres horas
de alegría, risas, y música. El encanto perdurable de ABBA trasciende el insustancial
libro ingeniado por Catherine Johnson que, aunque sólo sirve para realzar la
música de Benny Andersson y Björn Ulvaeus, es jovial, alegre y optimista, tiene
un desenlace feliz y satisfactorio y les permite a los espectadores ponerse
de pie y bailar en los pasillos.
En Mamma
Mía, Sophie, una joven de veinte años, trata de averiguar cuál de los
tres pretendientes de su madre es su verdadero padre. Cuando ella los invita
a su boda sin que lo sepa su mamá, los tres poco a poco comienzan a entender
por qué la muchachita quiere conocerlos... en la víspera de su boda. Antes del
casamiento, los tres caballeros deciden conducirla al altar, pero el destino
ya ha preparado otra conclusión para esta deleitosa fábula musical.
La música y la
letra de las canciones dirigen la acción de Mamma Mía ingeniosa
y ligeramente. Así, la obra principia con una versión de “Estoy Soñando”
en la cual Sophie considera su plan de invitar a sus tres papás a su boda. Dos
amigas de la madre le cantan “Chiquitita” a su amiga cuando ésta sabe
quién viene a la boda. Un pretendiente, tomando en las manos la guitarra que
tenía en su juventud, canta “Gracias por la música.” Otro canta la nostálgica
“Nuestro Último Verano.” “La Reina del Baile,” “Conociéndome, Conociéndote,”
y “Money, Money, Money,” entre otros éxitos, salpimientan la historia
de amor; lo más notable es que la letra se adapta perfectamente al hilo de los
eventos. Al caer el telón, el público entero pide “Dame, dame, dame”
más música y los miembros del elenco consienten, regalándoles otro popurrí de
canciones a los espectadores, ocasionando otra ovación merecida.
Los que creen
que la música es el único encanto de esta fabulosa producción deben considerar
también el ingenioso diseño de Mark Thompson, la espectacular iluminación de
Howard Harrison, notable sonido de Andrew Bruce y Bobby Aitken y la animosa
dirección de Phyllida Lloyd, sin mencionar los talentos de iun elenco de primera.
No pierdan la impresionante Mamma Mía en Nueva York en el Winter
Garden Theatre, 1634 Broadway. Funciones: lunes a sábado, a las ocho; miércoles
y sábado, a las dos. Boletos: $62.75 a $121.50, disponibles al 212.239.6200
o al 800.432.7250.
*photo
credit: Joan Marcus
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