“Bye Bye Birdie”…o, mejor dicho…“Ay Ay Ay” Birdie

“Bye Bye Birdie,” que llegó a Broadway hace unos días, es la primera reposición de la obra musical desde su estreno en 1960; por mucho que uno quisiera admirar la producción de la Roundabout Theatre Company, el director Robert Longbottom ha cometido tantos errores… el reparto de los papeles principales, siendo el más grave, que los espectadores tendrán que no fijarse en ellos para gozar de la producción. No es decir que la producción no tiene sus encantos; en realidad, debido a los energéticos miembros del elenco adolescentes, la musical tiene sus momentos atrayentes.

“Bye Bye Birdie,” con un libro sólido de Michael Stewart, briosa letra de Lee Adams y movida música de Charles Strouse, refleja con mucha nostalgia la época de máxima popularidad del ídolo Elvis Presley en el momento de su conscripción en el ejército. En la obra, el agente Albert Peterson (interpretado por un pesado John Stamos) y su amante y secretaria Rose Alvarez (interpretada débilmente por Gina Gershon quien canta sin ton ni son) imaginan un plan para despedirse públicamente de Conrad Birdie (el capaz y placentero Nolan Gerard Funk), quien pronto será conscripto en el servicio militar. El joven cantante viajará al pueblecito de Sweet Apple, Ohio para darle un beso a una de sus admiradoras, la dulce Kim MacAfee (Allie Trimm) en un programa de televisión muy popular “The Ed Sullivan Show.” Albert cree que la grabación de la canción “One Last Kiss” que Conrad le cantará a Kim le ganará un dineral; así, él podrá librarse por fin de las garras de su madre dominadora Mae (Jayne Houdyshell).

Stamos parece interpretar su papel sin ni interés ni pasión. En su canción “Put On a Happy Face,” en la cual él trata de alegrar a las chicas del club de admiradoras de Conrad, no tiene éxito en alegrar ni a las chicas ni a los espectadores. El cantante tiene mejor suerte al entonar la balada “Talk to Me” debido tal vez a los miembros del cuarteto quienes lo acompañan. Otro problema es que Stamos y Gershon no parecen estar compartiendo las mismas tablas y francamente carecen de atracción química. La Señorita Gershon, por su parte, desafina frecuentemente y baila peor. No ofrece nada más que su figura esbelta y su extraordinaria belleza a la producción. Hubiera sido mucho mejor escoger a actores más capaces para cumplir con las demandas del papel. En el papel de Harry, padre de Kim, Bill Irwin exagera monumentalmente lo cual a mí me gustó al principio pero después me exasperó, sobre todo cuando cantó la famosa y cómica “Kids” en la cual, con tanta fanfarronería, no se sabía lo que decía.

Entre los puntos fuertes de la producción figuran la paleta de colores que el diseñador de vestuario Gregg Barnes, el director de iluminación Ken Billington y el escenógrafo Andrew Jackness usan para crear el ambiente apropiado. El sonido de Acme Sound y la dirección musical de David Chase realzan la producción.

A pesar de Stamos y Gershon y las demás fallas que ha cometido el director Longbottom, creo que “Bye Bye Birdie” tendrá una temporada larga y exitosa en el bello y completamente renovado Henry Miller’s Theatre. En estos tiempos difíciles, ¿quién no quisiera revivir los momentos frívolos de la época de “Bye Bye Birdie.”

“Bye Bye Birdie,” en cartelera en el Henry Miller’s Theatre, 124 de la calle cuarenta y tres oeste, Nueva York. Funciones hasta el veinticinco de abril con el siguiente horario: martes a sábado, a las ocho; miércoles, sábado y domingo, a las dos. Del primero al once de diciembre, funciones a las siete, no a las ocho. Boletos: $86.50 a $136.50, disponibles al Telecharge.com, al 212.239.6200, o al 800.432.7250.

*photo credit: Joan Marcus

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